sexta-feira, março 25, 2011

ENTRE EL DESALIENTO Y LA ESPERANZA: GONZALO VALDÉS MEDELLÍN

Gonzalo Valdés Medellín (Ciudad de México, 1963) ha tenido una impecable carrera dentro del periodismo, específicamente en el cultural, donde destaca su labor como crítico teatral, difundida a través de medios tan importantes como la Revista Siempre!. Sin embargo, es digna de destacarse también sus facetas de director escénico y de literato, donde aborda géneros como la novela, el cuento y, por supuesto, la dramaturgia.

Entre los importantes reconocimientos que ha obtenido por su trayectoria el Premio Casa de América Latina del XII Concurso de Cuento Juan Rulfo, convocado por Radio Francia Internacional, en 1995. En esa ocasión se galardonó su relato “En la casa de las semejanzas”, mismo que se compila –junto con otras 30 narraciones- en el volumen homónimo, recién publicado por Amarillo Editores.

Sobre dicho libro, que sin duda levantará polémica, dado lo impactante tanto de sus temáticas, que poseen una fuerte preocupación social, como en su lenguaje, en ocasiones áspero, aunque siempre plagado de lirismo, con personajes inmersos entre un profundo desaliento y una gran esperanza, hablamos en la presente entrevista.

-¿Está de acuerdo con la afirmación de Elena Poniatowska en cuanto a que usted “escribe una literatura muy cruda, descarnada frente a una sociedad hipócrita y rechazante”?

Sí, porque este tipo de literatura que habla de la gente incomoda a veces a las buenas conciencias y a quienes están deshumanizados y que habla de temas como son las drogas, el sexo por el sexo, el narcotráfico… aquí yo escribo crudamente de gente del pueblo, cosa que ya no se usa; sobre la mujer que es mancillada; del abandono existencial de muchos mexicanos, pero yo no estoy tratando de hacer una literatura que no se corresponda con mi tiempo histórico. Todos estos cuentos se publicaron originalmente desde los años ochenta y hasta el 2000, y me decían: “¿Por qué no los juntas en un libro?”, y cuando lo hice, las editoriales donde lo propuse no se interesaron por él; estaban buscando libros de superación personal, o literatura basura y pues yo no hago literatura basura. Yo hago una literatura que siempre apela por la grandeza del espíritu, aunque se escuche rimbombante. Yo quisiera dejar un aporte a la gente como escritor, a través de estas lecciones de vida: la lección de vida de la tragafuegos, de la prostituta, la pepenadora, la muchacha que es violada porque pone los ojos en quien no debe, en un encuentro fortuito, la del escritor que ha sido fiel a su ideología y no tiene ni para pagar la renta.

Y por otro lado, es un ejercicio escritural que ya no se acostumbra tampoco. Cuando yo publiqué “En la casa de las semejanzas”, una vez que había ganado el premio, el 6 de enero de 1996, en primera plana del suplemento Sábado de Uno más uno, un editor me dijo: “Ya nadie escribe así”. Yo me quedé pensando: “¿A qué se referirá?”. Empecé a entender, al paso de los años, que ya nadie escribe así, puliendo las palabras, sacándole brillo al lenguaje literario.

Yo no escribo una literatura light; yo escribo una literatura que aspira a ser poesía. Pero también aspiro a hacer un realismo social, que sin dejar de ser un reflejo de la sociedad contemporánea, sea asimismo un gran ejercicio de libertad creativa y literaria.

-Noto en su obra una profunda crítica social, rayana en la sátira. ¿A qué se debe esto?

Bueno, a que a veces tenemos que ver la realidad con cierto sentido del humor, y esto nos lleva a la sátira y a hacer que todo sea un poco más amable, por lo menos a los ojos del lector, del espectador.

