sábado, abril 30, 2011

FEROZ


En memoria de Álvaro Rendón


¿Ya vio a Feroz?”, preguntaba Elena Méndez en uno de mis retornos benéficos a Culiacán, querencia a la que me lleva la reincidente aura de San Gilberto Owen. Suprimía el artículo, pues el adjetivo, naturalmente con mayúscula, era el verdadero nombre, el heterónimo de Álvaro Rendón. Como muchas otras sinaloenses, Elena, alumna suya, había sido inoculada por esa pasión sin concesiones que el profesor ponía en lo que vivía leyendo, en lo que leía viviendo. Su pregunta tenía numerosos matices. No había visto aún al Feroz -a Feroz-, pero verlo era una fiesta y una necesidad. Lo que a él le urgía, y a sus amigos también, era hablar de libros, de autores, de letras. Jamás hacerlo mal de la persona que los había procreado. Era el último lector, que decía Ricardo Piglia, y por eso era el primero. Alguien nacido para amar y construir, para soñar y rebelarse a través de los libros. No era la erudición la que en el más admirábamos sino el entusiasmo. La manera en que sus ojos destellaban al invocar lo que le había deslumbrado y le había enseñado no a entender sino a vivir. A vivir más integralmente, con los sudores y alegrías, las furias y las penas que la verdadera literatura proporciona.

Un día le pregunté: “¿Por qué te dicen el Feroz?” Y con esa espontaneidad infantil, tan suya, me explicó: “A mi hermano le apodaron el Guapo y como necesariamente había que ponerme a mí un sobrenombre, no se les ocurrió más que el opuesto, o sea, el Feo. Para suavizarlo, cambió a Feroz”. Me vino aquel parlamento de Jesús Inclán en Los olvidados cuando le dice a un niño: “Qué apodo tan sin chiste te pusieron”. Y si el de Álvaro lo fue en un principio, el tiempo se encargó de demostrar que algunos nombres se definen por oposición: el Feroz era manso como los auténticos valientes.

La memoria me es cada día más infiel, pero creo que con él compartimos la insuperable cabrería en El palomar de los pobres, con Gilberto Cabanillas, César Ibarra y Francisco Meza. A la salida, ya de noche, se afanaron en que camináramos de regreso a mi hotel, con un Culiacán patrullado constantemente por camiones del ejército y por aquel otro ejército tan invisible que no puede ocultarse. Fue César precisamente quien me envió el correo, lacónico y terrible, “Mataron a balazos al Feroz”. Un endecasílabo impecable, digno de una canción dedicada a quienes mueren a manos del hierro que también blandieron. Luego me han llegado detalles, por Ignacio Trejo: venía de ver a César López Cuadras, otro sinaloense que pone el discurso de las letras encima del discurso de las armas.

¿Qué hace a Feroz un muerto distinto? ¿Qué lo vuelve tan próximo a nosotros? Todos los días, y no es una hipérbole, nos matan lo más nuestro en un cada día más mutilado territorio. La muerte, es verdad, pone en un mismo nivel al nómada forzado que partió de Tamaulipas y al profesor universitario. Por todos están doblando las campanas. Sin embargo, a Álvaro no podíamos reprocharle que fuera un poquito canalla. Como sería de noble, que hasta el alcohol se portaba bien con él. Lo hacía más elocuente y entusiasta, más generoso y niño. Era un oasis en el territorio vasto y pequeño, generoso y mezquino de nuestra República Literaria. Hablar con él nos hacía menos despreciables.

Es muy temprano aún para dejar de llorar a Feroz, pero él hubiera sido el primero en exigirnos que acudiéramos al heroísmo del buen humor que nos enseñó nuestro maestro Alí Chumacero. A sus ochenta años, cuando le preguntaron que le faltaba en la vida, respondió, lacónico, solemne y travieso: “Ser apuñalado por un marido celoso”. A Feroz le faltaba ser muerto a balazos, y no morir de dolores y humores indignos en una cama de hospital. Estoy seguro de que, como hombre de honor, no dio muestra de debilidad. Ojalá le haya sido concedido, como al personaje de Élmer Mendoza en Trancapalanca –que en realidad es él, en una de sus inminencias con la Parca- haber dicho en la cara del cobarde que en ese momento dominaba el hilo entre la vida y la muerte: “Jálele”. Y hablarle de usted al asesino, para hacer mas distante su vileza.

Vicente Quirarte






domingo, abril 24, 2011

¿UN TIGRE ASOMBROSO? SIEMPRE!

"De asombro en asombro: Almanaque de cuentos y ficciones, de Eduardo Lizalde", en Siempre! 3019, domingo 24 de abril de 2011.

