domingo, julho 24, 2011

¿EN LA FRONTERA DEL TERROR? SIEMPRE!

"Terror fronterizo: Juárez en la sombra. Crónicas de una ciudad que se resiste a morir", de Judith Torrea, en Siempre! no. 3032, domingo 24 de julio de 2011.

sábado, julho 23, 2011

TERROR FRONTERIZO: JUÁREZ EN LA SOMBRA. CRÓNICAS DE UNA CIUDAD QUE SE RESISTE A MORIR, DE JUDITH TORREA

Ciudad Juárez es considerada la ciudad más peligrosa del mundo. Amén del cruento feminicidio de las llamadas “Muertas de Juárez” –que lamentablemente continúa impune-, se ha teñido más de rojo al devenir escenario de la encarnizada lucha entre el Cártel de Juárez y el Cártel de Sinaloa por apoderarse de aquella “plaza” tan estratégica.

La periodista navarra Judith Torrea, indignada por el ambiente neoyorkino elitista en que se movía y donde circulaba alegremente la cocaína que llegaba vía Juárez, tomó la decisión más radical de su vida: establecerse en esta última ciudad, tan devastada y luminosa a la vez, para denunciar la absurda guerra del gobierno federal contra el narcotráfico, que, paradójicamente, en vez de acabar con los delincuentes, diezma a la población.

Surge así el libro Juárez en la sombra. Crónicas de una ciudad que se resiste a morir (Aguilar, 2011), donde la reportera compila 69 entradas de su blog “Ciudad Juárez, en la sombra del narcotráfico”, publicadas entre finales del 2009 y principios del presente año.

Dicho blog ha sido galardonado con el Premio Ortega y Gasset de Periodismo Digital y el BOB-Reporteros sin Fronteras en 2010 y 2011, respectivamente.

Torrea, “militante de la vida” –como la nombra su colega canario Juan Cruz en el prólogo- se centra en el lado humano de esta inconcebible tragedia, rechazando tajantemente la frialdad estadística o el amarillismo tan comercial.

En ello, su obra se asemeja a la labor emprendida por su homólogo sinaloense Javier Valdez Cárdenas, cuyo más reciente libro sobre el tema, Los morros del narco, ha sido publicado también por la misma casa editorial.

La autora, más que valiente, resulta temeraria: igual se presenta en la escena del crimen que en la morgue, en el panteón que en la penitenciaría, atestiguando la desolación, la infamia, el horror.

Así, registra una serie de casos de personas acaecidas arteramente, ajenas “a lo chueco”: jóvenes estudiantes, profesionistas, activistas, madres de familia, que ni siquiera pueden contar con funerales dignos, por el temor de sus allegados a que los agresores los ultimen al parejo.

El estupor, la rabia, la angustia que permean estos textos no deja de salpicar al lector, que se topa con chivos expiatorios, empleados forenses saturados de cadáveres, sobrevivientes a secuestros (como uno de los médicos entrevistados) o a atentados (como el joven panista), chicas capturadas por “mulas” o niños en duelo por sus compañeritos –por citar algunos ejemplos-.

En esa dolorosa cotidianidad, sin embargo, aparecen seres nobles, generosos, como la activista social Esther Chávez Cano, quien elaboró un recuento de las “Muertas de Juárez” para exigir justicia junto con sus deudos, y fundó Casa Amiga, institución donde se otorga atención integral gratuita a mujeres y niños víctimas de la violencia.

A ella, paradójicamente, no la rindieron las balas, sino un fatal cáncer que corroyó sus entrañas.

El hartazgo de los juarenses todavía residentes en la ciudad es contundente –pese al estoicismo que han demostrado-. Como declara el joven panista que sobrevivió al coche-bomba: “El tema en Juárez no es el narcotráfico, los secuestros de médicos, las mujeres asesinadas o las injusticias que se ocasionan a diario. El tema central se divide en dos cuestiones básicas: falta de justicia y qué hacemos los que no cometemos ilícitos” (p. 113).

Como sostiene Clara, una joven viuda: “Me encuentro en un país en donde no hay empleo (…) no hay apoyo del gobierno federal para todas las viudas y huérfanos que vivimos esta guerra inútil (p. 166)”.

Torrea denuncia, sin carecer de una fe inquebrantable, el terror fronterizo de Juárez, que, empero, “es el lugar donde se dan los mayores rasgos de solidaridad mientras al ser humano se le arrebata la existencia” (p. 196), como ella misma señala en el epílogo.

