terça-feira, outubro 01, 2013

FRANZEN SOBRE WALLACE

"David (Foster Wallace) estaba enfermo, sí,  y en cierto sentido la historia de mi amistad con él es sencillamente que yo quería a una persona enferma. Después, la persona deprimida se quitó la vida, de un modo calculado para infligir el máximo dolor a aquellos que más lo querían, y nosotros, quienes lo queríamos, nos quedamos con una sensación de rabia y traición. De traición no sólo por el fracaso de nuestra inversión de afecto y cariño, sino por la manera en que su suicidio lo apartó de nosotros y lo convirtió en una leyenda muy pública. Gente que jamás había leído su obra ni había oído hablar de él leyó en el Wall Street Journal su discurso para la ceremonia de graduación en el Kenyon College y lloró la pérdida de un ser magnífico y tierno. El establishment literario, que nunca había seleccionado siquiera uno de sus libros entre los candidatos a un premio nacional, ahora lo declaraba unánimemente un tesoro nacional perdido. Claro que era un tesoro nacional, y como escritor no "pertenecía" menos a sus lectores que a mí. Pero si uno sabía que su personalidad real era más compleja e incierta de lo que se creía, y si también sabía que era más "querible" -más divertido, más bobalicón, más necesitado, más conmovedoramente en guerra con sus demonios, más perdido, más infantilmente transparente en sus mentiras e incoherencia-que el artista/santo benévolo y moralmente clarividente en que lo habían convertido, seguía siendo difícil no sentirse dolido por la parte de él que había elegido la adulación de los desconocidos antes que el amor de sus seres más cercanos".
"Más afuera" -fragmento- en  Jonathan Franzen, Más afuera (Título original: Further Away), Traducción: Isabel Ferrer, Col. Narrativa, Ediciones Salamandra, Barcelona, 2013, p. 48.