domingo, dezembro 16, 2007

CRONÓPIA VERMELHA


A ficcionista mexicana Elena Méndez estréia no Cronópios*.
*"Rojo sobre fondo gris" en Cronópios, Literatura e arte no plural, 16-12-2007.

PEQUEÑO DIÁLOGO ENTRE LA CUENTISTA CUENTERA Y SU AMÁ


-¡Qué casualidad! Hay una Elena Méndez que escribe en Río Doce*.
-Soy yo...
* "Más vale que esté muerto", en Río Doce, Periódico Semanal, Cultura, Culiacán, Sinaloa, México, año 5, no. 255, Lunes 17-dic-2007, p. 24.

segunda-feira, dezembro 10, 2007

MARATÓN DE TALLERES LITERARIOS

Recién he culminado mi maratón de talleres literarios, mismo que inicié en octubre. Dichos talleres fueron convocados por el Departamento de Investigación y Fomento de la Cultura Regional (DIFOCUR) en coordinación con el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CONACULTA). Los géneros abordados fueron: Ensayo, Cuento, Novela y Poesía, impartidos, respectivamente, por Andrés de Luna, Anamari Gomís, Federico Campbell y Antonio Deltoro. Cada uno de ellos nos aportó su sabiduría, su pasión por las letras.
Andrés nos hizo un recuento histórico de renombrados ensayistas, por citar algunos: Montaigne, Bacon, Reyes, Paz, Guzmán... asimismo, nos encargó algunos ejercicios donde expusiéramos ideas que podrían ser germen de futuros ensayos, como escribir sobre alguna parte del cuerpo u objeto que nos fascinara, sobre algo que odiáramos, etc.
Andrés y yo coincidimos en el número 12 de Replicante (única publicación que se ha dignado a pagar por mi trabajo, a la fecha...)
Anamari, por su parte, nos compartió cuentos de Borges, Onetti, Cortázar, Rulfo (de quien fuese discípula), Faulkner, Parra... también leímos y corregimos cuentos propios.
Anamari nos contó la siguiente anécdota sobre su maestro, Rulfo: cuando ella fue becaria en el Centro Mexicano de Escritores (ya extinto) ella leyó el borrador de su novela (aún inédita), y Elizondo, otro de los asesores, señaló en dicha obra la influencia de los Onderos, ante la furia inusitada de Rulfo, quien tachó el texto de 'basura', debido a que los citados Onderos habían propagado el rumor de que Chumacero le había corregido Pedro Páramo, lo cual tomaba como una afrenta. Intentó romper el texto. No pudo. Anamari trató de disculparse, alegando ignorar cuáles eran sus influencias, y declarando que deseaba que fueran las de Joyce y el propio Rulfo. Al terminar la asesoría, Rulfo se le arrodilló en plena calle, llorando, suplicando su perdón. Ella, por supuesto, lo perdonó...
Campbell nos aportó sus ideas sobre la novela, citando, en particular, a autores como el ya mencionado Rulfo, Sciascia, Fadanelli, García Márquez, Rey Rosa... se declaró partidario de la disciplina, misma que declara costarle mucho trabajo seguir, por su tendencia a la depresión y por ser bastante disperso. Hizo énfasis en su necesidad de escribir a solas y en que no cree que exista el plagio.
Deltoro, por último, nos ilustró con poemas de Machado, Borges, Girondo, Diego, Rojas... nos enseñó el valor que tiene la disposición del texto lírico en la página y el valor de la relectura, sobre todo en voz alta, para detectar la musicalidad, emoción, etc.
Tuvo la gentileza de repartirnos libritos suyos. Me tocó En las aguas del jueves para siempre, que recopila poemas incluidos en otras obras. En la dedicatoria de ¿Hacia dónde es aquí? me nombra 'mi Virgilio y compañera', por la camaradería suscitada entre nosotros.
Una hermosa experiencia multiplicada por cuatro...

terça-feira, novembro 27, 2007

EL TUSQUETS ES PARA EL ÉLMER

Élmer Mendoza, alias El Europeo, acaba de obtener el III Premio Tusquets Editores de Novela 2007 por Balas de plata.

sábado, novembro 17, 2007

"QUÉ ABURRIDAS SON LAS ENTREVISTAS, ¿VERDAD?"


Por fin he podido entrevistar a Federico Campbell. Baste decir, por el momento, que remató así la conversación: "Qué aburridas son las entrevistas, ¿verdad?".
FOTO: Carlos Méndez

quarta-feira, novembro 14, 2007

CUARTETO DE POMPEYA

I
Nos desnudamos tanto
hasta perder el sexo
debajo de la cama,


nos desnudamos tanto
que las moscas juraban
que habíamos muerto.


Te desnudé por dentro,
te desquicié tan hondo
que se extravió mi orgasmo.


Nos desnudamos tanto
que olíamos a quemado,
que cien veces la lava
volvió para escondernos.


II
Me hiciste tanto daño
con tu boca, tus dedos,
me hacías saltar tan alto


que yo era tu estandarte
aunque no hubiera viento.
Me desnudaste tanto


que pronuncié tu nombre
y me dolió la lengua,
los años me dolieron.


Nos desnudamos tanto
que los dioses temblaron,
que cien veces mandaron
las lavas a escondernos.


III
Te frotabas tan rápido
los senos que dos veces
caí en sus remolinos,

movías el culo lento,
en alto, para arrearme
a su negra emboscada,


su mediodía perenne.
Abrías tanto su historia
gritaba su naufragio...


Nos desnudamos tanto
que no nos conocíamos,
que los dioses mandaron
la lava a reinventarnos.


IV
Te desmentí de cabo
a rabo devolviéndote
a tus primeros actos,


te escudriñé profundo
hasta escuchar la historia
amarga de tu cuerpo,


pues sólo el amor sabe
cómo llegar tan hondo
sin molestar la sangre.


Esa noche la lava
mudó el paisaje en piedra.
Tú y yo fuimos lo único
que se murió de veras.


NOTA:
En Pompeya, entre otros cuerpos petrificados por las lavas y cenizas de la erupción del Vesubio (año 79), se conservan los de una mujer y un hombre en el acto amoroso.



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Fabio Morábito, "Cuarteto de Pompeya", en Lotes Baldíos, Fondo Editorial de Querétaro/CONECULTA/Instituto de Cultura del Municipio de Querétaro, Querétaro, 2004, pp. 77-80.



sábado, novembro 10, 2007

CUANDO LAS LETRAS ARDEN: JAVIER MUNGUÍA


Javier Munguía: intenso, apasionado, riguroso en su oficio: la literatura, donde sueña con llegar a ser tan grande como Mario Vargas Llosa, su modelo a seguir.

Javier Munguía nació en Hermosillo, Sonora, en 1983. Es Licenciado en Literaturas Hispánicas por la Universidad de Sonora. Actualmente estudia la Maestría en Literatura Hispanoamericana en dicha institución.

Se desempeñó como editor de la revista literaria Manuel en el 2002; y, en el 2006, de la página cultural Letrarte del diario hermosillense Expreso.
En el 2007 fue becario del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes de Sonora (FECAS) en la categoría Jóvenes creadores, disciplina Letras.

Textos suyos han sido publicados en El Imparcial, La línea del cosmonauta, Proemio, La Razón, Margen Cero, Ficticia, La Movida Literaria, Bestiario, Proyecto Sherezade, Andante26, Enfocarte y Homines.

Ha publicado dos libros de cuento: Gentario (Universidad de Sonora, 2006) y Mascarada (Instituto Sonorense de Cultura, 2007). Con este último obtuvo el primer lugar en el Concurso del Libro Sonorense, género cuento, en el 2006.

