sexta-feira, junho 07, 2013

NINGUNEADA

Me negaron la beca los hijos de puta. Ahí te voy de ingenua con mi curriculum que ya acumula más de cien páginas, y cargando en una maleta de rueditas un ejemplar de cada título que he publicado, y todo dioquis. Son chingaderas. Incluso este año le dieron la beca al cretino ese que nada más ha publicado una sola novelita en su vida. Ese que boicoteó al muchachito que es como mi ahijado. Válgame. Pues bueno, como me dijo uno de los jurados, Yo insistí mucho para que te la dieran, sólo te faltaba un voto, y el presidente alegó: No se la den a la Capuccinsky, no es de las nuestras, mejor se la damos al Exiliado, que tiene una enfermedad terminal y no hay quien le ayude. Claro, ese sí era su amigo; ¿cómo me iban a favorecer a mí, que soy de izquierda y a nadie le ando haciendo la barba? No les convenía… Si a necesidad vamos, yo también estoy enferma y a veces me quedo tirada, tú pensarás que es de pura histeria, pero no, mijita, aun así tirada trato de estar produciendo y de atender a la familia y eso es un broncón, a nadie se le da gusto.
Ay, yo contaba con esa beca para poder sentarme a escribir tranquilamente la siguiente parte de mi saga fantástica. Estos desgraciados me desdeñan a pesar de que hasta hay tesis doctorales sobre mi obra y planes para traducirme a varias lenguas.
¿Sabes qué otra cosa me jode? Que sí le dieron la beca a las Tocayas: la que es de la tierra del presidente del jurado —maldito capo de la Mafia— y a la otra que escribe cachondeces. Eso me purgó. Aparte ya publica puras mamadas. Ah, pero como ellas no se meten en conflictos… son de las que siguen la filosofía de “calladita te ves más bonita” —aunque están refeas las condenadas. Después de haber reseñado negativamente el Compendio de los autores non plus ultra de la nación —donde aparecía hasta la nana del escritor—, me empezaron a bloquear en todas partes. Pero esto es el colmo, de veras, no era suficiente vendetta contra mí el cancelarme la participación en festivales, darme largas en las publicaciones, los panfletos difamatorios en mi contra. Nomás porque escribo bien, porque no soy dejada ni les ando lamiendo las patas. Y mucho menos dando las nalgas, como lo tuvo que hacer La Niña de la Bicicleta para que la publicaran en buenas editoriales y le dieran premios y toda la cosa. No le importó destruir un matrimonio a la muy puta.
Dirás que qué me importa, porque tú hace tiempo tuviste que ver con su amante, nomás que te apendejaste y no conseguiste nada y ahora lo lamentas.
Ah, no me dan ganas ni de salir a la calle, pensar que sólo faltaba una firma y me la negaron, pensar que el acta ni siquiera es válida porque el Extravagante, otro de los jurados, se largó en un arranque de diva, botando todo. Todo esto me emputa, me enferma. Y de pilón veo tu foto tan campante con Don Capo y que hasta lo mencionas como una de tus influencias en la contraportada de tu primer libro. Me da chorro, querida, en serio. Porque en este país se premia la lambisconería, la prostitución, el plagio descarado, los compadrazgos de cantina, y no la calidad de las obras ni la respuesta del público, que es lo que realmente importa. El consuelo que me queda es que ninguna de esas porquerías va a trascender, pero mientras tanto me lleva la chingada.


http://blogindieo.com/2013/06/05/ninguneada-2/

POESÍA DE LO COTIDIANO: INNOMINADO AMOR, DE ARTURO MORELL



Arturo Morell es un joven multifacético de sorprendente trayectoria cultural. A través de su arte, realiza una gran labor vinculada a la readaptación social, equidad de género y prevención de violencia doméstica y familiar. Su loable desempeño le ha valido numerosos reconocimientos alrededor del mundo.
En esta nueva entrega poética, Innominado amor. Versos del amanecer (Ediciones Baquiana, 2012), Morell se reafirma como un poeta de lo cotidiano. Su obra reúne 94 textos, en los que, como bien señala Maricel Mayor Marsán, integrante de la Academia Norteamericana de la Lengua Española, en una breve nota introductoria al volumen, el lector se halla frente a una “catarsis amatoria”. Y sí: este tópico universal es abordado desde los más diversos matices: El amor filial, el de pareja, el platónico, el no correspondido, el que se desmorona.
La nostalgia que a veces permea su lírica no empaña en nada el optimismo predominante. Como en “Eterno amor”: “(…) pensemos/ que el eterno amor/sí existe/realmente, sólo por el día de hoy” (p. 16).