-Percibo también un entrecruzamiento de géneros; algunos de sus cuentos colindan con la crónica…

Sí, colindan con la crónica, tienen mucho la agilidad del diálogo teatral y también del colorido de una nota informativa. Es deliberado, esa es mi propuesta literaria. Muchos de estos textos se publicaron en un principio como crónicas urbanas en la sección de Ciudad de Uno más uno, que dirigía Huberto Batis. Yo comencé a hacer crónicas observando personajes citadinos, gente que vivía en la calle, a mis vecinos, gente con la cual tenía contacto cotidiano.

- La mayoría de sus personajes son transgresores envueltos en situaciones-límite, ¿cuál es la razón de esta tendencia?

Yo siento que el personaje que llega a una situación-límite es porque ha llevado una fuerte carga vivencial, positiva o negativa. Muchos de estos personajes han vivido justamente eso, algo que los ha trastornado o quebrantado. Yo creo que también es mucho el quebranto lo que reflejo en ellos; hay un quebranto del espíritu, de las ilusiones, del amor, incluso de los ideales y aspiraciones políticas como mexicanos, ¿no?

- ¿Por qué varios de sus personajes poseen una sexualidad ambigua, incluso violentada?

Aquí vemos una amplia gama de personajes con diferentes inclinaciones y preferencias sexuales (sic), pero no está la balanza hacia una sola preferencia (sic). No es un libro que hable únicamente de heterosexuales u homosexuales ni de mujeres violadas, aunque hay varias… Descubro eso como una constante. Y digo: qué curioso que varias de estas mujeres, de una u otra manera, son violentadas en su sexualidad. Hay una crítica al machismo también, en ese sentido…

- En cuentos como “Recuerdo: sueño y vida”, “Volver a la infancia” y “Milagro de reyes” -por citar algunos- observo la nostalgia por recuperar la candidez, la esperanza…

Yo considero que hay que recuperar al niño que fuimos y que siempre nos acompaña hasta la muerte … para mí es muy importante volver a la infancia porque me redescubro como ser humano, “ése soy yo, ese ser lleno de pureza, de candor, de anhelos…” y es lo que trato de reflejar ahí, pero más que nada es el encuentro con las vueltas de la vida, con el eterno retorno; siempre retornamos al inicio de los tiempos, y estos cuentos absolutamente autobiográficos me llevan al reencuentro con dos personajes que se convertirían en estampas de mi infancia, el señor de los juguetes y la señora de las flores… volver a ellos es a volver a esa ensoñación de los juguetes, a esa ilusión de coleccionar muñequitos de plástico, saber que alguna vez fui un niño feliz …

- Podría ampliar su idea sobre el Eterno Retorno?

Siempre estamos caminando en círculos concéntricos en la vida, estamos yendo hacia un lado y debemos regresar para reconstruirnos a nosotros mismos o saber qué ha pasado con nuestras vidas. La mayoría de estos personajes están tratando de reencontrarse a sí mismos, porque en la medida que eso ocurre reencuentras el sentido de todas las cosas de la existencia, incluyendo la muerte. Hay un cuento sobre una mujer de la tercera edad que muere en el abandono, en su casa, “Los recuerdos enterrados”, cuyo cadáver rescatan los vecinos… ellos retornan a la vida de esta señora cuando desempolvan sus libros, sus discos, sus recuerdos…

-¿Servirán de algo los esfuerzos culturales en una sociedad que parece cada vez más empeñada en la violencia, la ignorancia, la alienación, la vulgaridad?

Yo estoy totalmente cierto de que la cultura nos va a salvar. Por desgracia, vivimos hoy una ilusoria idea de cultura, que en realidad es mercadotecnia disfrazada. Se vende la literatura, el teatro, el cine, pero realmente no hay propuestas transgresoras. No hay un compromiso con el arte verdadero. Hay un deseo de vender. “Yo soy escritor -dicen algunos- y quiero vivir de ello, entonces tengo que vender mi literatura”. En los ochenta, eso era pernicioso, decirlo, pensarlo, porque uno no podía concebir el arte como un objeto de compra-venta. Hay un arte político siempre, con su función política; ahora éstos son de corte neoliberal. La gran mayoría de la literatura que se vende, del arte que se compra, del cine que se filma, son perecederos. No hay grandes corrientes de pensamiento, no hay grandes escuelas literarias, no hay una pasión por la creación. Realmente, estamos viviendo una tendencia de banalidades y frivolidades hacia un arte light, al cual yo le doy la espalda.

