quinta-feira, junho 26, 2008

LA BACHILLER

Mi hermanita Ivana Cristina se graduó hoy del Cetis 107 con 10 absoluto.

FOTO: Carlos Méndez


quarta-feira, junho 25, 2008

LA CITAN EN UN LIBRO

Estudios Lingüísticos y Literarios del Noroeste, Volumen II, Estudios Literarios, Coordinado por Everardo Mendoza Guerrero, Maritza López Berríos e Ilda Elizabeth Moreno Rojas, Primera edición, mayo de 2008, H. Ayuntamiento de Culiacán/Instituto Municipal de Cultura-Dirección de Investigación y Fomento de Cultura Regional (DIFOCUR)-Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS), 188 pp., dentro del siguiente ensayo:

LA NARRATIVA FEMENINA EN SINALOA

Compartido con Liz Moreno
maestra y guía


Trata este libro sobre narrativa sinaloense, y al hacer un rápido repaso pensamos en Ramón Rubín, Élmer Mendoza, César López Cuadras y varios nombres más de nuestros hombres de letras de ayer y hoy; por supuesto, pensamos en Inés Arredondo y... algunas poetas vienen a nuestra mente; entonces nos preguntamos ¿y las narradoras? ¿Hay narradoras en las letras sinaloenses? Es indudable que después de casi veinte años de desaparecida, Inés Arredondo sigue siendo el caso más conspicuo de las letras femeninas en Sinaloa; la única mujer que ha alcanzado reconocimiento nacional e internacional; sin embargo, sí hay otras narradoras en Sinaloa aunque aún no han conseguido el reconocimiento de un Élmer Mendoza, un César López Cuadras o un Juan José Rodríguez.

Con todo, esta situación no es exclusiva de nuestro estado, ya que en nuestro país se repite este hecho en que la historia literaria registra que una sola escritora encarna la representatividad de las letras femeninas en su región y así, lo que Inés representa para Sinaloa, Rosario Castellanos lo sería para Chiapas, Amparo Dávila para Zacatecas, Elena Garro para Puebla, Nellie Campobello para Durango y Josefina Vicens para Tabasco, por mencionar sólo a las más notables y con reconocimiento nacional. Estas grandes artistas, sin embargo, tuvieron que emigrar a la capital para obtener ese reconocimiento nacional, aun cuando su obra siga remitiendo a lo local o trate temas de su infancia y el terruño. Fenómeno explicable, si consideramos el centralismo político y cultural del país.

Aunque no tengan el reconocimiento de Inés Arredondo y cuantitativamente sean menos, las voces femeninas han sido parte de la historia de la literatura sinaloense, tal como lo corroboran los textos publicados en la prensa de finales del siglo XIX y principios del XX. Esta presencia fue haciéndose más evidente a partir de los cuarenta, como señala Leo Mendoza:
Las décadas de los treinta y los cuarenta, que marcan el repunte económico de la capital del estado, permiten escuchar con mayor claridad y fuerza las voces femeninas, mismas que en los últimos años han dado muestras de gran madurez y de una recuperación de temas que parecen comunes a su sensibilidad, aquellos que indagan sobre su condición, que se preguntan sobre el amor, la soledad, el desamparo y el abandono. 1

En los últimos años ha crecido la presencia de la mujer en la narrativa sinaloense, ésta se ve en diversas antologías o publicaciones propias. Ha sido un proceso lento debido a un fenómeno que, si bien es semejante en todo el país, no es por ello menos preocupante: la falta de difusión editorial para las narradoras en Sinaloa. Quizás por ser “tradición” el que ellas se dediquen a la poesía, las mujeres que escriben narrativa no han despuntado en la publicación de su obra o en la difusión de la misma. Agreguemos a este factor el hecho de que gran parte de esta literatura se ha publicado en editoriales regionales, suplementos culturales y revistas de poco tiraje o menor circulación, incluso en publicaciones salidas del propio bolsillo de las escritoras, lo cual las convierte en material difícil de localizar y recopilar.

De las antologías publicadas y revisadas para este trabajo localizamos en Prosistas sinaloenses (1957), de Ernesto Higuera, los cuentos de tres narradoras; en Ocho voces en la sala de juegos, encontramos a tres narradoras junto a tres narradores (es curioso, sin embargo, que en el renglón de poesía de este taller sólo hay mujeres); en La bella época de la literatura sinaloense (2000), sólo dos de los dieciséis escritores de prosa compendiados son mujeres; en Sinaloa, lengua de tierra (1995) se registra una novelista entre un total de ocho y dos cuentistas (Arredondo incluida) en un grupo de dieciséis; de veintiséis autores consignados en la Antología del cuento sinaloense (1993) de Rodelo, cuatro son mujeres (nuevamente, una de ellas es Arredondo).

Encontramos, también, dos libros dedicados exclusivamente a la obra de mujeres: Entre amapas (2000), una edición de la SNTE que reconoce el esfuerzo de siete mujeres sinaloenses en distintas ramas del arte, entre las cuales figuran dos narradoras; así como Ocho escritoras sinaloenses y notas mínimas de literatura (1997) que, al igual que el anterior, también presenta a escritoras que lo mismo crean poemas, cuentos o “retratos”.

Aunado al problema de la difusión editorial, nos enfrentamos al hecho de que los textos de la narrativa de mujeres no han merecido un estudio detallado de sus obras, fuera de dos o tres escritoras, ni siquiera han sido reseñadas por la crítica literaria local. Sin embargo, como dice Adalberto García Santana de las narradoras antologadas por Higuera, éstas “reclaman un estudio detenido que valore su aportación a la república literaria de la cual participaban en su lamentable calidad de inmensa minoría”. 2

Consciente de esta necesidad de rescate, pero también de las dificultades a las que nos enfrentamos, en este trabajo nos abocaremos solamente a ofrecer una descripción de la narrativa que se pudo localizar; será ésta una primera visión muy general de los cuentos y novelas observando qué se ha escrito, cuáles son los tópicos más usuales, cómo representan a sus personajes y si el espacio descrito es una prolongación o representación de la región. Examinando los tópicos que predominan en este corpus, quizás podamos encontrar si no una escuela, al menos ciertas tendencias en las historias y sus estrategias discursivas.