Entre sus temáticas destacan la identidad, la violencia, el autoengaño, el erotismo y las parafilias. Su estilo tiende a ser irónico, breve, oscilante entre lo tierno y lo mordaz.

Conocí a Javier por internet, al leer sus comentarios en el blog de un amigo mutuo. Me comuniqué con él tras leer su apasionada defensa de la literatura. Pronto simpatizamos e intercambiamos material narrativo. Tiempo después me compartió, emocionado, su primer libro, Gentario, y posteriormente Mascarada. Al leer ambos, me quedé pasmada ante la pasión que desbordan sus letras. Pasión oscura y a la vez sublime.
He aquí sus palabras que viajan a través de la luz, haciendo arder el espacio.

¿Cómo influye la obra de Mario Vargas Llosa en lo que usted escribe?

Mario Vargas Llosa ha signado definitivamente mi relación con la literatura. Quizá se escuche tremendista o exagerado, pero me parece que no lo es. No sólo la obra de Vargas Llosa me ha marcado, sino también su figura, su dimensión de intelectual comprometido con la honestidad y con su realidad circundante.
Desde que lo leí las primeras veces y hasta la fecha lo he visto como un modelo a seguir, como ‘el tipo de escritor que me gustaría ser’, en palabras suyas dedicadas a Flaubert. Estas impresiones han sobrevivido incluso a un encuentro no muy grato y francamente decepcionante con el peruano. Pero vamos, es una ingenuidad, lo reconozco, pensar que nuestro escritor favorito es tan simpático y buena gente como lo imaginamos al leer sus libros. Incluso a veces se espera que el autor pueda ver en el rostro de uno, como por arte de magia, tantas horas de lectura asombrada y enfebrecida. Pensando en todas estas ingenuidades de lector admirativo hasta la náusea es que escribí un relato llamado “La traición de Mario”, donde narro mi encuentro con el gran novelista y reflexiono veladamente sobre ese tipo de encuentros.
A Mario le admiro mucho su relación apasionada con la literatura. Es, antes que un gran escritor, un gran lector, y cree fervientemente en el poder de la literatura para transformar las vidas de sus lectores, aun no siendo esa transformación cuantificable. Cree, además, en el simple placer de leer un libro que no se deja abandonar, que lo coge a uno del cuello y no lo suelta hasta la última página.
Vargas Llosa, además, me descubrió a los 17 años las posibilidades de la forma en la narrativa y cómo un mismo argumento puede dar como resultado tanto una excelente como una pésima novela, por ejemplo; es decir, lo que vale no es tanto lo que se dice, sino cómo se dice. Quizá parezca una perogrullada, pero de veras que fue importante para mí en aquel momento asimilarlo.
No sólo es un novelista sofisticado Mario, audaz, un gran arquitecto de las estructuras literarias, sino que también tiene la suficiente sensibilidad como para saber cuándo y cómo golpear emocionalmente al lector. Estos dos elementos aunados, creo, que son los que me hacen su obra tan entrañable y atractiva.
No sé si en lo que llevo escrito sea tan clara la huella de Vargas Llosa, pero sin duda siempre está ahí en calidad de “demonio tutelar”.

¿El final de un cuento se obtiene por knock-out, como establecía Julio Cortázar?

La idea de Cortázar, una analogía entre narrativa y box, es que la novela gana por puntos y el cuento por knock-out, ¿no?. No estoy muy seguro de la veracidad de esa afirmación. Sin duda, cada cuento excelente que he leído ha sido un knock out en mi vida de lector. Pero todas mis novelas favoritas están llenas de sucesivos knock-out, uno y otro y otro y otro.
De hecho, no creo en una distinción muy tajante entre cuento y novela. La extensión, probablemente, aunque hay textos a caballo entre los dos géneros, como Los cachorros, Aura, El perseguidor, tantos otros.
Pese a lo anterior, prefiero la novela al cuento. No es que una obra maestra del cuento como “Un sueño realizado”, de Onetti, me parezca inferior logro a una novela mayor como El obsceno pájaro de la noche, de Donoso; pero me entusiasma más leer novela, quizá debido a que por su misma extensión, generalmente más amplia que la del cuento, permite presentar un mundo particular, con sus reglas y limitaciones, de manera más prolongada, y por lo mismo deja una impresión más viva y duradera en el lector.
Para hacer más contradictorio el asunto, hasta el momento sólo he publicado cuento, a pesar de que me veo más como novelista que como cuentista.

¿Qué aportó el boom latinoamericano a la literatura universal, según su perspectiva?

Viéndolo a la distancia, creo que el famosísimo boom de la novela hispanoamericana aportó a la literatura universal sobre todo tres o cuatro nombres esenciales para entenderla. Para Latinoamérica significó que quizá por primera vez el mundo pusiera los ojos en sus novelistas, quienes no sólo estaban al nivel de los novelistas europeos, sino a la vanguardia de ellos, por lo que se convirtieron en modelo de novelistas de Europa y de otros lugares del mundo. Algo parecido a lo que ocurrió en el ámbito de la poesía en el siglo XIX con Rubén Darío y su modernismo.
Es muy importante tener claro que el boom no fue un movimiento literario (es frecuente que se dé esa confusión), ni una tendencia. Fue una promoción de escritores que coincidentemente publicaron algunas de sus grandes novelas en la década de los 60 y alcanzaron, en mayor o menor grado, reconocimiento universal.
El acierto más grande del boom en conjunto, si se puede hablar en conjunto de ese grupo heterogéneo de escritores, es que asimilan técnicas narrativas novedosas de las novelas norteamericana y europea, y la aplican a sus obras, sin perder por ello su preocupación por la realidad latinomericana. Dotada con estas características, la novela del boom fue capaz de dar cuenta de la experiencia universal del hombre.

¿Hasta qué grado puede hablarse de originalidad en la literatura?

Permíteme decir una perogrullada más: no hay originalidad total. El Ullyses de Joyce puede haber revolucionado de manera definitiva la novela del siglo XX, pero sus antecedentes están tanto en el psicoanálisis como en Dujardin, Dostoievski, Stendhal, otros. Es decir, la originalidad no nace de la nada. En ese sentido, tiene mayor oportunidad de ser original, de reelaborar de forma novedosa lo ya hecho, de combinar de otra manera los elementos conocidos, quien mejor conocer el ámbito del que se ocupa.
A pesar de esto, y acotado lo que me parece la originalidad, sí creo una aspiración válida el buscar nuevas formas de expresión. Es una aspiración mía, de hecho. Creo que si la novela tuvo su revolución en el siglo XX, es plausible pensar que lo tendrá en el XXI. Las novelas escritas en el siglo XXI que he leído son una continuación de las del siglo pasado, donde se les podría perfectamente ubicar. Pero seguramente conforme avance el siglo se nos irán revelando los nuevos caminos.

Se han señalado en algunas reseñas a sus libros (pienso en la de Imanol Caneyada sobre Mascarada 1) ciertas reminiscencias freudianas. ¿Estaría usted de acuerdo con dicha afirmación?

La idea consignada por Imanol en su reseña de que en Mascarada hay una obsesión por las infancias rotas, lo cual relaciona con Freud, me ha resultado muy reveladora. Una amiga escritora, María Antonieta Mendívil 2, ya me había hablado de que encontraba en el libro varios cuentos sobre la pérdida de la inocencia. Es cierto: tanto en Gentario, mi primer libro de cuentos, como en Mascarada, el segundo, la infancia rota o pérdida de la inocencia es un tema clave. Pienso en cuentos como “Sospechas”, “El juego de Sarita”, “Cailleach”, “Recuento”. También en mis cuentos los personajes se engañan para recuperar la inocencia perdida, para hacerse creer que el mundo es menos triste: “Jackie”, “Rosas para Anita”, “José Luis”, “Mentiras de Glenda”.
Por tanto, el apunte de Imanol me parece un acierto.

