terça-feira, novembro 08, 2011

"ME DELEITA SATIRIZAR LO MEDIOCRE DE LA SOCIEDAD MEXICANA"


Entrevista a Elena Méndez/Autora de Bipolar

La primera vez que la joven escritora Elena Méndez publicó uno de sus audaces relatos en un diario de su natal Culiacán, descubrió —y asumió— los riesgos de ser mujer y expresar abiertamente su sexualidad.

“Mi relato «Más vale que esté muerto» —evoca— fue publicado hace años en el semanario sinaloense Río Doce, y mi madre lo estaba leyendo en el patio, rodeada de su esposo y de mis hermanas mayores. Alcancé a escuchar que dijo: «Qué curioso, hay una Elena Méndez que publica en Río Doce». Me ganó la vanidad y grité: «¡Soy yo, amá!», y me dijo: «¡Qué vergüenza, pusiste puras groserías!»” .

En fin, anécdotas como ésa podría referirle bastantes, pero creo que esta es bastante representativa.

Elena Méndez, quien nació en 1981, es una especie de duendecillo travieso que desenfadadamente aborda a los escritores a quienes entrevista, más en plan de pupila que de periodista… pero la estrategia, además de su insaciable sed lectora, ha rendido su primer fruto: un muy decoroso libro de cuentos titulado Bipolar (Linajes Editores, junio 2011, México, prólogo: Teresa Dovalpage).

Abierto y franco erotismo

Aunque el contenido es variado, los personajes femeninos se caracterizan por su ausencia absoluta de hipocresía y su franqueza para expresar su erotismo, algo mal visto por algunos sectores conservadores de nuestra cultura.

“Es curioso ver cómo la sociedad mexicana sigue obstinándose en su mediocridad y me deleita satirizar esto”, señala la joven autora con su sonrisa enigmática.

Elena se crió en un entorno donde nadie le impedía expresarse, ni siquiera durante la más temprana edad, cuando los niños tienden a ser absurdamente reprimidos: “Me crié leyendo —dice— enciclopedias y platicando con gente adulta. Provengo de una familia de maestros, así que siempre me pareció normal intervenir en discusiones sobre política, historia, economía. Que en mi casa siempre hubiera habido libros y el hecho de haber sido una niña solitaria y con imaginación desbordada, fueron fundamentales para que me diera por leer, y luego, por escribir.”

Mujercitas, de Louisa May Alcott, es una novela a la que guardo un particular cariño —señala, aludiendo a esta obra que la protagonista del relato “Geliebter” considera decisivo para su formación—. La leí a los nueve años, es el libro que más he releído en mi vida, y recurro a él como a una especie de oráculo. Tengo muchas hermanas, entonces hay varias situaciones planteadas en la obra con las cuales me identifico. Me jacto de tener complejo de Jo March”.

La aventura del sexo

Respecto al título de su libro, le pregunto si la bipolaridad, más que una alusión a la psique de sus personajes, es una representación de dos visiones opuestas del ejercicio de la sexualidad que va del gozo, pasando por la violencia y la melancolía: “Aunque no se especifique, varios de los/as protagonistas vuelven a aparecer dentro de otros cuentos, y eso marca la evolución de su pensamiento y actitud: de considerar el sexo como una aventura, a veces no pueden evitar involucrarse con la pareja casual y es entonces cuando salen lastimadas, por los desengaños a que se enfrentan.”

Sin embargo, insisto, más que relatos convencionalmente eróticos, el quid está en lo que sucede después de esos encuentros: “La relación sexual es una de las situaciones que puede tornar más vulnerable a una persona, sobre todo si es mujer, porque no sólo puede toparse con alguna enfermedad o embarazo, sino también al maltrato, difamación o tan sólo el saberse usada, cosa bastante común en una sociedad tan machista como la mexicana y que no deja de indignarme.”

