sexta-feira, outubro 23, 2009

CASTAÑÓN, BIBLIÓFILO


Supe que vendría Adolfo Castañón mientras navegaba en la página del Noroeste, desde algún rincón del DF.
Su cátedra, intitulada "Gravitaciones e itinerarios de la poesía y la literatura latinoamericana" comprendía un programa muy ambicioso. Yo desconocía la obra de Castañón. Eso sí: estaba enterada de que pertenecía a la Academia Mexicana de la Lengua. Para mí eso era suficiente. De manera que decidí inscribirme y me presenté a la primera clase armada de una pequeña maleta donde había obras de los autores a revisar. Como supuse, fue necesario ajustar el programa, de manera que se vieran sólo a unos cuantos, pero dedicándoles el tiempo que cada uno merecía. Así, Castañón nos ilustró sobre los conocimientos herbolarios de Alfonso Reyes, el clasicismo de Manuel José Othón -de quien nos compartió los poemas leídos en la voz de barítono de Eduardo Lizalde-, la fijación por la maternidad de Gabriela Mistral, el rescate que hiciera Andrés Henestrosa de la cultura zapoteca, la sátira de León Felipe ante la pretendida hidalguía, la circularidad autobiográfica de Octavio Paz, la sencillez sólo aparente de José Martí, la importancia que tuvo para Eliseo Diego el haber formado parte de la revista Orígenes (donde no pagaban, pero era un honor publicar ahí), sobre Jorge Luis Borges, el anglófilo y Rubén Darío, el liróforo -de quien falta una iconografía-.
Castañón, el erudito, el bibliófilo, amigo de libros, de autores, se conmovió al enterarse, en plena clase, de que Cintio Vitier, el poeta cubano, fervoroso católico, había muerto. Nos pidió guardar un minuto de silencio. "Yo guardaría dos", murmuró, apesadumbrado.
Acaso una de sus sesiones más brillantes fue cuando se apasionó leyendo Los hombres que dispersó la danza; lectura precedida de un breve documental sobre Henestrosa que hizo llorar a varios alumnos. Henestrosa, el legendario, el nahual, el protegido de la suicida Antonieta Rivas Mercado; que llegó a vivir de sobras alimenticias, que hurgaba en faldas hasta muy avanzada edad, que rescató las leyendas de su pueblo y se jactaba de hablar el mejor zapoteco, al punto de hacer rabiar al propio Francisco Toledo.
Castañón, hombre de prodigiosa memoria, recitó al final de una jornada
un poema sobre el Cid. Lloré, agradecida, tras escuchar con los ojos cerrados, porque alguien atendía mi sed medieval. Me hizo llorar, le confesé al despedirme.
Intercambié varios libros y revistas con él, que se emocionó sobremanera al verme llegar, el primer día, con un ejemplar de Casa del Tiempo, de 1989, época en que apareció su columna Grano de sal, que posteriormente sería recopilada en diversas ediciones. ¿Cómo hizo esto?, me preguntó. Admití, tras obtener la dedicatoria, que el ejemplar había sido hurtado. Detalle que debió simpatizarle, dada la complicidad que surge entre bibliófilos. Al iniciar la segunda parte de la cátedra, colocó Grano de sal y otros cristales (Universidad del Claustro de sor Juana) en mis manos. ¿Esto es para mí? Sí. Y caí rendida ante el deleite verbal y transgenérico que permea la obra, donde lo mismo puede haber poemas sobre los puestos de comida callejera que sobre algún restaurante medieval o una conferencia sobre los suntuosos platillos mexicanos o un recetario decimonónico o refranes culinarios.
Castañón, maestro, gracias por su amistad, un verdadero bocado de cardenal...
FOTO: ELENA MÉNDEZ