Elena Méndez

FOTO: Elena Méndez

http://www.homines.com/palabras/entrevista_gonzalo_valdes/index.htm

segunda-feira, março 21, 2011

LIBROS LEÍDOS DURANTE EL 2010



  • 20 respuestas para el cáncer de mama, Gerardo Castorena
  • A la sombra del Ángel, Kathryn S. Blair, Traducción: Leonor Tejada
  • A salto de mata. Martín Luis Guzmán en la Revolución Mexicana, Susana Quintanilla
  • Adictas a la Insurgencia, Celia del Palacio
  • Bibliofilia, José Luis Martínez
  • Bufo & Spallanzani, Rubem Fonseca, Traducción: Silvio Rascón
  • Confesiones de una vieja dama indigna, Esther Tusquets
  • Crónicas mexicanas, AA.VV.
  • Cuerpo breve, Ramón I. Martínez
  • Diálogo con Ovidio, Gonzalo Rojas
  • Dos veces Venezuela, Adolfo Castañón
  • Duelo de noche, María Antonieta Mendívil
  • El agujero en la pared, Rubem Fonseca, Traducción: Rodolfo Mata y Regina Crespo
  • El día que Beaumont conoció a su dolor, J.M.G. Le Clézio, Traducción: Martín Solares
  • El guante negro y otros cuentos, Hernán Lara Zavala
  • El hombre es un gran faisán en el mundo, Herta Müller, Traducción: Juan José Solar
  • El hombre que amaba a los perros, Leonardo Padura
  • El hombre sentado en el pasillo, Marguerite Duras, Traducción: Beatriz de Moura
  • El México de los Contemporáneos. Discurso de ingreso a la Academia Mexicana de la Lengua. 19 de junio de 2003. Respuesta de Alí Chumacero, Vicente Quirarte
  • El origen del mundo, Gustavo Arango
  • El perrito de Lady Chatterley. Cuentos casi completos y un bonus, Eve Gil
  • El salvaje de la ópera, Rubem Fonseca, Traducción: Rodolfo Mata Sandoval
  • El sueño del celta, Mario Vargas Llosa
  • El último juglar. Memorias de Juan José Arreola, Orso Arreola
  • Elementos de teatro, Aída Andrade Varas
  • En tierras bajas, Herta Muller, Traducción: Juan José Solar
  • Energía curativa. Manual práctico de chakras, Marián de Llaca
  • Entre amoras. Lesbianismo en la narrativa mexicana, María Elena Olivera Córdova
  • Gilberto Owen en El Tiempo de Bogotá, prosas recuperadas (1933-1935), Selección, prólogo y notas: Celene García Ávila y Antonio Cajero
  • Gothic Doll, Lorena Amkie
  • Hermenéutica y Literatura, Gerald Nyenhuis, Compiladora: Gloria Vergara
  • Hidalgo, aventurero astuto de corazón grande, Guillermo Samperio
  • Historias reales, Margaret Atwood, Traducción: Pilar Somacarrera Íñigo
  • Ivaginaria, Elia Martínez-Rodarte
  • Justicia inútil, Jorge Fernández Menéndez y Bibiana Belsasso
  • La confesión. El diario de Esteban Martorus, Javier Sicilia
