terça-feira, novembro 24, 2009

ALONSO SÁNCHEZ BAUTE SOBRE HETEROFLEXIBLE

from Alonso Sánchez

to Elena Méndez

date Mon, Nov 23, 2009 at 4:27 P.M.

subject ELENA MÉNDEZ/CUENTO GAY


Magnífico... ¡Me encantó!!! quiero leer más cosas tuyas... pero antes me tienes que decir qué se traduce del mexicano plúmbago.

Bella palabra.

Mil gracias por compartirme esta maravilla.

Saludos,

l. szb

segunda-feira, novembro 23, 2009

EL DELIRANTE ABSURDO: FIRMADO CON UN KLÍNEX, DE ÉLMER MENDOZA


Élmer Mendoza (Culiacán, 1949) es un autor que gusta de reinventarse a sí mismo y de experimentar con diversos géneros. Lo mismo puede escribir crónica, poesía, teatro, novela y cuento, que ubicar sus historias en ámbitos cosmopolitas o muy locales o arriesgarse al retomar a Rulfo o incursionar en la novela negra.

Sin duda, es con el género novelístico que el sinaloense ha adquirido renombre internacional, desde que apareció su primera novela, Un asesino solitario, en 1999.

Ahora, tras 17 años sin publicar un volumen de cuentos -el penúltimo fue El amor es un perro sin dueño (Cuadernos de Malinalco, 1992)-, lanza Firmado con un klínex, compuesto de 13 relatos, todos ellos caracterizados, amén de un serio trabajo en el discurso narrativo y en el lenguaje -según declara el propio autor-, por situarse en el noroeste del país, su “territorio emocional” y por el delirante absurdo que siempre acecha a la realidad.

Todos estos relatos, asimismo, poseen un ritmo vertiginoso y están relacionados con la violencia, tema que obsesiona al autor.

En la primera mitad del libro aparecen cuatro cuentos que, quizá por su demasiada brevedad, no alcanzan a brindar al lector una idea inteligible: se trata de “Rompecabezas”, “Si te vas a enamorar que sea de alguien así”, “Cuerpo” y “Postal para Diego Luna”.

Y “Plop” –que aparece en la segunda mitad- me provoca la misma estupefacción que las minificciones monterrosianas, por lo cual me abstendré de comentarlo.

Acaso el relato mejor construido sea “Firmado con un klínex”, donde el detective Édgar Mendieta, alias El Zurdo, investiga la incomprensible ola de suicidios femeninos que se ha desatado en la desértica ciudad de Cálithah, que se torna aún más preocupante cuando personajes célebres como la actriz Mónica Náscar, la Alcaldesa y la Condesa de Alejandría aparecen entre las fallecidas.

A mi juicio, este relato vendría a ser una alegoría de la alienación ocasionada por el consumismo exacerbado y los mensajes subliminales de los medios de comunicación, con un leve asomo parafílico.

Este cuento resulta particularmente interesante pues, según Mendoza, es el germen del Zurdo, a quien haría protagonista de su galardonada novela Balas de Plata.

En “Gard” un italiano y un francés discuten la víspera de un Mundial de Futbol, a decidirse entre las selecciones de ambos países.

Un asesino a sueldo persigue en “La casa de las sirenas” a la Emperatriz Sissi, deambulando por diversas ciudades europeas; misión que deberá cumplir pese a innumerables obstáculos, no sin antes fascinarse ante las virtudes de la víctima.

En “Regalo de cumpleaños” un matrimonio emprende un viaje por el desierto de Sonora para festejar a la esposa, a quien el marido siempre lleva a lugares insólitos en esa fecha.

En “Ytsé” cuatro amigos se disputan las atenciones de un portento de mujer, sin imaginarse el infausto destino que le espera al elegido.

En “La secta de Gutenberg” aparece otro asesino a sueldo, involucrado en la encarnizada lucha entre los Lectores y los Nolectores, donde los primeros le han encomendado deshacerse del cabecilla de los segundos. Las consecuencias de esto serán insospechadas.

“Fiesta” refiere una caótica pero -tal vez por eso mismo- divertida reunión de escritores y uno que otro académico o artista (de origen sinaloense, sobre todo) ligado a Mendoza, ya sea por amistad o parentesco. En dicha reunión cada quien saca a relucir frases célebres tomadas de sus libros o bien, de su cotidianidad.

En “La decisión”, cuento que cierra el volumen, NZ, agricultor que siembra mariguana y un chico universitario prófugo discuten acerca de un misterioso tesoro que se han encontrado.