Como sinaloense de origen, y muy recientemente afincada en la ciudad de México, resultaba inevitable que en Bipolar saliera a relucir el tema del narco… aunque Elena indaga más bien en la cotidianidad de quienes viven inmersos en este negocio donde lo único seguro es una muerte violenta.

“Hay un afán transgresor muy fuerte —deice— en Bipolar; dicho afán está relacionado con el ansia de vivir al límite y de asumir riesgos, a veces estúpidos, como el caso de enrolarse en el narcotráfico. Soy originaria de Sinaloa que, por desgracia, es cuna de esta industria ilegal en nuestro país, y me ha tocado convivir, voluntariamente o no, con personas que viven fuera de la ley. En los dos cuentos donde menciono esta problemática, “Mostaza” y “Día de muertos”, la protagonista se ve involucrada con personas queridas que recurren a la droga para venderla o consumirla. Y es que, lamentablemente, en Sinaloa nadie está exento de tener un pariente o amigo que se dedique a estos menesteres. Y quien lo niegue, miente con todo descaro.”

Influencia de Elmer Mendoza
Elena reconoce una influencia en su estilo del también sinaloense Elmer Mendoza, que además fue su profesor en la Universidad, por lo que no sorprende que aparezca como personaje en el relato precisamente titulado “Una clase de literatura”.

“La influencia de Elmer —dice Elena— es grande en mi obra, no sólo en cuanto a ciertas temáticas, sino también en la oralidad de su lenguaje y la tendencia a presentar personajes picarescos insertos en polémicas.”

Para finalizar, Elena me pide rendirle crédito a la gran escritora Lina Zerón, quien tras leer sus relatos le ofreció publicarlos en su pequeña pero muy digna editorial, Linajes Editores.

Como es de suponerse, Bipolar puso nervioso a más de un editor de esos que suponen que las mujeres deben ser ultracorrectas y mantener cerradas las piernas… metafóricamente hablando.

www.trenzamocha.blogspot.com

Nota: a quienes estén interesados en comprar Bipolar, dirigirle un correo a su autora: elcuerpodeldelito@gmail.com

Eve Gil

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FOTO: Eve Gil

http://www.siempre.com.mx/2011/11/me-deleita-satirizar-lo-mediocre-de-la-sociedad-mexicana/

EL OBSESIVO INSOMNIO LITERARIO DE ELENA MÉNDEZ


Elena Méndez (Culiacán, Sinaloa, México, 1981), es Licenciada en Lengua y Literatura Hispánicas por la Universidad Autónoma de Sinaloa. Trabajadora incansable y luchadora. Textos suyos han sido publicados en España, Chile, México, Estados Unidos, Brasil y Colombia. Es coautora de la Antología mínima del orgasmo (Ediciones Intempestivas, 2009). Recién ha publicado Bipolar (Linajes Editores, 2011), un volumen de cuentos donde se homenajea, respectivamente, a las fases maniaca y depresiva del trastorno afectivo bipolar (otrora conocido como psicosis maniacodepresiva).

Entrevistar a esta impactante escritora, es cuánto menos muy difícil, a la vez que fácil para mí. Difícil porque, ¿cómo hablar de una persona a la que conoces, quieres y admiras, sin dejarte llevar por esto? Y fácil porque su obra no deja lugar a dudas de lo interesante y gran escritora que es.

Como señala el crítico literario mexicano Ignacio Trejo Fuentes, “Los breves textos tienen en común el erotismo, el mero sexo; desencuentros amorosos, affaires, infidelidades y muchas otras obsesiones.”

Según la narradora cubana Teresa Dovalpage, prologuista del libro, “en la colección fluye una fuerte corriente feminista. No sólo porque la sexualidad femenina aparece a flor de página y liberada (es la chica, en muchos casos, la que toma la iniciativa, incluso tomando por sorpresa al galán), sino porque el punto de vista de muchos relatos es el de la mujer.”

- En esta entrevista no quiero hablar de tus otros triunfos, quiero hablar sobre Bipolar, libro que va ya por su segunda edición, ¿fue difícil escribirlo? ¿Cómo lo definirás?