  • La derrota de Dios. La historia perdida de Miguel Miramón, José Luis Trueba Lara
  • La fuente, los destellos y la sombra. Antología poética de los Siglos de Oro, AA. VV., Selección, prólogo y notas: David Huerta y Pablo Lombó
  • La multitud errante, Laura Restrepo
  • La noche será negra y blanca, Socorro Venegas
  • La nueva ciudad de las damas, Eve Gil
  • La poesía como aventura del alma, Vicente Quirarte
  • La religión americana, Harold Bloom, Traducción: Damián Alou
  • La sangre erguida, Enrique Serna
  • La vida y la muerte en tiempos de la Revolución, José Luis Trueba Lara
  • Las historias que se cuentan los hermanos siameses, Luis Mario Moncada y Mario Acosta
  • Las mil noches y una noche, Mario Vargas Llosa
  • Las muchas muertes de Pancho Villa, Elman Trevizo
  • Leona, Celia del Palacio
  • Los mil y un velorios, Carlos Monsiváis
  • Los mitos del editor. Paseos III, Adolfo Castañón
  • Luz espejeante. Octavio Paz ante la crítica, Selección y prólogo: Enrico Mario Santí
  • Límites y berrinches, Juan Pablo Arredondo, Prólogo: Martha Debayle
  • Mondo y otras historias, J.M.G. Le Clézio, Traducción: Vera Waksman
  • Paulette. Lo que no se dijo, Martín Moreno
  • Periodismo y negocios. Cómo vincular empresas con periodistas, Mario E. Maraboto y Giovanna Mejía Zárate
  • Perra brava, Orfa Alarcón
  • Por qué los hombres aman a las cabronas, Sherry Argov, Traducción: Rosa María Fernández Valiñas
  • Queremos tanto a Glenda, Julio Cortázar
  • Reflejos: Réplicas, Octavio Paz
  • Ritual del susodicho. Ritual do dito cujo, Armando Alanís Pulido, Traducción: Rafael Rocha Daud
  • Rumores de suburbios, Maricel Mayor Marsán
  • Sendebar para estudiantes. Un modelo de las colecciones de exempla del siglo XIII, Coordinadora: Graciela Cándano Fierro
  • Sexo, drogas y chocolate. La ciencia del placer, Paul Martin, Traducción: Milena Busquets
  • Siete casas en Francia, Traducción: Asun Garikano y Bernardo Atxaga
  • Siglo de un día, Eduardo Lizalde
  • Six Pack, Carlos Reyes Ávila
  • Todo aquí es polvo, Esther Seligson
  • Un sol más vivo. Antología poética, Selección y prólogo: Antonio Deltoro
  • Una autobiografía soterrada (Ampliaciones, rectificaciones y desacralizaciones), Sergio Pitol
  • Varia lírica española. 107 poesías de los siglos XI al XX, Arturo Souto
  • Why women have sex. Los secretos de la sexualidad femenina, Cindy M. Meston y David M. Buss, Traducción: Pablo M. Migliozzi
  • Y sin embargo yo te amaba, AA.VV., Compiladora: Delia Juárez G.