Mendoza se ha definido recientemente como “un novelista con todas las letras”, lo cual comparto, claro está. Si desarrollara estas historias o retomara estos personajes en alguna novela –como hiciera con el Zurdo-, correrían con mayor fortuna que acá.

Como quiera, vale la pena conocer al Élmer cuentista y empaparse del delirante absurdo que transita por las páginas de Firmado con un klínex.

Elena Méndez

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Firmado con un klínex,

Élmer Mendoza,

Col. Andanzas,

Tusquets Editores,

México, 2009,

112 pp.


http://rposdata.com/pd/index.php?option=com_content&view=article&id=379:el-delirante-absurdo

sábado, novembro 21, 2009

CASTAÑÓN, LECTOR-LEÍDO

from Adolfo Castañón
to Elena Méndez
date Sat, Nov 21, 2009 at 9:02 P.M.
subject: Re: ¿QUÉ TANTO LE GUSTA LA OBRA DE FRANCISCO CERVANTES?


Ya vi, Elena muy apreciada y digna de mi gratitud, la entrevista en Siempre!...

Su trabajo es espléndido, se me fueron a mí algunas cosas pero ya las retomaré en su momento...
el suplemento es prácticamente lo único legible de la publicación, no por culpa de ésta sino por la deprimente realidad que nos muestra en su entraña y funcionamiento.
Saludos y gracias de nuevo,

Lector-leído

Adolfo Castañón

¿CASTAÑÓN GASTRÓFILO? SIEMPRE!

"Un gastrófilo declarado: Adolfo Castañón" en Siempre! no. 2944, domingo 15 de noviembre de 2009.

¿FOUCAULT? SIEMPRE!

"La palabra y su trasfondo: El orden del discurso, de Michel Foucault" en Siempre! no. 2940, domingo 18 de octubre de 2009.

domingo, novembro 15, 2009

UN GASTRÓFILO DECLARADO: ADOLFO CASTAÑÓN*



Adolfo Castañón (Ciudad de México, 1952) se autodefine como “bibliófilo hasta el sopor”, lo cual ha sido determinante en su vida, no sólo porque desde 2005 es miembro de la Academia Mexicana de la Lengua, sino por haber obtenido otros importantes reconocimientos como el Premio Xavier Villaurrutia 2008 por su libro Viaje a México. Ensayos, crónicas y retratos (Iberoamericana, 2009) y el que recibirá durante la próxima Feria Internacional del Libro de Guadalajara, donde se le rendirá el Homenaje al Bibliófilo. Es Caballero de la Orden de las Artes y las Letras otorgado por el gobierno de la República Francesa.

Otra de sus facetas notables es la de “gastrónomo completamente autodidacta”; o, mejor aún, gastrófilo 1; vocación que fusiona con la literaria.

Esta gastrofilia queda manifiesta en Grano de sal y otros cristales (Ediciones sin Nombre/Universidad del Claustro de Sor Juana, 2009). Un libro rico no sólo en sabores, olores y texturas, sino en vocabulario, como bien apunta Soledad Loaeza en la contraportada.

De este libro y de esta vocación charlamos con el autor.


-¿Cómo surge su interés por la gastronomía, al grado de consagrarle parte de su obra literaria?

Todos los seres humanos respiran, todos los seres humanos comen. Pero de ahí a interesarse por la respiración o por la alimentación desde el ámbito de las letras y las ideas, hay una distancia. Creo que tiene que ver con cierta conciencia antropológica. La palabra filología normalmente la aplicamos al estudio amoroso de los hechos de la lengua. Filosofía es una palabra que es como hermana de filología: amor a la sabiduría; filología: amor a la lengua. Pero cuando pensamos en la lengua, normalmente es en un sentido desencarnado, en términos de lingüística, de fonemas, de semántica, de sintaxis, de gramática, de literatura; y dejamos de lado el otro lado de la lengua: la corporeidad o corpo-realidad de la lengua. Entonces Grano de sal me gustaría que se inscribiera en una cierta tradición de escritores que en la lengua española se han interesado en hacer poesía, literatura, exploraciones de calidad consistentes en torno a la lengua de la comida con la lengua de la expresión.

En esa tradición me gustaría nombrar a autores como el citado Reyes, el español Julio Camba (La casa del Lúculo); Xavier Domingo; Manuel Vázquez Montalbán, la condesa Emilia Pardo Bazán; Baltasar de Alcázar, el Arcipreste de Hita o algunos tramos de La Lozana Andaluza, de Francisco Delicado, donde precisamente el hilo conductor de todos esos nombres tiene que ver con la corpo-realidad.