quarta-feira, outubro 14, 2009

ENTRE LO LINEAL Y LO CIRCULAR: LA GRAMÁTICA DEL TIEMPO, DE LEONARDO DA JANDRA


¿Qué es el tiempo? De acuerdo a la segunda acepción de la Real Academia Española, se define como: "magnitud física que permite ordenar la secuencia de los sucesos, estableciendo un pasado, un presente y un futuro (...)"
Leonardo da Jandra (Chiapas, 1951) en su ensayo La gramática del tiempo, aborda, desde una perspectiva filosófica, este problema del que se han ocupado numerosos pensadores de todas las épocas. Habla acerca de cómo se ha pasado de una concepción circular del tiempo a una lineal. Esta última, debido a la formación judeocristiana que permea en Occidente, misma que privilegia al Tánatos sobre el Eros: la pulsión mortal contra la vital.
El autor narra su experiencia de veintiocho años en Cacaluta (la selva huatulqueña, en Oaxaca), donde junto a su pareja, la pintora Agar García, realizó una 'utopía mínima': la de aislarse lo más posible de la civilización, reencontrándose con la naturaleza y limitando sus necesidades de consumo.
Dicha utopía fue violentada al ser desalojados, tras alegarse que habitaban dicho predio como ‘paracaidistas’; argumento falso para favorecer a empresarios que construirían un complejo turístico en aquella zona, famosa por su biodiversidad.
Esa pérdida, más que material, ha significado para da Jandra no sólo el atestiguar la inminente devastación del ecosistema huatulqueño, sino también el drástico cambio cultural que implica para los pobladores, cuyo principal sustento proviene de la caza y pesca.
Estas actividades son todo un ritual para el nativo, al conectarlo con la divinidad, contra la que se atenta al imponerse el estado de derecho, con su voraz consumismo, su espectacularidad usurpadora de lo sagrado y el perenne temor a la muerte.
El caso huatulqueño es sólo un ejemplo de lo que ocurre cuando el ser humano pasa del estado de naturaleza al de derecho, donde se niega la preteridad (lo ritual) en pos de la presentaneidad (el poder), socavando, así, la posteridad (la libertad).
Por ende, también se condena a la sociedad a percibir su evolución en forma lineal e irreversible, desechando la idea nietzcheana del Eterno Retorno, que alude a una concepción cíclica de la historia.
Asimismo, el sistema (llámese dictadura, democracia o cualquier otro), en su afán masificador, denigra al individuo, condenando a la sociedad a la que pertenece a la decadencia.
El póstero reniega del prétero y del presentáneo, olvidando que para haber una ruptura debe existir tradición; suprema paradoja encarnada, principalmente, por el creador artístico, visionario, al que pretenden acallar los poderosos.
Como sostiene el propio da Jandra, el póstero tenderá a hacer revolución, misma que al llegar al poder se traiciona a sí misma, al querer perpetuarse a toda costa.
Evolución, no revolución, acaso sea la tarea del póstero reconciliado con su preteridad y su presentaneidad, lo sagrado y lo profano, lo lineal y lo circular. Utopía de utopías, sin duda.
Elena Méndez
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Leonardo da Jandra,
La gramática del tiempo,
(Prólogo: Enrique Vila-Matas)
Col. Estuario,
Editorial Almadía,
Oaxaca,
224 pp.

segunda-feira, outubro 12, 2009

TOSCANA DIXIT

from David Toscana
to Elena Méndez
date Mon, Oct 12, 2009 at 3:35 PM
subject Re: RESEÑA TOSCANIANA EN 'JUSTA'
Ándele, Lenochka, ahora sí voy a ser famoso.
Salud y saludos.
Toscana

