terça-feira, dezembro 17, 2013

ESBOZAR UNA POÉTICA: MÁS AFUERA, DE JONATHAN FRANZEN



Jonathan Franzen (Western Springs, 1959) es uno de los más aclamados escritores estadounidenses.  En 2001 obtuvo el National Book Award con su tercera novela, Las correcciones, una “saga familiar inmisericorde”.
Recibió el James Tait Black Memorial Prize y fue finalista de los premios National Books Circle of Fiction, Pen/Faulkner y Pulitzer.
En 2012 fue galardonado en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara con la medalla Carlos Fuentes. Pese a ello, señala la crítica literaria Adriana Sandoval: “aquí ha pasado casi inadvertido”.
Franzen, quien escribe “para los que no encajan en el mundo”, recopila en su nueva obra, Más afuera (Salamandra, 2013), 26 ensayos y artículos periodísticos, donde aborda diversos temas, como su preocupación ante la dependencia de la tecnología y por la conservación de las aves, de las cuales es un entusiasta defensor.
El norteamericano esboza una poética: lo que espera de su propia escritura o de la ajena, sus filias, sus fobias, de una manera congruente y desenfadada.

En “Sobre la ficción autobiográfica”, responde una serie de preguntas que “sacan de quicio” a cualquier autor. Entre ellas: “¿Es autobiográfica  su obra literaria?” que le produce “la sensación de que se pone en tela de juicio mi capacidad imaginativa” (p. 139). 
Declara: “Mi idea de una novela autobiográfica es (…) un libro en que el personaje principal se parece mucho al autor y experimenta bastantes escenas que el autor ha vivido (…) Dudo que en treinta años haya publicado más de treinta páginas de escenas extraídas de sucesos de la vida real en los que haya participado” (p. 140).
En “Coma-entonces”, critica tal fórmula, “un hábito irritante fruto de la pereza (…) que aparece casi exclusivamente en textos ‘literarios’ de las últimas décadas” (p. 242); “un mal específico de la narrativa moderna con muchos verbos de acción” (p. 243).
En “Más afuera”, registra su odisea en la isla Masafuera, perteneciente al archipiélago Juan Fernández, en Chile. Su inusual travesía, plagada de epifanías de la Naturaleza, la realiza ansiando aislarse momentáneamente tras una agotadora campaña de promoción. Aprovecha su estancia para releer Robinson Crusoe, cuyo autor, Daniel Defoe, se inspiró en el marinero escocés Alexander Selkirk, por quien se le dio el nombre oficial a la isla.
Sobre Robinson Crusoe, afirma: “Una cosa curiosa (…) es que él, en veintiocho años en su isla de la Desesperación, jamás se aburre” (p. 55). “Nos dio el primer relato realista del individuo radicalmente aislado” (p. 62).
Esparcir cenizas de su entrañable amigo David Foster Wallace constituye otra motivación para él. Evoca a “esa lejanísima isla que era David”, y hace una de las más breves, adoloridas y hermosas semblanzas literarias de las que se tenga memoria: “yo quería a una persona mentalmente enferma (…) se quitó la vida, de un modo calculado para infligir el máximo dolor a quienes más lo querían, y nosotros, quienes lo queríamos, nos quedamos con una sensación de rabia y traición. De traición no sólo por el fracaso de nuestra inversión de tiempo y cariño, sino por la manera en que su suicidio lo apartó de nosotros y lo convirtió en una leyenda muy pública. (…) El establishment literario, que nunca había seleccionado siquiera uno de sus libros entre los candidatos a un premio nacional, ahora lo declaraba unánimemente un tesoro nacional perdido” (p. 48).

Franzen compara al personaje con su amigo: “Robinson es capaz de sobrevivir a su soledad porque tiene suerte; acepta su situación porque es una persona corriente y su isla es algo concreto. David, que era extraordinario y cuya isla era virtual, al final sólo tenía su propio Yo interesante como medio de supervivencia” (p. 56).
Se homenajea también a la Nobel de Literatura 2013, Alice Munro, quien ha sido definida por la Academia Sueca como “maestra del cuento corto contemporáneo”.
El ensayo “¿Cómo estás tan seguro de que no eres el Maligno?” resulta muy oportuno, dada la reciente concesión del premio a la llamada “Chéjov canadiense”.
Franzen la considera “Una remota proveedora de experiencias privadas intensamente placenteras” y busca “analizar por qué la excelencia de esta escritora es tan superior a su fama”.
Brinda razones como éstas: “Porque su obra se centra en el placer de contar una historia”; “Porque no pone a sus libros títulos grandilocuentes”;  “Porque, peor aún, sólo escribe cuentos”; “Porque sus cuentos son más difíciles de reseñar que los de otros autores”.
Resalta otra razón, sumamente irónica: “Porque la Academia Sueca mantiene una postura firme. Obviamente, la impresión en Estocolmo es que ya han recibido el Nobel de Literatura demasiados autores canadienses y demasiados autores que sólo escriben cuentos. ¡Todo tiene un límite!” (p. 308). Cabe aclarar que la primera edición de Más afuera es del año pasado.
Franzen reflexiona sobre el cuento, género en que Munro se ha especializado: “pese a la condición de Cenicienta al que se ve relegado (…) un alto porcentaje de la narrativa más apasionante escrita en los últimos veinticinco años han sido cuentos” (p. 310). “Me gustan los cuentos porque no dejan al autor espacio donde esconderse (…), porque se requiere la mejor forma de talento para inventar personajes y situaciones nuevos a la vez que se cuenta la misma historia una y otra vez” (p. 311); condición de la cual, según él, tampoco su admiradísima Munro se halla exenta.
“Leer a Munro me lleva a ese estado de reflexión tranquila en que pienso en mi propia vida: en las decisiones que he tomado, las cosas que he hecho y no he hecho, la clase de persona que soy, la perspectiva de la muerte. Ella es uno de los pocos escritores –algunos vivos, la mayoría muertos- que tengo en mente cuando digo que la narrativa es mi religión. Porque mientras me hallo inmerso en un cuento de Munro, estoy concediendo a un personaje imaginario el mismo respeto solemne y callado y el profundo interés que me concedo a mí en mis mejores momentos como ser humano” (pp. 313-314).
Coincido con Kirkus Reviews en que ésta es “una colección de ensayos de sólida elegancia y perspicacia, escritos con pasión y tocados por la pérdida”.
Elena Méndez

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Jonathan Franzen,
Más afuera
(título original: Farther Away),
traducción: Isabel Ferrer,
Col. Narrativa,
Ediciones Salamandra,
Barcelona, 2013,
352 pp.

http://www.homines.com/palabras/jonathan_franzen_mas_afuera/index.htm