¿Por qué predomina la violencia dentro de sus cuentos?

La violencia me interesa como tema literario en tanto situación límite. La violencia muchas veces nos lleva al borde de nosotros mismos y es en ese borde donde nos conocemos realmente, donde sabemos hasta dónde somos capaces de llegar como individuos.
También me interesa ese proceso -tan intrigante como retorcido- mediante el cual nos enamoramos de nuestros verdugos.
Sin embargo, la violencia sólo explica parte de mis cuentos. De la otra parte da cuenta el amor, que -mal que me pese- es un tema esencial en lo que llevo escrito. La búsqueda del amor, el encuentro del amor, la pérdida del amor, la ilusión de un amor repetidamente deseado y nunca conseguido, amor filial, amor carnal, amor platónico...

¿Mediante el erotismo se está realmente desnudo como persona?

Yo diría lo contrario. El erotismo es el vestido que mejor nos protege de las miserias cotidianas, de lo insustancial. Dice Vargas Llosa: “El erotismo es un enriquecimiento del acto sexual y de todo lo que lo rodea gracias a la cultura”. Me parece una estupenda definición. Sin nuestra imaginación, nos asemejaríamos más a los animales. El acto sexual no sería mucho más que la obediencia del instinto, la satisfacción del deseo carnal. Sin embargo, es, o puede ser, mucho más.
Lo que nos diferencia de los animales, además de la conciencia de nosotros mismos, es nuestra imaginación. Somos capaces, a través de esta poderosa arma, de transformar la realidad en algo más rico de lo que verdaderamente es.
La cultura en general y la literatura en particular enriquecen nuestra imaginación. Es por ello que Vargas Llosa aventura que un amante culto es mejor que uno inculto. Esta idea puede provocar escándalo y parecer disparatada a primera vista, pero pensándola bien tiene sentido, al menos teóricamente. Quien más ha estimulado su imaginación y sensibilidad con la belleza que la vida ofrece y el arte sintetiza, está, o debería estar, más capacitado para convertir sus encuentros sexuales en verdaderas celebraciones de los sentidos y de las transgresiones de la imaginación a los límites impuestos por la estricta realidad; o mejor, por el lenguaje convencional, ya que estoy convencido de que nuestra realidad de alguna manera es lenguaje y de que nuestro mundo es del tamaño de nuestra imaginación y de nuestro lenguaje.

Encontramos en usted una tendencia a presentar personajes ancianos. ¿Qué simbolizaría esto dentro de su obra?

Así como la violencia es una situación límite, la vejez es un estadio límite. Veo la vejez como un umbral, como una etapa de tránsito, quizá, entre la vida a la muerte, como un saberse cada vez más cercano a ese ineluctable misterio. Por ello me interesa. Además, me resulta absolutamente irresistible la imagen de dos viejitos fogosos y enamorados. O la del protagonista de La casa de las bellas durmientes: su cuerpo desastrado y nostálgico junto al palpitante cuerpo de la joven narcotizada. Esa nostalgia exagerada que yo imagino sentiré cuando sea viejo sería suficiente estímulo para elegir ancianos como protagonistas de algunas de mis narraciones.

¿Tiene planeado escribir novela?

Por supuesto. Ya adelantaba en una pregunta anterior que me veo más como novelista que como cuentista, aunque quiero frecuentar ambos géneros. ¿Por qué hasta el momento sólo he publicado cuento? Antes de escribir Gentario y Mascarada, escribí una novela que no creo vaya a publicar, pero que fue un muy buen ejercicio, pues me hizo sentirme capaz de abordar y concluir textos más extensos. Y es que escribir novela ha sido para mí hasta el momento una fuente inagotable de miedo. Escribir en general es una sensación de lanzarte al vacío sin red, pero particularmente la novela te exige arrostrar constantemente la sensación de que lo que escribes no lleva a ninguna parte. No me resignaba a esta sensación parecida a una condena hasta que supe que no es desconocida para grandes novelistas, aun en sus etapas de madurez. Esto me hace pensar que los escritores que llegan a escribir novelas que valen la pena no son sólo los talentosos, sino sobre todo persistentes. Soy un convencido de que el talento literario no es algo innato, sino construido por uno mismo. Claro, hay cierta sensibilidad y disposición propicias, pero me parece una tontería pensar que uno nunca va a ser García Márquez. Basta echarle una ojeada a los primeros cuentos o a la primera novela del Nobel colombiano para saber que incluso él no fue siempre ‘García Márquez’. De modo que hay que persistir. Y eso es lo que pienso hacer.

¿A qué atribuye su interés por la narrativa y no por otros géneros? Tenemos entendido, por ejemplo, que se declara poco asiduo de la poesía.

Desde muy pequeño, desde antes de empezar a leer, cuando era mi madre quien me leía los cuentos de una colección de libros llamada Mi primera enciclopedia, sentí una muy fuerte atracción por las historias. A fin de cuentas, es una necesidad milenaria del hombre la de explicarse el mundo a través de historias, ya sean reales o inventadas. Pero yo fui un niño especialmente atraído por los cuentos. Recuerdo que cuando fui capaz de leer por mí mismo la mencionada colección me podía saltar los datos históricos, los poemas, lo que fuera, pero jamás los cuentos. Estos atraían mi atención de manera natural y espontánea.
Creo que de ahí resultó el que ahora yo sea un narrador y no un poeta, aunque también escribí poesía de niño y unos cuantos poemas no hace muchos años; poemas que, por fortuna, nunca intenté publicar.
Siento que lo mío es la narrativa. La poesía me gusta, pero en pequeñas dosis. Me puedo conmover hasta las lágrimas con un poema de Blanca Varela, por ejemplo, o de Kavafis, pero difícilmente resistiré leer un poemario completo de cualquier de los dos. Me gusta más bien leer y releer varias veces los poemas que me conmueven, paladear su lenguaje y las sensaciones que me provocan.
Mi relación con la narrativa, en cambio, es voraz y pasional. Puedo pasar sin problemas jornadas de 12 o 14 horas leyendo cuando me gusta un libro de relatos o una novela, como si en ello se me fuera la vida. Eso sí: estoy muy lejos de esa idea borgesiana de que el paraíso es una biblioteca. De hecho, la idea en sí me parece monstruosa, ya que los libros nos hablan de la vida, de las relaciones entre personas, de nuestros sueños más admirables y disparatados. Y pues hay que cumplirle a esa otra amante, además de la literatura, que es la vida, para poder escribir libros que valgan la pena.

Elena Méndez
(Entrevista realizada el 28-oct-07)

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NOTAS:
1.- Dicha reseña puede consultarse en:
http://www.elimparcial.com/EdicionImpresa/
EjemplaresAnteriores/BusquedaEjemplares.asp?numnota=656789&fecha=14/10/2007
2.- Autora nacida en Cajeme, Sonora, en 1971. Escribe poesía y novela. Poemas suyos se han publicado en revistas y antologías de México y España. Por más de quince años se ha desempeñado como articulista y editora de revistas culturales y de pensamiento en México y España. Como colaboradora del portal español Sistema Observatorio de Internet (www.observatoriodigital.net ), sus artículos son reproducidos en medios virtuales de Latinoamérica y Europa. Ha sido becaria del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes en dos ocasiones y del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes. Tiene tres libros publicados: en poesía, Cuenta Regresiva (Instituto Sonorense de Cultura); y en novela, Otros Tiempos (Equilibrio Editores) y más recientemente Duelo de noche (Almuzara).