domingo, outubro 11, 2009

RAÚL CASAMADRID SOBRE HETEROFLEXIBLE

from Raul Casamadrid
to Elena Méndez
date Sun, Oct 11, 2009 at 7:40 PM
subject Re: HETEROFLEXIBLE
(CUENTO INCLUIDO EN 'ANTOLOGÍA MÍNIMA DEL ORGASMO')
...pos aí tienes que me gustó un chingo..., no tiene desperdicio. Desde el comienzo te agarra y, como es breve, es dos veces bueno; creo que los cuentos tienen que ser breves, y las novelas también.
El primer párrafo es una chingonería, una verdadera joya.., con una enorme economía de palabras te plantea un millón de cosas: sabes que la protagonista se dirige a una amiga norteña, con la cual tiene bastante intimidad o identidad; sabes que la narración se llevará a cabo en Oaxaca a donde llega acompañada por Richie, seguramente un gay (esto se confirma después) que es escritor, goza de cierto reconocimiento y de bienestar económico, tal es así que puede costearle el viaje a la narradora, por lo que se deduce que son grandes amigos y que comparten, también, intimidad...(aunque deja, inteligentemente, la duda de cuánta...)
En el segundo párrafo se confirma lo que el anterior esboza; y se amplía un poquito la información: la narradora tuvo una decepción amorosa con el cretino de Ken, que buscó cualquier pretexto para no casarse y se fué a juntar con la primera que apareció. Se destaca el cariño implícito que Richie profesa por la narradora; se da uno cuenta de que sí son amigos íntimos pero no sexuales, más como hermanos... (el papiloma ahora, y la referencia al aroma del sexo femenino, después, le dan un peso específico muy real y demoledor a la narración)
Después se complementa el desarrollo de la acción, se confirma la identidad sexual de Richie y la gran amistad que los une, se transparenta también el nivel intelectual de los personajes con las citas a Onetti, Proust, Piazolla, Gotan y el Museo de Arte Moderno, sin embargo nada de lo anterior entra de manera forzada ni le da a los personajes el carácter pesado o vanidoso que regularmente rodea a los intelectuales...
La llegada al antro también vale oro: la ciudad descrita con una sola palabra: barroca. El antro en un sótano, kitsch el decorado, el aroma del vodka amandarinado y el sonido cadencioso del bandoneón... el brillo licencioso en las miradas de las mujeres, desprovistas de pudor y en pleno ligue... tigresas.
Entre las que destaca la mirada azul, plúmbago -deliciosa palabra-, en el rostro de la espigada alemana... (descrita, también económicamente pero con gran destreza... igual a una multitud de europeas que pululan por la señorial ciudad y que en algún momento también han sido minuciosamente diseccionadas por Leonardo da Jandra)
Una vez armado el nudo las protagonistas llegan al clímax, sexual y del propio cuento, que termina con un flashazo, un destello genial, cuando ella se define como heteroflexible.
Así deben de acabar los cuentos, de una manera fulminante y sin anunciarlo.
(...)
Creo que el cuento o la novela, y también en la poesía y, es más, en toda la literatura, así se trate de guiones, de periodismo, de ensayo, crónica, y hasta de crítica literaria, el autor debe de encontrar un "aire", un tono, un color, un aliento que lo identifique y en medio del cuál se pueda mover como Juan por su casa..., este tono es el que define de algún modo al artista creador, es lo que se conoce como estilo, pero el verdadero estilo es muy dificil de encontrar, generalmente se imposta, pues aquel que tiene estilo no lo busca, sino que lo encuentra, y una vez que lo tiene y lo ejecuta ya no se le puede ir o escapar, pues es parte de su misma obra, vienen juntos, pegados, en paquete. Cuando el estilo es buscado, metido con calzador, no da para más; inmediatamente, a las primeras de cambio se empieza a deslucir y se le cae el barniz y sólo queda una pátina, las más de las veces pálida y sin color...
Por ello creo que tú has alcanzado ese modo, ese estilo de escribir; inteligente, fuerte, sobrio, femenino y actual... No lo había encontrado antes en otras autoras que pueden ser buenas narrando, pero sin esa fuerza interna que desbordas con precisión. Además, con sentido del humor, que en estos tiempos es oro molido...

sexta-feira, outubro 09, 2009

LA PALABRA Y SU TRASFONDO: EL ORDEN DEL DISCURSO, DE MICHEL FOUCAULT

La palabra. Mecanismo que oculta y revela, nulifica y valida.
Michel Foucault (Poitiers, 1926- París, 1984), filósofo e historiador de las ideas, en su ensayo El orden del discurso, hace una serie de disertaciones acerca de la palabra.
Dicho ensayo constituye la lección inaugural de la cátedra de Historia de los sistemas de pensamiento que desde 1970 impartiría en el Cóllege de France, tomando el lugar de su mentor, el desaparecido Jean Hypolite.
El autor no sólo esboza un plan de trabajo, sino que reflexiona sobre la influencia del deseo y el poder sobre el discurso y cómo ambos se ven sujetos a procedimientos de exclusión. Ergo, de prohibición: "Uno sabe que no tiene derecho a decirlo todo, que no se puede hablar de todo en cualquier circunstancia, que cualquiera, en fin, no puede hablar de cualquier cosa" (p. 14).
Como bien apunta el extinto pensador francés, dichas prohibiciones resultan aún más evidentes en temas como la sexualidad y la política, ámbitos donde el deseo y el poder, respectivamente, son protagonistas.
Otros procedimientos de exclusión vienen a ser la separación y el rechazo. En especial, en esa frágil línea que divide razón y locura: Las personas dementes, a lo largo de la historia, cuando no han sido proscritas, han sido tomadas como videntes, al considerarse sus palabras como revelaciones.
Un procedimiento más añade el autor, aventurándose: el de distinguir entre discursos verdaderos y falsos; esto es, la voluntad de verdad.
Así, el discurso literario suele valorarse por lo que tiene de verosímil, no de verídico; contraponiéndose al discurso histórico, que se ve forzado a ser fiel a los hechos; y al científico, que debe demostrar sus leyes, descubrimientos, inventos...
La voluntad de verdad, tal como el resto de procedimientos mencionados, se apoya en lo institucional, particularmente a través del sistema educativo, que transmite a los individuos los saberes que estima convenientes para mantener el orden social.
Estos serían los procedimientos externos de exclusión, mientras que el comentario, la noción de autor (como alguien que sustenta la validez de lo que afirma) y el establecimiento de disciplinas constituirían los procedimientos internos de control y delimitación del discurso.
Estos últimos conllevan un intercambio y una comunicación, pero también un secreto (técnico, científico)... y por ende, una ritualidad al transmitirse; y tornan sumisos al que lo posee y al que lo recibe, como en el caso de las doctrinas.
Todos estos temas, anuncia Foucault, los estudiaría bajo un método que hiciera uso de cuatro principios:
trastocamiento, discontinuidad, especificidad y exterioridad.
Vasta labor, sin duda, que llevó a cabo rigurosamente. Citemos dos de sus principales obras: Historia de la locura en la época clásica (1960) e Historia de la sexualidad, proyecto iniciado en 1976; mismo que dejara inconcluso al morir.
A 25 años del fallecimiento de Foucault, sorprende la vigencia de su pensamiento, la pasión por desentrañar el lenguaje, con toda su carga luminosa y oscura, estabilizadora y transgresora a la vez.