Es necesario aclarar que hemos considerado como narrativa sinaloense a aquella producción de escritoras que nacieron y vivieron aquí o que si se alejaron del estado por algún tiempo, de cualquier modo, el “solar de la infancia” se percibe en sus escritos de diversas formas. Aunque también, hemos incluido a aquellas que no siendo nativas del estado, vivieron y publicaron en Sinaloa, en esto hemos seguido a Jaime Labastida, quien en su conformación del canon sinaloense justifica la inclusión de escritores no nativos señalando que: “puesto que escribieron en el estado o sobre él, hemos de ver como sinaloenses...”. 3
Para revisar esta narrativa escrita por mujeres en Sinaloa, hemos hecho una división en tres grandes apartados cronológicos atendiendo al devenir histórico cultural del estado que va permitiendo más la incursión de narradoras en la actividad literaria. El primer periodo abarca desde inicios del siglo XX hasta la aparición de los primeros textos de Inés Arredondo. El segundo, lo localizamos a partir de los setenta cuando distintas instituciones se preocupan por apoyar la labor de escritores locales a través de talleres y concursos literarios. El último periodo tendrá apenas unos cuatro años y está demarcado principalmente por la aparición de publicaciones surgidas de las talleristas de Élmer Mendoza.
No hemos trabajado aquí a Inés Arredondo porque es objeto de otro ensayo de este mismo libro y, como veremos en el análisis de los textos, no ha causado impronta en las narradoras sinaloenses.
Las precursoras
Como dijimos, la primera etapa se da en las postrimerías del siglo XIX e inicios del XX, periodo predominante de poetas, aunque sin total reconocimiento (incluso, en el recuento bibliográfico de escritores de narrativa del siglo xix, compendiado por Francisco Gómez Flores, no se menciona ninguna mujer); 4 sin embargo, entre las precursoras de la narrativa sinaloense podemos mencionar a Teresa Villa y Cecilia Zadí, 5 Verna Carleton de Millán, Emma Zazueta Bátiz y Teresa Millán, 6 Margarita Ramírez de González y Delia Villarreal. 7 Agregaremos a esta relación a Amalia Millán.
Los relatos de Villa parecen sacados de pleno periodo clásico, con sus invocaciones a Febo y Véspero mientras “el cielo ostentaba su diáfano y purísimo color azul y allá en lontananza destacábase un piélago de nubes rojas y plomizas (...) las pardas golondrinas revoloteaban silenciosas en el espacio y (...) la luz crepuscular desfallecía ante nuestra vista”, 8 todo enmarcando una de las riberas encantadoras del Humaya en un cuento que más parece un fragmento de novela del romanticismo. Si tomamos en cuenta que son obras fechadas en 1898, podemos ubicar el estilo en que se narra.
De Zadí, por otra parte, se conserva un relato titulado “La mujer egoísta y avara”. No le llamamos cuento pues más bien es una sentencia moralina con la consiguiente lección que acompaña a textos de ese género.
Carleton, francesa de origen, pero casada con un sinaloense, motivada por su suegro decidió seguir escribiendo en su nuevo idioma al llegar a México. En su libro de Cuentos destaca “La mujer que quiso ser infiel”, un relato donde una culta y bella mujer, aparentemente muy inteligente, demuestra que no lo es tanto al seguir las reglas que la sociedad y su dominante y chantajista madre le imponen. Sus cuentos transcurren en la ciudad de México o en distintos sitios de provincia, y los personajes presentan el contraste entre los estudiados y pudientes frente al pueblo humilde.
En la obra de Zazueta Bátiz, Tinieblas y luz, se relatan las correrías de un par de amigos por el viejo Culiacán, con la descripción de la ciudad y los personajes que la habitan: pintorescos estereotipos de la primera mitad del siglo XX (el pícaro, la rica, la maestra, el quijote, el tonto y la madre abnegada).
Los cuentos de Teresa Millán son de los pocos que Higuera analiza en su antología; éste la equipara con Horacio Quiroga en virtud de la violencia que encuentra en su lectura: “cultiva esa afición a la violencia llevada tal vez por sus aficiones a la criminología infantil y de la adolescencia, en cuyas disciplinas se doctoró a su paso por las aulas de la Universidad Autónoma de México”.9 Sus cuentos “El cuate” y “¡Adiós, doña Perfecta!” revelan las máscaras de cada persona, así como el descubrimiento de la percepción del yo para el individuo y para el otro.
Ramírez de González conquistó el cetro de los primeros Juegos Florales de Guasave con su cuento “Un hallazgo sinaloense en Viena”, emotivo relato en el que unos sinaloenses que pasean por Austria en la década de los treinta conocen a una anciana que les relata una historia de amor, amor a la nación, a la amistad, al recuerdo de una pasión.
“Puntos de vista”, de Villarreal, es un reflejo de las distintas formas de ver una presencia, según la realidad personal de cada quién.
La otra Millán, Amalia, es reconocida por su trayectoria en la crónica y el rescate de las tradiciones indígenas; sin embargo, su cuento “La paloma muerta”, junto con el resto de sus ensayos, muestra de su habilidad y creatividad narrativa que la hacen figurar entre las sinaloenses destacadas. Este cuento relata la búsqueda de Tetabiate por encontrar el remedio para que su madre se alivie. Aun con ser ficción, Millán no deja de recurrir a las costumbres regionales y retrata la historia de un joven yaqui danzante de pascola y las creencias de su pueblo; en especial, en este caso, de sus ritos funerarios.
En la segunda mitad del siglo XX aparece en el escenario literario la figura de Inés Arredondo, una narradora que rompió esquemas y trascendió el obstáculo que entonces representaba la escritura para cualquier mujer. La obra de Inés es, actualmente, una de las más estudiadas en la literatura mexicana (no sólo de Sinaloa) y una autora que, contrario a muchas otras, el valor de su figura y obra se agiganta con el paso de los años. Inés, escribe Roberto Vallarino, “crea una obra única en la tradición cuentística de nuestro siglo y, acéptese o no, es una de las autoras más significativas y auténticas de los últimos años”. 10
Los talleres literarios
Después del parteaguas que la obra de Inés significó para las letras femeninas, en el estado se dio un fenómeno que contribuyó al auge de las narradoras y, más importante para su difusión, a la publicación y circulación de su obra: los concursos y talleres literarios.
Es a partir de los setenta cuando en el estado se inicia la formación de talleres de creación literaria; Difocur, Cobaes y la Universidad Autónoma de Sinaloa, principalmente, son las instituciones que organizan concursos de cuento, convocan a prestigiados escritores como guías en talleres de narrativa e impulsan cursos y diplomados e, incluso, nace la licenciatura de Letras Hispánicas.
Los talleres literarios promueven el quehacer literario y se convierten así en semillero de escritoras, pues las mujeres que antes sólo escribían poemas en la intimidad de su hogar, se vuelcan a las aulas para aprender estrategias narrativas de maestros venidos del centro del país y, posteriormente, de los escritores locales con reconocimiento nacional.
Así, un gran número de amas de casa, profesionistas o estudiantes de distintas carreras se unen a estos talleres y escriben cuentos que posteriormente serán publicados en la recopilación respectiva. Incluso, algunas poetas ensayan otros géneros y abordan la narrativa como una nueva forma de expresar su sentir.
Es interesante resaltar que muchas de estas nuevas cuentistas no son escritoras o mujeres de letras en sentido estricto, ellas mismas aceptan no tener una educación formal y no se dedican a la literatura como forma de vida. Así, entre las narradoras de esta generación tenemos a mujeres dedicadas a la medicina, al comercio, la contabilidad, el magisterio, el periodismo y a otras artes (plásticas y escénicas).
Por último, podemos distinguir una cuarta etapa que se configura a partir de la nueva generación de escritoras que ya pasaron por la escuela de Letras; unas, las que se sirven cada vez más de los medios electrónicos para difundir su obra y otras –en una nueva tradición impuesta por los talleres de narrativa de Élmer Mendoza–, más que cuentistas ha visto nacer entre sus alumnas un grupo de novelistas como nunca antes se había dado en el estado.
Obras publicadas
Siguiendo el orden temporal de las obras, tenemos en primer término, en la década de los ochenta, a Irene Montijo, quien vio publicado su primer cuento “Mi tía Cuca” en el suplemento cultural Ancla y Estrella del periódico El Debate de Sinaloa en 1984. Siguió con otros cuentos que conservaron la línea de los personajes y el tema abordado: un matriarcado sinaloense y la experiencia de una niña al crecer inmersa en el núcleo de las mujeres de su casa. En 1988 gana el premio literario Inés Arredondo por su cuento “El mandero”, en el que explora el enfrentamiento de un mexicano que vive en la frontera con las arraigadas creencias religiosas de su país.
De estos cuentos, Elizabeth Moreno destaca: “el rescate que hace del mundo privado y cotidiano de las mujeres pra elevarlo a la categoría de asunto literario (...) y la ruptura (consciente o no) de los estereotipos y arquetipos femeninos”. 11
Los cuentos de Montijo están recopilados en Entre dos mundos, su único libro publicado, además de la columna que por meses mantuvo en un periódico local. En la contraportada señala: “no sé si lo que escribo sirve o no, pero seguiré escribiendo para darle gusto a mi espíritu aunque le deje a mis hijos cartones llenos de papeles”.
Esta motivación es común en las narradoras de esta primera etapa, quienes no se preocupan mucho por la forma de escribir, por la trascendencia sino por contar una historia sencilla que se quede en la lectura de los ámbitos locales y familiares. Por supuesto, todo escritor “vive para escribir”, pero en el caso de ellas, quizás las satisfaga el solo hecho de expresarse y la publicación no sea prioridad en su quehacer. Esto podría explicar la falta de obra impresa.
El cuento “Piel de color luna”, de Inga Pawells, editado por la UAS en 1987 en un libro del mismo título, está incluido en casi todas las antologías sinaloenses. Este relato representa la esperanza de una mujer por alcanzar su sueño más preciado tras veinte años de doliente anhelo. Podemos suponer que transcurre en Sinaloa, aunque igual puede pertenecer a otro lugar y época. Nos remite a nostalgia por tiempos y esplendores idos. Actriz de teatro y promotora cultural, Pawells siempre ha estado ligada al arte; se confiesa lectora insaciable y le gusta escribir sobre la mujer.