DE ASOMBRO EN ASOMBRO: ALMANAQUE DE CUENTOS Y FICCIONES [1955-2005], DE EDUARDO LIZALDE



Eduardo Lizalde (Ciudad de México, 1929), Tigre Mayor de las letras mexicanas, acaba de compilar medio siglo de estupendos relatos suyos en Almanaque de cuentos y ficciones [1955-2005], bajo el sello de Ediciones Era, en coedición con la Universidad Nacional Autónoma de México.
Si bien resulta de sobra conocida la faceta lírica del autor –donde refulge como un diamante de bella rareza-, es justo destacar también su impecable veta narrativa, redescubierta a últimas fechas tanto por este volumen como también por su novela Siglo de un día (2010), colosal fabulación revolucionaria.
Lizalde rescata aquí un total de 45 cuentos, aparecidos originalmente en sendos libros: La cámara (1955) y Manual de flora fantástica (1997), publicados por la UNAM y Cal y Arena, respectivamente, así como en diversos suplementos y revistas culturales.
La cámara abre con el texto homónimo. En él, un inmigrante mexicano pretende cruzar furtivamente la frontera estadounidense junto con dos compatriotas. Se desata una situación-límite en la atmósfera asfixiante de la cámara del automóvil donde el trío permanece oculto; la desesperación, el hambre, el delirio y la muerte hacen presa de todos ellos.
Cabe destacar que dicha narración mereció en aquel entonces enormes elogios de José Emilio Pacheco, quien calificara al autor como “(…) un narrador con verdaderas dotes para el género.” (p. 18).
Otros cuentos dignos de mencionarse son “El tigre de Pablo” -engañosamente infantil-, donde el pequeño protagonista deberá aprender muy pronto a asumir las pérdidas cotidianas.
En “La tormenta”, así como en “La cámara”, hay un aire rulfiano: Antonio, un revolucionario, huye de la crueldad de Gabriel, su superior, de cuya gracia ha caído, al grado de buscarlo para causar su muerte.
Asimismo, una dupla de disparates geniales: “Cuentos de la Gioconda I” y “Cuentos de la Gioconda II”. En ellos, el timador de arte Sergio Duprez se las ingenia para cometer su fechoría suprema: demostrar que él posee la versión original del retrato más célebre de Da Vinci.
Por su parte, un texto considerado por el propio Lizalde indistintamente como crónica o reseña (imaginaria) es el titulado “Una nueva (la más grande) película de Visconti: El camino de Swann”, en que, mediante un exquisito juego borgesiano, se alude a una película inexistente del cineasta italiano, basada en un volumen de la entrañable saga proustiana.
Una de esas malditas moscas zumbadoras que no deja dormir a la gente decente ni a la otra”, resulta un claro guiño a la estética monterrosiana, pues el extinto autor guatemalteco promulgaba que dichos insectos eran para él un tema literario.
En cuanto a las ficciones del Manual (…) vale mencionar “Accuttissima vox” y “El experimento del doctor Rosenfranck”, cuyas tramas descabelladas harán la delicia de los lectores.
En “Accuttissima (…)”, Aurora, afamada soprano, se apropia de la voz de una planta cantora; artificio puesto al descubierto por su director de escena, con quien se ha enemistado en vísperas de un estreno en La Scala de Milán.
Y en “El experimento (…)”, el doctor Rosenfranck, científico alemán, se propone crear “ (…) una rosa eterna, ¡un monstruo de belleza e inocencia! (…)” (p. 229), idea que se le ocurre tras la lectura de Frankestein.
Su engendro, denominado Franckesteinrose, ha sido creado con la finalidad de tornarse “(…) la madre de todas las rosas, la madre inmortal (…)” y se caracteriza por poseer “(…) un color rojo grisáceo (…) y una textura vagamente pilosa, como la de una pieza de ante o terciopelo” (p. 230).
Sin embargo, las suspicacias despertadas por la flor imperecedera conducirán a la desgracia del megalómano doctor…
Lizalde conduce de asombro en asombro al lector mediante sus ficciones perversas, hiperbólicas, plagadas de maravillas, provocadoras de hilarantes inquietudes.

Elena Méndez
____
Eduardo Lizalde,
Almanaque de cuentos y ficciones
[1955-2005],
Ediciones Era/Universidad Nacional Autónoma de México,
México, 2010,
244 pp.

http://www.siempre.com.mx/2011/04/de-asombro-en-asombro/

quinta-feira, abril 07, 2011

¿LA LOAEZA SALE DEL CLÓSET? SIEMPRE!


"Dejar atrás la invisibilidad" , entrevista a Guadalupe Loaeza sobre su libro de crónicas En el clóset (Ediciones B, 2011) en Siempre! no. 3016, domingo 3-abril-2011.