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MÁS DE JAVIER MUNGUÍA:

www.javiermunguia.blogspot.com

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DATOS DE LA AUTORA:

Elena Méndez (Culiacán, Sinaloa, México, 1981).- Licenciada en Lengua y Literatura Hispánicas por la Universidad Autónoma de Sinaloa. Narradora. Redactora de Homines.com. Subdirectora de Revistaespiral.org. Ha participado en los talleres literarios de los escritores mexicanos María Baranda, David Toscana, Cristina Rivera Garza, Andrés de Luna y Anamari Gomís. Escritos suyos han sido publicados en España, Chile y México.

FOTO: Jesús Ballesteros

quarta-feira, novembro 07, 2007

DILATACIONES

Para Elena Méndez

La moneda cayó por el lado de la soledad y el dolor.
Andrés Calamaro

I

Hemos envejecido copiosamente. O tal vez sólo lo necesario. Aunque la suficiencia escasee en tiempos modernos, aunque suficiente represente más bien poco. Casi nada. Soy yo frente al espejo y este geranio en la ventana. Hace un par de días el geraniáceo gozaba de buena salud. Tenía rebosantes pétalos naranjas, un carpelo sólido. Pero se ha marchitado. No sé desde cuándo, pero lo he encontrado cabizbajo esta mañana. Medito sobre cómo pasa el tiempo mientras reviso los cuatro pelitos blancos que hoy han aparecido a un costado de mi cráneo. Los descubrí por accidente, casi con ese azar con que ocurren la mayoría de los hallazgos. Todo porque vine a orinar. Son pocas las ocasiones en que logro mirarme al espejo, porque temo a ese par de pupilas que rebotan. Ya lo vaticinaba Freud, nadie soporta enfrentarse a su yo. Y tenía razón. Pero fue suficiente un vistazo para detectar a ese cuarteto de intrusos en mi sien izquierda.

II

Sí. Hemos envejecido. Alguien en el edificio escucha música a todo volumen. Es una canción que estuvo de moda a mediados de los ochenta. No sabía que ocurriera. Lo de la música alta, quiero decir. Pensaba que este edificio era tranquilo. Quizá porque no suelo permanecer en casa a estas horas de la tarde. Ahora mismo debería de estar sentado en el piso veintitrés de la Torre Siglum revisando cheques y pagarés, o mirando el ajetreo de Avenida Insurgentes en esos momentos en que mi vista oscila de la hoja de cálculo hacia el otro lado de la ventana, y mi mente de los dividendos a la ociosidad. Porque es ocioso estar pensando en mi vecina, me digo cada vez que ocupo algunos segundos para recordar esos zapatos de tacón alto, ese cabello negro cubriendo la redondez de su rostro que a veces observo cuando cruza el corredor del edificio. Y entonces suelo regresar a lo mío, a ese ISR de los sueldos, a las primas decembrinas que deberán pagarse a los empleados.

III

Lo sé. Hemos envejecido. Somos este arcaico libro de hojas amarillentas, y yo, enclaustrados en la cocina. Observo la portada: Comida saludable. Fue un regalo que me heredó la abuela. Paso con lentitud las hojas del recetario sin saber qué elegir. Las páginas se desprenden, o dejan un tono ocre entre mis dedos. Tengo varios días de incapacidad. Me siento, y seguramente parezco, como león enjaulado. Exceso de ácido úrico, dijo el médico del corporativo. Gota, en pocas palabras. Por eso tienes el dedo gordo del pie izquierdo hinchado como un rábano, remató el doctor Sainz, a quien he visitado pocas veces en lo que tengo de trabajar para el despacho. Te daré cinco días, porque además te hacen falta, y entonces, ya no me dejó mediar palabra, explicarle que los bonos navideños no están concluidos, que los trabajadores necesitarán el dinero para la cena de Navidad, los regalos, las vacaciones, y esos juguetes que los Reyes Magos traerán a sus hijos, desde luego. Me decido a preparar la sopa de cebolla y los chayotes empanizados.

IV

Así de simple. Todo envejece. La comida ha irritado mi estómago. La mancha urbana se extiende: mitad moderna, mitad caduca. Según mi apreciación. Mentiría si aseverase que desde el ventanal de mi departamento se contempla la totalidad. Pero bueno, se alcanza a ver gran parte. Por lo menos de aquí a donde los aviones suben y bajan. También la Torre Mayor y sus cincuenta y tantos pisos. Y para el otro lado hasta el cerro del Chiquihuite. Aquél donde están las antenas de radio y televisión, ese que según el loco de Efraín un día iba a dinamitar. Claro, eso lo decía hace diez años en la facultad. Ahora maneja un BMW que estaciona a la entrada de su casa en Santa Fe, vacaciona con su mujer en Europa una vez al año, y manda cerca de quinientas tarjetas de felicitación cada Navidad, justo como la que acabo de recibir por la mañana. Cierto, nos hemos vuelto esclavos de aquello que juramos no hacer. Y desde donde lo veo, no hay remedio. Estoy decidido a liquidar a estos intrusos de mi cabeza. Dejaré los trastes sucios para después.

V

Ya lo decía: hemos envejecido. Y es que no son nada más estos pelitos blancuzcos que ya he extraído de mi cabeza. Ni la resequedad de mi geranio. Reviso mis correos electrónicos y Celeste me comunica que va a ser madre. Un hijo a los treinta y cinco. Ella dice que es la edad ideal. Y si ella lo dice yo lo creo. Siempre creí en cada frase que Celeste repetía en mi oído. Incluyendo que algún día viajaríamos alrededor del mundo. Por supuesto los caminos se bifurcaron más de lo previsto, más de lo deseado, quizá. Luego me cuenta que ha planeado su embarazo acorde con el calendario chino de procreación, y si los cálculos no le fallan tendrá un varón en el año del Perro. Creo que es mejor ir a fregar los trastes.

VI

Envejecemos. Este antiguo departamento con algunas vigas descarapeladas en el techo, y yo sentado frente al ventanal. Miro el reloj: cada paso del segundero hacia la derecha, es un paso hacia la muerte. Hay un grado de comprensión cuando tienes que hacer las cosas por ti mismo, y para ti mismo. Enfermas y nadie está para arrimarte la pastilla y una taza caliente de té, o colocarte la pomada en el dedo gordo del pie izquierdo, sí, porque tanto trabajo te cuesta inclinarte por culpa de ese vientre respingado, por ese dolor que parte en el coxis y sube por toda la columna hasta el cerebelo, por todas esas horas que pasas frente a los números del corporativo. Y entonces me acongoja pensar en el asunto de los aguinaldos, de las primas decembrinas. Aunque debería de importarme nada, porque al menos yo no tengo que gastar en cena navideña, ni regalos, ni día de Reyes.

VII

Hemos envejecido. Somos esta planicie de cartón con colores deformados y yo. Ciertas piezas lucen arrugadas, otras sucias de comida. Hasta tengo la impresión de que algunas se han perdido. Bien me lo dijo Martha en los pasillos de la sección Juguetería en el Wal-Mart: con una de diez mil piezas te vas a volver loco. Y peor lo que añadió: Ay, Marín, llevarte un rompecabezas a casa en lugar de toallas sanitarias, pañales y despensa, es en verdad deprimente. Por supuesto que no le tomé importancia. Siempre se tiene toda una vida para la locura. Supuse que lo decía de pura envidia porque ella llevaba un carrito repleto de víveres para su bebé de tres años y su marido; yo en cambio utilicé mi quincena en este rompecabezas y en unas nuevas bocinas para mi IPod, ese reproductor con carátula morada que ya no me satisface más y que ahora toca algo de Calamaro. Pero vuelvo a lo de Martha y he de reconocerlo, se le miraba radiante. Con ese destello en las pupilas. Como si en cada una trajese el retrato de su bebé y su marido respectivamente. Y yo puras irritaciones con este montonal de piezas de cartón. Apenas y se vislumbra, con mucha imaginación, el perfil izquierdo de la Monalisa. Mejor llévate algo más colorido, un Picasso, un Monet… Entre tanta lobreguez te vas a morir del aburrimiento, me advirtió Martha ya estando en la caja, y creo que tenía razón. Nada ensambla en mi vida.

