quinta-feira, outubro 11, 2007

LA PODEROSA MELANCOLÍA DE SOCORRO VENEGAS


Socorro Venegas: Un aire melancólico. Una prosa teñida de lirismo, inmersa en agonías y desasosiegos.

Socorro Venegas nació en San Luis Potosí, San Luis Potosí, 1972; radica en Cuernavaca, Morelos. Es Licenciada en Comunicación Social por la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM). Actualmente escribe su tesis de la maestría en Literatura que cursó en el Centro de Investigación y Docencia en Humanidades de Morelos (CIDHEM).

Ha sido becaria del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes (periodo 1995-1996); del Centro Mexicano de Escritores y del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes -FONCA- (periodos 1997-1998 y 2000-2001).
Fue escritora residente en el Writers Room de Nueva York, Estados Unidos.

Ha impartido diversos talleres literarios en Morelos.

Escritos suyos han aparecido en importantes publicaciones como Tierra Adentro, “El Ángel” de Reforma, Universo de el Búho, Ficticia, Los Noveles, Blanco Móvil, Literal, Concho River Review, The listening eye, Arabesques, The Modern Review, Proyecto Sherezade, Vetas, El Nacional, El Universal y La Jornada (en cuya edición morelense coordinó el suplemento cultural "El Farolito").

Ha sido incluida en las siguientes antologías:
Cuentistas de Tierra Adentro III (Fondo Editorial Tierra Adentro -FETA-, 1997); Apocalipsis (Compilación y prólogo de Agustín Cadena, Times Editores, 1998); Antología de Letras y Dramaturgia, Jóvenes Creadores (CONACULTA, 1998); Creación Joven. Narrativa (Ídem, 1999); Bestiario contemporáneo (FONCA/UAM, 1999); Generación del 2000 (Prólogo de José Agustín; Selección y notas de Agustín Cadena y Gustavo Jiménez Aguirre, FETA, 2000); Nuevas voces de la narrativa mexicana (Joaquín Mortiz, 2003); Los mejores cuentos mexicanos (Selección e introducción de Eduardo Antonio Parra; Joaquín Mortiz, 2004); Novísimos cuentos de la República Mexicana (Selección, prólogo y notas de Mayra Inzunza, FETA, 2004); Nosotras, vosotras y ellas (Selección y prólogo de Raúl Brasca, Ediciones del Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos de Argentina –IMFC-, 2006) y Atrapadas en la madre (Compilación y prólogo de Beatriz Espejo y Ethel Kolteniuk Krauze, Alfaguara, 2007).
Ha publicado los cuentarios Habitación (H. Ayuntamiento de Cuernavaca, 1996); La risa de las azucenas (Fondo Editorial Tierra Adentro, 1997 y 2002); La muerte más blanca (Instituto de Cultura de Morelos, 2000); y Todas las islas (Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca, 2003; Premio Benemérito de América 2002); y la novela Será negra y blanca (Premio Nacional de Novela Ópera Prima Carlos Fuentes 2004; próximamente será traducida al inglés por Toshiya Kamei).

Entre sus temáticas se encuentran la infancia, la soledad, la desintegración familiar, el alcoholismo y la muerte; su estilo tiende a la frase breve, la ironía y la presencia de atmósferas angustiantes.

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Descubrí a Socorro Venegas al leer su cuento ‘Últimas voluntades’, en la citada antología Novísimos… Me impresionó la manera en que abordaba el tema de la muerte, con una aparente neutralidad rayana en lo perverso. Decidí buscar más libros suyos para conocer mejor su obra, y me encontré con textos que dejan una poderosa melancolía, cual luz crepuscular.

Abordo a la autora vía internet. He aquí su palabra.


¿Por qué ese afán de negación en su obra -manifiesto en el uso constante del 'no', 'nunca', 'nadie', etc.-?

Creo que escribir desde la negación es afirmar desde un mundo inhóspito para el amor, para la ternura, para la fe. Me parece que en mis cuentos sí hay esas negaciones como una manera de limpiar de un manotazo el tablero del juego para empezar desde ahí. Desde el solitario espacio donde se recomienza. Una niña que comprende a su padre alcohólico a través del alcohol –y lo comprende a cabalidad–, que inventa una nueva vida desde la desesperanza más absoluta es una afirmación de que la vida puede florecer en los lugares más áridos. La mujer que sabe que no verá a su amante otra vez, que quema naves porque no es capaz de querer algo, de formular un deseo.
Aun donde no hay esperanza se manifiesta el poder de la vida, de los instintos y esto me interesa mucho. Hace poco entré en una tienda de autoservicio y ahí estaba un hombre al que le faltaba la pierna derecha, llevaba muletas y cargaba sobre la espalda una enorme mochila. No le pidió nada al encargado, fue y vino por cada cosa que necesitaba con un gran esfuerzo. Había tanta dignidad en su actitud y en su rostro, que a mí me resultaba imposible no pensar en cuántas veces había querido rendirse. Tal vez lo había hecho. Se había enfrentado con sus ‘no’, sus ‘nunca’, sus ‘nadie’. Y ahí estaba, de vuelta a torear la vida.