Socorro (Choco) Haas cursó la licenciatura en Lengua y Letras Hispánicas de la UAS y estudió en el taller de narrativa de Difocur coordinado sucesivamente por Gonzalo Celorio, Vicente Quirarte e Ignacio Trejo Fuentes. Como resultado de este taller se publicó la antología Ocho voces en la sala de juegos, en 1991, donde se incluyen sus cuentos “El letrero” y “El recado”; dos distintas formas de observar el amor y la preocupación de un padre. El primero nos remite literalmente al conflicto del 68, es uno de los pocos textos que aborda este suceso histórico desde la perspectiva de una provincia inquieta e inocente. Haas sigue dedicada a sus clases de inglés y, aunque no cuenta con un libro propio, sus textos han sido publicados en suplementos del país y de Estados Unidos.
En esta misma antología se recogen tres cuentos de Martha Sánchez Rivas, escritora argentina que radica en México desde 1976, ella pertenece al grupo de las poetas que han incursionado en el género narrativo. “Un aliento muy largo” es el diálogo de Hilario Bautista con la silenciosa Librada, muy al estilo de la Luvina rulfiana, donde empieza hablando de la suerte de Porfirio Cué para poco a poco trasladarse al real motivo del paciente relato del narrador. “Francotirador” nos muestra el trastorno de un agente mientras vigila a la víctima que debe ultimar. “Día de muertos”, por su parte, nuevamente nos lleva al universo rulfiano de la mano de Esmeralda y su nana mientras pasean y observan a los deudos que visitan a sus muertos.
En estos cuentos es notoria la unidad en la introspección de sus personajes y en el ambiente en que éstos se desenvuelven, que igual podría ser un pueblo de Sinaloa como de algún otro estado de la república.
Otra de las escritoras “de fuera” que han hecho su literatura en Sinaloa y también participante del taller literario de Difocur, Juana Angélica Cifuentes, presenta en el Ocho voces... el cuento “Luciana”, donde un personaje cuenta las desventuras que les ocasiona vivir en la sierra y soportar las constantes invasiones de bandidos y militares por igual, todos a lo mismo: cometer atrocidades amparados por el temor de los lugareños.
Por el mismo tenor es el cuento de Cifuentes que Rodelo recoge en su Antología del cuento sinaloense 1960-1990: “Baturito”, donde un anciano cuenta a sus nietos una historia familiar en la que intervienen militares abusivos asolando pueblos serranos para buscar sembradíos de droga; más con un afán de destrucción y abuso que de protección. En ambos cuentos encontramos un narrador personaje que fue testigo y víctima de las invasiones a sus poblados y familia.
Maura Pérez Meza es una mazatleca radicada en Los Mochis que ha incursionado en distintas ramas del arte: pintura, poesía y cuento, así como en la coordinación de talleres para niños. En 1992 publicó el libro Reflexiones de un inquieto cangrejo (cuentos y poemas), cuya temática se sale de lo regional en algunos relatos, abordando, incluso, temas futuristas y metafísicos, muy enfocados en la otredad como una de las preocupaciones centrales.
Sin embargo, el tono, tiempo y espacio pueden parecer distintos, pero la búsqueda de los personajes es la misma, la exploración del quién soy y hacia dónde voy se plantea tanto en la pueblerina que describe su vida en familia en el Sinaloa de los cincuenta como en la mujer que a través del espejo encuentra a su doble en otra dimensión.
Incluimos en este recuento a Marta Castro Cohn (quien, al igual que Amalia Millán, es más conocida por sus ensayos), pues a pesar de ser cronista, sus relatos son un híbrido muy cercano a lo literario; en sus crónicas ofrece un panorama del acontecer regional y nacional en un estilo totalmente literario a través de cartas situadas en la actualidad o desde hipotéticas épocas coloniales.
Maricruz Espinoza es una sinaloense que desde joven emigró a la capital del país y dejó la odontología para dedicarse por completo a la escritura, y en el taller de narrativa de Difusión Cultural UNAM tomó cursos con Silvia Molina, Magali Martínez Gamba y Alicia Reyes. Es autora de varios libros de poemas y el libro de cuentos Una noche en blanco (1999). Su primera novela, De otra manera, es el diario de una niña del ámbito rural sinaloense que atestigua como su familia avanza a la par de una sociedad que pretende acercarse a la modernidad nacional e internacional.
De otra manera y el trío de cuentos familiares de Entre mundos conservan la similitud en el rescate que hacen de una forma de vida en los pueblos de Sinaloa; recuperan poblados y caminos, estilos arquitectónicos, expresiones lingüísticas muy regionales. En suma, abren el baúl de los recuerdos para cualquier sinaloense que se ve reflejado en su lectura. Tal parece que ellas también hubieran elegido una de sus infancias entre sus recuerdos, o busquen esa significación de la que habla Corral en la citada antología sobre Arredondo: “en un caso, la elección de una determinada infancia entre el conglomerado informe de sucesos y vivencias que constituyen cualquier vida, equivale a la búsqueda de un orden o de una verdad personal”. 12
La literatura joven en Sinaloa es un libro que recoge la obra poética, narrativa y fotográfica de menores de 30 años en el estado. En narrativa presenta “Un cuento para dormir” de Martha Judith Osuna Blancas y “Mochirijoa” de Jesús Eréndira Gil Leyva, de Culiacán y Los Mochis, respectivamente. En el cuento de Osuna Blancas, la autora revela la agonía de un niño que vela a su madre enferma mientras le relata un cuento para que duerma tranquila, mientras que Gil Leyva narra el paso de una muchacha por un misterioso poblado.
El concurso de cuento del Cobaes ha sido, junto con los talleres literarios, buen escaparate para las plumas femeninas en Sinaloa. Ernestina Yépiz recibió mención honorífica en el III concurso estatal de cuento Cobaes 1998. Ella es un caso especial pues, aunque poeta de corazón, ha incursionado por igual en el periodismo cultural y la narrativa. “El canto de los sabinos” narra, a dos voces, la estrecha relación entre un anciano y su nieta, una adolescente en pleno descubrimiento del amor y de lo azarosa que resulta la vida en el campo, entre la poesía de la naturaleza y las constantes amenazas de los gavilleros.
Este cuento conserva el mismo estilo que los relatos de Cifuentes, pero, a diferencia de aquéllos, en éste la visión de los militares es benévola, ellos aquí pertenecen al bando de los “buenos”, los que luchan contra los forajidos en la serranía.
En 1999, Armida González Piña resulta ganadora del IV concurso Cobaes con una serie de cuentos titulada Había (no sólo) una vez..., en su cuento “Transfiguraciones” el Caballero de la Triste Figura se va encontrando en sus andanzas con otros personajes de la literatura; “Visita nocturna” es la atormentada vigilia de una mujer con un molesto convidado; “Flor a flor” y “De sueño en sueño” comparten unos de personajes femeninos con perspectiva privilegiada frente a los demás, e “Imagen cotidiana” es una mujer que pretende avanzar a contratiempo; también ella es vista por los otros con extrañeza y burla.
Martha Lizette Garza es un caso entre las narradoras sinaloenses que se dedica a la escritura de cuentos para niños. Alumna de Élmer Mendoza, cursó también el taller de literatura infantil que el escritor Francisco Hinojosa impartió en Culiacán en 1999, con la consiguiente publicación de su libro Los duendes blancos, un cuento infantil editado por Difocur.
Rosa Amelia Castro, participante de los talleres literarios de Renato Prada Oropeza, David Martín de Campo y Daniel Sada, en Difocur, forma parte de la antología Entre amapas, una breve muestra de narrativa, poesía, ensayo y obra plástica de mujeres en Sinaloa. Este volumen nos ofrece “El chivo expiatorio”, el relato de un niño de diez años que durante una celebración familiar descubre una dolorosa verdad; “Noche de carnaval” es igualmente una fiesta que culmina en tremenda revelación y “La maja” es un reencuentro de amigos con una sorpresiva coincidencia.
Los cuentos de Castro tienen en común el que sus personajes sufren una especie de epifanía, el espacio en el que se desarrollan es alguna ciudad de Sinaloa o los protagonistas recuerdan a esta tierra aunque se encuentren lejos, como en el caso de los tres amigos en “La maja”.
En la VI edición del concurso de cuentos Cobaes figuran entre las finalistas los cuentos de Rosalía Izaguirre y Ruth Franco. Rosalía Izaguirre, tallerista en el Museo de Arte de Mazatlán del curso de Mario González Suárez y de Élmer Mendoza, relata en “Tic-Tac” los instantes de un hombre atrapado en la soledad de su habitación, donde la melodía de los relojes es su única compañía. Un relato donde la mente y su ofuscación son el único tiempo y espacio descifrable.
“La duquesa de los perros”, de Ruth Franco, es el recuerdo infantil de la narradora sobre su excéntrica vecina, una mujer que vivía en un mundo de ensueño y recuerdos. Franco tiene otros historias publicadas en el volumen Un retazo de cielo y otros cuentos y forma parte del recopilado Entre amapas, allí encontramos que “El profesor Lemur” repite el retrato de un ser extravagante a quien se observa como una especie en estudio por ser tan distinto a los otros, al igual que la protagonista de “El tesoro de Damiana”, una indígena que canta a las plantas y se pierde contemplando las nubes. Estos dos relatos se relacionan con la preocupación de la autora por los migrantes, a quienes, se menciona en este volumen, ha dedicado gran parte de su vida profesional en la medicina.
“La duquesa de los perros”, al igual que “Piel color de luna” comparten una visión del mundo privado de las protagonistas, que viven en una esfera de ensueño, añorando románticas épocas que quedaron en el pasado.
La casa del arrayán es el libro de cuentos de la poeta Rosy Palau, un volumen muy conceptual donde la melancolía, los recuerdos y la tranquilidad son espíritus que recorren las historias entretejiendo fantasías y ensoñaciones. Sus personajes femeninos son mujeres etéreas y soñadoras que habitan un universo muy particular, aunque no se trata de la rancia nobleza que evocan los personajes de Pawells o Franco, sino una grandeza más espiritual.
Palau tiene cuatro libros de poemas y durante seis años dirigió la hoja literaria Equus, ha recibido varios premios nacionales de poesía y es una de las pocas escritoras que sí mantiene constancia en sus publicaciones, al grado que el escritor y cronista Herberto Sinagawa plasmó en el prólogo a su libro de cuentos: “Soñamos con Inés y anhelamos que el inmenso vacío que dejó lo llene otra mujer como Rosy”.13