DEJAR ATRÁS LA INVISIBILIDAD: GUADALUPE LOAEZA

Guadalupe Loaeza (Ciudad de México, 1946) es una escritora y periodista muy querida en nuestro país, comprometida con las causas sociales. Ello la llevó a publicar su más reciente libro, En el clóset (Ediciones B, 2011), que incluye crónicas sobre la vida y obra de homosexuales famosos, pertenecientes al arte, la moda, el espectáculo, la literatura y la política. Esta obra es dedicada a su gran amigo y colega, el recientemente desaparecido Carlos Monsiváis (Ciudad de México, 1938-2010), cuyo caso se incluye aquí también, y que, como la autora, apoyó a la comunidad gay mexicana desde su posición de intelectual.

En textos brevísimos se abordan 46 casos, divididos en cinco apartados, sobre personajes del siglo XIX hasta nuestros días. Con un lenguaje ameno, ágil, y un gran bagaje documental, la autora hace su contribución para el reconocimiento de esta minoría, que ya ha alcanzado logros importantes para su integración plena en la sociedad, lo que les permite dejar atrás su condición de invisibles.

Cabe destacar el acertadísimo prólogo de la sicoterapeuta Marina Castañeda (Ciudad de México, 1956), quien, con enorme agudeza y fuertes bases teóricas, diserta sobre el tema. Ahí apunta: “Libros como el de Guadalupe Loaeza son (…) sumamente útiles: al presentarnos a individuos gays de carne y hueso, en lugar de teorías o abstracciones, ayudan a transformar la imagen social de la homosexualidad” (pp. 15-16).

De dicho libro hablamos en la presente entrevista.

-¿Cómo surge la idea de este libro?

La idea, en realidad, más que del libro, fue del tema, porque yo colaboro en el diario Reforma desde sus inicios –vamos a cumplir 20 años-, y yo los domingos tengo un espacio muy importante en el suplemento El Ángel. Mis textos son temáticos. Y hace casi un año se me ocurrió hablar de lo que hace algunos años era tabú, la homosexualidad. Y hablar de personajes a los que les costó mucho trabajo asumirse como gays o como lesbianas. Me pareció que era un tema importante porque siento que-y eso lo dice de una manera muy acertada Marina Castañeda en el prólogo- es un tema que está siendo cada vez más asumido y se pone cada vez más sobre la mesa. Muchas mujeres y hombres reconocen tener amistades gays, ya hay un poco más de conciencia e información. Las nuevas generaciones que vienen seguramente lo van a ver totalmente normal. Incluso para los jóvenes de ahora la homosexualidad es parte de la vida, decirle a alguien que es homosexual ya no tiene la connotación que tenía antes. Sin embargo, desde luego que sigue la homofobia en una cultura tan machista y misógina como la mexicana. Pero creo que se ha avanzado mucho, hay más información, por ejemplo, relacionada al condón… antes se compraba a escondidas…el otro día fui a Sanborn´s y en la caja había como 30 marcas distintas… Se ha podido combatir más el SIDA… está el desfile de los gays… ya no es ese estigma… y eso es sano para una sociedad que se quiere moderna, democrática, adulta.

-¿Qué opina de las acciones y comentarios retrógrados de ciertas cúpulas eclesiásticas y políticas de nuestro país frente a los logros de la comunidad gay?

Eso todavía persiste, sobre todo en el interior de la República. Estamos hablando de Guanajuato, de Querétaro, de Puebla… Aún hay muchos prejuicios, especialmente cuando interviene la Iglesia… las declaraciones del Arzobispo Norberto Rivera Carrera, del Cardenal Juan Sandoval Íñiguez… pero ya la gente se ríe, hace chistes, ya no tienen tanto eco como solían tenerlo… o como el comentario de Emilio González Márquez, gobernador de Jalisco, de que le daban asquito los homosexuales, es algo que la prensa lo denuncia para burlarse de ese tipo de declaraciones.

Hace apenas unos días fui a comer con un amigo, éramos un grupo numeroso y le dije al anfitrión: “le traje un libro a tu amigo…” -un joven político mexicano, del PRI, de acá del DF…- “¿Qué libro le trajiste?”, “En el clóset”. “No se lo regales, porque lo puede malinterpretar”… No tenía otro, llegué con las manos vacías, tuve que ocultar mi libro. Yo cedí… yo debí haberle dicho: “Óyeme, no, creo que estamos viviendo otro momento, otra etapa, voy a regalarle mi más reciente obra, ¿cómo no se la voy a regalar?” Ya hasta lo había dedicado, pero terminé regalándoselo al chofer…

Todavía hay ciertas ambigüedades, contradicciones, doble moral. Todavía no está totalmente liberado.