Encontramos en su narrativa un aire melancólico. ¿A qué se debe esto?

Alguna vez Agustín Cadena escribió que en mis cuentos siempre alguien se está yendo o algo se está perdiendo, en fin, que hay una especie de movimiento triste, siempre para despedirse de algo o para ver cómo se va. Supongo que me ocupa la ausencia, escribo de ella porque he dicho adiós muchas veces, y soy de los que miran atrás también muchas veces.
Dice Pedro Juan Gutiérrez, el autor de Trilogía sucia de La Habana: “amo las cicatrices, no las heridas”. Una frase con la que comulgo. Hay algo placentero y quizá también un poco enfermo en admirar los cadáveres que habitan el clóset.

¿Qué simbolizaría la infancia dentro de su escritura?

Es un territorio que frecuento, que me parece especialmente rico como tema literario. Es ahí donde suceden los hechos fundamentales de cada persona. Una infancia feliz o infeliz determina al adulto, y hay quienes dicen que de lo último es de donde nacen los artistas. Es algo que puede parecer romántico, quién sabe. Es increíble y perturbadora para el razonamiento adulto la manera como los niños pueden enfrentar las peores desgracias: aceptan la vida como viene, como lo más natural del mundo. Es cuando crecen cuando se van contaminando y amargando porque comienzan a juzgar lo que les sucede. Los niños no juzgan. Viven una especie de eternidad, de espacio maravilloso donde todo podría ser posible, donde se conjuga su inocencia con la cara desencajada de un mundo que no parece estar listo para ellos. Un mundo que no es capaz de protegerlos a cabalidad.

Al leerla, nos parecería que plantea la angustia como condición inherente al ser humano. ¿Esto es intencional?

Creo que la angustia es una especie de garganta roja, es de este color porque se ha gritado hasta escupir sangre o, por el contrario, se han contenido los gritos hasta desgarrarla. Es así, una locura o una parálisis. Me parece que sí es inherente al ser humano, que casi todos se han roto al menos una vez en su vida, que ha habido preguntas esenciales sin respuesta, miradas al vacío. Veamos la creciente dependencia de la humanidad en las drogas, las armas, los líderes espirituales, en fin, la eterna necesidad de algún tipo de refugio. Son necesidades gestadas en la angustia de vivir.

Observamos que usted tiende a presentar a personajes alcohólicos. Generalmente, esto se vincula con el abandono, sobre todo familiar. ¿Podría hablarnos al respecto?

Digamos que como personajes me encantan los niños y los alcohólicos. Parece extremo, pero en ambos encuentro mi veta y a menudo incluso los relaciono. No creo que lo vea desde un punto de vista idílico, una de las peores cosas que le puede pasar a un niño es tener un padre o una madre alcohólicos, es terrible y también ocurren cosas increíbles: los roles pueden cambiar y entonces los niños serán los que protejan, los que cobijen, y en esa extraña inversión de los papeles cabe la literatura. Debo decir que siento ternura por los alcohólicos, y no me refiero a los borrachitos, sino a los que ya están perdidos y se cagan de
risa cuando les hablan de Alcohólicos Anónimos. Ésos que beben sin tregua, que buscan en el fondo de la botella algo que han olvidado que buscaban. Son suicidas, son estúpidos, son temerarios, son grandes destructores, son colosales, son escoria, son dolientes, no tienen ninguna esperanza y esa caída libre es fascinante.

Vincent van Gogh afirmaba: 'Del dolor nace la belleza'. ¿Estaría de acuerdo con ello?

Sí, en parte. A veces, el dolor es sólo eso, y no siempre genera cosas bellas. También origina venganza, resentimientos. Que engendre belleza dependerá de lo que se hace con el dolor, ahí es donde importa quién traduce la experiencia recalcitrante, quién es capaz de convertirla en algo bello.
Me parece que asociar al dolor con la belleza puede ser romántico, pero poco verdadero. Silvia Plath escribió sobre algún episodio de locura que vivió y dijo que cuando estaba loca sólo podía estar loca, no había espacio ahí para el arte. Es un proceso donde el tiempo es esencial: a la manera de Quiroga, que sugería que antes de escribir sobre la emoción se la dejara morir para luego resucitarla por artes literarias.
Lo bello surge del inframundo, se trae una flor de ese lugar, pero para eso hay que salir, sobrevivir al dolor y no siempre se logra; y si se logra, no siempre es posible traducirlo en algo bello. Y con esto no quiero decir que en las cosas horribles no haya posibilidad para el arte. Al contrario: veamos como ejemplo Cuatro horas en Chatila, una devastadora crónica de Jean Genet sobre la matanza de un pueblo entero. Nos cuenta lo que vio, una parcela del infierno. Y hay algo hechizante en su relato, es hermoso, la mirada de Genet logra la belleza en donde menos cabría esperarla.

Usted ha sido incluida en numerosas antologías. ¿Considera que estas recopilaciones brindan una idea cabal de la literatura escrita por una generación dada?

