segunda-feira, abril 12, 2010

DIATRIBA CONTRA DIOS: CAÍN, DE JOSÉ SARAMAGO

José Saramago (Azinhaga, 1922), autoproclamado ateo, lanza una nueva diatriba contra Dios en su más reciente novela, Caín.
Su anterior diatriba, El Evangelio según Jesucristo (1991), se enfoca al Nuevo Testamento, mientras que ésta versa sobre el Antiguo, sendos apartados bíblicos que brindan dos versiones distintas del Creador: uno colérico, caprichoso, amante del ojo por ojo y diente por diente; y otro todo amor, tolerante, que, encarnado en Jesucristo, dicta poner la otra mejilla al sufrir una ofensa.
Saramago se apropia de dichos textos sagrados para rebatirlos, cuestionarlos, ávido de provocar desasosiego.
Caín, primogénito de Adán y Eva -primera pareja que habitó el mundo, expulsada del Jardín del Edén por comer del Árbol de la Vida-, asesina a su hermano Abel, dedicado a la ganadería, cuya ofrenda ha sido preferida por Dios, desdeñando su humilde cosecha. Dios, en respuesta, lo condena a errar eternamente.
Mas Caín no huye solo de su hogar: lo acompaña una marca en la frente, impuesta por el índice divino.
Caín sufrirá innumerables penurias, sin embargo no se arrepiente porque está convencido de que Dios pudo haber evitado su crimen, como asegura al encararlo.
Su perenne desarraigo le permitirá desempeñar distintos oficios, estar en diversos lugares, tiempos: tanto puede evitar la inmolación de Isaac por su padre Abraham, que indignarse ante las infamias que Lucifer -ángel caído que comete sus fechorías con la complicidad del Supremo- le acarrea a Job, un hombre bueno; sufrir con la caída de Sodoma y Gomorra, donde murieron criaturas inocentes, so pretexto de la maldad predominante en aquellos pueblos; presenciar la idolatría hacia el Becerro de Oro; la devastación de la guerra de Madián contra Israel, que acarrea a estos últimos valiosos despojos para honrar así al Altísimo; el caos de Babel, como castigo a la soberbia de sus habitantes; y, en el colmo de la iniquidad, el Diluvio Universal.
Caín se convierte en una pesadilla para Dios, por negarse a rendirle una sumisión ciega, consciente como está de su esencia vengativa, pérfida, sanguinaria, misógina, de una profunda incongruencia…
Elena Méndez
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José Saramago,
Caín
(título original: Caim),
Traducción: Pilar del Río,
Alfaguara,
México, 2009,
200 pp.

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