Élmer Mendoza, ya mencionamos, con su taller de narrativa ha puesto a sus alumnos no sólo a escribir, sino a escribir novelas; es así como de Los Once Discípulos surgen las novelistas Ruth Sánchez Morales, Zenaida Moreno y Lucero González.
Ruth Sánchez Morales es otra de las narradoras que acude a la historia de una sinaloense que hace un repaso de su infancia y la influencia que dos mujeres tuvieron en su vida; en este relato, la figura familiar son su padre y su hijo, pero continúan siendo aquéllas quienes determinan la guía que seguirá Chawa, la protagonista, para alcanzar su felicidad. Abordando conflictos como la adicción y los trastornos alimenticios, la soledad de una mujer madura y su reencuentro con el amor es el hilo principal de esta historia.
Zenaida Moreno, en Círculo de sangre, cuenta el descubrimiento de Rubén sobre su origen y el viaje que debe emprender para encontrar sus raíces. Aunque el personaje vive en Estados Unidos, la búsqueda familiar lo lleva hasta el valle de San Lorenzo, Sinaloa, donde también encontramos la anécdota de una familia sinaloense tradicional, pero distinta a las de Maricruz Espinoza e Irene Montijo, ya que si aquéllos eran pobres, pero felices y unidos, la familia de esta novela serán ricos, pero soberbios e infelices.
Rosa de Moraila es una profesora normalista con maestría en Historia cuya columna “Tradiciones de Escuinapa”, la descripción de costumbres y artesanías del sur del estado, se publicó como libro en 1998, así como el volumen El desengaño y otros cuentos. Es autora también de la novela Las trampas de la juventud, un relato que intenta describir la vida de los jóvenes sinaloenses que se van a la frontera atrapados por los sueños de gloria y riqueza.
Quizás una observación pertinente sería la “modestia” de que pecan estas mujeres al momento de enfrentarse al lector, pues al igual que otras de las narradoras reseñadas, De Moraila pide comprensión y se defiende de la crítica argumentando que ella no es una filósofa ni pretende exponer ideas extranjeras, por lo que no se le puede juzgar con los mismos parámetros que a un clásico. Posiblemente esta humildad sea la que no las deja plantarse en el papel de escritora y asumirse como tal, en vez de lo cual prefieren adelantarse a la crítica profesional alegando un estilo natural o sencillo.
Alcira Elena Méndez estudió Letras Hispánicas y es escritora de tiempo completo; pero, aunque ha publicado en revistas literarias, su trabajo ha circulado principalmente en la red, a través de su blog Letanía de la joven suicida y diversas revistas en línea. El relato “Una clase de literatura”, la narración ficcionalizada de una lección con el maestro Élmer Mendoza, se publicó en el 2004 en Textos.
Aunque prevenida de que “los cuentos no venden”, Méndez se siente más cómoda en este género: “Yo escribo cuento, no me siento capaz de escribir otro género; algún día quisiera escribir novela. Sé que para escribir cualquier género me falta vivir más, leer más (...) Mientras tanto, sigo de cuentista cuentera, publicando por amor al arte, corrigiendo incansablemente, soñando en que algún día mis cuentos me darán de comer”. 14
Aunque inició escribiendo guiones para cine y obras de teatro, Glafira Rocha, también egresada de Letras Hispánicas, ha abarcado en su escritura diversos géneros narrativos y en el 2005 vio publicado su libro Tales cuentos, juego de palabras que implica la lectura de cuentos y relatos, en los que Rocha sale del esquema tradicional con un estilo ágil, incluso vertiginoso, que explora las relaciones interpersonales y, en mayor medida, la interioridad del personaje.
La novela Defensa de lo prohibido, de Aleyda Rojo, obtuvo el premio Nacional Valladolid a las Letras 2005, y es la ingeniosa y divertida historia de hombres y mujeres que hacen la guerra soñando con el amor.
Alumna de los talleres literarios de Élmer Mendoza en Mazatlán, Rojo ha publicado además la novela Más frescas las tardes y el estudio La fotografía en la plástica de Antonio López Sáenz y Carlos Bueno. Con maestría en arte y comunicación, ha sido becaria del Foeca y reportera cultural, labor por la que recibió el premio Inés Arredondo de periodismo cultural 2001.
La más reciente de las narradoras que actualmente están publicando en Sinaloa es Mariel Iribe, cuyo cuento “El último intento” es un sabinesco relato de cómo el amor se va degradando con el tiempo y la rutina.
Egresada del área de comunicación, Mariel ha colaborado en la revista Textos con crónicas y entrevistas, además de su labor periodística en televisión y prensa. Este cuento aparece en la antología A fin de cuentos. Al igual que gran parte de sus colegas, también ella se formó en los talleres de narrativa del maestro Élmer Mendoza.
Por supuesto, incluir a todas las narradoras sinaloenses es tan improbable como inabarcable en este breve ensayo. Las aquí mencionadas cuentan con obra publicada en un libro (o plaquette) que circula en librerías o bibliotecas; faltan todas aquellas que aparecieron en revistas y suplementos culturales locales (y nacionales). Algunos textos son difícil de localizar pues fueron publicados en editoriales pequeñas, otros ni siquiera cuentan con un respaldo editorial, sino que fueron financiados por las propias autoras.
Acela Bernal, Rosa Hilda Valenzuela Rodelo, Karen Lizárraga, Manuela Rodríguez, Irma Garmendia, Ana María Garduño, Alicia Millán, Avelina Rojas, Dora Luz Orduño, Alicia Montaño, Georgina Martínez, Mely Peraza y Carmina Narro, entre otras, también han escrito narrativa. La lista es amplia y los textos dan para un análisis más profundo, quizás un estudioso tome algún día la obra de estas narradoras para un trabajo más extenso, aunque hasta el momento la mayoría han sido relegadas tanto por la crítica como por los lectores. El tiempo demostrará qué tan justa o arbitraria ha sido esa indiferencia.
Conclusión
Así, observamos que podemos catalogar esta narrativa (con todo lo reduccionista y limitante que son las categorías) en las siguientes esferas: las historias que se desarrollan en la sierra y relatan las pugnas de narcos y militares, con los consiguientes abusos para la población; los relatos biográficos enmarcados en la familia, predominantemente en un matriarcado; los relatos donde el personaje vive anclado en un pasado rememorando antiguos esplendores; y el relato que intenta salir de lo tradicional y se sumerge en la introspección, en un ritmo ágil, o en el caos posmodernista.
Es posible localizar similitud entre la mayoría de los cuentos y novelas publicados por estas autoras; por lo que, en vez de dispersión de contenido quizás sea más preciso hablar de falta de continuidad en su publicación como la razón de que no logren consolidarse y ser identificadas por el lector como parte de la narrativa representativa de SinaloaLa ausencia de estudios críticos es también un factor fundamental en el desconocimiento de esta producción literaria que merece ser estudiada porque aporta otra visión de la realidad cultural mexicana.
Notas al pie:
1 Leo Eduardo Mendoza, Sinaloa, lengua de tierra, p. 39
2 Memoria del Servicio Social de García Santana, , pág. 11
3 Jaime Labastida Ochoa, En busca del canon perdido, p. 24.
4 Francisco Gómez Flores, “Bibliografía sinaloense” en Narraciones y caprichos: apuntamientos de un viandante, Culiacán, 1891, pp. 104-120.
5 Incluidas entre las prosistas de La bella época de la literatura sinaloense, editada por Marta Bonilla, con relatos que datan del año 1898.
6 Descritas por Jesús Manuel Rodelo como escritoras “inusuales y con calidad” en su libro Antología del cuento sinaloense, 1960-1990.
7 Ernesto Higuera, en su Antología sinaloense, recopila cuentos de estas narradoras.
8 Bonilla, La bella época de la literatura sinaloense, p. 84.
9 Ernesto Higuera, op cit., tomo II, pág. 46.
10 Citado por Rose Corral en “Inés Arredondo, la dialéctica de lo sagrado”, en Inés Arredondo, pág. ix.
11 Irene Montijo, Entre dos mundos, pp. 5-6.
12 Corral, op. cit., p. x
13 Rosy Palau, La casa del arrayán, p. 7.
Bibliografía
Ayala Castro, Dora Josefina (1997): Ocho escritoras sinaloenses y notas mínimas de literatura, México, UAS.
AV (1991): Ocho voces en la sala de juegos, México, Difocur.
AV (2000): Entre amapas, Culiacán, SNTE.
AV (2007): A fin de cuentos. Antología, México, H. Ayuntamiento de Culiacán.
Bonilla Zazueta, Marta Lilia (comp.) (2000): La bella época de la literatura sinaloense.
Cabrera, Jorge René (1998): El tercer alfiler, III Concurso estatal de cuento Cobaes 1998, homenaje a Inés Arredondo, Culiacán, Cobaes.
Castro Cohn, Marta (2002): Epistolario, Culiacán, Colección Dixit, La Crónica de Culiacán.
Carleton de Millán, Verna (1994): Cuentos, Culiacán, Cobaes.
Corral, Rose (1988): “Inés Arredondo, la dialéctica de lo sagrado”, en Inés Arredondo, obras completas, Siglo XXI editores-Difocur.
Espinosa, Maricruz (1994): De otra manera, México, Ediciones Cofunda.
García Santana, Adalberto, Memoria del Servicio Social, Licenciatura en Periodismo, UAS, octubre de 2007.
González Piña, Armida (1999): Había (no sólo) una vez..., IV Concurso estatal de cuento Cobaes 1999, homenaje a Inés Arredondo, Culiacán, Cobaes.
Higuera, Ernesto (1957): Antología de prosistas sinaloenses, tomo II, Gobierno del Estado de Sinaloa.La literatura joven en Sinaloa (1995): Sedesol, programa jóvenes en solidaridad.
Millán, Amalia (2004): El tambor sagrado y otros textos, Culiacán, Archivo Histórico General del Estado de Sinaloa.
Méndez Silva, Alcira Elena (2004): “Una clase de literatura” en Textos, revista del Suntuas Académicos, Núm. 14 abril/junio, Culiacán, Sinaloa.
Mendoza, Leo Eduardo (prólogo, selección y notas) (1995): Sinaloa, lengua de tierra [Crónica, ensayo, narrativa, poesía y teatro (1539-1992)], México, Conaculta.
Montijo, Inés (1992): Entre dos mundos, México, UAS.
Moraila, Rosa de (2004): Las trampas de la juventud, Culiacán, Rosa de Moraila y Archivo Histórico General del Estado de Sinaloa.
Moreno, Zenaida (2005): Círculo de sangre, Culiacán, H. Ayuntamiento de Culiacán.
Paláu, Rosy (2003): La casa del arrayán, México, El Colegio de Sinaloa.
Pérez Meza, Maura (1992): Reflexiones de un inquieto cangrejo (cuentos y poemas), México, Difocur.
Rocha, Glafira (2005): Tales cuentos, México, H. Ayuntamiento de Culiacán.
Rodelo, Jesús Manuel (1993): Antología del cuento sinaloense 1960-1990, México, Cobaes.
Rodríguez, Juan José (2001): Masai Paris, VI Concurso estatal de cuento Cobaes 2001, homenaje a Clemente Vizcarra, Cobaes, Culiacán.
Rojo, Aleyda (2006): Defensa de lo prohibido, México, Ediciones Horson, Difocur.
Sánchez Morales, Ruth (2004): Los secretos del rostro, México, Difocur.


