sexta-feira, março 25, 2011

ENTRE EL DESALIENTO Y LA ESPERANZA: GONZALO VALDÉS MEDELLÍN

Gonzalo Valdés Medellín (Ciudad de México, 1963) ha tenido una impecable carrera dentro del periodismo, específicamente en el cultural, donde destaca su labor como crítico teatral, difundida a través de medios tan importantes como la Revista Siempre!. Sin embargo, es digna de destacarse también sus facetas de director escénico y de literato, donde aborda géneros como la novela, el cuento y, por supuesto, la dramaturgia.

Entre los importantes reconocimientos que ha obtenido por su trayectoria el Premio Casa de América Latina del XII Concurso de Cuento Juan Rulfo, convocado por Radio Francia Internacional, en 1995. En esa ocasión se galardonó su relato “En la casa de las semejanzas”, mismo que se compila –junto con otras 30 narraciones- en el volumen homónimo, recién publicado por Amarillo Editores.

Sobre dicho libro, que sin duda levantará polémica, dado lo impactante tanto de sus temáticas, que poseen una fuerte preocupación social, como en su lenguaje, en ocasiones áspero, aunque siempre plagado de lirismo, con personajes inmersos entre un profundo desaliento y una gran esperanza, hablamos en la presente entrevista.

-¿Está de acuerdo con la afirmación de Elena Poniatowska en cuanto a que usted “escribe una literatura muy cruda, descarnada frente a una sociedad hipócrita y rechazante”?

Sí, porque este tipo de literatura que habla de la gente incomoda a veces a las buenas conciencias y a quienes están deshumanizados y que habla de temas como son las drogas, el sexo por el sexo, el narcotráfico… aquí yo escribo crudamente de gente del pueblo, cosa que ya no se usa; sobre la mujer que es mancillada; del abandono existencial de muchos mexicanos, pero yo no estoy tratando de hacer una literatura que no se corresponda con mi tiempo histórico. Todos estos cuentos se publicaron originalmente desde los años ochenta y hasta el 2000, y me decían: “¿Por qué no los juntas en un libro?”, y cuando lo hice, las editoriales donde lo propuse no se interesaron por él; estaban buscando libros de superación personal, o literatura basura y pues yo no hago literatura basura. Yo hago una literatura que siempre apela por la grandeza del espíritu, aunque se escuche rimbombante. Yo quisiera dejar un aporte a la gente como escritor, a través de estas lecciones de vida: la lección de vida de la tragafuegos, de la prostituta, la pepenadora, la muchacha que es violada porque pone los ojos en quien no debe, en un encuentro fortuito, la del escritor que ha sido fiel a su ideología y no tiene ni para pagar la renta.

Y por otro lado, es un ejercicio escritural que ya no se acostumbra tampoco. Cuando yo publiqué “En la casa de las semejanzas”, una vez que había ganado el premio, el 6 de enero de 1996, en primera plana del suplemento Sábado de Uno más uno, un editor me dijo: “Ya nadie escribe así”. Yo me quedé pensando: “¿A qué se referirá?”. Empecé a entender, al paso de los años, que ya nadie escribe así, puliendo las palabras, sacándole brillo al lenguaje literario.

Yo no escribo una literatura light; yo escribo una literatura que aspira a ser poesía. Pero también aspiro a hacer un realismo social, que sin dejar de ser un reflejo de la sociedad contemporánea, sea asimismo un gran ejercicio de libertad creativa y literaria.

-Noto en su obra una profunda crítica social, rayana en la sátira. ¿A qué se debe esto?

Bueno, a que a veces tenemos que ver la realidad con cierto sentido del humor, y esto nos lleva a la sátira y a hacer que todo sea un poco más amable, por lo menos a los ojos del lector, del espectador.

-Percibo también un entrecruzamiento de géneros; algunos de sus cuentos colindan con la crónica…

Sí, colindan con la crónica, tienen mucho la agilidad del diálogo teatral y también del colorido de una nota informativa. Es deliberado, esa es mi propuesta literaria. Muchos de estos textos se publicaron en un principio como crónicas urbanas en la sección de Ciudad de Uno más uno, que dirigía Huberto Batis. Yo comencé a hacer crónicas observando personajes citadinos, gente que vivía en la calle, a mis vecinos, gente con la cual tenía contacto cotidiano.

