quinta-feira, janeiro 15, 2009

LA AGRIDULCE CUBANÍA: ¡POR CULPA DE CANDELA!, DE TERESA DOVALPAGE

Cuba. Un país en perenne ebullición. Guerra tras guerra para defender su Independencia, ya contra España, ya contra Estados Unidos. El Imperio, diría el Barbudo. Ese Imperio tan anhelado por muchos de los cubanos, sobre todo tras el Periodo Especial, donde los balseritos huían de su patria, dadas las enormes carencias que en ella sufrían.
Teresa Dovalpage (La Habana, 1966), en su primer libro de cuentos, ¡Por culpa de Candela!, aborda, jocosa y exenta de piedad, la agridulce cubanía, sobre todo aquella que se vale de artimañas picarescas para emigrar, o al menos, sobrevivir en la Isla.
En el relato que da nombre al libro, un par de amigas radicadas en Estados Unidos, preocupadas por Odalys, quien aún permanece allí, se convierten en timadoras para así ahorrar y traérsela, para lo cual solicitan ayuda del novio de la protagonista, Scott, arreglando un matrimonio que le permita a la chica obtener la Green Card norteamericana. Sin embargo, algo se les escapa de las manos…
En "¿Corruptora de menores, yo?", se satiriza la doble moral estadounidense, que condena el aparente estupro de una anciana jacarandosa con su nietastro, tras el arribo ilegal de la dama a territorio yanqui.
"Cubanoteca" trata de María Caridad, una joven zapoteca adoptada por un matrimonio cubano radicado en Estados Unidos, lo cual le crea un conflicto de identidad, que la lleva a buscar a su madre a Morelia, sin prever los ultrajes migratorios que sufrirá en Tijuana, ya de regreso.
Dovalpage parodia el género denominado chica lit (hoy en boga) en "Literatura femenina", donde tres amigas se reúnen en un café para desahogarse de las cubanadas propias y ajenas: la del Zángano, pareja de la protagonista, y la de Yalexia, tan similar al mantenido.
"Si a tu ventana llega una paloma" narra a tres voces una tragedia suscitada entre Pedro Luis, un comuñángara renegado, una cándida habanera a quien dejó preñada y la niñita que ambos procrearon, ansiosa por conocerlo. Ésta convence a su madre para viajar desde Miami e ir a buscarlo.
"Visa poética para Chihuahua" refiere la ilusión de la poeta Yadira Martínez por conocer dicho estado del norte mexicano; ilusión que se topará con la burocracia infame.
Erny -personaje de Posesas de la Habana, segunda novela de Dovalpage- en "Vainilla y mantecado: reflexiones heréticas ante una foto de Lezama", escribe una carta al rotundo autor de Paradiso, con quien se identifica por ser homosexual, aunque reconoce carecer del talento de éste, que tanto le haría falta para ganar un concurso literario barcelonés.
Acaso uno de los mejores relatos sea "Con Elena en la corte", donde Dovalpage homenajea a la extinta escritora mexicana Elena Garro, cuya obra estudia una juarense radicada en Albuquerque, acusada de asesinar a Fernando, el Cuban, macho briago y golpeador.
"De cómo el espíritu de mi tía-tatarabuela se fue de Nueva York", posee tintes de realismo mágico. Una familia compuesta por una madre sojuzgada (Doña Lolita), un padre con ínfulas de Napoleón (Pedro, Señor Padre), una chiquilla que vuela en sueños (Ángeles) y su hermana (Caridad María), amante de un mulato caballerizo, que huyen de Cuba a fines del siglo XIX para establecerse en Nueva York, a causa de la Guerra de Independencia.
"Del primer objeto de su lujuria" plantea el precoz despertar sexual de Teófilo, ante la complicidad de su abuelo, el lúbrico Pipón.
"La tarde del primer día” nos trae nuevamente a Teófilo e introduce a Maricari (protagonistas de Muerte de un murciano en La Habana), infantes víctimas del bullying desde su ingreso a la primaria, donde pagan la novatada en medio de su consagración como pioneros.
“Adiós, San Anastasio” revela las desesperadas tentativas de Maricari y familia para dejar su cuchitril y mudarse a otro vecindario, donde quizá lo único bueno sea tener lejos a Pipón.
"El tiempo hacia atrás", resulta conmovedor. Dos secundarianas, Katiuska y Ana Masiel, deberán separarse por la inminente partida de la última, que habrá de convertirse en marielita, no sin antes ser humillada por sus condiscípulos, coaccionados para ello. Katiuska, pese a sentirse traicionada, tendrá un gesto de lealtad hacia su socia.

El volumen cierra con "La virgen se llama Juana", donde tres ancianas esperpénticas dan posada a un joven extranjero, quien pretende robarlas, sin imaginar su futuro infausto.
La agridulce cubanía en ¡Por culpa de Candela! , más allá del guaguancó, la cachondez irremediable y la ubicua Revolución –ya tan desgastada tras 50 años de haber irrumpido- sería, según la autora: “la soledad disfrazada tras la risotada burlona”.

Elena Méndez
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Teresa Dovalpage,
¡Por culpa de Candela!,
Floricanto Press,
Mountain View,
139 pp.

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