Adriana Velderráin Carreón


____

http://lunaimaginaria.blogspot.com/2008/06/plumas-femeninas-en-cuento-y-novela.html

segunda-feira, junho 23, 2008

¿CORRUPTORA DE MENORES, YO?

A la memoria de mi abuela, que habría disfrutado este cuento

Dices que tu marido quiere que me vaya. Pues me voy, chica. Me voy ahora mismo. Regreso a Cuba en el primer avión que salga para allá. Total, de mejores lugares me han botado y luego me han pedido que regrese. De rodillas me lo han pedido, para que sepas. Ah. Ahora, no creas que me voy a largar muy calladita. No, señor. Yo me iré, pero a mí hay que oírme antes y mi lengua tiene más de tres cuadras de largo, eh. Porque eso de que me vengan a acusar de vieja dama indigna es una calumnia y no tengo por qué aguantarla. Por mis ovarios te lo juro, que a mí me van a oír en la mismísima Casa Blanca, vaya. No te confundas. El hecho de que me llamen vieja puta me vale. Sí, me vale madres, como dicen en México. Lo que me molesta no es la palabra, es la acción. ¿Tú crees que no es para molestarse que me vengan a decir: pues te tienes que ir ahora mismo a tu país, o te metemos en la cárcel por corruptora de menores? Y todo por tratar de hacer un favor. Si llego a saber esto no me muevo de Cuba. O me quedo en Morelia, que la gente me adora por allá. Yo ya había viajado cuanto tenía que viajar y recorrido medio mundo. Desde que en los años cincuenta me fui a España y casi vuelvo a poner de moda la zarzuela con aquello de
Al marido después de la boda
Nada, nada se debe negar
Pues con él en la casa entra toda
Entra toda su autoridad.
¿Que no conoces esa música? Parece mentira que seas hija mía, carajo, y que te hayas criado en medio de la farándula habanera. Es de la zarzuela La corte de faraón. Si no hubieras estado en la luna, comiendo mierda, como siempre, te acordarías porque mira que la he cantado veces cuando tú eras chiquita. Pero a ti siempre te ha importado un pito lo que yo hago. Hija como tú, ni que la hubiera parido por las narices. Y digo las narices por no decir algo peor. ¿Pero cómo, a ver, cómo tu marido me va a acusar ahora de pervertir a Joe? No me quedaba que oír. Lo único que hice fue ayudar al desgraciao chiquillo a encontrar su camino al centro de la tierra. A conocer la verdad de la vida, no fueran a salirle plumas. Y en lugar de agradecérmelo, me... ¿Eh? ¿Qué una social worker está ahí para hablar conmigo? Pues que pase. Ni que me fuera a comer. Yo estoy muy cujeá pa tenerle miedo a nadie. Que pase y bien. Buenas tardes. ¿Usted es la trabajadora social que está atendiendo el caso de Joe? No, de mi nieto no. ¿Cuántas veces lo tengo que repetir? Ese muchacho es el hijo del marido de mi hija, nacido en Iowa y criado en Chicago. Y yo acabo de llegar a este país, prácticamente, y le vi la cara por primera vez hace dos meses. Así que de grandma, nananina. Sí, soy cubana. Del barrio Cayo Hueso, en Centro Habana. ¿Qué? No, no, a mí no me enrede en política. Al de la barba déjenlo en el Comité Central. Si está vivo o si ya estiró la pata, allá él y su alma. Yo no sé nada de eso ni me importa. Por mí, que lo entierren mañana mismo. Yo soy de la opinión de la difunta Celia Cruz, que está en el cielo cantándoles salsa a los ángeles. ¿Usted no sabe lo que dijo la que gritaba azúcaaa? Que donde entraba la política por la puerta, el arte se iba por la ventana. Y yo soy una artista, no una politiquera. ¿Feminista? Desmaye eso... ¿Qué feminismo ni qué ocho cuartos? A ver, ¿el feminismo es lo que se traen las mujeres en este país, mi hija por ejemplo? Se pasa el día trabajando la muy pendeja. Se levanta a las cinco y media de la mañana, se zumba para la oficina y regresa ya oscurecido. Oiga, que ni sol hay en este Chicago a las seis de la tarde. ¡Caballeros, lo que es salir de la casa y regresar a la casa y no ver ni un salao rayito de luz en todo el trayecto! Le zumba el merequetén. Luego se pone a cocinar. Porque el manganzón del marido se las de liberal y de que we all have the same rights pero dígame usted qué hace él por la patria. Ni hostia. Mete las cucharas en el lavaplatos y se cree que hay que ponerle una medalla de trabajador vanguardia. Y luego escacha el culo delante de la tele y no hay quien lo levante.Mientras, mi hija es la que se manda el cocinao, y el arreglo de la casa y el repasarles la lección a los muchachos. ¿Eso es triunfo del feminismo? No, mi amor, eso es mucho achantamiento de los hombres, que son unos aprovechados, y mucha comemierdería de las mujeres, que se dejan coger de bobas.En mi tiempo las mujeres atendían la casa y no tenían que andar lidiando con pesadeces de los jefes. O de las jefas, que también son de anjá. Se tomaban una tarde para ir de compras con toda calma y andaban de mejor humor. Ahora se han buscado jornada doble: en la casa y en el trabajo. No digo yo si tienen que estar tomando pastillitas para dormir, el valium que le llaman. No digo yo. Y los muchachos más malcriados no pueden ser. Se lo pasan berreando el día entero. Hasta que se sientan delante del televisor como el padre. ¡Pláfata! Eso es otra cosa: la tele prendida desde que llegan de la calle. Estos chiquillos se van a volver idiotas, hipnotizados por horas delante de una pantalla. Por eso cuando crecen tienen problemas con el aparatico, como el stepson de mi hija. (El aparatito de abajo, no el de la tele.) Porque no salen ni media hora a un parque. No juegan, ni corren ni toman sol. Lo único que mueven es el dedito este, mira, pa cambiar el selector de canales. Fu.Vamos al grano, sí. Como las gallinas. A ver, ¿qué me quería decir usted? Claro que Joe no me acusa. Noticia fresca. ¿De qué me va a acusar? ¿De meterme en su cama y bajarle los pantalones? Ni que fuera el casto José. ¿Usted no ha oído la entrada de José en La corte de faraón? Pues dice así:
Yo tocaba la flauta
y el caramillo
y a mi lado triscaban
los cabritillos
No pensaba en amores
por ser pecado
y además porque estaba
muy ocupado
en que no se me fuera
ni un corderito
y no se me perdiera
el pobrecito.
Está bien, dejo el canto. Pero sí le voy a contar cómo empezó todo. Para que no me llame a mí pervertida ni lo ponga a él de casto José. Lo que yo hice fue tratar de ayudar a Joe. Lend him a hand como dicen aquí. Más que una mano, claro. Lend him mi chocha, ésta, la peludita, que buena falta que le hacía. Hace dos meses yo estaba muy tranquila en mi apartamento de Centro Habana. Avenida Carlos III entre Espada y San Francisco. Al lado del hospital de Emergencias, por más señas. Ahí tiene su casa. Y no estaba comiéndome un cable como los viejitos del Buena Vista Social Club cuando los descubrió Ry Cooder, ni limpiando zapatos ni nada de eso.Es que yo tengo fe, ¿comprende? No, nada de religión. En Cuba eso quiere decir familia en el exterior. Alguien que le mande a uno dólares, porque sin ellos La Habana se te vuelve un páramo peor que el de Pedro, vaya. Con lo que mi hija me mandaba yo hacía la lucha. Vendía la pacotilla de K-Mart que ella me enviaba por Cubapacks. Gracias a mis negocios y a los dólares que también me hacía llegar de cuando en cuando me compraba mi café (café-café, de pilón, no la mierda que dan por la libreta allá ni el café aguado americano, que es otra porquería) y mi pedazo de puerco en el mercado y mi picadillo en las shoppings. Las shoppings son las tiendas por dólares, mija. Y tenía un marinovio, un cincuentón que no se parecerá a George Clooney pero tampoco está pa echárselo a los perros.Y de pronto, sin esperarlo, me llaman de Morelia. Yo había actuado allá en Michoacán en los sesenta. Hice una jira por la tierra azteca y dejé a los mexicanos, perdón por la inmodestia, locos conmigo. La mera mera, me decían cuando bajaba del escenario después de cantar eso de
Ven, José.
Ven acá.
¿Qué es amor?
Yo te voy a explicar
porque creo
que el amor debe ser cosa rica.
¡Ay! ¡Hebreo!
debe ser un bichito que pica.
La más chingona, me aplaudían. La Pepita Embil cubana, me llamaban. Arrebaté al público. Pues resulta que a un empresario del Teatro Morelos se le ocurre hacerme un homenaje a estas alturas de la vida. Dice que una noche vio los recortes de periódicos de aquellos años y que soñó conmigo un ocho de septiembre. Fue Ochún quien me concedió la gracia del viaje, porque ese día es su fiesta. Ochún es la virgencita de la Caridad del Cobre, la orisha del amor. ¿Ve esta medalla de oro con su imagen? La tengo desde los quince años aquí, colgándome entre las tetas, y no me la quito ni para bañarme. Lo que habrá visto esta medalla troquelada, mija.... Si le da por hacer historias no termina en una semana. Historias en vivo y a todo color. Sin censura ni beeps. De ellas sale un best-seller, vaya.Estando ya en Morelia, entre cantos y bailes, mi hija me llama y pregunta que por qué no me doy el salto para el norte. Un salto de ampanga, porque zumbarse de Morelia a Chicago no es ir de aquí a la esquina. La primera vez le dije que no, que con pasaporte cubano no me iban a dar visa de entrada en Estados Unidos, pero ella dale que dale.Que te voy a buscar, me insistía. Que te consigo un pasaporte falso. Que cruzamos la frontera en un carro por Juárez, porque allí miran los papeles menos que en los aeropuertos. Que cómo vas a regresar a Cuba sin conocer a tus nietos. Tanto amoló que al fin me convenció. Así que terminando mi última presentación en tierra de Morelos me puse mi peluca rubia, con la que lucía igualita a la mujer de la foto que aparecía en el pasaporte falso. Me vestí bien elegante. Me di una ducha de Chanel No. 5 detrás de las orejas y entre las piernas y así cogí mi avión haciéndome pasar por U.S. citizen. Facilito. No, el idioma no me asustaba. ¿Cómo me iba a asustar? Si yo cantaba
My fair lady,
I could have danced all night
And still have begged for more.
I could have spread my wings
And done a thousand things
I've never done before