Bipolar fue un libro que me propuse publicar máximo a los 30 años. Más que escribirlo, lo difícil fue hallar una editorial que confiara en mí, principiante sin “palancas”. Creí haber agotado todas las posibilidades cuando Lina Zerón –la poeta mexicana más reconocida alrededor del mundo- me pidió el manuscrito para Linajes Editores. El proceso de edición fue una vertiginosa aventura, dada la complicidad que se suscitó entre Lina, Azul Denova –la diseñadora- y yo, que nos coordinamos estupendamente para tener lista la obra en un mes.

Y bueno, respecto al libro en sí, me demoró 10 años redactarlo y pulirlo; muchas veces me sentí desmoralizada por no encontrar medios dónde ir publicando los diversos textos que lo conforman, pues vivo en un país donde la cultura se quiere gratis y se tiende a desvalorizar los esfuerzos individuales y serios. Se glorifica la banalidad y el mal gusto siempre y cuando estén bien apadrinados.

Definiría a Bipolar como un insomnio productivo en el cual he volcado mis obsesiones.

-¿Cuándo te diste cuenta que querías dedicarte a escribir?

Tendría unos nueve años cuando me dio por escribir. Como siempre hubo libros en mi casa, creo que fue muy natural quererme expresar mediante las letras. Recuerdo que esbocé una novelita –influida por novelas rosas que leía en revistas femeninas de mi madre- protagonizada por dos primas jóvenes, una buena y una mala. La mala se acostaba con el novio de la buena e incluso se practicaba un aborto. Pero yo en realidad no sabía nada de esos asuntillos de la vida, y afortunadamente se perdió el borrador.

Posteriormente, ya en la preparatoria, escribí algunos cuentos cursis y, al ingresar a la universidad, poemas ñoñísimos –cegada por el amor-. Aprovecho, por cierto, para agradecerle públicamente a la poeta María Baranda que me haya desengañado de mis tentativas líricas. Mi incursión seria en la narrativa se dio poco tiempo después de esto y empecé a difundir mis textos, tras corregirlos de manera enfermiza y someterlos a opiniones tanto de vacas sagradas como de allegados de distintos niveles culturales.

- Cómo sucede en todo escritor, ¿cuáles serían esas pequeñas historias que en tu vida y literatura repites inconscientemente?

La imposibilidad del amor, supongo.

- ¿Qué es lo que te apasiona a ti de la literatura?

Su capacidad de evocar nuestros presentimientos.

- ¿Piensas que en la literatura vale todo? Es decir, ¿que debemos mostrar el mundo tal y como es, con sus claros y sus oscuros?

Pienso que el naturalismo, el realismo y el costumbrismo, que se proponían eso que tú planteas, son corrientes literarias ya rebasadas. Y que uno como autor debe tener sentido común para mostrar su pretendida realidad de un modo convincente, no edulcorado ni burdo.

- Hay mucho de autobiográfico en él. ¿No te da miedo abrir tanto tu universo interior?

Resulta riesgoso que un lector afirme que tal o cual obra es autobiográfica (aunque conozca bien al creador), pero aún más cuando el propio autor lo asevera. Considero que tiende a confundirse lo verídico con lo verosímil. Máxime cuando varios de los textos están narrados en primera persona. Persiste la idea de que las escritoras, a diferencia de los autores varones, tendemos a ser más confesionales, y ello no es forzosamente cierto. Te doy un par de ejemplos: en mi libro Bipolar aparece el cuento “Letanía de la joven suicida” –cuyo tema, creo, se explica con el mero título-; y yo –como diría el difunto Saramago- “jamás me he suicidado”. También aparece en mi libro el cuento “Más vale que esté muerto”, sobre una mujer que asesina a su esposo, y yo nunca he estado casada ni he tenido hijos ni vendido verduras, como ella. Y mucho menos cometido un asesinato…

-¿Cuánto importa lo que digan de tu obra? ¿Escribes pensando en ello?