En francés y en inglés hay también una tradición importante en esto, desde grandes escritores, en sentido voluminoso, como Alejandro Dumas padre, Stéphane Mallarmé, Alphonse Daudet… en México hay contribuciones al espejo literario de la alimentación a través de Salvador Novo, Alfonso Reyes, Luis González y González; personajes que cito en el libro, sobre todo en la segunda parte, que no se dedicaron exclusivamente a hacer cosas de cocina, pero que en su obra hay tramos relacionados con el tema, como Manuel Payno, en Los bandidos de Río Frío; Manuel José Othón.

Creo que en un proyecto literario “entero” (para utilizar una palabra que le gusta al poeta venezolano Rafael Cadenas, que tituló su obra completa Obra entera, debe haber un espacio para la cocina, para la gastronomía; pero también por un afán de imitación… uno de mis maestros y guías en la historia, la literatura, la vida, ha sido Alfonso Reyes. Él tiene dos libros de gastronomía: Memorias de cocina y bodega y Minuta; entonces de alguna manera Adolfo Castañón se puso el imperativo muy audaz de emular a Alfonso Reyes hasta en eso.

Otra vertiente más personal: mi madre, Estela Morán de Castañón, era una gran gastrónoma, inventora de convivios, de fiestas y por supuesto de platillos. Pero Jesús Castañón Rodríguez, mi padre, era un devorador de libros, era un asceta que comía un poco de sopa de fideos, de arroz y de carne. Él desayunaba un plato de avena, un té de boldo, papaya; cenaba lo mismo que desayunaba; digamos que su alacena era menos que monástica; pero doña Estela era prolífica y profusa en sus entusiasmos gastronómicos, entonces ahí había un conflicto latente. Una manera de resolver ese conflicto para el hijo para que al menos don Jesús Castañón pudiese comerse con los ojos los platos que no se podía comer con la boca y que las dos sangres pudieran convivir.

-¿Grano de sal aparece como columna recopilable o el conformarla como libro se suscita después?

José María Espinasa me invitó a escribir la columna. Se publica en la revista Casa del Tiempo, de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), en 1989-1990. Si nos fijamos en la columna, desde la primera vez que se publicó ya se llama Grano de sal. Había una intención de publicar esa sarta de textos en forma continua; de hecho yo solté el primer texto para publicación cuando ya tenía escritos algunos. Pero yo nunca pensé en hacerlo como libro, esto fue una gran satisfacción. El libro literalmente lo fabrica Andrea Fuentes, hija del dueño de la Librería Madero, Enrique Fuentes Castilla. La primera edición es artesanal, casera, manuscrita. Fueron tres ejemplares. Yo tengo uno, su papá y ella los otros dos. Después se hizo una edición que hizo más pública en Antonio Saborit, historiador e investigador muy connotado, en Breve Fondo Editorial, una pequeña editorial como club de lectores de la que yo formé parte. Ahí hay una propina de la casualidad, porque resulta que este libro sobre los sabores lo va a editar un editor que se apellida Saborit. Sabor, Saborit. Después lo va a retomar Planeta -en ese entonces dirigida por René Solís-; después entra en un proceso de “extinción”: Grano de sal no se encuentra por ninguna parte y se tarda nueve años en tener una posibilidad de reedición. Desde el origen de Grano de sal, de la edición de Andrea Fuentes hasta ésta ha habido un gran enriquecimiento de textos: lo que era un banquete de un solo tiempo se convierte en uno de tres tiempos. El Grano de Sal de Andrea Fuentes sólo tiene siete textos; el resto fueron apareciendo después.

Se incluye posteriormente El cocinero práctico, recetario de mis bisabuelos, Juan E. Morán y Jovita Montenegro, elaborado en 1883. También está en Breve Fondo Editorial y en Planeta, porque en mi familia se corrió la voz de que yo escribía y que escribía sobre cocina, y entonces unos primos lejanos tocaron a mi puerta: “este libro es tuyo, porque tú le vas a sacar más brillo que nosotros, que lo tenemos ahí arrumbado”. Entonces claro que lo publiqué y lo salvé, lo encarecí, enaltecí y lo saqué del olvido, lo cual me da mucho gusto. Ese recetario es una forma de dialogar tiempo adentro, como diría Octavio Paz.

El recetario tiene una gran variedad de recetas, la mayoría criollas: lengua con alcaparras, mole poblano, pescado a la vizcaína…

También se incluye una conferencia que di en Amberes en 2007, “Tránsito de la cocina mexicana en la historia. Cinco estaciones gastronómicas: Mole, pozole, tamal, tortilla y chile relleno”. Lo importante de esta conferencia es la diversidad de fuentes aquí concentradas. Estas cinco estaciones tienen un carácter didáctico, no sólo por la historia de la gastronomía mexicana sino por sus desdoblamientos en la literatura, con algunas reflexiones en torno a la evolución de la cocina mexicana, como cuando se habla del paso de la tortilla manual a la manufacturada por las tortilladoras Celorio.