VIII

En definitiva hemos envejecido. Quiero decir mi casero y yo. Ha venido por lo de la renta y tiene un par de líneas que le arrugan la frente. En serio. Hace cinco años que lo conozco; juro que tenía el ceño planchadito y brillante. Ni qué decir de mis cuatro canas. Ya lo señalaba José Ingenieros: Encanecer es una cosa triste, anuncia el crepúsculo. Yo no me lo tomé tan en serio el día que lo leí, y prometí no darle demasiada importancia para cuando apareciera la primera… Bueno, solo sentí miedo esta mañana y zas, me las arranqué. Aunque me tuviese que enfrentar al espejo freudiano. Entonces no entendí lo del crepúsculo, pero ya caigo en la cuenta. Son los pelos blancuzcos; estos cinco días de incapacidad por la hinchazón del dedo gordo en mi pie izquierdo; la dieta balanceada que anula toda posibilidad de probar grasas y alcohol; cierta necedad de mi madre sobre cuándo me voy a casar y cuándo voy a formar una familia y esas cosas que siempre pregunta en cada carta, como ésta que llegó al mediodía por correo ordinario y que me causa tanta gracia porque seguro apenas transitó cuatro o cinco días entre las bóvedas y el papel ya comienza a ponerse correoso. Todo se agria. Todo se añeja.

IX

Definitivo. Hemos envejecido copiosamente. Miro la ventana y la ventana me mira a través de mi reflejo. Bebo un poco de vino chileno aunque el médico me lo tenga prohibido. Y no puedo evitar un suspiro cuando veo que mi vecina cruza el largo pasillo, y me pongo triste de esta pena que me corroe en el interior y que nunca me ha dejado cruzar palabra con ella. Cinco años así. Sólo mirándole esos zapatos de tacón alto, ese pelo rizado cubriendo la redondez de su rostro, preguntándome qué es de su vida, por qué entra y sale ya a las nueve, ya a las once, ya al filo de la medianoche. Un día de estos abriré la puerta, como por casualidad, y diré cualquier cosa, pienso, porque seguro ya estoy ebrio, porque esta media botella de tinto ya me ha embotado y hasta me han dado ganas de orinar y ahí voy al baño y apenas le atino al retrete y el geranio me mira desde la ventana con su rostro derrotado. Hecho un rápido vistazo en el espejo y sí, al parecer los intrusos no han regresado a mi cien. Ni lo harán. Porque mañana mismo compraré un Just For Men. Regreso a la ventana para seguir mirando la ciudad. El día casi ha fallecido. El primero de cinco. No sé si resistiré cuatro más. Creo que sí, que lo haré. Porque ahí está mi vecina que ahora ha vuelto a salir; esa figura de la Monalisa por completar; algún correo de Celeste para que me responda si será niño o niña; y este recetario con hojas percudidas que me enseñe a preparar alguna crema de elote, alguna sopa de verduras; o la cuerda de alpinista que dejó olvidada Raúl y esa viga en el techo… Ya será mañana. Entonces restará un día y faltarán cuatro. De cualquier forma siempre tengo la sensación de que estoy en deuda con algo, con alguien.

Rubén Don
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DATOS DEL AUTOR:
Rubén Don (Ciudad de México, 1977). Es licenciado en Ciencias de la Comunicación. Ha sido corresponsal en México de la Agencia Internacional de Noticias Literarias Librusa (www.librusa.com), colaborador del suplemento Arena del periódico Excelsior, editor web y redactor de las revistas Conozca Más y PC Magazine. Ha publicado la novela La consecuencia de los días (UACM, 2005), Premio Nacional de Narradores Jóvenes 2005; y Negativos extraviados en el placard (Amarillo Editores, 2006). Actualmente colabora para la revista Swishy, para los portales Homines (www.homines.com) y Espiral (www.revistaespiral.org); y escribe a cuatro manos la novela Casa de campo con el escritor argentino Alejandro Cavalli.

domingo, novembro 04, 2007

TODA UNA MANCUSPIA

"Otra vez es ayer" en Papeles de la Mancuspia*, no. 93, octubre 2007, p. 4.
*Revista literaria editada en Monterrey, Nuevo León.

http://elizondo.fime.uanl.mx/mancuspia/



















quinta-feira, outubro 11, 2007

LA PODEROSA MELANCOLÍA DE SOCORRO VENEGAS


Socorro Venegas: Un aire melancólico. Una prosa teñida de lirismo, inmersa en agonías y desasosiegos.

Socorro Venegas nació en San Luis Potosí, San Luis Potosí, 1972; radica en Cuernavaca, Morelos. Es Licenciada en Comunicación Social por la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM). Actualmente escribe su tesis de la maestría en Literatura que cursó en el Centro de Investigación y Docencia en Humanidades de Morelos (CIDHEM).

Ha sido becaria del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes (periodo 1995-1996); del Centro Mexicano de Escritores y del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes -FONCA- (periodos 1997-1998 y 2000-2001).
Fue escritora residente en el Writers Room de Nueva York, Estados Unidos.

Ha impartido diversos talleres literarios en Morelos.

Escritos suyos han aparecido en importantes publicaciones como Tierra Adentro, “El Ángel” de Reforma, Universo de el Búho, Ficticia, Los Noveles, Blanco Móvil, Literal, Concho River Review, The listening eye, Arabesques, The Modern Review, Proyecto Sherezade, Vetas, El Nacional, El Universal y La Jornada (en cuya edición morelense coordinó el suplemento cultural "El Farolito").

Ha sido incluida en las siguientes antologías:
Cuentistas de Tierra Adentro III (Fondo Editorial Tierra Adentro -FETA-, 1997); Apocalipsis (Compilación y prólogo de Agustín Cadena, Times Editores, 1998); Antología de Letras y Dramaturgia, Jóvenes Creadores (CONACULTA, 1998); Creación Joven. Narrativa (Ídem, 1999); Bestiario contemporáneo (FONCA/UAM, 1999); Generación del 2000 (Prólogo de José Agustín; Selección y notas de Agustín Cadena y Gustavo Jiménez Aguirre, FETA, 2000); Nuevas voces de la narrativa mexicana (Joaquín Mortiz, 2003); Los mejores cuentos mexicanos (Selección e introducción de Eduardo Antonio Parra; Joaquín Mortiz, 2004); Novísimos cuentos de la República Mexicana (Selección, prólogo y notas de Mayra Inzunza, FETA, 2004); Nosotras, vosotras y ellas (Selección y prólogo de Raúl Brasca, Ediciones del Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos de Argentina –IMFC-, 2006) y Atrapadas en la madre (Compilación y prólogo de Beatriz Espejo y Ethel Kolteniuk Krauze, Alfaguara, 2007).
Ha publicado los cuentarios Habitación (H. Ayuntamiento de Cuernavaca, 1996); La risa de las azucenas (Fondo Editorial Tierra Adentro, 1997 y 2002); La muerte más blanca (Instituto de Cultura de Morelos, 2000); y Todas las islas (Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca, 2003; Premio Benemérito de América 2002); y la novela Será negra y blanca (Premio Nacional de Novela Ópera Prima Carlos Fuentes 2004; próximamente será traducida al inglés por Toshiya Kamei).

