quinta-feira, janeiro 19, 2012

LA NIÑA QUE CHARLABA CONSIGO MISMA

Gloria Pérez Pacheco nació el mismo año que Mario Vargas Llosa y el Dalai Lama, personajes muy admirados por ella. Es maestra normalista y Licenciada en Letras Hispánicas por la Universidad Iberoamericana. Su tesis trataba sobre la Comedia Mexicana y como por razones variopintas debió posponer su defensa y titulación, buscó quién la aprobara y fue nada menos que el sorjuanófilo Ermilo Abreu Gómez, quien le dio el visto bueno sin saber que la alumna provenía de una institución jesuita y sólo lo supo hasta después, azorado por su aversión hacia lo religioso.

En 1983, Pérez Pacheco escribe, junto a sus hermanos el libro Personajes de nuestra ciudad (Romes Editores), donde se realizan semblanzas llenas de nostalgia por aquellos oficios que se han ido perdiendo en la ajetreada metrópoli capitalina: el cilindrero, el afilador…

En 1994 fallece su esposo Alfredo. Ese año resulta crucial no sólo para la autora sino para la historia de nuestro país, por suscitarse el conflicto zapatista en Chiapas, estado donde vivió cuando recién casada, al manejar su cónyuge un aserradero durante los primeros años de matrimonio, durante los cuales procrearon a sus tres hijos. Experiencia que le sirvió para la novela Umbral del recuerdo (Editorial Antea, 1997), publicada con el seudónimo Elena Pavón. Asimismo, ha participado en antologías o volúmenes de cuentos escritos al alimón con Ángeles Gaos. El más reciente de ellos se titula Ángeles en la gloria (Ediciones Mixcóatl, 2008). Respecto a las antologías, este 2011 fue incluida en Narrativa Miscelánea V (Unión Latinoamericana de Escritores), obra coordinada por el maestro José Antonio Durand.

Gloria se mantiene activa tanto social como intelectualmente al ser integrante del Club France, donde la asesora la maestra Rosa Martha Sosa; y de La Pluma del Ganso.

- En su narrativa usted tiende a centrarse ya sea en el lado cómico o trágico de la vida. ¿A qué se debe esto?

A que desde niña (como un dato curioso), mi papá me decía que me daba una moneda si reía o si lloraba, sin motivo aparente. Entonces empecé a ver que podía hacer lo cómico o lo trágico nada más porque me gustaba.

Generalmente la vida está compuesta de esas dos facetas: la parte bromista y la parte seria.

-¿Por qué utilizar el seudónimo Elena Pavón?

Era el nombre de mi abuela paterna. Yo la admiraba porque fue una mujer que sufrió mucho en la vida y de la que tengo muy buenos recuerdos. Me contaba cuentos con mucha fantasía porque además los actuaba. Era ama de casa, le gustaba mucho escribir cartas a sus parientes, a su hermano que estaba fuera de México. Conservo algunas de sus cartas.

- ¿Cómo surge la idea de crear un alter ego, Ruperta, para la protagonista de su novela Umbral del recuerdo, Cecilia Rivas?

Desde niña me gustó platicar conmigo misma, entonces le puse un nombre a mi otro yo… Hay cosas que sólo se las podía contar a mi amiga imaginaria, Ruperta.

Me gusta mucho manejar el diálogo, entonces mis diarios eran diálogos con mi otro yo.

-¿Cuáles fueron sus primeras lecturas?

De niña tengo un retrato donde estoy sentada en una sillita de mimbre y se ve un librito que estoy leyendo llamado Cola de algodón, sobre un conejito; era una historieta de fábulas. Me gustaba mucho leer eso.

-¿Qué fue lo primero que escribió?

Desde los catorce años, diarios, y ya cuando me casé, escribí uno llamado Diario de una recién casada; de ahí tomé algunas anécdotas para mi primera novela, Umbral del recuerdo.

-¿En cuál género se siente más cómoda: cuento o novela, y por qué?

En el cuento, porque puede uno redactar la idea no extendida, como en una novela, que es un género que se me hace mucho más difícil.

-¿Es intencional el final abierto de su novela Umbral del recuerdo, en que su protagonista tiene la posibilidad de relacionarse con otro hombre y coincide eso con el levantamiento armado de Chiapas (donde reside su pretendiente), lo cual cambia sus planes?

Sí, es intencional, dejarlo en la incertidumbre.

-Creo que en la protagonista de la citada novela hay un egoísmo disfrazado de generosidad, porque se niega a sí misma la posibilidad de tener otra pareja, y siempre procura estar rodeada de gente, en particular del clan familiar, de vivir a través de ellos…

Quise darle ese matiz a mi personaje, porque no sólo es egoísta sino cobarde; no se quiere enfrentar a la realidad porque es más cómodo vivir como está; prefiere navegar en aguas pacíficas que una vida tempestuosa. Para ella la felicidad es ir dejando pasar las cosas.

-¿Ha pensado en escribir una segunda parte?

Me gustaría, pero ahorita estoy involucrada en otra novela que se llama El círculo del tiempo; trata de una mujer viuda, cuyos hijos ya se casaron; que tiene que dejar su casa y desmantelarla, y en el desván se da cuenta de una caja fuerte cuya existencia no sabía. Esa casa había pertenecido a cuatro generaciones familiares. Y se obsesiona con abrir esa caja fuerte porque piensa que hay joyas, oro y demás, algún tesoro. No quiere hablarle a alguien porque es su secreto. Después de intentar abrirla, se le cae un desarmador al suelo y al tratar de jalarlo, debajo de la caja fuerte estaba pegada la combinación. La abre y ve ahí toda la historia de su familia. Y dice: No encontré riquezas materiales, pero este tesoro es más grande, porque es la historia de toda mi familia. Toma en sus manos una fotografía donde aparecen la bisabuela, la abuela, su madre y ella, y recuerda que en ese momento la bisabuela se fue a su casa y escribió sus memorias. Y ése es el cuaderno que tiene en sus manos…

Esta novela estará basada en hechos reales, porque yo conservo las memorias de mi bisabuela. Ella fundó un asilo para mujeres retiradas de la vida galante, con ayuda de otras personas, el asilo Isabel la Católica, por la Calle Serapio Rendón, de la colonia Santa María la Ribera. El asilo desapareció, el edificio ya no existe. Ella fue una mujer altruista, le dolía mucho que estuvieran enfermas, pobres, sin un techo donde vivir, que nadie las protegía. En México, en ese tiempo, no había labores sociales para esas personas. Estuvo vigente muy poco tiempo, porque como era una institución con apoyo religioso, tuvo que cerrar por la Guerra Cristera.

Cuando hubo un festejo de aniversario de la Fundación, las mujeres que estaban allí le hicieron un homenaje y escribieron obras de teatro, cartas y versos con los que formó un álbum, mismo que yo conservo.

Llevo avanzado un 25%; no me he fijado fecha para terminarlo. Quiero hacerlo con mucha dedicación, lo releo y corrijo. Diario trato de escribir.

-¿Qué espera de su trabajo literario?

Lo que más me gustaría es que las personas que me leen, si es un texto cómico, que se rían un rato y que se olviden todas las cosas que pasan. Si es un texto trágico, a lo mejor les puede dejar algo para reflexionar, en su corazón o en su forma de pensar. Que no pasen inadvertidos. Cuando alguien me lee, me gusta que me digan si le gustó o no lo que escribo, y por qué.

Elena Méndez

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FOTO: Elena Méndez





Um comentário:

elena disse...

Entrevista publicada en La Pluma del Ganso, no. 71 (luego anexo datos completos).