Otros cristales son textos misceláneos que van desde reproducción de menús presidenciales, de gala, como el Congreso de la Lengua Española en Zacatecas, hasta textos de otros autores, como la leyenda del toloache del escritor hondureño Rafael Heliodoro Valle, o recetas propias como La trucha y la pera; una receta del Renacimiento como Setas a la Bordelesa, que podemos pensar que Montaigne y Montesquieu la practicaron; noticias sobre el tequesquite, producto que se usaba desde la época prehispánica para el maíz y la limpieza; refranes del libro de Herón Pérez Martínez; una serie de poemas y prosas, como “Aires de cocina”, la receta para la felicidad. El libro concluye con dos alacenas, una más aderezada y otra más llana: el “Listín de obras misceláneas y curiosas sobre cocina y alimentación de México y el orbe”, donde rescato algunos libros curiosos y los comento brevemente. La ficha bibliográfica puede redimirse si va acompañada de un comentario atractivo. Después viene la alacena más amplia de obras diversas que contribuyeron a configurar este libro, Grano de sal y otros cristales; queda fuera, para alguna futura edición, el reflejo del librero que tengo en una pieza de la casa –su casa- donde tengo muchas otras obras de cocina y de gastronomía en diversos idiomas y de México, de todas las regiones; libros de vinos, aguardientes mexicanos…

-Me interesa mucho la idea que permea su libro: concebir la gastronomía como identidad.

Yo creo que hay una intención poética y aun profética de ennoblecer aquellas cosas que son relegadas por la llamada civilización que nos rodea, que puede a veces ser muy brutal en su planteamiento aséptico de invulnerabilidad ante el polvo, lo impredecible, los valores de la tierra.

Sí hay una voluntad de redención o de reconocimiento de la vida cotidiana, como pueden ser las cazuelas callejeras, que desde el punto de vista institucional son indeseables, pero desde un punto de vista real simplemente están ahí y quizás estén ahí luego de que las diversas torres de Babel lleguen a su destino de escombro.


-De las gastronomías internacionales que conoce, ¿cuál le parece más variada?

Creo que una de las más variadas es la china, por definición; de las que he practicado, la hispánica, que creo es una de las más ricas, donde concurren ingredientes árabes, de diversas etnias indígenas, europeos, cantábricos, mediterráneos… en medio están las gastronomías europeas, asiáticas, islámicas, africanas…


-Mencione el platillo más exótico que ha probado en su vida.

Bueno, lo más repugnante que he probado–sólo lo probé- es el Filete de res al chocolate. Fue en una casa de una maestra de gastronomía a la que le debo algunas cosas, María Dolores Torres de Izarrábal, esposa del señor Manuel Quijano, mamá del malogrado poeta Álvaro Quijano. Muy amiga de Diana Kennedy. Creo que todavía vive. De vez en cuando nos invitaba a comer a mi esposa y a mí. A lo mejor yo estaba de malas ese día, no me pareció simpático el plato…

-Enumere cinco platillos que sepa cocinar.

Sé hacer Espagueti con pescado ahumado; Huevo perfecto(huevo estrellado, cuya gracia consiste en poner a cocer la clara e incorporar hasta el final la yema, de manera que ésta quede cruda); Pato en ciruela; Conejo en chiltepín; Pavo al vapor.

-El mejor recetario que conozca y que pueda recomendar a los lectores.

Está reeditado por Miguel Ángel Porrúa, el Recetario mexicano del siglo XIX, del periódico El siglo XIX, que aunque tiene muchas cosas estorbosas, es un recetario simpático.

Hay una serie de libros de Simón Ortega en Alianza Editorial: el Libro de los Arroces, el de las Viandas, de los Pescados, las Aves, las Carnes; vale la pena.

Los que cito aquí en el libro, recetarios regionales publicados por la Dirección General de Culturas Populares; es muy difícil conseguir toda la colección.

El de Cocina mexicana de Salvador Novo trae al final algunas recetas.

El que no se puede conseguir –pero es un buen deporte tratar de conseguirlo- es Cuando sólo nos queda la comida, de Xavier Domingo, que trae una serie de anécdotas que culmina con un recetario.


-Alguna receta que se sepa de memoria y que pueda compartirnos.