- La mayoría de sus personajes son transgresores envueltos en situaciones-límite, ¿cuál es la razón de esta tendencia?

Yo siento que el personaje que llega a una situación-límite es porque ha llevado una fuerte carga vivencial, positiva o negativa. Muchos de estos personajes han vivido justamente eso, algo que los ha trastornado o quebrantado. Yo creo que también es mucho el quebranto lo que reflejo en ellos; hay un quebranto del espíritu, de las ilusiones, del amor, incluso de los ideales y aspiraciones políticas como mexicanos, ¿no?

- ¿Por qué varios de sus personajes poseen una sexualidad ambigua, incluso violentada?

Aquí vemos una amplia gama de personajes con diferentes inclinaciones y preferencias sexuales (sic), pero no está la balanza hacia una sola preferencia (sic). No es un libro que hable únicamente de heterosexuales u homosexuales ni de mujeres violadas, aunque hay varias… Descubro eso como una constante. Y digo: qué curioso que varias de estas mujeres, de una u otra manera, son violentadas en su sexualidad. Hay una crítica al machismo también, en ese sentido…

- En cuentos como “Recuerdo: sueño y vida”, “Volver a la infancia” y “Milagro de reyes” -por citar algunos- observo la nostalgia por recuperar la candidez, la esperanza…

Yo considero que hay que recuperar al niño que fuimos y que siempre nos acompaña hasta la muerte … para mí es muy importante volver a la infancia porque me redescubro como ser humano, “ése soy yo, ese ser lleno de pureza, de candor, de anhelos…” y es lo que trato de reflejar ahí, pero más que nada es el encuentro con las vueltas de la vida, con el eterno retorno; siempre retornamos al inicio de los tiempos, y estos cuentos absolutamente autobiográficos me llevan al reencuentro con dos personajes que se convertirían en estampas de mi infancia, el señor de los juguetes y la señora de las flores… volver a ellos es a volver a esa ensoñación de los juguetes, a esa ilusión de coleccionar muñequitos de plástico, saber que alguna vez fui un niño feliz …

- Podría ampliar su idea sobre el Eterno Retorno?

Siempre estamos caminando en círculos concéntricos en la vida, estamos yendo hacia un lado y debemos regresar para reconstruirnos a nosotros mismos o saber qué ha pasado con nuestras vidas. La mayoría de estos personajes están tratando de reencontrarse a sí mismos, porque en la medida que eso ocurre reencuentras el sentido de todas las cosas de la existencia, incluyendo la muerte. Hay un cuento sobre una mujer de la tercera edad que muere en el abandono, en su casa, “Los recuerdos enterrados”, cuyo cadáver rescatan los vecinos… ellos retornan a la vida de esta señora cuando desempolvan sus libros, sus discos, sus recuerdos…

-¿Servirán de algo los esfuerzos culturales en una sociedad que parece cada vez más empeñada en la violencia, la ignorancia, la alienación, la vulgaridad?

Yo estoy totalmente cierto de que la cultura nos va a salvar. Por desgracia, vivimos hoy una ilusoria idea de cultura, que en realidad es mercadotecnia disfrazada. Se vende la literatura, el teatro, el cine, pero realmente no hay propuestas transgresoras. No hay un compromiso con el arte verdadero. Hay un deseo de vender. “Yo soy escritor -dicen algunos- y quiero vivir de ello, entonces tengo que vender mi literatura”. En los ochenta, eso era pernicioso, decirlo, pensarlo, porque uno no podía concebir el arte como un objeto de compra-venta. Hay un arte político siempre, con su función política; ahora éstos son de corte neoliberal. La gran mayoría de la literatura que se vende, del arte que se compra, del cine que se filma, son perecederos. No hay grandes corrientes de pensamiento, no hay grandes escuelas literarias, no hay una pasión por la creación. Realmente, estamos viviendo una tendencia de banalidades y frivolidades hacia un arte light, al cual yo le doy la espalda.

Elena Méndez

FOTO: Elena Méndez

http://www.homines.com/palabras/entrevista_gonzalo_valdes/index.htm

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