A mí cuando principiante me entristeció un comentario de mi madre acerca de las palabras altisonantes que utilicé en mi relato “Una clase de literatura”, cuando se lo mostré, feliz de que me lo hubiesen publicado en una revista universitaria de mi natal Sinaloa.

Suelen pensar, al leerme, que soy una mujer “liberal” (en el sentido peyorativo del término) y quieran juzgar mi moral o aprovecharse de mi hipotética disposición para ciertas cosas.

Me parecen interesantes las especulaciones que se han hecho sobre mi vida real a partir de lo que escribo. Procuro que no me mortifiquen.

- ¿Cuál es la recompensa por escribirlo?

Que muchos lectores de Bipolar se han identificado con las situaciones planteadas en él e incluso les ha servido de catarsis, en particular al leer la segunda parte, titulada “Tal vez morir en soledad”, donde los personajes son depresivos. Con respecto al primer apartado, “El cuerpo del delito”, hay quien alega sus efectos afrodisiacos, cosa que me parece harto disparatada pero me divierte sobremanera.

-Te importa la denuncia de la injusticia. ¿Qué habría que denunciar hoy por encima de todo?

La voracidad del sistema, que ha sido muy efectivo para mantener al vulgo idiotizado y en la miseria.

- Ese instinto de insatisfacción que creo que te mueve ¿se produce ante la vida o ante la obra? ¿Hay algo que aplaque esa insatisfacción?

Ante ambas… Y bueno, eso de aplacarlo es relativo, pero podría responderte que sucede cuando estoy enamorada. Ese sentimiento de plenitud hace que, paradójicamente, deje de escribir, salvo apasionados epistolarios. También ocurre cuando me siento satisfecha de lo que escribo o cuando vivo curiosas epifanías, como dos acontecidas hace poco: asistir a la exposición sobre la vida de José Saramago (a quien conocí seis años antes de su muerte) en el Antiguo Colegio de San Ildefonso –en la Ciudad de México-; y haber podido palpar la colección completa de L’ Encyclopédie en una biblioteca pública de Durango, al norte de mi país.

Susana Hermoso-Espinosa García

http://www.homines.com/palabras/entrevista_elena_mendez/index.htm

LOS DELIRIOS DEL PODER

Fabrizio Mejía Madrid es un narrador y cronista nacido en la Ciudad de México en 1968; año y escenario de uno de los hechos más cruentos en la historia contemporánea de nuestro país: la matanza de Tlatelolco, ordenada por el entonces presidente Gustavo Díaz Ordaz, quien gobernó de 1964 a 1970. Dicho genocidio le ganó el repudio generalizado de la población, que desde aquel 2 de octubre honra la memoria de los caídos, que –irónicamente- perecieron bajo el pretexto de salvaguardar la pretendida paz de la nación, que se hallaba en vísperas de ser anfitriona de los Juegos Olímpicos.

La cruel represión acontecida en esa fecha puso de manifiesto el modo en que, según Díaz Ordaz, debía gobernarse. Como él mismo expresara a su equipo cuando asumió el cargo de Secretario de Gobernación: “Las reglas (…) serán sólo cuatro. Uno: díganme la verdad. Dos: nunca pidan disculpas. Tres: si violan la ley, pues viólenla, pero que yo no me entere. Cuatro: tengan cuidado de lo que me informan y cómo me lo informan, porque puede haber muertos.” “(…) A un secretario de Gobernación hay que tenerle, sobre todo, miedo”(p. 173)

Este polémico personaje le permite reflexionar a Mejía Madrid acerca de los delirios del poder. Como bien refiere el narrador, al citar una escueta conversación telefónica entre el entonces presidente Adolfo Ruiz Cortines y Díaz Ordaz: “El poder se deleita en lo absoluto cuando escatima palabras y abunda en acontecimientos en los que se demuestra. El poder no está hecho de palabras, sino de silencios” (p. 143)

Con Disparos en la oscuridad, el lector comprueba lo que el difunto Carlos Monsiváis aseveraba sobre la escritura del autor:“Su periodismo es literatura” pues en su obra se desvanecen hábilmente las lindes entre crónica, ensayo y novela para crear un relato estremecedor.