que no había quién me discutiera que una servidora había nacido en pleno Broadway y merendado un ceremil de veces en el Parque Central de Nueva York.Al llegar a Chicago con mi hija (que estuvo todo el viaje con el corazón en la boca, aunque la idea de pasarme de contrabando había sido de ella) nos esperaba mi yerno. Por cierto, desde que le eché el ojo encima el tipo ya me pareció medio sanaco. Para empezar, se cagaba de miedo por tener una illegal alien, como dice él, bajo su responsabilidad. Para eso, me hubieran dejado tranquila en Morelia. Al fin es que yo no pedí que me trajeran ni na de na.El terror de ellos era que me enfermara. Como yo no tenía seguro médico ni manera de conseguirme uno....Hasta que un día les dije: no jodan más. Si me enfermo, me ponen en un avión aunque vaya pal Medio Oriente. Y si me muero, me tiran en la nieve pa que no apeste. Qué tanta bobería. Mi hija, después de tanto luchar para que yo viniera, se pasaba más tiempo en la calle que al lado mío. Se iban los dos a trabajar y me dejaban sola como un perro. Mis nietos estaban en la preschool y ni me permitían cuidárselos. Yo creo que mi yerno tenía miedo de que los contaminara con mi ilegalidad cubana.El único que se acercaba a mí y trataba de entretenerme era el hijo de mi yerno, que entonces nos visitaba una vez o dos por semana. Sí, el mentado Joe, el hijastro de mi hija. Así que de incesto nada. Que en los genes de ese muchacho yo no tuve arte ni parte, gracias a Dios. Joe y yo conversábamos muchísimo. La primera semana yo lo miraba como a una criatura, aunque es más alto que su padre. Pero me daba gusto que alguien me prestara atención, ¿comprende? Lo que más nadie hacía. Nos poníamos a hablar desde las dos y media que él salía de la high school hasta las cinco y pico que llegaban mi hija con el marido y los niños. ¿Que qué otra cosa hacía? Pues no mucho. Estarme aquí encerrada todo el tiempo. Ah, y ver la tele. Pero ni eso me entretenía. Dios mío, esas chiquillas anémicas que salen en MTV, qué bichos más feos, no tienen carne ni pa una empanada. ¿Ésa es la belleza de hoy día? Si lo que hace falta es que las inflen con un aparato de llenar las llantas de aires. Ni tetas tienen, ni culín.Volviendo a Joe, yo le repasaba español. Que cuándo se usa ser y cuándo estar porque en inglés siempre es to be. Claro, como lo mío es la música, yo le enseñaba con las letras de las canciones. Le cantaba, por ejemplo:
Yo estaba muy triste
y llorosa estaba
porque sin saberlo,
algo me faltaba.
Para explicarle que estar se usa para la cosa emocional, que cambia de un momento a otro. Mientras que ser es para las cuestiones más permanentes, como el origen:
De Tebas soy yo,
en Tebas nací .
La Virgen de Tebas
me llaman a mí.
Aunque yo en vez de Tebas le decía Cuba, para darle color local a las lecciones. Y el muchacho torpe no era, porque enseguidita aprendió. Un día me dijo: “eres linda.” Yo andaba maquillada y bien arreglada porque me iban a llevar a un Estarbú y quería lucir presentable. Así que le dije que “estaba” linda por una noche pero que normalmente no lucía tan bien. Entonces el muy pícaro me soltó: Oh, no. You are always beautiful por eso digo que eres linda. Mira qué parejero ha salido el americanito, pensé. Pero nada, no le hice más caso hasta la noche de Aguijón. Unas amigas de mi hija habían oído de mi gira por México y me pidieron que hiciera una actuación aquí, en un teatro que se llama Aguijón. Chiquito, pero bien situado y con público fijo. Para no hacerme de rogar, les dije que sí, aunque yo no había venido pensando en más farandulismo. Di función única una noche. Me puse arriba tos los hierros. Y canté y bailé como en mis buenos tiempos. Y les meneé las nalgas al ritmo de
Ven aquí. Mírame.
no te sientas tan casto, José.
Cuando se acaba la función y yo salgo a mezclarme con la gente... ¡alabao, pa qué fue aquello! Joe estaba encandilado. Me trajo una copita de vino y me regaló un ramo de rosas enorme. Pero enorme. No sé de dónde las sacó ni si las compraría antes de entrar al teatro, pero ahí estaba el ramo. Monumental. Y me lo dio con un beso que me resonó desde la oreja izquierda hasta el ovario derecho. En eso se nos acerca su señor padre y lo primero que le dice a Joe es: “¿Qué haces tomando? ¡Mira todavía no tienes drinking age!” Era para matarlo. ¿Usted sabe lo que es decirle eso a su hijo delante de un montón de gente? No hablo por mí, que al cabo soy de la familia. Pero allí había cantidad de muchachas, amiguitas de él de la high school y vecinos y conocidos. La vergüenza que le hizo pasar. Que falta de delicadeza, coño. Entre las muchachitas estaba una tal Ashley. Muy espigada por cierto, muy graciosa y bastante salida del plato. Enseguidita me di cuenta de que le gustaba el Joe. Así que al día siguiente, cuando el muchacho viene a sacarme conversación y me dice que qué bonita quedó la función de anoche y que qué bella yo lucía y bla bla bla, le pregunté por la Ashley. “Ella es linda también,” me contestó, “pero no como tú. Además, we don’t have chemistry.”“¿Desde cuando la química ni la física ni la astronomía tienen que ver con las cuestiones del amor?” Le pregunté. Y en vez de contestarme, el escuincle, el chiquillo, el comebolas me da un beso. En la boca esta vez. Así empezamos. Sí, nos dimos un revolcón, pero nada serio. Yo tenía mis escrúpulos, para serle sincera. ¿Cómo me iba a acostar con un muchacho que podía ser mi nieto? Hasta que me di cuenta de que el infeliz no lo había hecho nunca. Imagínese eso. A los diecisiete años y no había metido su rabito en ningún lugar ni conocía la verdad de la vida. Qué atraso, por Dios. Nadie diría que estamos en el primer mundo.Claro, por eso le daba pena con las muchachas. Porque un hombre que no lo ha hecho nunca (y lo mismo una mujer, lo mismito) está falto de algo. Está incompleto, como si dijéramos. ¿No lo cantó el poeta Machado?
Dicen que el hombre no es hombre
Mientras que no oye su nombre
De labios de una mujer
Puede ser.
Y yo me dije: nada, vamos a hacer una obra de caridad y...¿Que si es la primera vez que estoy con un menor? Oiga, debería darle pena llamar “menor” a un tipazo con una cabilla de ocho pulgadas y seis pies de estatura. Déjese de pujos, caramba. ¿Cómo a los diecisiete años cumplidos un hombre no va a poder templar con quien lo quiera? ¿Por qué eso va contra la ley? Mire, la primera vez que me acosté con mi novio yo tenía quince años y él dieciséis. En esa época la gente no se ponía con semejantes idioteces. Y estoy hablando de hace casi sesenta años. Nada, que este mundo va para atrás como el cangrejo. Luego hablan de la evolución. No, en Cuba no hay problemas con la edad. Todo está prohibido, menos eso. El día que prohíban templar, la gente se alza en armas. Lo que no han logrado el período especial ni las brigadas rompehuesos ni el picadillo de soya a media libra por persona lo hace una ley de ese estilo, mi palabra.Bueno, yo quería entusiasmar a Joe para que se le declarase a la Ashley, la invitara a un café, cualquier cosa. Pero él, aferrado a mí. Todos los días, desde aquel primer achuchón, la cogió con venir directo a la casa a pasar un rato conmigo. Como era la primera vez que probaba el mantecado, le cogió el gusto y ya no había manera de que me soltara. Y yo le decía: hijo, aguanta un poco, que ya yo no soy una quinceañera y hasta la florimbamba se desgasta con el mucho uso, eh. El problema fue que antes de nuestro... affair, como dicen aquí, él visitaba la casa dos veces por semana cuando más. De hola, hola pal carajo, un ratico a ver a su padre y ya. Pero luego se aparecía todos los días en cuanto salía de la escuela. Ahí fue cuando mi yerno parece que empezó a sospechar. Aparte, habría sacado sus conclusiones por la forma en que me miraba Joe. Incluso cuando había gente delante, que la criatura, con su santa inocencia, no sabía ni disimular.Mi yerno se puso a velarnos y nos agarró una tarde asando maíz. No le voy a dar detalles pero fue bastante... embarazoso, vaya. Lo que aquí llaman compromising. En cueros en pelota los dos, y el muchacho con esa gloria de rabo más parada que un asta de bandera. Figúrese usted.Entonces se formó el brete. Llamaron a la counselor y a usted, y a la madre del muchacho y a la madre de mi yerno y a la madre de los tomates. El desmadre fue aquello, vaya. Y ahora mi hija me dice que salgo bien que no meten en la cárcel por entrada ilegal al país y por corruptora de menores. Que lo mejor que puedo hacer es largarme antes de que el escándalo llegue a los periódicos o a la televisión.A la televisión, cucha pa eso....Quién me ve a mí en Cristina o en Oprah (bueno, a Oprah tendrían que llevarme con traductora) con tremendo letrero: Abuela cubana comete incesto con nieto americano. En rojo y en mayúsculas. Azúcaaa. Anda, anda, no me jodan. Que ni el muchacho es nieto mío, ni yo voy a ir programa ninguno a lavar ropa sucia en público como hacen aquí. Una tiene mucha dignidad para eso. Ahí viene mi hija de nuevo así que terminamos. Sanseacabó. Les dije que me iba y me voy. Dame acá la maleta, niña. Lo único que siento es que no me dejen despedirme de Joe a quien, según tengo entendido, metieron de cabeza en el psicólogo. Eso es lo que lo va a traumatizar, no los restregones conmigo. Y también me dijeron que lloraba por verme y que decía que él no me iba a acusar. Noticia fresca. Mira, lo que tienen que hacer es que ocuparse de cosas más importantes. A ver si meten a los homeless donde no se congelen cuando empieza a nevar, y si le dan health care a todo el mundo en lugar de andarse preocupando por lo que la gente hace con sus partes privadas. Y ya me voy. Pa Cuba. O pal carajo, que no es lo mismo, como diría Silvio Rodríguez, pero es igual.
¡Ay, Ba ...Ay, Ba...Ay, babilonio que marea.
Ay, va. ..Ay, va. ..
Ay, vámonos pronto a Judea!
Adiós.
Teresa Dovalpage