INSTANTES DEL SER: TODO AQUÍ ES POLVO, DE ESTHER SELIGSON

Esther Seligson (Ciudad de México, 1941-2010) fue una pensadora universal: lo mismo abordó la literatura desde la narrativa, que desde el teatro, la poesía, la crítica o el ensayo.

Su mirada parecía abarcar todas las culturas, todos los tiempos. Sucumbió a la tentación de redactar –al igual que tantos otros afamados escritores- sus memorias, publicadas de manera póstuma en Todo aquí es polvo (Bruguera, 2010).

Seligson, célebre traductora, se traduce a sí misma: eterna niña olorosa a nata fresca, evoca recuerdos de su familia judía, no siempre gratos: pinta a su padre lleno de fatal encono hacia la madre, por haber perdido la doncellez antes del matrimonio –en circunstancias harto vergonzosas-; y a su única hermana, como un personaje díscolo, siempre culpándola de cualquier travesura nimia, hecha al alimón, para salir indemne.

Amante de los “instants of being”- noción creada por Woolf-, más que de un cuarto propio, se hizo junto con su hermana de un país, Graishland, “donde pasado, presente y futuro se acomodaban a nuestras expectativas y deseos” (p. 75).

Su ambivalente relación fraternal llega a dolorosos extremos, como cuando Esther es culpada de que Adrián, su primogénito, se hubiese suicidado –herida nunca cicatrizada-.

En cuanto a lo sentimental, refiere: “(…) de amores no carecí, pues amada fui e inmensamente amé, además de la pasión singular que tengo por mi soledad, los rumores de su silencio preñado de semillas que alimentan generosas mis cotidianos quehaceres”. (p. 127).

Su erudición avasallante disertó también sobre el semitismo: “Un judío, nacido judío, no deja nunca de ser Judío. Si se convierte al Islam es para poder despreciar olímpicamente sin restricción alguna a quienes antes lo despreciaron; si es al catolicismo es para purgar su necesidad de sentirse humillado (que no humilde); si es al protestantismo es para dejar de preocuparse por la ‘identidad’ y asumir cualquier fanatismo; si se hace ateo, es por comodidad; en el budismo se reconcilia con la omnicosmicidad bondadosa y femenina que al excesivo rigor del Jehová ortodoxo le falta; pero si se hace budista Zen, es justo para llevar ese rigor hasta sus últimas consecuencias de abstracción; un judío taoísta es un utópico a ultranza, mientras que el hinduismo le provee de los ingredientes de imaginación, leyendas y fantasías eróticas carentes en la ortodoxia judía. En cambio (…) nadie que no sea judío, nacido judío, puede convertirse al judaísmo o hacerse judío, con todo y los rituales por los que se obliga a pasar, circuncisión incluida, pues siempre cometerá ‘perjurio’, cuando en el rezo apele al Dios de sus padres y de los padres de sus padres, el Dios de Abraham, Isaac y Jacob. Y no es un asunto de racismo dado que yo me dejé seducir por el budismo tibetano y no por ello me siento menos judía cuando entro a la sinagoga en el Yom Kipur”. (p. 156)

Respecto a su nomadismo irredento, la autora apunta: “La verdad, es que, con lo desgarrador que puede ser cada partida, no me cuesta desprenderme de los lugares que amo y en los que invariablemente juro quedarme ‘para siempre’, porque de hecho me quedo, se queda una de las pieles de esa Esther nómada como si dejara sembrado el cordón umbilical de cada parto, pues partos se diría que son, que han sido, cada uno de mis viajes esa imperiosa obediencia a un oscuro y preciso llamado: ‘Vete de tu país y de tu patria y de tu casa paterna’, encamínate fuera y más allá de cualquier arraigo, así sea tu tierra natal, tu lugar de origen, el sitio de tu querencia, tu entorno social, tu parentela, tus amistades” (p. 168).

Seligson entró al “mar infinitamente poroso, azul zafiro brillante, translúcido” (p. 206) de la muerte en febrero del año pasado. Nadie mejor que ella podría afirmar, como lo hiciera Elena Garro, desde su abismo poblado de letras: “Yo sólo soy memoria y la memoria que de mí se tenga”.

Elena Méndez

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Esther Seligson,

Todo aquí es polvo,

Col. Narrativa,

Bruguera,

México, 2010,

206 pp.

DOS EPISODIOS HISTÓRICOS MEXICANOS: LA VIDA Y LA MUERTE EN TIEMPOS DE LA REVOLUCIÓN Y LA DERROTA DE DIOS, DE JOSÉ LUIS TRUEBA LARA

José Luis Trueba Lara (Ciudad de México, 1960) es un prolífico autor de temas políticos, históricos y de ciencia divulgativa. Este año ha publicado dos libros: el ensayo La vida y la muerte en tiempos de la Revolución (Taurus/INAH), donde registra, de una manera amena, desde las cotidianidades como el ligue, las pachangas callejeras, los burlesques y las apuestas, hasta las hambres, epidemias y pugnas caudillistas; y la novela La derrota de Dios. La historia perdida de Miguel Miramón (Suma de Letras), en que se aborda la vida del “guerrero de Dios”, quien ingresara jovencísimo a la milicia, luchara contra la intervención norteamericana, fuera efímero Presidente mexicano, padeciera el exilio, la miseria y la ignominia, por no haber renunciado jamás a sus ideales conservadores. Sus hechos, sin embargo, se han mantenido olvidados por considerársele “traidor a la patria”, razón que lo condujo al fusilamiento, junto con el fugaz emperador, Maximiliano de Habsburgo, y el también General, Tomás Mejía, en el Cerro de las Campanas, de Querétaro.