- Su novela Disparos en la oscuridad me recuerda un poco a la gran obra de Ramón del Valle-Inclán, Tirano Banderas, no sólo por presentar a un presidente de figura esperpéntica, al que se satiriza, sino por la paranoia que ambos sufren de que el poder les sea arrebatado…

Sí, Tirano Banderas, pero también el General Zacarías de El Otoño del Patriarca, de Gabriel García Márquez y, si me apura, hasta el Artemio Cruz moribundo de Carlos Fuentes. El reto era cómo narrar a un tipo particular de Todopoderoso (no le llamemos dictador) que es el Presidente mexicano: que detenta el poder durante doce años (hay que recordar que los siete aneurismas cerebrales de Adolfo López Mateos hicieron de su secretario de Gobernación un presidente de facto) y que, en los siguientes nueve años, pierde a tal punto la capacidad de hacer obedecer a los demás que es llevado a la Plaza de Tlatelolco, a la Cancillería, a dar explicaciones de su presidencia, de sus amoríos, de su fortuna. Es su agonía política y, a la vez, física: no aguanta ni dos meses en el cargo de embajador de México en España y se le descubre el cáncer que lo matará dos años después. Entonces no sé si esa realidad sea o no esperpéntica, pero la cuento tal cual, sin adornos, sin barroquismos. Si existiera un libro anterior sobre Díaz Ordaz quizás me hubiera permitido las exageraciones de Valle-Inclán o la poesía en prosa de García Márquez, pero no podía. Primero, había que explicar, mostrar a ese ex presidente.

- ¿Considera usted que el poder pueda llegar a enfermar al que lo posee?

El poder es la enfermedad. Los síntomas son querer que los demás lo obedezcan a uno, pretender que los demás vivan la vida como uno dice. En el fondo esa enfermedad del poder es creer que alguien le puede decir a los demás cómo ser felices. Es un absurdo, pero está en la base de la obediencia y de las jerarquías. El resultado siempre va a ser el mismo: el poderoso parado, solo, en las ruinas de su ciudad ideal. Elías Canetti, por supuesto, lo dice mejor que yo: el fin del poder es quedarse solo.

-¿Qué tan difícil le resultó escapar en su narración del mero chisme? Pregunto esto porque algunas de las anécdotas incluidas pudieran parecerlo…

La enfermedad de Adolfo López Mateos es un asunto público porque era el Presidente, como es la enfermedad de Addison en el caso de John F. Kennedy. La amante de Díaz Ordaz era La Tigresa. La de Kennedy era Marilyn Monroe. Cada quien sus gustos. La vida de los ex presidentes, toda, es de interés público. Algún costo deben pagar por estar en la cúspide de todos nosotros, los ciudadanos. Y, en el caso de Díaz Ordaz, de Echeverría, de los Alfonsos (Corona del Rosal y Martínez Domínguez), del General Gutiérrez Oropeza, el pequeñísimo costo a pagar es el que un simple cronista escriba un libro como Disparos en la oscuridad. Es mi particular tribunal compensatorio, compartido con los miles de lectores. El único límite fue la conjetura documentable.

- ¿Hasta dónde es posible delimitar, en una obra como ésta, lo periodístico de lo literario?

Llevamos siglos discutiendo esa frontera borrosa, impalpable, entre lo “verdadero” y la ficción, entre lo que García Márquez denominó poesía informativa y periodismo poético. No hay tal frontera genérica. Octavio Paz dijo que quería dejar poemas con la convicción de un artículo periodístico y artículos periodísticos con la concisión de un buen poema. La ficción no es, como pensaría el señor de la tiendita de mi esquina, lo falso; como no sería la verdad lo verificable. Todas son construcciones: la novela, el relato histórico, el periodismo. Son narrativas.