Entre sus temáticas se encuentran la infancia, la soledad, la desintegración familiar, el alcoholismo y la muerte; su estilo tiende a la frase breve, la ironía y la presencia de atmósferas angustiantes.

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Descubrí a Socorro Venegas al leer su cuento ‘Últimas voluntades’, en la citada antología Novísimos… Me impresionó la manera en que abordaba el tema de la muerte, con una aparente neutralidad rayana en lo perverso. Decidí buscar más libros suyos para conocer mejor su obra, y me encontré con textos que dejan una poderosa melancolía, cual luz crepuscular.

Abordo a la autora vía internet. He aquí su palabra.


¿Por qué ese afán de negación en su obra -manifiesto en el uso constante del 'no', 'nunca', 'nadie', etc.-?

Creo que escribir desde la negación es afirmar desde un mundo inhóspito para el amor, para la ternura, para la fe. Me parece que en mis cuentos sí hay esas negaciones como una manera de limpiar de un manotazo el tablero del juego para empezar desde ahí. Desde el solitario espacio donde se recomienza. Una niña que comprende a su padre alcohólico a través del alcohol –y lo comprende a cabalidad–, que inventa una nueva vida desde la desesperanza más absoluta es una afirmación de que la vida puede florecer en los lugares más áridos. La mujer que sabe que no verá a su amante otra vez, que quema naves porque no es capaz de querer algo, de formular un deseo.
Aun donde no hay esperanza se manifiesta el poder de la vida, de los instintos y esto me interesa mucho. Hace poco entré en una tienda de autoservicio y ahí estaba un hombre al que le faltaba la pierna derecha, llevaba muletas y cargaba sobre la espalda una enorme mochila. No le pidió nada al encargado, fue y vino por cada cosa que necesitaba con un gran esfuerzo. Había tanta dignidad en su actitud y en su rostro, que a mí me resultaba imposible no pensar en cuántas veces había querido rendirse. Tal vez lo había hecho. Se había enfrentado con sus ‘no’, sus ‘nunca’, sus ‘nadie’. Y ahí estaba, de vuelta a torear la vida.

Encontramos en su narrativa un aire melancólico. ¿A qué se debe esto?

Alguna vez Agustín Cadena escribió que en mis cuentos siempre alguien se está yendo o algo se está perdiendo, en fin, que hay una especie de movimiento triste, siempre para despedirse de algo o para ver cómo se va. Supongo que me ocupa la ausencia, escribo de ella porque he dicho adiós muchas veces, y soy de los que miran atrás también muchas veces.
Dice Pedro Juan Gutiérrez, el autor de Trilogía sucia de La Habana: “amo las cicatrices, no las heridas”. Una frase con la que comulgo. Hay algo placentero y quizá también un poco enfermo en admirar los cadáveres que habitan el clóset.

¿Qué simbolizaría la infancia dentro de su escritura?

Es un territorio que frecuento, que me parece especialmente rico como tema literario. Es ahí donde suceden los hechos fundamentales de cada persona. Una infancia feliz o infeliz determina al adulto, y hay quienes dicen que de lo último es de donde nacen los artistas. Es algo que puede parecer romántico, quién sabe. Es increíble y perturbadora para el razonamiento adulto la manera como los niños pueden enfrentar las peores desgracias: aceptan la vida como viene, como lo más natural del mundo. Es cuando crecen cuando se van contaminando y amargando porque comienzan a juzgar lo que les sucede. Los niños no juzgan. Viven una especie de eternidad, de espacio maravilloso donde todo podría ser posible, donde se conjuga su inocencia con la cara desencajada de un mundo que no parece estar listo para ellos. Un mundo que no es capaz de protegerlos a cabalidad.

Al leerla, nos parecería que plantea la angustia como condición inherente al ser humano. ¿Esto es intencional?

Creo que la angustia es una especie de garganta roja, es de este color porque se ha gritado hasta escupir sangre o, por el contrario, se han contenido los gritos hasta desgarrarla. Es así, una locura o una parálisis. Me parece que sí es inherente al ser humano, que casi todos se han roto al menos una vez en su vida, que ha habido preguntas esenciales sin respuesta, miradas al vacío. Veamos la creciente dependencia de la humanidad en las drogas, las armas, los líderes espirituales, en fin, la eterna necesidad de algún tipo de refugio. Son necesidades gestadas en la angustia de vivir.

Observamos que usted tiende a presentar a personajes alcohólicos. Generalmente, esto se vincula con el abandono, sobre todo familiar. ¿Podría hablarnos al respecto?

Digamos que como personajes me encantan los niños y los alcohólicos. Parece extremo, pero en ambos encuentro mi veta y a menudo incluso los relaciono. No creo que lo vea desde un punto de vista idílico, una de las peores cosas que le puede pasar a un niño es tener un padre o una madre alcohólicos, es terrible y también ocurren cosas increíbles: los roles pueden cambiar y entonces los niños serán los que protejan, los que cobijen, y en esa extraña inversión de los papeles cabe la literatura. Debo decir que siento ternura por los alcohólicos, y no me refiero a los borrachitos, sino a los que ya están perdidos y se cagan de
risa cuando les hablan de Alcohólicos Anónimos. Ésos que beben sin tregua, que buscan en el fondo de la botella algo que han olvidado que buscaban. Son suicidas, son estúpidos, son temerarios, son grandes destructores, son colosales, son escoria, son dolientes, no tienen ninguna esperanza y esa caída libre es fascinante.

Vincent van Gogh afirmaba: 'Del dolor nace la belleza'. ¿Estaría de acuerdo con ello?

Sí, en parte. A veces, el dolor es sólo eso, y no siempre genera cosas bellas. También origina venganza, resentimientos. Que engendre belleza dependerá de lo que se hace con el dolor, ahí es donde importa quién traduce la experiencia recalcitrante, quién es capaz de convertirla en algo bello.
Me parece que asociar al dolor con la belleza puede ser romántico, pero poco verdadero. Silvia Plath escribió sobre algún episodio de locura que vivió y dijo que cuando estaba loca sólo podía estar loca, no había espacio ahí para el arte. Es un proceso donde el tiempo es esencial: a la manera de Quiroga, que sugería que antes de escribir sobre la emoción se la dejara morir para luego resucitarla por artes literarias.
Lo bello surge del inframundo, se trae una flor de ese lugar, pero para eso hay que salir, sobrevivir al dolor y no siempre se logra; y si se logra, no siempre es posible traducirlo en algo bello. Y con esto no quiero decir que en las cosas horribles no haya posibilidad para el arte. Al contrario: veamos como ejemplo Cuatro horas en Chatila, una devastadora crónica de Jean Genet sobre la matanza de un pueblo entero. Nos cuenta lo que vio, una parcela del infierno. Y hay algo hechizante en su relato, es hermoso, la mirada de Genet logra la belleza en donde menos cabría esperarla.

Usted ha sido incluida en numerosas antologías. ¿Considera que estas recopilaciones brindan una idea cabal de la literatura escrita por una generación dada?

Una idea cabal, no. Una aproximación. Un panorama. Un avistamiento. Una especie de dentellada que a veces ni siquiera es representativa de lo que un solo autor escribe: si por casualidad el texto incluido en una antología no tiene relación con el resto de la obra, hay el riesgo de que se considere que todo lo que un autor escribe es como eso. Las antologías son apuestas, dejan la moneda en el aire. El trabajo de cada autor será el que convenza o no, felizmente la última palabra la tiene el lector, no el antologador.