El autor creó el proyecto cultural Un grito de libertad, en donde personas convictas hacen un montaje teatral basado en el Quijote. Tal experiencia se menciona en “Libertad”: “Dar la mano a un preso/sin importar su historia/puede ser libertad” (p. 80).
Morell habla de la muerte con una ecuanimidad pocas veces vista. Cito íntegro el poema “Propuesta”: “La muerte debe ser/como un orgasmo… // Culminación total de una existencia.// Y en un grito/de satisfacción: exhalar la vida” (p. 115).
“Me caigo bien”, texto que cierra el volumen, deja con un grata sonrisa al lector: “(…) aunque a mi lado/ya nadie esté/siempre conmigo he contado” (p. 153).
Innominado amor: una poesía alejada de lo pretencioso, con un fuerte compromiso social, al tiempo que revela los íntimos anhelos que todos hemos sentido alguna vez.
Elena Méndez

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Arturo Morell,
Innominado amor. Versos del amanecer,
Col. Caminos de la Poesía,
Ediciones Baquiana,
Miami, 2012,
162 pp.



http://www.baquiana.com/Numero_LXXXIII_LXXXIV/Rese%C3%B1a_IV.htm

terça-feira, junho 04, 2013

INFIERNO PASIONAL: DE ZITILCHÉN, DE HERNÁN LARA ZAVALA



Hernán Lara Zavala (Ciudad de México, 1946), considerado por Carlos Fuentes “uno de los escritores mexicanos más cultos y reticentes”, pertenece al selecto grupo de autores latinoamericanos que crean un espacio ficticio para ubicar ahí una gran obra literaria. Por citar algunos: Juan Rulfo con su Comala; Juan Carlos Onetti con Santa María; Gabriel García Márquez con Macondo.
En De Zitilchén, cuya tercera edición, publicada por el Fondo de Cultura Económica coincide con los treinta años del lanzamiento de este “work in progress” –pues se ha ido enriqueciendo con textos nuevos cada que se vuelve a editar-,  Lara ilustra el antiguo refrán: “Pueblo chico, infierno grande”.
Y es que en estas 19 historias el lector acude a las intimidades de una comunidad rural, localizada “en el punto Put, (…) la exacta intersección de la Y que forman los estados de Yucatán, Campeche y Quintana Roo. Se localiza precisamente a los 89◦ 30’ de longitud y 19◦ 40’ de latitud a 56 metros sobre el nivel del mar en la península” (p. 150)
En “El Padre Chel”, el clérigo se convierte en Donjuán con sotana. Como él refiere en su confesión escrita: “¿Qué se puede hacer cuando una mujer se aferra  a uno como un náufrago a una tabla de salvación?” (p. 96).
En “Infierno Grande”, el cura Humberto vuelve tras una prolongada ausencia, para ser nombrado obispo, sin imaginar que se reencontrará con su pasado pedófilo.
Como señala el padre Chel, “Zitilchén está inundado de sexo (…) el sexo está trabado con la astucia y cada quien tiene que ingeniárselas para procurárselo” (p. 93). La lujuria también será la perdición de otro habitante ilustre, don Facundo Sánchez, quien se encapricha con la esposa de un empleado suyo, volviéndose burlador burlado en “La seducción”.
El deseo adolescente aparece en “A la caza de iguanas”, donde unos chiquillos contemplan a una mujer bellísima entre los manglares. Para ellos se trata de la mítica Xtabay, que causaba la desgracia de sus admiradores.
Y en “Flor de Nochebuena”, un jovencito se fascina al ver a su prima Sandra, convertida ya en una señorita que le inspira deseo.
En “Lizbeth”, el chico, ya hombre, recuerda nostálgico a Lizbeth, la muchachita que amaba a los 13 años: “Cuando me enteré de su muerte, tuve la impresión de que aquello que había sentido inadvertidamente a los trece años. No, no lloré. (…) Lizbeth no lo leerá jamás, ni se enterará de lo que logró sembrar como arcángel en mi torpe e inexperto corazón” (p. 270).
Asevero que se trata del mismo protagonista en los tres relatos, por pistas que el autor lanza astutamente, como al mencionar que los cheneros le llaman “huacho” por provenir del DF. Ese mismo jovencito es el que el anciano médico Indalecio Baqueiro, personaje principal de “Legado”, cree que sería el idóneo para redactar la crónica del pueblo: “Tal vez aquel muchacho que venía en sus vacaciones a Zitilchén a ver a sus abuelos, el que había tenido oportunidad de estudiar y que ostentaba ambiciones de escritor” (p. 143). Tarea que, sin embargo, alguien más realiza, y que le reclama de manera airada a un tal Hernán en “Carta al autor”: “No alcanzo a ubicar tu literatura ni dentro del costumbrismo ni del indigenismo y menos del realismo, ya sea mágico o realismo a secas” (p. 151). Más adelante, prosigue: “Algunos cuentos me parece que pecan francamente de falta de respeto hacia algunas personas prominentes de Zitilchén. Llegas incluso a insinuar graves acusaciones de dudosa evidencia (p. 152)”.
La presencia ficcionalizada del autor, además de los profusos referentes reales que aparecen (geográficos, gastronómicos, religiosos, industriales, entre otros) le otorgan verosimilitud a la obra, haciéndole al lector preguntarse cuánto habrá de verdad en Zitilchén, aunque de sobra sepa que es un espacio imaginario, lo cual no demerita su condición de apasionado-apasionante.

Elena Méndez
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Hernán Lara Zavala,
De Zitilchén,          
Col. Letras Mexicanas,
Fondo de Cultura Económica,
México, 2012,
272 pp.