-¿Cuál caso de los personajes aquí abordados le conmovió más?

El de Oscar Wilde es sin duda el más doloroso. Igual el de Harvey Milk… cuando hay injusticia de por medio siento eso… el de Rock Hudson, que fue muy emblemático, él fue un parteaguas con relación al SIDA…el de François Mauriac, que nunca lo asumió, fue muy pesado para la familia, los hijos descubrieron muchos años después eso…

El caso de Cole Porter es interesante porque él se casó, y la esposa lo asumió con mucha solidaridad. Jaime Torres Bodet sufrió mucho…Anthony Perkins también…

-¿A qué atribuye que muchas personas homosexuales tiendan a repetir el patrón de pareja de los hetero (roles activo-pasivo)?

Yo creo que el amor, la pasión, el deseo, el erotismo, la ternura no tienen sexo. Pero hay perfiles, personalidades, y habrá quienes sean mucho más pasivos. Es muy importante cómo se viva la homosexualidad: si se vive con respeto, con dignidad, con inteligencia…

Yo tengo un hijo gay, el mayor, y veo que vive una vida plena profesionalmente, con sus amigos, todo mundo lo quiere mucho…me reeducó… él habló con nosotros siendo muy joven, y lo hizo tan generosa e inteligentemente que para nosotros es un ejemplo de respeto y dignidad.

Esta experiencia homosexual cada vez está más asumida, a pesar de los atavismos. No es casual que en el Distrito Federal exista una ley que permita casarse a personas del mismo sexo. Este tipo de iniciativas nos ha ayudado a crecer. La izquierda es más incluyente y más plural que la derecha, por supuesto. Hablar de este tema con un panista es muy difícil, por ejemplo…

-¿Cree usted que pudiera haber alguna relación biológica, antropológica –o de otra índole- entre la homosexualidad y el genio?

Es interesantísima su pregunta, porque muchos de estos grandes genios, Leonardo Da Vinci, Oscar Wilde, Marcel Proust, Carlos Monsiváis… grandes escritores, pintores, escultores… yo creo que tiene algo que ver con una sensibilidad mucho más refinada, sofisticada, elaborada… una inteligencia mucho más aguda. Son minorías y las minorías siempre padecen mucho, y como tienen que luchar contra todos estos prejuicios, por eso se les han desarrollado otras virtudes, como Yves Saint Laurent, un genio de la moda… algo tendrá que ver… eso se lo han preguntado muchos estudiosos de la materia… es un concurso de circunstancias, la infancia, el medio en que se desenvuelven, pero siempre hay una mirada distinta.

-¿Piensa que algún día podrá lograrse plenamente que dicha comunidad acceda a lo que el activista francés Jean-Louis Bory llamaba “el derecho a la indiferencia”-como señala Marina Castañeda en el prólogo a su libro-?

Pienso que sí vamos a llegar a eso. Yo quiero pensar que mis nietos lo van a ver con total naturalidad, no van a hacer un drama alrededor de eso. Van a tener amigos gays, los van a integrar, respetar, sin esos miedos, fantasmas, prejuicios.

Lo que influye mucho en contra son los medios de comunicación, la televisión, donde se sigue haciendo mofa de los homosexuales…

Habría que reeducar a los jóvenes, pero yo creo que en la escuela ya no son tan señalados, “ay, éste es un marica”, “vieja el último”…

Es evidente que a un gay no lo van a correr por ser gay de su trabajo, incluso si tiene SIDA…

Creo que sí vamos a llegar a eso que dice Marina Castañeda, casi como fue con el feminismo.

-¿Qué repercusión o contribución considera que puede aportar su libro a la causa de los gays mexicanos?

Creo que puede sensibilizar, educar, crear un sentimiento de empatía, concluir que no es una desgracia ser gay.

Yo me acuerdo de que un primo, un médico muy prestigiado, me dijo, hablando de Miguel Bosé, que su padre, Luis Miguel Dominguín, comentaba: “Yo prefiero que mi hijo tenga cáncer a que sea homosexual”. Yo no lo podía creer. Ese tipo de comentarios resultan totalmente anacrónicos. Yo le respondí: “Ojo con lo que estás diciendo, es una aberración por esto y por lo otro…”

Ha cambiado tanto que antes en la prensa se decía “crimen pasional”. Todo eso ha cambiado y espero que en la televisión, que todavía hay cómicos que no han entendido, cambie también.

Elena Méndez

___

FOTO: ELENA MÉNDEZ

http://www.siempre.com.mx/2011/04/en-el-closet-de-guadalupe-loaeza/