La Trucha y la Pera 2, que hecho muchas veces y siempre me ha quedado bien y siempre me ha quedado distinta.

-Alguna receta de su bisabuelo que no haya probado aún.

Butifarras. Aprovecho para decir que una de las cosas que caracteriza el recetario de mis bisabuelos es su amor desmedido por el cerdo, cochino o chancho. Estaban muy preocupados por demostrar que no eran judíos.

-El banquete más exquisito al que haya asistido.

Un banquete suntuoso que se dio en Frankfurt en un restaurante subterráneo de cinco estrellas, por la celebración del contrato para los Códices Prehispánicos que publicó el Fondo de Cultura Económica en coedición con la editorial austríaca Adeva.

Entre cada tiempo del banquete había una degustación mínima de nieve para refrescarse el paladar; había también la obligación de enjuagarse los dedos para que el plato que siguiera estuviera seguro el cocinero de que no le olían a usted las manos al plato anterior…

El plato principal fue una langosta muy bien sazonada. Los austríacos y los alemanes no pueden prescindir de los postres, había una gran variedad de postres.

Y en México, en Ozumba, un banquete que hizo por sus nupcias de oro, donde cada una de las mesas tenía junto a una persona que hiciera tortillas caseras. Fue espectacular, lleno de entradas. Cuando uno pensaba que se habían acabado y ya no había más, entonces venían los platos fuertes.

-¿Qué es lo que nunca se atrevería a probar?

No soy caníbal.

Elena Méndez

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FOTO: Elena Méndez


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NOTAS:

1 Según Castañón, al parecer gastrófilo es un término que viene del francés y fue inventado por Marie- Antoine Carême o Jean-Antelme Brillat-Savarin; Jorge D’ Angelli lo utilizó como seudónimo.

2 LA TRUCHA Y LA PERA

Ingredientes:

Truchas arcoiris (salmo gairdnessi o salvelinus irideus)

Aceite

Mantequilla

Mostaza

Harina de trigo

Sal

Peras

Azúcar morena

Canela

PREPARACIÓN:

Primero limpias las truchas, luego les pasas una pizca de sal y un dedo de buena mostaza por el interior.

Se pasean las truchas por un recipiente con harina.

Se pone a fundir ¼ de mantequilla y ¼ de aceite por trucha en el sartén. Se ponen las truchas a freír en ese fluido medio espeso.

Antes de que esté completamente derretida la mantequilla, se calculan estrictos 5 ½ a 6 minutos de fritura por un lado y mientras, obviamente, hay que moverlas para que no se peguen con una pala de madera.

Una vez cocidas de los dos lados, se ponen a descansar en una cama hecha de papel del tipo de las servilletas de mesa y se les pasa delicadamente el papel para que absorba la grasa.

Luego se retira con mucho cuidado la piel y con una espátula o un cuchillo plano se retiran los filetes del tronco espinoso.

Paralelamente se pusieron a hervir dos peras por trucha con una pizca de azúcar morena y canela al gusto, de forma que se haga un puré.

Se pelan las peras y se les quita las semillas y los centros y, con la pasta, se tiende un lecho para los filetes que se pondrán encima.

(Una variante de esta receta la da Xavier Domingo en su libro Cuando sólo nos queda la comida. Tusquets.)

[Adolfo Castañón, “Otros cristales” en Grano de sal y otros cristales, Ediciones Sin Nombre/ Universidad del Claustro de Sor Juana, México, 2009, pp. 309-310.]


*Versión completa de la entrevista realizada en Culiacán, Sinaloa, el 18 de octubre de 2009; y publicada en Siempre! no. 2944, domingo 15 de noviembre de 2009.


http://www.siempre.com.mx/index/index.php?option=com_content&view=article&id=1371:adolfo-castanon-un-gastrofilo-declarado&catid=40:cultura&Itemid=169