Hallamos un enorme pesimismo en la narrativa de autores mexicanos nacidos en los setenta, como usted. ¿Estaría de acuerdo con esto? en tal caso, ¿a qué lo atribuiría?

No pienso en mi escritura en términos de pesimista u optimista. Lo que escribo es lo que pienso del mundo. No digo que sea el mundo. Soy consciente de mi proclividad hacia la tristeza, hacia el desencanto, sé que en esos terrenos encuentro mis temas, simplemente no se me ocurren otras cosas. Como dice Amos Oz: “La alegría no es un tema literario interesante”.
En la vida, por lo demás, prefiero mantener una actitud, digamos, no tan pesimista. Esto es porque tengo un hijo y eso es algo que me hace sentir obligada si no a la dicha, por lo menos a un recatado optimismo. Uno no puede decir que el mundo es una mierda y luego tener hijos. Sería un grave sinsentido.

Platíquenos sobre la próxima traducción al inglés de su novela Será negra y blanca, por Toshiya Kamei.

Toshiya Kamei ha sido un verdadero hallazgo. Por alguna razón le gustaron mis cuentos y comenzó a traducirme hace un año o algo así, además ha publicado todas las traducciones de mis cuentos en revistas de Estados Unidos y Canadá, lo que ha sido una experiencia muy gratificante porque ha significado la oportunidad de llegar a lectores de muy diversas procedencias. Toshiya me pidió la novela a la que te refieres y ha empezado a trabajar en la traducción.

¿Cuál es su perspectiva acerca de la narrativa potosina actual?

No pienso mucho en los autores en términos de su lugar de origen, el lugar de nacimiento de uno, como otras tantas variables, es un asunto accidental. No creo que haya una ‘narrativa potosina’ en el sentido de que tenga rasgos peculiares que la distingan de otras narrativas. Esto sí sucede con autores como Luis Humberto Crosthwaite 1, Élmer Mendoza 2 o Eduardo Antonio Parra 3 donde sí puedes distinguir que son autores del norte del país y, concretamente, de la frontera del norte del país. De San Luis Potosí he leído a Ignacio Betancourt 4, a Armando Adame 5, a David Ojeda 6, a Eudoro Fonseca 7. Y también conozco a los que no viven en San Luis Potosí y también son excelentes como José Abdón Flores 8 o Jaime Alfonso Sandoval 9.

Elena Méndez
(Entrevista realizada el 20-agosto-07)

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NOTAS:
1.- Nacido en Tijuana, Baja California, en 1962.
2.- Nacido en Culiacán, Sinaloa, en 1949.
3.- En realidad Parra nació en León, Guanajuato, en 1965. Se le considera autor norteño por haber radicado algún tiempo en Monterrey, Nuevo León; asimismo, por recurrir a temáticas y escenarios de la frontera norte del país.
4.- Nacido en San Luis Potosí, en 1948. Premio Nacional de Cuento del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) en 1976. Es investigador literario en el Colegio de San Luis.
5.- Nacido en San Luis Potosí, en 1948.
6.- Nacido en San Luis Potosí, San Luis Potosí, en 1950. Premio Casa de las Américas en 1978. Actualmente se desempeña como asesor de Jóvenes Creadores en FONCA, Categoría Cuento.
7.- En realidad Fonseca nació en Aguascalientes, Aguascalientes, en 1956. Radicó en San Luis Potosí. Obtuvo en 1989 el Premio de Poesía Ramón López Velarde.
8.- Nacido en Río Verde, San Luis Potosí, en 1967. En 1994 ganó el Concurso de Cuento Carmen Báez, otorgado por el Instituto Michoacano de Cultura.
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DATOS DE LA AUTORA:

Elena Méndez (Culiacán, Sinaloa, México, 1981).- Licenciada en Lengua y Literatura Hispánicas por la Universidad Autónoma de Sinaloa. Narradora. Ha participado en los talleres literarios de los escritores mexicanos María Baranda, David Toscana y Cristina Rivera Garza. Escritos suyos han sido publicados en TEXTOS, Acequias, La Pluma del Ganso, La Línea del Cosmonauta, La Prensa, Expreso, Milenio, Universo de el Búho, Replicante, Avión de Papel, Letras.s5.com, Miel y Amoniaco, Espiral, Espéculo, Baquiana, El coloquio de los perros y Homines.
FOTO: Bárbara Colio

sábado, outubro 06, 2007

EDITORIAL HOMINES, OCTUBRE 2007

Málaga, 1 de octubre de 2007


Octubre de 2007 es una fecha especial para Homines.com, tras más de tres años de trabajo intenso, preparando y allanando el camino, vamos a darle una nueva vuelta de tuerca al proyecto. Seguramente la más importante, tras la creación del portal en mayo de 2004. En este tiempo se ha ido consolidando y puliendo el proyecto, lo hemos dejado madurar con cariño, hemos decidido que evolucionara a su ritmo, sin prisas, para que adquiriese seguridad y fortaleza, para que ganara experiencia y se hiciera más sólido. Gracias a todos los que confiáis en nosotros, muchos miles ya diariamente, actualmente ya somos el portal cultural en castellano más visitado del mundo, una gran responsabilidad pero también un gran orgullo. Entre todos hemos creado un punto de encuentro cultural para profesionales, estudiantes, aficionados, creadores y teóricos. Un gran espacio abierto para poder compartir conocimientos, proyectos e ideas. Un lugar donde se aporta información, se fomenta la investigación y se comparte cultura. Ya para terminar, queremos resaltar la labor del valioso equipo humano del que disponemos y disfrutamos. Aunque en esta editorial en particular, nos gustaría hacer una mención especial a dos personas por su especial compromiso y su gran profesionalidad.En primer lugar queremos destacar el esfuerzo de nuestra redactora mexicana, Elena Méndez, que ha realizado un grandísimo trabajo en el último año, tanto con sus propias aportaciones como por el amplio número de colaboradores que nos ha brindado. E igualmente, deseamos felicitar a nuestra redactora Remedios García Rodríguez, una pieza fundamental de este rompecabezas, por su generosidad, y su concienzuda y analítica labor, abordando grandes periodos de la Historia del Arte.

Muchas gracias por todo.
La dirección

quarta-feira, setembro 26, 2007

EL VIAJE QUE TRANSFORMA: ROSARIO SANMIGUEL

Rosario Sanmiguel: Una prosa sutil, depurada, lúdica. Un viaje que transforma mediante las palabras.

Rosario Sanmiguel nació en Manuel Benavides, Chihuahua, en 1954. Radica en Ciudad Juárez desde 1955. Es candidata a Doctor por la Universidad Estatal de Arizona, donde cursó una especialidad en novela histórica mexicana del siglo XX.

De 1983 a 1985 participó en el Taller Literario del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), coordinado por el escritor potosino David Ojeda 1.

Ha dirigido diversos talleres literarios, destacando entre ellos el Rosario Castellanos, donde se ejercitaba la escritura creativa y se reflexionaba sobre la escritura realizada por mujeres.

Ha traducido del inglés textos de Chirríe Moraga, Norma Cantú, Norma Dee Cervantes y Diane Gonzales Bertrand. Actualmente forma parte del equipo de traductores de Arte Público Press, editorial ubicada en la Universidad de Houston. Entre las traducciones que ha hecho para ellos destaca Desert Blood: The Juarez Murders, de Alicia Gaspar de Alba, que se publicará en español en el 2008.

De 1995 a 1996 dirigió la revista literaria Puentelibre que -pese a haber tenido sólo cinco números- dio a conocer a escritores noveles ahora destacados, como Antonio Zúñiga 2.