Elena Méndez

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Michel Foucault,
El orden del discurso
(título original: L' ordre du discours),
Traducción: Alberto González Troyano,
Col. Fábula,
Tusquets Editores,
México, 2009,
80 pp.

DE NORTE A NORTE LA GUERRA: LOS PUENTES DE KÖNIGSBERG, DE DAVID TOSCANA


2009. 70 años han transcurrido ya desde el inicio de la II Guerra Mundial, acontecimiento que cambió la historia de la humanidad al suscitar importantes transformaciones políticas, económicas, sociales, geográficas, entre otras.
Dicha guerra culminó en 1945, año en que David Toscana (Monterrey, 1961) sitúa su novela Los puentes de Königsberg.
Königsberg, actualmente Kaliningrado, formaba en ese entonces parte de la región septentrional de Prusia, estado que habría de desaparecer.
Toponímicamente, Königsberg significa "Monte Real" lo que marca una relación con Monterrey, ciudad presente en todas las obras toscanianas.
Además de la sempiterna obsesión del autor por su lugar de origen, en este libro encontramos los visos onettianos y cervantinos que caracterizan su estilo. Onettianos, por el absurdo a que parecen estar condenados sus personajes; y cervantinos, porque estos mismos personajes son tan idealistas como el Quijote, cuyas batallas están perdidas de antemano.
La estructura de la novela es compleja, ya que no sólo se juega con la espacio-temporalidad, sino que existen dos voces narrativas: una en tercera persona y otra más, la del narrador protagonista, Gortari.
Este chico se esfuerza en resolver un problema matemático, el de los puentes de Königsberg, ciudad cruzada por 7 puentes que conectan dos islas atravesadas por el río Préguel.
El dilema, creado por el suizo Leonhard Euler, consiste en recorrer todos los puentes sin pasar por ninguno dos veces.
El empecinamiento de Gortari en resolver el problema va más allá de un promedio elevado, ya que le sirve como pretexto para acercarse más a su maestra, Andrea, una mujer de carácter férreo, quien le advierte que carece de solución.
La maestra utiliza el dilema para hacer partícipe al chico sobre la Guerra, mostrándole la importancia que tienen los puentes para la defensa de una ciudad.
De esta manera, ambos identifican entre sí diversos referentes de Königsberg y Monterrey, aunque esta última tenga sólo un puente, el San Luisito, y su río Santa Catarina no sea más que "una grieta por donde a veces pasa el agua" (p. 37)
Gortari tiene desaparecida a su hermana mayor, Marisol, de 14 años. Éste vendría a ser otro dilema similar al de Königsberg, dado que se carecen de pistas para encontrarla a ella y al resto de niñas desaparecidas.
Un grupo de parroquianos del Lontananza rinde homenaje a estas jovencitas, representándolas con botellas de diversas bebidas alcohólicas. Se trata de Floro, Blasco y un enigmático Polaco.
Acaso el más singular de ellos sea Floro, un actor aficionado que mezcla diversas tramas y personajes durante sus representaciones: lo mismo puede ser "rey y cartero y bachiller y donjuán y amante celoso y estrangulador de prostitutas y alcalde de Zalamea y muchas cosas más" (p. 139)
Floro, Blasco, el Polaco, Andrea y Gortari, inmersos en su propia realidad, urden la defensa de Königsberg, asediada por el Ejército Rojo.
Gortari asume la identidad del soldado Ernst Tiburzy, mientras que Floro hace lo propio con la del general Otto Lasch, ambos a las órdenes del Führer.
Se acerca el fin de la guerra, mas la evocación de las niñas muertas, víctimas de esta u otras batallas, nunca cesa...
Toscana traslada de norte a norte la guerra, con sus delirios, sus absurdos, sus fantasmas. Un entrañable derroche de imaginación hace las veces de cosmos en medio del caos.
Elena Méndez
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David Toscana,
Los puentes de Königsberg,
Alfaguara,
México, 2009,
242 pp.

