quarta-feira, junho 04, 2014

DELETREAR EL PLACER



Federico Traeger nació en la Ciudad de México, donde estudió Ciencias y Técnicas de la Información. Radica en Houston, Texas, donde labora como publicista. Ha escrito un par de cuentarios: Epidemia de comas y El día del Informe.
Incursionó exitosamente en el género novelístico junto a Beatriz Rivas con Amores adúlteros, en 2010, y Amores adúlteros… el final, en 2012, ambos editados por Alfaguara. Ese mismo año lanzó con ella, en Planeta, el libro de aforismos Lo que no mata enamora.
Su más reciente novela, Haz el amor y no la cama (Alfaguara, 2013), plantea un enredo amoroso entre la autora motivacional Martha Marmolejo, su esposo-artífice, Daniel Bruno, y el amante de la afamada escritora, Iván, un negro literario.
El libro se lee rápido, pero su ligereza es sólo aparente. Una tristeza profunda vuelve cínico a Iván, “un simple gigoló vestido de palabras”, que trastorna la vida de Martha, volviéndola un torbellino de poder y deseo.
Sobre esta novela se habla en la presente entrevista.
-Tengo entendido que se inspiró en la figura de la autora motivacional Gaby Vargas para crear a su personaje Martha Marmolejo…
Estaba en la feria del libro de Monterrey, cuando vi una foto gigante de Gaby Vargas. Me impactaron su belleza y la mirada convencida, profesional, triunfadora. Ignoraba quién era ella. Alguien me comentó que es una escritora motivacional muy exitosa. En ese instante, sentí la historia en la punta de los dedos y todo empezó a funcionar de tal modo que las “coincidencias” circulaban de la realidad a la ficción y viceversa.
-Plantear a Martha como ‘cougar’, ¿obedece a cierta moda editorial, donde se ensalza el empoderamiento –real o supuesto- de la mujer?
Simplemente imaginé a Martha como una mujer abierta a un cambio en su vida. A dejar de vivir al servicio de su propia imagen y ser su propia empresaria. A soltarse el pelo, deslizarse las panties. Obviamente, al ser una señora triunfadora, el poder es un condimento importante en su personaje, en todas sus facetas.
-¿Lo erótico implica siempre una lucha de poder, como aquí se alegoriza mediante la relación entre Martha e Iván?
Lo erótico, creo, es una necesidad de expresar la intimidad: lo atrevido, lo genuino, lo libre, lo vulnerable. El erotismo en pareja también se nutre en los juegos de poder; quién está encima de quién, quién decide cómo y cuándo, quién está a cargo de las sensaciones, de los sentimientos, quien domina y quién disfruta o padece que le dominen. En esa tensión se estiran al máximo y se liberan los goces. Y lo erótico también responde a la triste y heroica necesidad de hacerse inolvidable.
-Martha e Iván subvierten los roles de género: mientras Iván se vuelve un ‘poder tras el trono’, Martha es –o aparenta ser- quien lleva la voz cantante…
Así es. Me atrajo mucho la idea de echar a andar una farsa profesional; tú me pagas para que te escriba tus libros, te provea de tu retórica, te arme, palabra a palabra, tu renacimiento y recibes a cambio el triunfo, las luces, el aplauso. Y lo lindo de las farsas es que lo son desde la piel hasta el tuétano; me gustó sentir que disecaba la falsedad, que me adentraba a un mundo en el que todos pretenden ser algo que en realidad no son, y no solo a nivel profesional, sino también a nivel emocional.
-Sorprende que se plantee a Iván como el capaz de sentir un verdadero amor, no así a Martha, cuya pulcritud asfixiante es una metáfora de su asepsia emocional…
Claro. Martha necesita salir de su castillo, al igual que las chavas a quienes les urge salir de sus casas y por eso cometen el matrimonio, y eso, desde luego, no es amor. Lo de Martha es una necesidad de reinventarse. En cambio Iván sabe que se enamora de Nadejda en el momento en el que ella se quita los lentes oscuros. Iván es un gozón de tiempo completo y pueden entrar y salir mujeres de sus sábanas, pero lo que siente por Nadejda, es un amor puro que se manifiesta en todo lo que ve, toca, huele… un amor que renueva los sentidos y nos da la bienvenida al mundo en cada momento.
-¿Podría decirse que Martha padece síndrome de Estocolmo ante su ‘creador’ y cónyuge, Daniel Bruno?
Es verdad. El vínculo afectivo de Martha hacia Daniel está basado en la complicidad creada dentro de una relación donde ella es casi un objeto y Daniel su secuestrador generoso. ¿Cuántas relaciones aparentemente felices funcionarán así?
-Hay un interesante trasfondo acerca del karma: engañar y ser engañado, desplazar y ser desplazado…
Coger y ser cogido. Omitir y ser omitido. Usar y ser usado. También está el karma de contar y ser contado, escribir y ser escrito, desear y ser deseado. Calculo que estos giros kármicos dictan en gran medida el ritmo de la novela.
-El fenecido literato Federico Campbell decía: “Hay quien cree que el yo más profundo del escritor es el que se manifiesta a la hora de escribir”. ¿Usted considera que, efectivamente, éste queda de manifiesto?
Creo que por lo menos las obsesiones que reptan en el fondo más oscuro del escritor salen a la luz.
Con esta novela, salieron algunas obsesiones tales como la falsedad, la traición, la crueldad; algunos impulsos, tales como el erotismo, la amistad; y algunos gustitos personales, tales como desnudar a una mujer, abordar el sexo desde distintos cuerpos, ir al mar, viajar a la cuna de Los Beatles, ver cómo nacen las tortugas marinas, hacerle burla a un viejo mamón, dejarse lamer por un perro y volver a tener quince años para verle las nalgas a una secretaria.

Elena Méndez
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http://www.siempre.com.mx/2014/06/deletrear-el-placer/

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