Una idea cabal, no. Una aproximación. Un panorama. Un avistamiento. Una especie de dentellada que a veces ni siquiera es representativa de lo que un solo autor escribe: si por casualidad el texto incluido en una antología no tiene relación con el resto de la obra, hay el riesgo de que se considere que todo lo que un autor escribe es como eso. Las antologías son apuestas, dejan la moneda en el aire. El trabajo de cada autor será el que convenza o no, felizmente la última palabra la tiene el lector, no el antologador.

Hallamos un enorme pesimismo en la narrativa de autores mexicanos nacidos en los setenta, como usted. ¿Estaría de acuerdo con esto? en tal caso, ¿a qué lo atribuiría?

No pienso en mi escritura en términos de pesimista u optimista. Lo que escribo es lo que pienso del mundo. No digo que sea el mundo. Soy consciente de mi proclividad hacia la tristeza, hacia el desencanto, sé que en esos terrenos encuentro mis temas, simplemente no se me ocurren otras cosas. Como dice Amos Oz: “La alegría no es un tema literario interesante”.
En la vida, por lo demás, prefiero mantener una actitud, digamos, no tan pesimista. Esto es porque tengo un hijo y eso es algo que me hace sentir obligada si no a la dicha, por lo menos a un recatado optimismo. Uno no puede decir que el mundo es una mierda y luego tener hijos. Sería un grave sinsentido.

Platíquenos sobre la próxima traducción al inglés de su novela Será negra y blanca, por Toshiya Kamei.

Toshiya Kamei ha sido un verdadero hallazgo. Por alguna razón le gustaron mis cuentos y comenzó a traducirme hace un año o algo así, además ha publicado todas las traducciones de mis cuentos en revistas de Estados Unidos y Canadá, lo que ha sido una experiencia muy gratificante porque ha significado la oportunidad de llegar a lectores de muy diversas procedencias. Toshiya me pidió la novela a la que te refieres y ha empezado a trabajar en la traducción.

¿Cuál es su perspectiva acerca de la narrativa potosina actual?

No pienso mucho en los autores en términos de su lugar de origen, el lugar de nacimiento de uno, como otras tantas variables, es un asunto accidental. No creo que haya una ‘narrativa potosina’ en el sentido de que tenga rasgos peculiares que la distingan de otras narrativas. Esto sí sucede con autores como Luis Humberto Crosthwaite 1, Élmer Mendoza 2 o Eduardo Antonio Parra 3 donde sí puedes distinguir que son autores del norte del país y, concretamente, de la frontera del norte del país. De San Luis Potosí he leído a Ignacio Betancourt 4, a Armando Adame 5, a David Ojeda 6, a Eudoro Fonseca 7. Y también conozco a los que no viven en San Luis Potosí y también son excelentes como José Abdón Flores 8 o Jaime Alfonso Sandoval 9.

Elena Méndez
(Entrevista realizada el 20-agosto-07)

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NOTAS:
1.- Nacido en Tijuana, Baja California, en 1962.
2.- Nacido en Culiacán, Sinaloa, en 1949.
3.- En realidad Parra nació en León, Guanajuato, en 1965. Se le considera autor norteño por haber radicado algún tiempo en Monterrey, Nuevo León; asimismo, por recurrir a temáticas y escenarios de la frontera norte del país.
4.- Nacido en San Luis Potosí, en 1948. Premio Nacional de Cuento del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) en 1976. Es investigador literario en el Colegio de San Luis.
5.- Nacido en San Luis Potosí, en 1948.
6.- Nacido en San Luis Potosí, San Luis Potosí, en 1950. Premio Casa de las Américas en 1978. Actualmente se desempeña como asesor de Jóvenes Creadores en FONCA, Categoría Cuento.
7.- En realidad Fonseca nació en Aguascalientes, Aguascalientes, en 1956. Radicó en San Luis Potosí. Obtuvo en 1989 el Premio de Poesía Ramón López Velarde.
8.- Nacido en Río Verde, San Luis Potosí, en 1967. En 1994 ganó el Concurso de Cuento Carmen Báez, otorgado por el Instituto Michoacano de Cultura.
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DATOS DE LA AUTORA:

Elena Méndez (Culiacán, Sinaloa, México, 1981).- Licenciada en Lengua y Literatura Hispánicas por la Universidad Autónoma de Sinaloa. Narradora. Ha participado en los talleres literarios de los escritores mexicanos María Baranda, David Toscana y Cristina Rivera Garza. Escritos suyos han sido publicados en TEXTOS, Acequias, La Pluma del Ganso, La Línea del Cosmonauta, La Prensa, Expreso, Milenio, Universo de el Búho, Replicante, Avión de Papel, Letras.s5.com, Miel y Amoniaco, Espiral, Espéculo, Baquiana, El coloquio de los perros y Homines.
FOTO: Bárbara Colio

3 comentários:

A Ramos disse...

Socorro es muy buena escritora y amiga.

elena disse...

Sí, es un encanto.

Un abrazo, Toño.

Elena-Mariana

elena disse...

LA PRESENTE ENTREVISTA TAMBIÉN FUE PUBLICADA EN:

http://www.homines.com/
palabras/entrevista_
socorro_venegas/index.htm