- ¿Podría decirse que Díaz Ordaz sufría de un mesianismo tiránico?

Disparos en la oscuridad no es la particular propensión de un hombre al orden. Es la narración, la documentación, de todo un sistema, de una cultura que valora más la estabilidad que el cambio. En México le hemos tenido tanto miedo a los cambios que somos el único país que tuvo un Partido que hacía elecciones generales sólo para refrendar la decisión de una sola persona, el Presidente en turno. Había matanzas, corrupción, alzas de precios brutales, y los gobernantes jamás cayeron. Somos el único país de América Latina que no tuvo una Comisión de la Verdad sobre los crímenes de lesa humanidad que tuviera resultados. No es un tirano, sino todo un sistema de relaciones de lealtad, silencio y obediencia.

-¿Qué tan similar resulta la mano férrea de Díaz Ordaz con la de Porfirio Díaz, con quien compartía el origen oaxaqueño, el apellido y la jerarquía política?

No son muy distintos entre ellos y con los demás, por ejemplo, con Ruiz Cortines o Salinas o el mismo Calderón. Puede uno decir que tal presidente fue frívolo o paranoico o con tendencias asesinas, pero, al final, es lo mismo: el orden está por encima del cambio. Los mexicanos vivimos los cambios siempre como un caos, como la profecía del final de los tiempos, como el famoso “peligro para México”; como la instauración, del otro lado, de un Salvador que nos redima de todos los problemas. La estabilidad en México es simplemente la idea de que es mejor estar igual de jodidos que no estar del todo. Es la idea de que cualquier cambio es para peor. Hay un pesimismo profundo en la idea de hacer política, una especie de resignación a no ser ciudadanos, a estar “fuera” de los tejemanejes del poder, casi como salvación a la mano: que se arreglen entre ellos y no nos molesten. El miedo a las locuras sexenales, sean matanzas, acuerdos comerciales o luchas contra la delincuencia, nos ha despolitizado.

-Paco Ignacio Taibo II afirma, en el texto de contraportada de su libro, que Díaz Ordaz es el “padre espiritual de los que lo han seguido en la silla de Los Pinos”. ¿Estaría usted de acuerdo con semejante aseveración?

Por supuesto que estoy de acuerdo, por todo lo que acabo de decir. Hay dos ideas que persisten en la cultura política mexicana: cada sexenio es una nueva oportunidad para la Salvación o la Condenación y, cada seis años, se aplica el “sálvense quien pueda”. Es un ciclo de esperanza, decepción y resignación.

- ¿Qué tanto influye en usted la obra de Carlos Monsiváis?

Carlos seguirá siendo alguien a quién recurrir. Ahora abro sus libros en busca de respuestas, de insinuaciones, de distancias irónicas. Antes, le llamaba por teléfono los domingos muy temprano. Este libro, sin duda, le debe mucho a él. Me hubiera gustado que lo leyera antes de su publicación, pero creo que es un capítulo de Días de guardar, de La noche de Tlatelolco de Elena Poniatowska, y quisiera pensar que hasta de Se está siendo tarde, de José Agustín. No sé. Es lo que quisiera, pero ya los lectores dirán.

Elena Méndez

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FOTO: Ángela Mejías

http://www.siempre.com.mx/2011/09/los-delirios-del-poder/

segunda-feira, novembro 07, 2011

VAMPIROS AL ACECHO: OSCURA, DE GUILLERMO DEL TORO Y CHUCK HOGAN

El vampirismo es un tema literario que ha experimentado un fuerte auge durante los últimos años, sobre todo gracias a autores extranjeros, como Stephenie Meyer, cuya saga Crepúsculo ha sido incluso llevada al cine con gran éxito.

