terça-feira, outubro 06, 2009

DE LA MUERTE COMO PRINCIPIO: LA VIDA INTERIOR. EL DESPERTAR DEL INCONSCIENTE, DE GINETTE PARIS


Muerte. Una palabra que suele atemorizarnos, particularmente en Occidente, donde le otorgamos el valor de un final y no de un inicio.
Ginette Paris, en su libro La vida interior. El despertar del inconsciente, propone la activación del principio de muerte para encontrar una nueva identidad.
El principio o instinto de muerte, según Freud, tiene por objeto "destruir unidades orgánicas volviéndolas a su anterior estado inorgánico, con la tendencia destructivo-masoquista dirigida hacia fuera, y tomando la forma de agresión".
La autora es una destacada psicoterapeuta arquetípica, terapeuta y escritora franco canadiense. Ella comparte en esta obra dos grandes pérdidas que debió experimentar: la ruptura de su matrimonio y una hemorragia cerebral masiva que la mantuvo en terapia intensiva durante casi un año.
Situaciones que la enfrentaron no sólo a un ego mancillado y a temer por su integridad física, sino que la hicieron cuestionarse todo cuanto creía saber acerca de su profesión e, incluso, comprender la necesidad del dolor.
Ese dolor que tanto solemos empeñarnos en evitar y que, sin embargo, sirve para hallar la sabiduría psicológica.
En la búsqueda de tal sabiduría influyen tres arquetipos utilizados en todas las escuelas sicológicas: el Niño Arquetípico, que implica vulnerabilidad y necesidad; la Gran Madre, toda compasión; y el Padre Arquetípico, donde reside la autoridad.
Estos arquetipos no deben identificarse forzosamente con un género determinado, aclara la autora.  Los arquetipos prevalecen a través de la existencia de cada individuo.
Así, el Niño se manifiesta cuando sentimos miedo, inseguridad; el Padre, mediante el orden que requerimos establecer y los premios y castigos según se cumpla o no con el mismo; y la Madre, al brindar consuelo, protección.
Para que el ser humano sea pleno, debe afrontar la separación que le permita independizarse gradualmente.
Una forma en que puede ayudarse a los pequeños a madurar es hablarles como lo haría un filósofo: mostrándoles cómo asumir responsabilidades. Ello contribuirá, además, a fortalecer su instinto de vida.
Se hace hincapié en que no existe una identidad ‘normal’. Por ende, tampoco existe una familia ‘normal’, ese microcosmos donde nos desarrollamos y enfrentamos los primeros conflictos de nuestra vida.
La verbalización de dichos conflictos mediante la terapia no contribuye a la intimidad; ésta se da en lo cotidiano y muchas veces sin expresarse de forma oral.
La autora reflexiona acerca de la habitual mitificación de la psicología profunda (o de cualquier disciplina o creencia) a la cual se le adjudica un poder redentor; una tendencia de la que ni siquiera los intelectuales más liberales están exentos.
La terapia en psicología profunda otorga gran relevancia a las historias que uno se cuenta a sí mismo y la manera en que pueda expresar éstas para superar la ansiedad y depresión, dos enfermedades que alcanzan actualmente proporciones pandémicas.
Éstas no requerirían de fármacos si las personas lograran enriquecer su imaginación; lidiar con sus miedos, nombrándolos y relativizándolos; y ampliar su capacidad de sentir alegría.
Maneras en que se reconciliarían la muerte que cierra ciclos (muchas veces dañinos); y la vida, llena de pequeñas felicidades cotidianas. 
Elena Méndez
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Ginette Paris,
La vida interior. El despertar
del inconsciente
(título original:
Wisdom of the Psyche. Depth
Psychology after Neuroscience
),
Traducción: Gustavo Beck Urriolagoitia,
Col. Pensamiento,
Editorial Taurus,
2009, 376 pp.

Um comentário:

elena disse...

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