Elena Méndez

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Judith Torrea,

Juárez en la sombra. Crónicas de

una ciudad que se resiste a morir,

Prólogo: Juan Cruz,

Aguilar, 2011,

108 pp.

http://www.homines.com/palabras/terror_fronterizo/index.htm

sábado, julho 09, 2011

CENTAURO ENTRAÑABLE: VILLA DE MI CORAZÓN, DE GUADALUPE Y ROSA HELIA VILLA

Francisco Villa sigue siendo el caudillo revolucionario más polémico que ha tenido nuestro país. Denostado y alabado, temido y respetado, su figura continúa vigente en el imaginario colectivo de las maneras más diversas.

Guadalupe y Rosa Helia Villa, nietas del Centauro del Norte y respetadas investigadoras, han publicado el libro Villa de mi corazón (Editorial Taurus/Gobierno del Estado de San Luis Potosí, 2010), un jocoso ensayo, no exento de subjetividad –por obvias razones-, donde se hace hincapié en el aura romántica que ha rodeado la imagen del duranguense desde que se levantó en armas hasta nuestros días.

Válido también como un libro de arte, al apoyarse en textos breves y abundantes ilustraciones a color, la obra presenta a Villa como un ícono de la rebeldía. Incluso resulta refrescante desde la portada, donde aparece el guerrero en un estilo típicamente warholiano.

Las autoras aciertan al delimitar determinadas perspectivas sobre el tema, dada la vastedad de información que han acumulado a lo largo del tiempo. Así, en siete capítulos se analizan los orígenes del revolucionario, las disímiles representaciones suyas en el cine y la literatura, la forma en que varios movimientos sociales se han basado en sus ideales para defender la causa que sostienen, su utilización en graffitis urbanos –sobre todo acompañado de Zapata-, el cómo se ha convertido casi casi en una “marca registrada” que, no obstante, es del dominio público, e, incluso –y esto es lo más sorprendente- en un santón laico, equiparable al legendario sinaloense Jesús Malverde y, al igual que éste, al justiciero Robin Hood.

Resulta curioso enterarse, por ejemplo, de cuán hábil era el General para hacerse propaganda. La curiosidad que suscitaba entre propios y extraños llegó al grado de ¡ser contratado por compañías norteamericanas para permitir que se filmaran sus batallas!, circunstancia que éste aprovechó al máximo y de un modo bastante profesional: “El semanario Reel Life del 25 de abril de 1914 reportó que Villa se daba tiempo para filmar las escenas que le pedía el director”. (p. 35).

Posteriormente, se informa que: “(…) el presidente Álvaro Obregón le negó el permiso para que volviera a las pantallas” (p.51), por no convenirle que se le glorificara.

Tras su muerte, el feroz líder de la División del Norte fue proscrito. Sin embargo, se le rehabilitó políticamente en los sesenta, al inscribirse su nombre con letras de oro en la Cámara de Diputados.

Respecto al enorme acervo bibliográfico en torno suyo, ya sea mediante productos masivos como historietas u obras escritas con rigor histórico, ha declarado contundentemente José Emilio Pacheco: “Villa perdió la guerra, pero ganó la literatura”. (p. 75).

El Centauro ha sido homenajeado a través de monumentos, vialidades y conjuntos urbanos e instituciones –en particular, educativas- que llevan su nombre. Asimismo, en pinturas callejeras realizadas por encargo o por mero gusto de los graffiteros.

Por otro lado, el norteño mostachón vende, y vende bien, al incluirse su imagen y su seudónimo –recordemos que su nombre real era Doroteo Arango- en las más variopintas mercancías o servicios, inclusive en el país que puso precio a su cabeza: Estados Unidos.

“Enérgico, agresivo, perseverante, oportunista, carismático, ejemplar, misionero, eficaz y duro” (p.167), Pancho Villa supo promoverse inteligentemente, tanto así que por ello se le considera un exitoso publirrelacionista.

En cuanto a la devoción que ha originado un culto villista, se explica: “Según un sociólogo, cuando el medio ambiente es hostil, violento, con carencias de todo tipo, la gente busca asideros en los cuales depositar su fe. Villa es considerado como patrono de casos difíciles, a él se le pide trabajo, dinero y amor” (p. 218).

Villa vive en el corazón, la piel, el alma mexicana…

Elena Méndez

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Guadalupe y Rosa Helia Villa,

Villa de mi corazón,

Editorial Taurus/Gobierno del

Estado de San Luis Potosí,

México, 2010, 240 pp.

http://www.siempre.com.mx/2011/07/centrauro-entranable/