Pero también escritores mexicanos de diversas generaciones y públicos, como Carlos Fuentes con Vlad y Lorena Amkie con Gothic Doll han abordado recientemente a estos seres oscuros en sus novelas, acogidas por el público lector con singular avidez.

Otro autor nacional que ha ingresado a esta inusitada vampirofilia es el cineasta Guillermo del Toro, quien, en colaboración con Chuck Hogan, acaba de publicar Oscura (Suma de Letras, 2010) segunda parte de la llamada Trilogía de la Oscuridad.

Quienes conozcan Nocturna (2009) podrán adentrarse en la trama sin mayores problemas. No obstante, Del Toro y Hogan aciertan al familiarizar a los lectores con su antecedente: mediante un fragmento del diario del doctor Ephraim Goodweather -el protagonista- se da a conocer la hecatombe desatada por los muertos-vivos, misma que él y su equipo procuraron evitar, sin que sus iniciativas trascendieran por carecer de todo apoyo.

Aparecen nuevos personajes, como el exluchador El Ángel de Plata (una clara alusión al Santo), quien ayudará al prestamista Setrakian, al pandillero Gus Elizalde, al doctor Goodweather y a su colega Nora en la lucha contra estos terribles enemigos contra la humanidad.

Dichos enemigos, comandados por el Amo, buscan nuevas estrategias, cada vez más siniestras. Situación que parece mermar las fuerzas del científico y su grupo, cuya existencia se ha visto directamente afectada por esta catástrofe (la exesposa de Goodweather ha sido convertida, dejando al pequeño Zack en la orfandad; Gus debió aniquilar a su hermano, que estaba infectado…)

La terrible burocracia y enorme desinformación en torno a la epidemia obstaculizan todavía más la labor de Ephraim y sus aliados. No obstante, se unen a ellos los Ancianos, entes misteriosos opuestos a los afanes megalómanos del siniestro millonario Eldritch Palmer –otrora amigo del viejo prestamista-, dueño de la compañía transnacional Stoneheart, quien anhela la inmortalidad, dada su condición enfermiza.

La vida íntima de los personajes principales aparenta desmoronarse –Ephraim ha vuelto a beber; Nora se ve obligada a atender a su madre, víctima del Alzheimer; Setrakian se halla moribundo; Zack no consigue superar la pérdida de su madre-. Sin embargo, deberán mantenerse alertas siempre.

Setrakian se empeña en obtener el Occido Lumen, rarísimo libro antiguo donde se contienen invaluables revelaciones sobre el “verdadero conocimiento”: contiene los nombres ocultos que él requiere saber para triunfar sobre el Mal, y los extraños símbolos que han cundido mediante graffitis por toda la ciudad…

Las motivaciones de héroes y villanos resultan -en uno y otro caso- tanto sorprendentes como conmovedoras. Ello resulta un indudable mérito del libro.

Otro inteligente recurso –ya implementado en la primera parte- es su estructura, caracterizada por una diversidad espacio-temporal que sitúa al lector ya sea en el presente apocalíptico o en el pasado tenebroso donde se gestaron las incógnitas que acongojan a los pretendidos salvadores del mundo.

Asimismo, resulta destacable la habilidad con que Del Toro y Hogan renuevan este tópico fantástico, entrelazándolo con asuntos históricos –caso del nazismo, atrocidad de la cual fue víctima Setrakian-, datos científicos y referentes populares novedosos o añorados que tornarán aún más seductora e intrigante esta segunda entrega de la Trilogía de la Oscuridad.

Esta trilogía, sin duda, no tardará en ser llevada a la pantalla grande, acontecimiento muy esperado por los seguidores del cineasta mexicano, reconocido en su momento con tres Oscar por El laberinto del fauno.

Elena Méndez

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Guillermo del Toro y Chuck Hogan,

Oscura

(título original: The Fall),

Traducción: Santiago Ochoa,

Suma de Letras,

México, 2010,

428 pp.


http://letrarteforca.blogspot.com/2011/11/vampiros-al-acecho-oscura-de-guillermo.html