sábado, novembro 14, 2009

FRIVOLIDAD SÓLO APARENTE: AL DIABLO LA MALDITA PRIMAVERA, DE ALONSO SÁNCHEZ BAUTE

La novela gay ha experimentado un auge a últimas fechas. Acaso esto sea porque dicha comunidad ha ido conquistando espacios para expresarse, para ejercer los derechos que todo ser humano debe poseer.
Sin embargo, la rampante homofobia que permea aún en nuestra sociedad convierte, automáticamente, el discurso de esta comunidad en algo marginal, transgresor, dado que no se sujeta a lo socialmente establecido.
Dentro del citado género se inserta Al diablo la maldita primavera, del colombiano Alonso Sánchez Baute (Valledupar, 1964); obra ganadora del Premio Nacional de Novela Ciudad de Bogotá en 2002.
La novela está narrada en primera persona por Edwin Rodríguez Buelvas, universitario barranquillero de orientación homosexual, que decide abandonar todo en pos de un sueño: ser la drag queen más famosa de Colombia.
Así, este joven, cuya frivolidad es sólo aparente -conoce al dedillo las colecciones de los grandes diseñadores: Gianni Versace, Carolina Herrera; los milagros que obra Lancôme; lo chic que resulta ser bulímica o anoréxica para mostrar una figura delgada…- tiene, no obstante, una gran cultura, manifiesta en abundantes referencias literarias.
Edwin, pese a su gran sarcasmo, arma utilizada para defenderse en un ambiente harto hostil (ya que desde pequeño percibe el rechazo que suscita su homosexualidad), resulta enternecedor: se empeña en que a su vida llegue la primavera: algún gatito a quien amar. Quizá este gatito salga de un sex chat room o un dark room, qué más da.
Mientras tanto, se esfuerza en triunfar sobre el escenario, con un ingenio y tenacidad admirables, aunque le deba dinero a las once mil vírgenes y carezca del linaje del que tanto se ufana, como la pretendida hidalguía de los antihéroes picarescos.
Otro aspecto en común de esta novela con el género picaresco, además del lenguaje marginal –en este caso, un delicioso argot gay salpicado de colombianismos- es la rabia lúcida con que Edwin narra sus peripecias, pues asume una actitud crítica acerca de la doble moral de la sociedad, que rechaza a la comunidad gay, aunque esos mismos intolerantes realicen furtivamente todo aquello que condenan.
Al diablo la maldita primavera –cuyo título alude al célebre tema musical de la cantante mexicana Yuri, éxito de los 80, adoptado como himno gay en Colombia-, además de sus ediciones colombianas, españolas y mexicanas, ha sido llevada al teatro en el país sudamericano en 2004, bajo la dirección de Jorge Alí Triana, con Orlando Valenzuela como protagonista.
Hilarante, tierna, mordaz, satírica, urbana, local y cosmopolita. Todo eso es Al diablo la maldita primavera.
Elena Méndez
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Alonso Sánchez Baute,
Al diablo la maldita primavera,
Col. Narrativa,
Punto de Lectura,
México, 2009,
267 pp.


http://rposdata.com/pd/index.php?option=com_content&view=article&id=365:frivolidad-solo-aparente-

sexta-feira, novembro 13, 2009

MALINCHE INVADE REVISTA DE LETRAS



"Entre la libertad y la ignominia: La verdadera historia de Malinche, de Fanny del Río" en Revista de Letras*.