Sobre ambos libros charlamos en la siguiente entrevista.

LA REVUELTA

-Al leer La vida y la muerte en tiempos de la Revolución, pienso que así deberían impartirse las clases de Historia de México en la educación básica: con un lenguaje coloquial; con un afán desmitificador y, sobre todo, otorgándole a los acontecimientos abordados una hilación y un sentido…

En términos generales, la investigación académica se vuelve cada vez más dura, y eso está muy bien, pero aleja a los lectores; por otra parte, a algunos de los divulgadores les basta con insultar para crear cosas: “¡Vean los horrores de la Iglesia!”, y se jalan el cabello… ¿Para qué descalificar lo que ya pasó?

Yo creo que la Historia es más cercana a una narración. Cuando yo empiezo a escribir La vida y la muerte (…) había que encontrarle un tono al libro; entonces pensé que era bueno escribirlo como hablo; es muy oral… no es una cosa de puro oído, sino del contenido, ¿Cómo cuentas la vida de gente como tú y como yo? Como chisme…

- Usted refiere cómo se proscribía la homosexualidad en aquella época. Ahora, pese a que esta comunidad ha ganado importantes derechos, no deja de ser lastimosa, por retrógrada, la condena que la Iglesia católica ha hecho al respecto. ¿Cuál es su opinión acerca de esto?

En aquella época no se proscribía tan fuerte la homosexualidad. Lo que se proscribía era el escándalo. Las fiestas de travestidos eran comunes, salían en las notas de sociales de los periódicos, iba gente muy reputada del sistema político y social; en una de esas fiestas don Porfirio daba el premio…

Algunos pensaban que era una enfermedad curable, los ponían a hacer ejercicio; otros decían: “no, eso no funciona, hay que llevarlo al burdel, pa’ que aprenda”; o “que se case, y ya con el matrimonio se compone…”.

No confundamos el derecho de estar en contra con ser políticamente correcto. Yo creo que el Cardenal Juan Sandoval Íñiguez tiene el derecho de decir lo que se le pegue la gana sobre los homosexuales, aunque no nos guste. Si él acusa al Jefe de Gobierno, Marcelo Ebrard, y a los Magistrados de la Suprema Corte, hay que demandarlo. Pero una acusación no es lo mismo que una opinión. En acusar, merece castigo; en la opinión, no hay modo de pelarlo.

- Parecería que la idiosincrasia del mexicano es muy similar a la de ese entonces, máxime en lo concerniente a la doble moral…

¡Claro! La doble moral la tenemos metida en el cuerpo. Todos nuestros vicios privados son virtudes públicas: “Todas las mujeres son unas prostitutas, menos mi mamá y mis hermanas”… “Mi mujer es una santa, por eso tengo casa chica”… eso aún permanece…

Durante el Porfiriato y los primeros revolucionarios, todo eso no se hablaba; las cosas se daban por hecho. Es decir, la esposa sabía que su marido tenía casa chica y portaba unos cuernos formidables, pero daba por hecho que ella era “la señora” y la otra era una “suripanta”. El problema es que hoy hacemos lo mismo, pero nos inventamos morales flexibles. Lo mojigatos nunca se nos ha quitado…

-Un hecho sorprendente que usted registra es la iniciativa eugenésica emprendida por el nuevo régimen, misma que podría identificarse con la de Hitler…

