terça-feira, novembro 08, 2011

EL OBSESIVO INSOMNIO LITERARIO DE ELENA MÉNDEZ


Elena Méndez (Culiacán, Sinaloa, México, 1981), es Licenciada en Lengua y Literatura Hispánicas por la Universidad Autónoma de Sinaloa. Trabajadora incansable y luchadora. Textos suyos han sido publicados en España, Chile, México, Estados Unidos, Brasil y Colombia. Es coautora de la Antología mínima del orgasmo (Ediciones Intempestivas, 2009). Recién ha publicado Bipolar (Linajes Editores, 2011), un volumen de cuentos donde se homenajea, respectivamente, a las fases maniaca y depresiva del trastorno afectivo bipolar (otrora conocido como psicosis maniacodepresiva).

Entrevistar a esta impactante escritora, es cuánto menos muy difícil, a la vez que fácil para mí. Difícil porque, ¿cómo hablar de una persona a la que conoces, quieres y admiras, sin dejarte llevar por esto? Y fácil porque su obra no deja lugar a dudas de lo interesante y gran escritora que es.

Como señala el crítico literario mexicano Ignacio Trejo Fuentes, “Los breves textos tienen en común el erotismo, el mero sexo; desencuentros amorosos, affaires, infidelidades y muchas otras obsesiones.”

Según la narradora cubana Teresa Dovalpage, prologuista del libro, “en la colección fluye una fuerte corriente feminista. No sólo porque la sexualidad femenina aparece a flor de página y liberada (es la chica, en muchos casos, la que toma la iniciativa, incluso tomando por sorpresa al galán), sino porque el punto de vista de muchos relatos es el de la mujer.”

- En esta entrevista no quiero hablar de tus otros triunfos, quiero hablar sobre Bipolar, libro que va ya por su segunda edición, ¿fue difícil escribirlo? ¿Cómo lo definirás?

Bipolar fue un libro que me propuse publicar máximo a los 30 años. Más que escribirlo, lo difícil fue hallar una editorial que confiara en mí, principiante sin “palancas”. Creí haber agotado todas las posibilidades cuando Lina Zerón –la poeta mexicana más reconocida alrededor del mundo- me pidió el manuscrito para Linajes Editores. El proceso de edición fue una vertiginosa aventura, dada la complicidad que se suscitó entre Lina, Azul Denova –la diseñadora- y yo, que nos coordinamos estupendamente para tener lista la obra en un mes.

Y bueno, respecto al libro en sí, me demoró 10 años redactarlo y pulirlo; muchas veces me sentí desmoralizada por no encontrar medios dónde ir publicando los diversos textos que lo conforman, pues vivo en un país donde la cultura se quiere gratis y se tiende a desvalorizar los esfuerzos individuales y serios. Se glorifica la banalidad y el mal gusto siempre y cuando estén bien apadrinados.

Definiría a Bipolar como un insomnio productivo en el cual he volcado mis obsesiones.

-¿Cuándo te diste cuenta que querías dedicarte a escribir?

Tendría unos nueve años cuando me dio por escribir. Como siempre hubo libros en mi casa, creo que fue muy natural quererme expresar mediante las letras. Recuerdo que esbocé una novelita –influida por novelas rosas que leía en revistas femeninas de mi madre- protagonizada por dos primas jóvenes, una buena y una mala. La mala se acostaba con el novio de la buena e incluso se practicaba un aborto. Pero yo en realidad no sabía nada de esos asuntillos de la vida, y afortunadamente se perdió el borrador.

Posteriormente, ya en la preparatoria, escribí algunos cuentos cursis y, al ingresar a la universidad, poemas ñoñísimos –cegada por el amor-. Aprovecho, por cierto, para agradecerle públicamente a la poeta María Baranda que me haya desengañado de mis tentativas líricas. Mi incursión seria en la narrativa se dio poco tiempo después de esto y empecé a difundir mis textos, tras corregirlos de manera enfermiza y someterlos a opiniones tanto de vacas sagradas como de allegados de distintos niveles culturales.