*www.revistadeletras.net

terça-feira, novembro 10, 2009

ENTRE LA LIBERTAD Y LA IGNOMINIA: LA VERDADERA HISTORIA DE MALINCHE, DE FANNY DEL RÍO

La literatura mexicana ha experimentado un repunte de la novela histórica en vísperas del Bicentenario de la Independencia y del Centenario de la Revolución.
Entre sus más célebres autores se encuentra Francisco Martín Moreno, cuyas obras han suscitado un gran interés en el público, atraído por lo polémico de los personajes y acontecimientos abordados.
Otra autora mexicana adscrita a este género es Fanny del Río, quien debuta con La verdadera historia de Malinche.
La autora -ampliamente documentada en crónicas como las Cartas de Relación de Hernán Cortés e Historia verdadera de la Conquista de la Nueva España de Bernal Díaz del Castillo, por ejemplo- se arriesga al humanizar a este personaje tan controversial en la Historia de México, a quien suele considerársele una antiheroína, cuyo solo nombre ha dado origen, a nuestra cultura, a un término peyorativo: malinchismo, definido por la Real Academia Española como: "Actitud de quien muestra apego a lo extranjero con menosprecio de lo propio."
Malinali, otrora heredera al trono de Coatzaqualco, a sabiendas de que pronto morirá, lega un testimonio epistolar a su hijo Martín, nacido de su unión con Cortés (aquí, don Fernando).
En estas treinta cartas, ella, ya bautizada como Doña Marina (alias Malinche), defiende su honor, tan vilipendiado al haber caído nuevamente en desgracia.
Así, relata su infancia noble, truncada tras la artera ejecución de su padre -llamado Chimalpain, según el extinto historiador mexicano Federico Gómez de Orozco-, cacique de Painala, quien se rehusara a aumentar los tributos a su pueblo, como exigía el tlatoani Moctezuma.
Al enviudar, la madre –Cimatl, de acuerdo con el citado autor- se deshace de la pequeña heredera para favorecer a su nuevo vástago, fruto de un amasiato.
La niña es trasladada al Mayab, donde es esclavizada y prostituida.
Situación harto humillante para una joven cuyo destino era gobernar, y que no consigue sino cambiar nuevamente de amo, al vendérsele al cacique de Tabasco.
Éste sería derrotado por las huestes de Cortés, que proseguían su expedición en tierras mexicanas, iniciada en Yucatán tras abandonar la Española (Cuba).
El cacique, temeroso, pacta con el Conquistador y le obsequia veinte esclavas, entre ellas, Malinche, quien, amén de dominar las lenguas náhuatl y maya chol, posee una gran inteligencia y cultura, cualidades que la hacen ser preferida por éste en vez de Aguilar, el intérprete oficial.
Malinche, testigo privilegiado de la Conquista, hace hincapié en las circunstancias que contribuyeron al triunfo de los españoles: el descontento hacia la voracidad del imperio mexica; la superstición de los nativos, que creyeron a Cortés la encarnación del dios Quetzalcóatl, quien profetizó su retorno; y el catolicismo, donde hábilmente se fusionaron los ritos paganos con la 'religión verdadera'.
Dentro de este sincretismo es relevante la figura de la Virgen de Guadalupe, culto identificado con la diosa madre de los aztecas, Tonantzin.
Malinche refiere, asimismo, las alianzas, enfrentamientos, traiciones e intrigas surgidas durante este proceso histórico; las grandes victorias y las terribles contrariedades y derrotas. En particular son interesantes las alianzas con Cempoala, Texcoco y Tlaxcala –determinante esta última para su triunfo-, el enfrentamiento entre Diego de Velázquez –adelantado y primer gobernador de Cuba-, la desventurada colaboración de Cuitláhuac, la epidemia de viruela que asoló al pueblo, el fatídico episodio de la Noche Triste y la rendición de la vasta Tenochtitlan.
La autora acierta al transmitir el dolor de su protagonista mediante un tono profundamente lírico –mas no lastimero-; asimismo, al prescindir de una visión maniquea, pues, si bien presenta a una Malinche enamorada aún de Cortés –pese a verse forzada a alejarse-, a quien veneraba por considerarlo su camino a la libertad y un gran estratega militar, se percata también de que las ambiciones de ambos son distintas y de la enorme voracidad de los conquistadores.
La verdadera historia de Malinche: una reivindicación de la dignidad de una mujer cuya vida osciló entre la libertad y la ignominia.
Elena Méndez
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Fanny del Río,
La verdadera historia de Malinche,
Plaza y Janés,
México, 2009,
192 pp.


http://rposdata.com/pd/index.php?option=com_content&view=article&id=212&Itemid=1

sexta-feira, novembro 06, 2009

PERSONIFICAR LA TRANSGRESIÓN: CENA ENTRE CHACALES, DE SAÏD JAVIER ESTRELLA

Saïd Javier Estrella (Pachuca, 1981), en su primer libro, Cena entre chacales (Premio de Cuento Ricardo Garibay 2008), reúne a una serie de personajes movidos por un afán transgresor, manifiesto en situaciones límite donde cometen actos violentos sutiles o exacerbados.
Transgresiones cometidas ya sea por hambre, por venganza, por morbo; o, incluso, por la farmacodependencia o un mero desquiciamiento mental.
En el cuento que abre el volumen, “Yo maté a Salinas”, se aborda la progresiva decadencia económica y moral del personaje principal, otrora exitoso inversionista, quien deberá mendigar tras el catastrófico “Error de diciembre”, infamia que vengará de singular manera.
“En silencio, como alcachofa” (quizá uno de los relatos mejor construidos), el narrador protagonista, Lukaz, un joven polaco, rememora la dimisión de Wallesa y la consecuente desgracia para el pueblo y en particular, para su familia. Situación harto apremiante que lo llevará al canibalismo.
“Cena entre chacales” refiere, en primera persona, las correrías del protagonista y su grupo de amigos, “los chacales”, quienes fueran juniors habituados al desmadre y carentes de principios y que se reúnen, ya ancianos, acaso para cometer una suprema iniquidad…
En “Pito”, Marvin Bolaños, empleado de un ingenio azucarero en Cuba, desesperado ante la miseria, incursiona en el tráfico de drogas, sin saber en qué lío se ha metido.
En “Lecciones de piloto”, un narrador testigo dialoga con Gustavo Lastra Pantoja, transportista devenido afamado pollero, a quien ha ayudado a escapar de la justicia, luego de la tragedia que ha ocasionado y que éste confiesa con una desfachatez que su cómplice cree mitomanía.
El volumen cierra con “Yakkaru”, un alucinante relato en que Saïd (nótese el esfuerzo del autor por fusionar lo ficticio con lo real) se vuelve conejillo de Indias de la siquiatra que lo atiende en una clínica para enfermos mentales en Girona. Ella aprovecha la obsesión por la escritura de éste, sin pensar en los extremos a que puede llegar…
Saïd Javier Estrella en ésta su ópera prima nos lleva de la sonrisa irónica al estupor helado; de la compasión a la repugnancia; de lo cotidiano a lo absurdo, sin dejarnos caer nunca en el tedio.
Elena Méndez
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Saïd Javier Estrella,
Cena entre chacales,
Col. Narrativa,
FOECAH/CONACULTA,
Pachuca, 2009,
76 pp.
http://rposdata.com/pd/index.php?option=com_content&view=article&id=332:personificar-la-transgresion