quinta-feira, outubro 08, 2009

PARTEAGUAS GEOMÉTRICO, AMOROSO


"Este amoroso tormento: La insensata geometría del amor, de Susana Guzner", en Parteaguas, Otoño 2009, año 5, no. 18, pp. 78-79.
Revista del Instituto Cultural de Aguascalientes.

terça-feira, outubro 06, 2009

JUSTICIA POR PROPIA MANO: FEMENINO CRIMINAL, DE JOSU ITURBE



Todos los días reviso las noticias en Internet, y se me revuelve el estómago al leer titulares como éste: “Un hombre mata a su pareja embarazada en Barcelona, pero logran salvar al bebé”.
Uno pensaría que ya no deben pasar cosas como ésta, que estamos en pleno siglo XXI, que la violencia doméstica es inadmisible y debe ser duramente castigada.
Sin embargo, la realidad es otra. Muchas veces las víctimas callan, justifican al agresor e incluso llegan a pensar que se merecen ese destino.
Otras veces, hartas de su situación, deciden tomarse justicia por propia mano, a sabiendas de que el castigo para el verdugo (si lo hubiera), será ínfimo y ellas tildadas de provocar el maltrato.
Femenino criminal, de Josu Iturbe (Bilbao, 1964), muestra las historias de 8 mujeres que decidieron pasar de víctimas a victimarias.
Exento de una visión simplista, narra sus motivos y el cómo decidieron vengar su infamia, ya sea materializando ellas el crimen o a través de un tercero.
El volumen abre con “Querida Marlén”, cuento narrado a dos voces: la del policía enamorado de Marlén, una prostituta sudamericana cuyo pueblo ha sido devastado por los militares, abandonada por su padre, y una en tercera persona gramatical. La chica enloquecerá tras atender a su padre, que descubre su identidad ya muy tarde.
En “Gloria, Gloria… ¡Aleluya!”, la protagonista, Gloria, es un ama de casa cuya autoestima es casi nula, debido a las humillaciones y golpes propinados por su marido, a quien deberá eliminar del modo más insospechado.
“Laura, Laurita”, acaso uno de los mejores relatos, cuenta las peripecias que una joven madre soltera, pasa para sobresalir en el periodismo. Ella se encuentra preparando un libro sobre mujeres criminales y se entrevista con doña Justa, asesina a sueldo, a quien ha de requerir tras el abuso sexual a su pequeño hijo.
“Ana y el señor V.P.H.”, aborda la vida de otra ama de casa, cuyo marido la infecta de papiloma, como si no fuera ya bastante nefasta su relación. Él no imaginará cómo ella ha de cobrarse tal ignominia.
“Elena sin Hache” será culpable de la desconexión de su padre canceroso, a quien guarda un inmenso rencor, pese a nunca haber sido sobajada por él. Ella guarda en secreto su homosexualidad, que no termina de asumir.
En “Las dos Dolores”, Dolores madre paga una condena por el asesinato de su esposo, a quien en realidad mató el hijo menor. Dolores hija se vengará de su hermano, que ha ocasionado la desgracia familiar.
“Fermina, doméstica” es una bella sirvienta, amante de su patrón, que detesta a su mujer y a sus hijos, por haber tornado el hogar un calvario. Fermina, solícita como siempre, le ayudará a deshacerse de ellos.
“Susi”, es el último relato, por demás impactante. Jorge, exitoso poeta que recientemente ha enviudado, añora a Susana, amor juvenil, con quien buscará reencontrarse, ignorando la tragedia que él mismo causó tras abandonarla y que recibirá, después de tantos años, su merecido castigo…
Iturbe nos hace encariñarnos con estas mujeres criminales, desesperadas ante una existencia miserable. Les da un rostro a través de las ilustraciones que él mismo ha hecho y que nos las vuelven todavía más cercanas; que tornan vívido ese dolor que las llevó a tomarse justicia por propia mano.