CO-TRENZUDA*


Staff creativo:
Eve Gil
Trenzuda mayor
Victoria Carolina Martínez
SubTrenzuda
Alberto Buzali
Judith Castañeda Suari
Nadir Chacín
Estela Davis
Francesca Gargallo
Leticia Garriga
Leonor Lara
Lady López
Antonio Marquet
Ramón I. Martínez
Elena Méndez
Eduardo Nabal Aragón
Patricia Rosas Lopátegui
Marjorie Ross
LuLu Art
Co-Trenzudos

*www.la-trenza-de-sor-juana.blogspot.com

sexta-feira, junho 20, 2008

PANORAMA SETENTERO: GRANDES HITS... DE TRYNO MALDONADO (EDITOR)

Tryno Maldonado (Zacatecas, 1977) acaba de compilar la antología Grandes Hits, Volumen 1. Nueva Generación de narradores mexicanos.
Dicho libro está compuesto por 19 cuentos, escritos por autores nacidos en los setenta, al igual que el editor, quien afirma en el “Intro”: ‘A la que pertenecen los autores de esta antología es una generación llena de desencanto, que se pertrecha en el cinismo y en la indiferencia para evitar volver a ser defraudada, que ya no cree en nada porque toda su vida ha transcurrido en el engaño’.
Además de la edad, el desencanto y los méritos que comparten los antologados, consideramos que dentro de su estilo predominan las narraciones en primera persona gramatical, el fraseo breve, la ironía, las atmósferas angustiantes, los contextos extranjerizantes o futuristas, la otredad, el desarraigo/pertenencia y una enorme violencia, socavada o explícita, que incluso culmina con la muerte.
Acaso los textos más crudos sean los de Alberto Chimal y Bernardo Esquinca, “Un esclavo” y “La señora Ballard es la señora Ballard”, respectivamente, debido a la gran carga de sadismo y otras parafilias que encierran: Chimal habla del sometimiento que Golo ejerce sobre Mundo, mientras que Esquinca husmea en las sospechosas escapadas de una dama de sociedad.
Hay un magistral uso de la elipsis que hace inferir el fatal destino de los protagonistas, provocando suspenso en el lector, a quien estos textos pueden resultarle, incluso, esbozos de novela.
Bernardo Fernández transmite una terrible desolación en “Bajo un cielo ajeno”, en el cual plantea la mísera vida de los migrantes mediante una alegoría situada en un Marte tecnologizado, en el que éstos pugnan por preservar su identidad.
Otra historia ubicada en el extranjero, pero contrastante con la anterior, es “Peter Knives”, de Alejandra Maldonado, cuya narradora-protagonista confiesa a un amigo sus desventuras antreras en Londres por culpa de la cocaína, cuyo dealer quería cobrarle con sexo. La autora utiliza un lenguaje coloquial, rayano en lo vulgar, bastante disfrutable. El cinismo del personaje es delicioso y va emparentado con el típico de la novela picaresca.
Alain-Paul Maillard en “Ameising”, por su parte, recrea los recuerdos del abuelo paterno en voz de su nieto. Maillard muestra una indiscutible influencia de Borges –a quien cita-, no sólo en el lenguaje y el ritmo utilizado, la hibridez con lo ensayístico y el uso de notas de pie de página, sino también con la relación que establece entre la vista y la memoria, comparándolo con Joyce, quien también era invidente. Ambos escritores se vinculan a la anécdota del abuelo y su asombro ante la cotidianidad de las hormigas, redescubiertas por aquel al ser intervenido de la vista.
Quizá el texto más desafortunado sea “Perro”, de Julieta García González, quien parte de un lugar común: la trillada figura del escritor ante la página en blanco. Éste emprende la tentativa fallida de desaparecer a un perro cuyos ladridos le ‘impiden’ escribir, por achacarle al animal su propia incompetencia. Un relato inverosímil, intrascendente y prescindible, sin duda.
Guadalupe Nettel contribuye con el texto más escueto: “Reunión en la escalera”, donde hace alarde de una crueldad refinada. Un grupo de niños elige a quienes serán víctimas del bullying por el resto del ciclo escolar.
En “Carne”, Antonio Ortuño hace una formidable recreación del hastío de Santamarina, dedicado a la industria del cine pornográfico; y de su pasión por Beatriz, su asistente, quien parece ajena al ámbito burdo en que se desenvuelve. El final noquea al lector con un grato desconcierto, similar al producido por Álvaro Enrigue en Hipotermia.
Antonio Ramos en “Villaldama”, refiere la desgracia de Luis, cuya infidelidad a su esposa ha sido descubierta. El entorno pueblerino, el fracaso íntimo y el tedio que lo conducen al suicidio remiten al imaginario de David Toscana.
Martín Solares y Heriberto Yépez también optan por alegorías futuristas –como Fernández- para explicarse la situación de México. El primero en “El Planeta Clorálex” crea una tesis descabellada sobre la falta de higiene del mexicano, mientras en “Next (mex) World” el segundo satiriza la alienación de éste, muy al estilo de Eve Gil en su reciente novela, Virtus.
Pablo Raphael y Eduardo Montagner en “La respiración desplegada” y “Muertes sin importancia”, respectivamente, muestran la soledad de sendos personajes femeninos, consagrados a sus infiernos domésticos: Sylvia- una evidente alusión a la poeta Plath-, cuya metamorfosis final es una manera de huir; y una viuda inmersa en su comunidad italiana afincada en Puebla, sometida al yugo de su hijo y del suegro. Resulta muy precisa la analogía establecida por el autor entre las muertes sin importancia de los cerdos que ésta engorda y una muerte que sí le importa: la del marido, en cuyo lugar hubiese preferido que muriera el hijo.
En “Bipartición”, de Mayra Luna, nos topamos con la angustia de una mujer ante la presencia extraña que la invade. El aire fantástico de este texto recuerda a la narrativa de Amparo Dávila, Guadalupe Dueñas y Patricia Laurent-Kullick.
Juan José Rodríguez en “Masai París” muestra a un seudointelectual en un París nada idílico, que se ve envuelto en un ritual masai, donde verá enfrentada su visión occidental contra una cultura considerada ‘primitiva’.
Jorge Harmodio en “BalSac versión 1.0” es un tanto críptico al fusionar tecnología y culto católico, amenazado por el budismo.
David Miklos en “22” habla sobre lo que representa este número para el protagonista, un joven recién casado, afectado por las sucesivas muertes de un vecino y de su padre y cómo éstas marcan grandes cambios en su vida.
“Constelaciones” de Luis Felipe Lomelí, es laberíntico, dada la multitud de tiempos, espacios y personajes en busca de su origen familiar. Aunado a ello, la alternancia de voces gramaticales dificulta la comprensión del texto.
“Deshielo” de Ximena Sánchez Echenique versa sobre una pareja en constante peregrinar. El cuento está impregnado de lirismo y nostalgia ante la contemplación de paisajes remotos.

Aplaudimos la decisión de Tryno de no ser juez y parte en la presente antología. Sin embargo, estamos en desacuerdo con que se haya excluido a escritores del sur del país. Nos atrevemos a sugerir un nombre: Will Rodríguez (Mérida, 1970), quien recién ha publicado Pulpo en su tinta y otras formas de morir (Ficticia/Instituto de Cultura de Yucatán, 2007). Un autor joven, brillante.

Grandes Hits… marca todo un panorama setentero, en su mayoría, muy alentador, fresco, inquietante.

Elena Méndez
____
Tryno Maldonado –Editor-,
Grandes Hits, Volumen 1.
Nueva Generación de narradores mexicanos,
Colección Mar Abierto,
Editorial Almadía,
Oaxaca, 2008,
331 pp.

terça-feira, junho 10, 2008

LA PASIÓN SE LLEVA POR ESCRITO: EVE GIL

Hace dos años entrevisté por primera vez a Eve Gil, una mujer con quien la pasión se lleva por escrito. Desde ese entonces ha publicado cuento: Sueños de Lot (Editorial Porrúa/Gobierno Municipal de Tampico, 2007); La reina baila hasta morir (Ediciones Fósforo, 2008); ensayo: Jardines repentinos en el desierto (Instituto Sonorense de Cultura –ISC-) 1 y novela: Virtus (Editorial Jus) –ambos libros editados en el 2008-.

Asimismo, ha participado en las siguientes antologías: Con un vuelco en el corazón (Editorial Garabatos); Un vacío siempre lleno (Maricruz Castro y Aline Petterson, editoras, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes/ Fondo Nacional para la Cultura y las Artes, Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey); Los procesos de la escritura de creación (Teoría y práctica) (Literalia Editores)-todas datan del 2006-; 25 años del Premio Nacional de Literatura Efraín Huerta, Tampico 1982-2006, antología de ganadores en el género de Cuento (Compiladora: Sara Uribe, Editorial Porrúa, Municipio de Tampico); La dulce hiel de la seducción (compiladora: Ana Clavel, Ediciones Cal y Arena) –aparecidas en el 2007-; y Fantasiofrenia II, antología del cuento dañado (Ediciones Libera, 2008).

Está por aparecer en España su novela Réquiem por una muñeca rota, originalmente lanzada por Fondo Editorial Tierra Adentro en 2000, bajo el sello de RD Editores. Esta obra, así como también Sueños de Lot 2 serán traducidas al inglés, por Toshiya Kamei y Soney Flores, con los títulos Requiem for a broken doll y Dreams of Lot, respectivamente.
Se encuentra en preparación la traducción simultánea al polaco de Réquiem por una muñeca rota, Cenotafio de Beatriz y Sueños de Lot, por Mieszko A. Kardyni y Pawel Rogozinski.
Su obra ha sido estudiada por prestigiados literatos e investigadores mexicanos y extranjeros, como Agustín Cadena, Paola Madrid Moctezuma, Margaret Frohlic, Diana Palaversich, Cándida Elizabeth Vivero Marín y el ya citado Toshiya Kamei.

Desde el 2004 es titular de la columna “Charlas de café” en la revista Siempre!

Desde este año imparte el Taller de Creación Literaria, asignatura del sexto semestre de la carrera Ciencias de la Cultura, en la Universidad del Claustro de Sor Juana.

____
Leer a Eve Gil conduce a emociones que bien podrían calificarse de ‘bipolares’. Lo mismo puede arrancar una gran carcajada que una lágrima muy amarga. Nos lleva de la esperanza a la desolación, del sarcasmo a la ternura. Por esa razón la entrevisto de nuevo.

Hace diez años usted abandonó su natal Hermosillo para radicar en el Distrito Federal, debido a la censura sufrida por su obra. ¿Aún sigue siendo censurada?

En lo absoluto, aunque siempre existe la posibilidad de la censura mientras las autoridades culturales muden cada sexenio. Por lo que a este respecta, no solo se sacó de la bodega el tiraje total de El suplicio de Adán (ISC, 1998) y lo han hecho circular, sino que he recibido un trato respetuoso, cordial y amistoso por parte de la administración del doctor Fernando Tapia, que fue mi maestro en la carrera de Letras y se ha caracterizado por ser el único director culto y sensible que ha tenido el Instituto Sonorense de Cultura, hasta ahora... por desgracia, gente como el doctor Tapia no abunda, ya no digamos en Sonora, sino en México en general.

¿Por qué razón ya no ha vuelto a escribir teatro ni poesía? ¿Volvería a abordar dichos géneros alguna vez?

Poesía no escribo porque es un género que venero... y nadie puede violar un terreno santificado. En cuanto al teatro... tuve una experiencia muy traumática en 1995, en que prácticamente vi como un monólogo de mi autoría (“Electra masacrada”) se iba reduciendo, según lo dictados de los moralistas que eran acatados al pie de la letra por una directora que, además de inexperta, se sentía dueña de mi texto. Después de aquella monumental pelea en que le arrojé un billete de cien pesos a la cara a la susodicha (según ella, mis ‘regalías’ por el montaje de la obra durante un mes), me juré nunca más escribir teatro... pero puedo rectificar...

Usted en algún momento se ha definido como 'metacrítica'. ¿Podría abundar al respecto?

‘Metacrítica’ llamo a la crítica de la crítica. Me considero metacrítica porque critico a los críticos literarios. Les devuelvo el boomerang, en otras palabras. Naturalmente no a cualquier crítico: hay algunos con los que no me metería por nada del mundo porque los respeto muchísimo y los considero mis maestros... pero otros... bueno, no merecen consideración ni respeto porque ellos mismos no la tienen, ni para con el lector y mucho menos para con los objetos de su crítica que, por lo general, son los autores que ellos quisieran ser... o aquellos con quienes les conviene quedar bien. Y eso no es crítica literaria: es exorcismo o relaciones públicas.