Cuando ganan los revolucionarios, tienen un problema muy serio: crear un mexicano a la altura de la Revolución. “¿Cómo le tenemos que hacer? Hagamos exámenes prenupciales para que no salgan niños sifilíticos ni tuberculosos… ¿Qué tal si castramos a los idiotas? Vamos castrándolos (se hizo en Veracruz)… Vamos prohibiendo los matrimonios con otras razas, porque la raza mexicana se va a degenerar”… es el caso de la prohibición legal del matrimonio entre chinos y mexicanos. No me pregunten qué es la raza mexicana, no tengo la más pálida idea. Estas ideas son de la época, no sólo de México o de la Alemania nazi. Eso significaba cambiarle también los vicios: estaba prohibido beber en algunos estados, como en el Tabasco garridista… También cambiarle la cabeza, pensar como revolucionario, tienes que aprender que hay un futuro promisorio, como si fuera una saga bíblica, el Éxodo… “salimos de la esclavitud de don Porfirio”, vamos a llegar a la tierra del Canán, “el Estado mexicano nuevo” y en el camino pues hay que sufrir un poco… Quizá suene muy mono, pero no funciona.

-¿Existe, según usted, alguna herencia positiva que haya dejado la Revolución?

¡Claro! El Seguro Social, la Secretaría de Salud, gracias a ellos la esperanza de vida en el país ha crecido; las medidas eugenésicas las puedes criticar, pero así hay vacunas públicas; conquistas en el terreno de la vivienda, el Infonavit… La legitimación del derecho de huelga.

EL EFÍMERO IMPERIO

-¿Por qué escribir sobre Miguel Miramón, considerado un traidor a la patria?

Yo a Miramón lo conocí por su esposa. De entrada, me encuentro con una historia de amor que nunca hubiera imaginado. Antes de leer las memorias de Concha Lombardo, sabía que era un traidor, que lo fusilaron en el Cerro de las Campanas. Cuando él muere fusilado, ella le pide al médico que prepara el cadáver su corazón… un acto de amor, si quieres, siniestro… A partir de allí me cayó muy bien. Empecé a seguirle la pista. El problema era cómo contarlo. Decidí hacerlo desde el punto de vista de los conservadores. Siempre lo hemos leído al revés…

- Resulta paradójico que, si bien Miramón “estaba convencido de que los mexicanos no debían ser gobernados por extranjeros”, acabara apoyando a Maximiliano…

Miramón y Maximiliano son distantes. Concha Lombardo y la emperatriz Carlota, tampoco. Verdaderamente la llevan mal. No sólo en lo social, sino en lo ideológico. Maximiliano era liberal: Miramón es “guerrero de Dios”… él ha apostado toda su vida por un país independiente, y Maximiliano es austríaco… su relación es terriblemente tensa. Maximiliano lo manda a morirse de hambre en Europa. Cuando el Imperio está perdido, lo llama. El ejército de Miramón alcanza algunas batallas victoriosas, pero al final es de palos y piedras.

- El Macabeo le espeta al entonces Presidente Ignacio Comonfort: “los traidores de ayer son los patriotas de hoy, y los patriotas de hoy se convertirán en los traidores de mañana”. ¿Estas palabras podrían considerarse aún vigentes en nuestro contexto nacional?

¡Todo el tiempo! Ser traidor es ser un derrotado… cuando políticamente derrotamos a alguien, lo primero que hacemos es descalificarlo. Si hubieran ganado los conservadores, el traidor sería Juárez, y lo acusarías de venderle la patria a los gringos.

- ¿A qué atribuiría usted el complejo mesiánico que persiste en nuestros gobernantes - y que se recrea estupendamente en esta novela-?

Cuando los países no sirven para nada, tú sólo puedes vender paraísos al futuro. Como la gente está desesperada, ya no quiere realidad… Santa Anna, Juárez, Díaz, Obregón, todo mundo ha vendido paraísos al futuro… en Alemania te lo vendían, con el Reich… Mussolini en Italia… Stalin en la URSS… Chávez en Venezuela…

Elena Méndez

FOTO: Elena Méndez

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