segunda-feira, novembro 02, 2009

DESMITIFICAR NUESTRA HISTORIA: 101 PREGUNTAS SOBRE LA INDEPENDENCIA DE MÉXICO Y 101 PREGUNTAS SOBRE LA REVOLUCIÓN MEXICANA



En vísperas del Bicentenario de la Independencia de México y el Centenario de la Revolución Mexicana, se ha publicado un sinnúmero de libros relativos a dichos acontecimientos históricos.
Los géneros más socorridos para abordarlos han sido la biografía, la novela o el ensayo.
Este último género es el utilizado en 101 preguntas sobre la Independencia de México y 101 preguntas sobre la Revolución Mexicana (ambos de Grijalbo, 2009), de Cecilia Pacheco y Pedro Salmerón, respectivamente; autores que, mediante una serie de preguntas y respuestas, brindan una lectura ágil y didáctica sobre sendos episodios de la vida nacional.
Pacheco y Salmerón aciertan en su afán desmitificador de los citados pasajes, tan permeados de maniqueísmo y, por ende, de distorsiones.
Así, Pacheco sostiene que los criollos eran menospreciados por los peninsulares; situación que los primeros ansiaban revertir, sobajando al resto de las castas, alardeando de su pretendida hidalguía.
Por otro lado, señala la intriga sufrida por el virrey Revillagigedo, pese a haber contribuido enormemente al desarrollo urbano de la capital; y la tiranía de otro virrey, Gálvez, quien, empero, dio un fuerte impulso a las artes, hecho que contribuyó a la apertura mental de la sociedad, al mermar el monopolio de la Iglesia sobre la educación.
Otro dato interesante es cuando se aclara que el barón de Humboldt no fue quien llamó a México “la Ciudad de los Palacios”, sino Charles Latrobe, extasiado ante su magnificencia.
La autora resta solemnidad a los caudillos independentistas, en particular Hidalgo y Allende, figuras que poseían un gran carisma y llevaban una vida poco ortodoxa.
Salmerón, por su parte, nos revela que, contrario a la idea predominante, Porfirio Díaz gozaba de popularidad aun en el año en que estalló el movimiento revolucionario. Asimismo, otro dato interesante es la capacidad de negociación del dictador oaxaqueño, cuyo error principal fue, no obstante, dar prioridad al crecimiento económico, menoscabando las libertades públicas; así como la marcada desigualdad de las riquezas.
Venustiano Carranza, con todo y haber sido artífice de la Constitución que todavía nos rige, incurrió en prácticas tan nocivas como el nepotismo y la anulación de los derechos de asociación y huelga de los obreros.
El autor desmiente que Álvaro Obregón haya perdido su brazo derecho en Celaya. En realidad, esto ocurrió en otro lugar guanajuatense: Santa Ana del Conde.
Otra valiosa aclaración es la de que los célebres Dorados de Francisco Villa no eran todos sus seguidores, sino sólo su escolta, compuesta por 100 oficiales.
Sorprende saber que este afamado caudillo duranguense, cuyos ideales democráticos iban enfocados principalmente al agrarismo, terminó siendo “un guerrillero terrible y sanguinario” (p. 277) tras su exilio.
Aun con sus profundas contradicciones, es de primordial importancia conocer los antecedentes que han hecho de México ser lo que es, para así poder valorarlo y defenderlo y que los logros alcanzados por la Independencia y la Revolución sean dignamente recordados, no sólo como parte de un discurso institucional.
Elena Méndez
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Cecilia Pacheco,
101 preguntas sobre
la Independencia de
México
,
Grijalbo,
México, 2009,
351 pp.

Pedro Salmerón,
101 preguntas sobre
la Revolución Mexicana
,
Grijalbo,
México, 2009,
294 pp.