¿Cómo influye sor Juana Inés de la Cruz en lo que usted escribe?

Influye, principalmente, en mi postura de vida. La leo y siento que me aconseja sobre cómo proceder en mi vida diaria. De ella tomé el ejemplo de promover a otras mujeres, a mis precursoras, a mis contemporáneas, para que no se pierda el hilo mágico y misterioso que nos envuelve. La heroína de Virtus, que es una niña genio de nueve años, se llama Juana Inés en su honor... y come queso transgénico porque no le queda de otra a la pobre...

El hecho de que Doris Lessing haya ganado la edición más reciente del Premio Nobel de Literatura ¿indicaría una real valoración de la literatura escrita por mujeres?

Por supuesto, es algo que debe de llenarnos de alegría a todas las mujeres pues no sólo se trata de una escritora, sino de una escritora feminista, condición que hasta hace muy poco era muy mal vista por la Academia, misma que le regateó el premio a otras autoras de semejante perfil como Simone De Beauvoir, Lillian Hellman o Mary McCarthy. Por supuesto, celebro la concesión del Nobel a Doris, que es una de mis autoras de cabecera, aunque celebré todavía más el de Elfriede Jelinek, a quien nunca supuse distinguirían alguna vez con este galardón... y es que Jelinek no sólo es feminista, sino crítica acérrima del sistema patriarcal. Otro detalle alentador, es que se redujo considerablemente el margen entre el premio a Jelinek y a Lessing. Hay que recordar que después de Nelly Sachs, quien ganó el Nobel en 1966 tuvieron que pasar casi treinta años para que otra mujer (Nadine Gordimer) lo obtuviera.

¿Por qué sus personajes femeninos suelen mostrar rencor hacia la figura paterna?

Considero que la inmensa mayoría de las latinoamericanas de mi generación, las nacidas entre los 60 y 70, todavía padecieron el machismo de su padre, incluso de su madre... mis protagonistas, como la gran mayoría de nosotros, tienen conflicto respecto a la figura paterna, pero también hacia la materna. En mi caso particular conviví poco con mi padre, y no guardo de él la idea de que sea machista. Pero tuve mi dosis con un tío que se hizo cargo de mi educación desde los quince años y actuó como suelen actuar los padres machos: le pago el Tec de Monterrey a mi primo (que no era su hijo, sino su sobrino, como yo) y a mí, con trabajos, me pagó una academia secretarial. Tuve que rascarme con mis propias uñas para llegar a la universidad.

¿Cómo surgió la idea de escribir 'anticuentos de hadas' (pienso en "Ataraxia" y en "Cenicienta Hardcore", incluidos en La reina baila hasta morir)?

Surge de un trauma de la infancia... cuando inició mi afición a la lectura, alrededor de los 13 años, mi mamá, queriéndome hacer un lindo regalo, me obsequió la edición de los cuentos completos de los Hermanos Grimm y de Perrault, de editorial Porrúa, y yo, emocionada de leer por primera vez mis cuentos de hadas ‘en letritas’, ya sin muñequitos, me llevé la terrible sorpresa de que Blanca Nieves, la Bella Durmiente, la Cenicienta y Caperucita Roja poco tenían que ver con las versiones ortodoxas de Walt Disney. Blanca Nieves fragua con los enanos una venganza contra su madrastra, que consiste en cocerla viva... el cuento de la Bella Durmiente no termina cuando el principe la despierta, sino cuando sus hijos están a punto de ser comidos por la Bruja... al lobo de la Caperucita tuvieron que destazarlo para sacarle de adentro a Caperucita y a la Abuela (no como en la película del Loco Valdés) y las hermanastras de la Cenicienta llegan al extremo de mutilarse para que la zapatilla les venga bien. Todo eso sin contar que cuando leí por primera vez La Sirenita, quedé hecha un mar de llanto... y eso que todavía no existía la versión de Disney. Los cuentos de hadas han sido la mayor fuente de pesadillas para mí... y me seduce esa mezcla de inocencia y perversión que se advierte en todos ellos.

¿Por qué sus heroínas ejercen una sexualidad poco convencional- por citar algunos casos: Aquamarina en "Kundera dixit", Beatriz en Cenotafio de Beatriz, Lorna en el ya mencionado "Cenicienta Hardcore"-?

La sexualidad de cada uno, hombre o mujer, heterosexual u homosexual, es totalmente distinta, esto es, anticonvencional. Tan distinta como nuestras huellas dactilares, por ejemplo. Y la sexualidad de mis heroínas va de acuerdo con su personalidad e identidad... y si ellas no son mujeres comunes y corrientes, su sexualidad resulta, por consiguiente, transgresora.
Considero que en su novela más reciente, Virtus, usted apuesta por la hibridación de géneros, en este caso el narrativo y el ensayístico; asimismo, aborda el tema de la alienación, tal como su colega bajacaliforniana, Mayra Luna. Ergo, me parece que con ello se manifiesta plenamente fronteriza, como lo ha declarado alguna vez.
En efecto, desde un principio quedó establecido que sería una novela disfrazada de ensayo. El quid era escribir un ensayo desde el futuro y ver este desde la perspectiva del pasado. Respecto a lo que mencionas de Mayra... déjame decirte que es una de las autoras ‘nacidas en los 70’ (lo entrecomillo porque empieza a gastárseme la legitimidad de dicha clasificación) que más admiro... y aunque es más joven que yo, es de las que más cosas me ha hecho descubrir y aprender. Mi escritura, ciertamente, es fronteriza porque deambula entre dos territorios y se mantiene al borde de ambos, en el caso de Virtus está la frontera entre ensayo y novela, la frontera entre novela histórica y ciencia ficción, la frontera entre la imagen y la palabra, la frontera entre la farsa y el drama, etc.
Respecto a la alienación: Es un tema que viene obsesionándome desde hace buen rato y en Virtus se aborda una posible vía para uniformar el criterio de las masas que es hacerles creer que viven una realidad maravillosa. No creo que estemos muy lejos de eso: basta escuchar los spots del gobierno, donde nos describen un México por completo ficticio. Por desgracia, son pocos los que advierten el engaño, porque la gente tiende a creer que lo que le dicen en los medios de comunicación es la verdad absoluta. La gente de la época en que transcurre Virtus ya no es tan fácil de convencer... y es entonces que se recurre a la explotación de las nuevas tecnologías para que los más escépticos vean y sientan lo que al gobierno le conviene.

'El espanto es inherente a la realidad', asevera su protagonista, Juana Inés. Parecería, entonces, que no hay escapatoria.

Sí la hay, pero como en el caso de la novela, solo queda escapar hacia dentro de uno mismo. Lo trágico del mundo de Virtus, es que todo cuanto experimentan los habitantes de esta especie de megalaboratorio, es maravilloso... pero irreal, y yo me pregunto: ¿hasta qué punto el mundo tal y como está ahora, no nos juega una mala pasada? ¿Qué precio deberemos pagar a cambio de ese bienestar que se nos presenta bajo la apariencia de cápsulas, perfumes, comida rápida, etcétera?

Usted aclara en la nota a la mencionada obra: 'los políticos mexicanos son caricaturas de mis personajes'. ¿Podría ampliarnos esta idea?

Lo que pasa es que algunos de mis lectores-conejillos-de-indias, se fueron con la finta de que algunos personajes representaban a los políticos que actualmente nos ‘gobiernan’, por llamarlo de algún modo... pero no, los políticos de Virtus son igualmente corruptos pero mucho más inteligentes... incluyendo al más tonto de todos, que no te digo quien es para no ‘vender’ la trama. Lo que más me alarma de quienes imponen ‘la ley’ no es tanto que sean corruptos, sino que son idiotas... lo suficiente para creer que pueden robar a manos llenas ante nuestros ojos, al tiempo que afirman estar apegados a la legalidad. En cierto sentido, vivimos una sociedad distinta a la de Virtus, pues entre nosotros reina la incoherencia entre los actos de los políticos y su forma de proceder.

Este libro me transmite la sensación de que el mundo vive bajo perpetuas, sucesivas Inquisiciones.

En efecto: ahora no nos queman vivos, es cierto, pero hay muchas maneras de destruir a aquellos que no piensan como el poder quiere que pensemos: ahí están los spots donde exhiben a Andrés Manuel López Obrador como el nuevo Hitler, por ejemplo. Se supone que todos debemos considerar que López Obrador es un peligro para México, cuando los hechos demuestran que el peligro lo representan, por ejemplo, Mouriño y su extraño poder sobre Calderón. Son ellos quienes ha optado por militarizar a los estados del norte de la república bajo el pretexto de que van a la caza de los narcos... ¿quién es, entonces, más semejante a Hitler? El caso es que desde hace mucho vengo deseando tocar el tema de la Santa Inquisición, pero no aquella de Torquemada, sino su probable equivalente en un futuro no muy lejano... y ante el oscurantismo de la derecha no me extrañaría en lo absoluto que retornáramos a las prácticas bárbaras y se persiga a los brujos que, en este caso, serían los científicos e intelectuales.

Elena Méndez
(Entrevista realizada el 25-mayo-2008)
____
NOTAS:
1 Premio Nacional Efraín Huerta en 2006, categoría Cuento.
2 Premio Concurso Libro Sonorense en 2006, género Ensayo.
____
MÁS DE EVE GIL:
www.eve-gil-blogspot.com
www.la-trenza-de-sor-juana.blogspot.com
www.requiemporunamunecarota.blogspot.com
____
DATOS DE LA AUTORA:
Elena Méndez (Culiacán, Sinaloa, México, 1981).- Licenciada en Lengua y Literatura Hispánicas por la Universidad Autónoma de Sinaloa. Narradora. Redactora de
www.homines.com. Subdirectora de www.revistaespiral.org. Ha participado en los talleres literarios de los escritores mexicanos María Baranda, David Toscana, Cristina Rivera Garza, Andrés de Luna, Federico Campbell, Anamari Gomís y Antonio Deltoro. Textos suyos han sido publicados en España, Chile, México, Estados Unidos, Brasil y Colombia.