- Cómo sucede en todo escritor, ¿cuáles serían esas pequeñas historias que en tu vida y literatura repites inconscientemente?

La imposibilidad del amor, supongo.

- ¿Qué es lo que te apasiona a ti de la literatura?

Su capacidad de evocar nuestros presentimientos.

- ¿Piensas que en la literatura vale todo? Es decir, ¿que debemos mostrar el mundo tal y como es, con sus claros y sus oscuros?

Pienso que el naturalismo, el realismo y el costumbrismo, que se proponían eso que tú planteas, son corrientes literarias ya rebasadas. Y que uno como autor debe tener sentido común para mostrar su pretendida realidad de un modo convincente, no edulcorado ni burdo.

- Hay mucho de autobiográfico en él. ¿No te da miedo abrir tanto tu universo interior?

Resulta riesgoso que un lector afirme que tal o cual obra es autobiográfica (aunque conozca bien al creador), pero aún más cuando el propio autor lo asevera. Considero que tiende a confundirse lo verídico con lo verosímil. Máxime cuando varios de los textos están narrados en primera persona. Persiste la idea de que las escritoras, a diferencia de los autores varones, tendemos a ser más confesionales, y ello no es forzosamente cierto. Te doy un par de ejemplos: en mi libro Bipolar aparece el cuento “Letanía de la joven suicida” –cuyo tema, creo, se explica con el mero título-; y yo –como diría el difunto Saramago- “jamás me he suicidado”. También aparece en mi libro el cuento “Más vale que esté muerto”, sobre una mujer que asesina a su esposo, y yo nunca he estado casada ni he tenido hijos ni vendido verduras, como ella. Y mucho menos cometido un asesinato…

-¿Cuánto importa lo que digan de tu obra? ¿Escribes pensando en ello?

A mí cuando principiante me entristeció un comentario de mi madre acerca de las palabras altisonantes que utilicé en mi relato “Una clase de literatura”, cuando se lo mostré, feliz de que me lo hubiesen publicado en una revista universitaria de mi natal Sinaloa.

Suelen pensar, al leerme, que soy una mujer “liberal” (en el sentido peyorativo del término) y quieran juzgar mi moral o aprovecharse de mi hipotética disposición para ciertas cosas.

Me parecen interesantes las especulaciones que se han hecho sobre mi vida real a partir de lo que escribo. Procuro que no me mortifiquen.

- ¿Cuál es la recompensa por escribirlo?

Que muchos lectores de Bipolar se han identificado con las situaciones planteadas en él e incluso les ha servido de catarsis, en particular al leer la segunda parte, titulada “Tal vez morir en soledad”, donde los personajes son depresivos. Con respecto al primer apartado, “El cuerpo del delito”, hay quien alega sus efectos afrodisiacos, cosa que me parece harto disparatada pero me divierte sobremanera.

-Te importa la denuncia de la injusticia. ¿Qué habría que denunciar hoy por encima de todo?

La voracidad del sistema, que ha sido muy efectivo para mantener al vulgo idiotizado y en la miseria.

- Ese instinto de insatisfacción que creo que te mueve ¿se produce ante la vida o ante la obra? ¿Hay algo que aplaque esa insatisfacción?

Ante ambas… Y bueno, eso de aplacarlo es relativo, pero podría responderte que sucede cuando estoy enamorada. Ese sentimiento de plenitud hace que, paradójicamente, deje de escribir, salvo apasionados epistolarios. También ocurre cuando me siento satisfecha de lo que escribo o cuando vivo curiosas epifanías, como dos acontecidas hace poco: asistir a la exposición sobre la vida de José Saramago (a quien conocí seis años antes de su muerte) en el Antiguo Colegio de San Ildefonso –en la Ciudad de México-; y haber podido palpar la colección completa de L’ Encyclopédie en una biblioteca pública de Durango, al norte de mi país.

Susana Hermoso-Espinosa García

http://www.homines.com/palabras/entrevista_elena_mendez/index.htm

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