segunda-feira, março 21, 2011

CONFESIÓN ÚLTIMA: UNA AUTOBIOGRAFÍA SOTERRADA (AMPLIACIONES, RECTIFICACIONES Y DESACRALIZACIONES), DE SERGIO PITOL

Sergio Pitol (Puebla, 1933), Premio Cervantes 2005, acaba de publicar Una autobiografía soterrada (Ampliaciones, rectificaciones y desacralizaciones), del cual declara: “Éste es mi último libro y el final de mi obra”.

Palabras que no dejan de sorprender en un hombre que, pese a lo delicado de su salud, conserva su enorme lucidez y, sobre todo, ese estilo híbrido, siempre colindante entre lo ficcional y lo confesional, que ha cautivado a sus lectores por generaciones.

Así, Una autobiografía soterrada (…) mantiene las características anteriormente citadas.

Su reclusión en un sanatorio de La Habana fungirá como una singular magdalena de Proust, al desatar en él reflexiones sobre el género cuentístico, sobre el que asevera: “(…) En el subsuelo de la escritura serpentea imperceptiblemente otra corriente: una escritura oblicua, un imán. Es el misterio: de esa corriente depende que el cuento sea un triunfo o un desastre (…)” (p. 9). No obstante, luego matiza: “Descreo de los decálogos y las recetas universales” (p. 9).

Entre los cuentistas más admirados por Pitol, se encuentran Borges y Chéjov. Del primero dice: “La mayor parte de sus tramas están elaboradas para producir un final alucinante” (p. 9); y del segundo: “Leerlo ha sido mi mayor ventura y una lección permanente” (p. 11).

Pitol, prófugo de la abogacía, ejerce como editor antes de imaginar siquiera que le daría por escribir, oficio al que accede como un poseso, en medio de una traducción urgente.

Tras evocar sus inicios literarios y a sus colegas de la Generación del Medio Siglo, se traslada a los sitios más entrañables para él de la capital cubana; a su vez, ello le da pretexto para recordar el origen de sus andanzas cosmopolitas, siempre iluminadas por los libros: propios, ajenos.

Casi toda su obra ha sido realizada en el extranjero, donde se mantuvo gracias a la edición, la docencia y la diplomacia. Su prolongada estancia fuera de México, según sostiene, fue para él una ventaja, al estar alejado de las “capillitas” literarias.

Sobre sus lecturas tempranas, comenta que de niño solía leer a Verne, Twain y Stevenson, pero más a Dickens, por sus personajes infantiles, tan desamparados como él. Ya de joven, apunta que, si bien eran “raquíticos” sus conocimientos sobre literatura mexicana, “Fue en Europa donde tuve una necesidad interior de conocer la historia y la literatura de México, desde las Crónicas de la Conquista hasta las últimas corrientes” (p. 15).

La novela es otro género al que Pitol ha consagrado su escritura. De esta manera, esboza también una poética sobre ella: “(…) Necesito crear una realidad permeada por la niebla; para lograrlo debo armar una estructura lo más firme de que sea yo capaz” (p. 67).

El autor, intuitivo y disciplinado, brinda otra señal de su narrativa: “El final siempre queda abierto” (p. 69).

Su autocrítica es despiadada: denosta sus tentativas líricas y dramatúrgicas. De estas últimas, sin embargo, incorporaría elementos y estructuras para su Tríptico de Carnaval.

De su labor como traductor obtendría gran provecho, pues “Traducir permite entrar de lleno en una obra, conocer su osamenta, sus sostenes, sus zonas de silencio” (p. 106).

En suma, la escritura, para él, junto con Bajtin, es: “dejar un testimonio personal de la mutación constante del mundo” (p. 118).

Este volumen resulta doblemente valioso al cerrar con una charla entre Pitol y el recientemente fallecido Carlos Monsiváis, donde ambos abundan –entre otros temas-, acerca de la admiración del primero hacia Borges; su gusto por crear personajes excéntricos; su incursión en la narrativa a través del cuento; y su afán de enterar al lector de su “carpintería”, ese ejercicio metaliterario tan exquisito que realiza, en particular, en su libro El mago de Viena (2005), donde hace suyo, como nunca, el lema alquimista: “Todo está en todo”, válido también para esta confesión última donde se revela e inventa…

Elena Méndez

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Sergio Pitol,

Una autobiografía soterrada

(Ampliaciones, rectificaciones y desacralizaciones),

Col. Mar Abierto,

Editorial Almadía,

Oaxaca, 2010,

131 pp.

http://anteriores.siempre.mx/articledetail.php?ida=23581

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