Elena Méndez

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Josu Iturbe (textos e ilustraciones),
Femenino criminal,
Suma de Letras,
México, 2009,
164 pp.

http://www.revistaespiral.org/espiral_25/literatura_elenados.htm

DE LA MUERTE COMO PRINCIPIO: LA VIDA INTERIOR. EL DESPERTAR DEL INCONSCIENTE, DE GINETTE PARIS


Muerte. Una palabra que suele atemorizarnos, particularmente en Occidente, donde le otorgamos el valor de un final y no de un inicio.
Ginette Paris, en su libro La vida interior. El despertar del inconsciente, propone la activación del principio de muerte para encontrar una nueva identidad.
El principio o instinto de muerte, según Freud, tiene por objeto "destruir unidades orgánicas volviéndolas a su anterior estado inorgánico, con la tendencia destructivo-masoquista dirigida hacia fuera, y tomando la forma de agresión".
La autora es una destacada psicoterapeuta arquetípica, terapeuta y escritora franco canadiense. Ella comparte en esta obra dos grandes pérdidas que debió experimentar: la ruptura de su matrimonio y una hemorragia cerebral masiva que la mantuvo en terapia intensiva durante casi un año.
Situaciones que la enfrentaron no sólo a un ego mancillado y a temer por su integridad física, sino que la hicieron cuestionarse todo cuanto creía saber acerca de su profesión e, incluso, comprender la necesidad del dolor.
Ese dolor que tanto solemos empeñarnos en evitar y que, sin embargo, sirve para hallar la sabiduría psicológica.
En la búsqueda de tal sabiduría influyen tres arquetipos utilizados en todas las escuelas sicológicas: el Niño Arquetípico, que implica vulnerabilidad y necesidad; la Gran Madre, toda compasión; y el Padre Arquetípico, donde reside la autoridad.
Estos arquetipos no deben identificarse forzosamente con un género determinado, aclara la autora.  Los arquetipos prevalecen a través de la existencia de cada individuo.
Así, el Niño se manifiesta cuando sentimos miedo, inseguridad; el Padre, mediante el orden que requerimos establecer y los premios y castigos según se cumpla o no con el mismo; y la Madre, al brindar consuelo, protección.
Para que el ser humano sea pleno, debe afrontar la separación que le permita independizarse gradualmente.
Una forma en que puede ayudarse a los pequeños a madurar es hablarles como lo haría un filósofo: mostrándoles cómo asumir responsabilidades. Ello contribuirá, además, a fortalecer su instinto de vida.
Se hace hincapié en que no existe una identidad ‘normal’. Por ende, tampoco existe una familia ‘normal’, ese microcosmos donde nos desarrollamos y enfrentamos los primeros conflictos de nuestra vida.
La verbalización de dichos conflictos mediante la terapia no contribuye a la intimidad; ésta se da en lo cotidiano y muchas veces sin expresarse de forma oral.
La autora reflexiona acerca de la habitual mitificación de la psicología profunda (o de cualquier disciplina o creencia) a la cual se le adjudica un poder redentor; una tendencia de la que ni siquiera los intelectuales más liberales están exentos.
La terapia en psicología profunda otorga gran relevancia a las historias que uno se cuenta a sí mismo y la manera en que pueda expresar éstas para superar la ansiedad y depresión, dos enfermedades que alcanzan actualmente proporciones pandémicas.
Éstas no requerirían de fármacos si las personas lograran enriquecer su imaginación; lidiar con sus miedos, nombrándolos y relativizándolos; y ampliar su capacidad de sentir alegría.
Maneras en que se reconciliarían la muerte que cierra ciclos (muchas veces dañinos); y la vida, llena de pequeñas felicidades cotidianas. 
Elena Méndez
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Ginette Paris,
La vida interior. El despertar
del inconsciente
(título original:
Wisdom of the Psyche. Depth
Psychology after Neuroscience
),
Traducción: Gustavo Beck Urriolagoitia,
Col. Pensamiento,
Editorial Taurus,
2009, 376 pp.