Durante ese mismo año fue becaria del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes con el proyecto “Construcción Liminal. La literatura del Norte de México”.

Al año siguiente, compiló, junto con Jesús Barquet, la antología Más allá de la isla. 66 creadores cubanos (Puentelibre Editores).

De 1997 a 1998 la Fundación Rockefeller le otorgó una beca por su proyecto “Frontera Textual: la escritura chicana” (libro inédito).

Durante 2003-2006 se desempeñó como docente en la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez (UACJ), impartiendo la cátedra de Literatura Mexicana e Hispanoamericana.

Durante 2004-2005 fungió como editora de las revistas culturales de dicha institución, Entorno y Revista de las Fronteras; y en 2006, como asistente editorial de Chasqui, de la Universidad Estatal de Arizona, campus Tempe.

Ha sido incluida en la antología Sin límites imaginarios. Cuentos del norte de México (Selección, prólogo y notas de Miguel Ángel Rodríguez Lozano, Universidad Nacional Autónoma de México, 2006).

Es autora del cuentario Callejón Sucre y otros relatos (Ediciones del Azar, 1994); la novela Árboles o apuntes de viaje (PuenteLibre Editores, 2006) y el libro de ensayos De la historia a la ficción (aún inédito).

Actualmente está escribiendo una novela histórica relacionada con el norte mexicano.

Sus cuentos han sido traducidos al inglés, islandés y neerlandés.

Entre sus temáticas se encuentran las relaciones humanas (en particular madre-hija), la soledad y el viaje, mismas que realza con fraseo breve, sutil aliento poético, gran ironía y rescate del lenguaje coloquial fronterizo, incluso del spanglish.
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Conocí a Rosario Sanmiguel al leer Callejón Sucre…libro que transita por rincones fronterizos, preferentemente marginales (la cantina con prostíbulo anexo, la ‘tierra de nadie’ donde los polleros contrabandean personas rumbo a Estados Unidos…). Me sorprendió el estilo sutil, el ritmo ágil, la violencia que permea las páginas de esta obra, que, no obstante, deja resquicios para la ternura y el humor. Después tuve oportunidad de leer Árboles… un ejercicio nostálgico relacionado con la vida familiar. En ambos libros está latente la idea del viaje como posibilidad de transformación interior. Tras mi lectura, comprendí cuán a pulso se ha ganado Sanmiguel un lugar dentro de los narradores más destacados del norte mexicano en la actualidad.
Entrevisto a la autora vía internet. He aquí las reflexiones sobre su quehacer literario.

¿Por qué presentar a la frontera como territorio estético?

Para responder esta pregunta haré un poco de historia familiar. Nací en Manuel Benavides, un pequeño pueblo a cuarenta kilómetros al sur del río Bravo, hacia la región este del estado de Chihuahua, donde por dos siglos ha vivido la familia de mi madre. Antes de cumplir un año mis padres me llevaron a vivir a Ciudad Juárez, donde he pasado si no toda mi vida, parte importante de ella. Así pues, nací, crecí, me eduqué y me enamoré por vez primera en ese lugar que geográfica, política y culturalmente identificamos como la frontera con los Estados Unidos. Sin llegar a extremos deterministas, esta circunstancia, ajena a mi elección, marca mi manera de ver el mundo y en consecuencia mi escritura.
La frontera es para mí, sobre todo, un espacio de confrontación; el momento en que soy consciente de la existencia del otro; la presencia de lo que podría ser igual pero es diferente; memoria de lo perdido. También uno de los extremos, intramuros, que vive un mexicano. Sin embargo, no es este segmento de la realidad -en sí mismo- lo que me interesa llevar a primer plano en mi trabajo. No es la frontera que marcan la política y la historia lo que llevo a mis historias como un telón de fondo o un contexto social. Mucho menos la percibo como el tema de moda sobre el cual hasta el escritor canónico afila el lápiz (pues el que es buen gallo en cualquier gallinero canta, diría, aunque desafine), en todo caso, la frontera es, en mi escritura, una condición inseparable de la vida que imagino para mis personajes.
Cierto es que los personajes que deambulan en la noche de mis relatos son como tantos otros que hemos conocido en otros libros, al igual que los personajes que aman, mueren o viven solos y desamparados. Pero estos, los que pueblan los relatos de Callejón Sucre, o salen al paso en la noveleta Árboles o apuntes de viaje, desarrollan una relación dialógica con este espacio específico que es la frontera, a través de su particular lenguaje, de su mirada sobre el mundo, de su relación con los otros, de las pequeñas batallas del diario vivir.
Me considero una escritora realista, una que se nutre de la realidad verdadera para construir otra, que aunque ficticia no menos real que la que palpita más allá de las páginas que escribo. De manera que cuando una situación que me parece escribible (sic) me ronda por la mente, o cuando pienso en un posible personaje, sin proponérmelo, digamos que de manera ‘natural’ lo imagino en el espacio que mejor conozco. Lo anclo en esta realidad geográfica y cultural específica que es la frontera, y a partir de ahí inicio la construcción de un mundo donde espacio y personaje se amalgaman para dar, además de textura, sentido a la ficción.

¿A qué atribuye su tendencia a presentar personajes transgresores (citemos a Francis y Katia en ‘Un silencio muy largo’; a Martín en ‘Bajo el puente’; y a Anamaría en ‘La otra habitación’)?

Creo que la literatura es una forma de abordar la realidad, como lo es la sociología o la historia, por ejemplo. El hecho de que en mi narrativa aparezcan personajes ‘transgresores’, como usted los llama, es porque en el mundo ‘real’ que sirve de referente a mis relatos viven ellos, están ahí, deambulan y respiran y sueñan dentro de un espacio concreto y tangible que es la zona geográfica inmediata al río Bravo. Sin embargo, es importante aclarar que yo no me planteo su existencia dentro de mis relatos como ‘personajes transgresores’, pues no los construyo desde la perspectiva de la moral o las buenas costumbres, sino como elementos o piezas clave en la elaboración y representación de un mundo particular. Personajes en íntima relación con su propio espacio.

Su novela Árboles o apuntes de viaje nos parece escrita desde la nostalgia. Quisiéramos que nos hablara al respecto.

Árboles o apuntes de viaje es una novela donde se plantean las posibilidades de la memoria y la imaginación en la construcción de la realidad. Creo que este sería el tema central del texto. Sin embargo, en él aparece el escenario de la frontera, por la simple razón de que los personajes que recuerdan e imaginan han hecho su vida en el ir y venir a un lado y otro del río. Es por eso que asuntos como la migración y otros que se han convertido en un cliché en la literatura de la frontera, forman parte esencial de la vida de estos personajes, por lo que su tratamiento no responde a ninguna moda sino a la exploración del mundo interior de estos personajes. Pero también el relato recurre a un tema común en mi narrativa, las relaciones familiares, y particularmente la relación entre madre e hija. Todo esto dentro del marco de una crónica de viaje.

Usted dirigió la revista cultural Puentelibre. ¿Qué tanto se valora socialmente una publicación de este tipo?

Fundé la revista cultural Puentelibre para crear un espacio que apoyara los productos culturales del norte de México, principalmente la literatura. Creía (aún lo creo) necesaria para la ‘buena salud de la cultura’ de nuestro país la existencia de proyectos como Puentelibre, que combatía el anquilosado centralismo mexicano. Una revista siempre da cuenta de varios aspectos de una sociedad (el arte, la política, las prácticas sexuales, etc.) en términos de ideología o visión de mundo. De ahí se desprende su importancia. Todos los que colaboramos en la publicación de Puentelibre, artistas e intelectuales, testimoniamos (algunos con mayor talento o fortuna que otros) con nuestro trabajo una época, un lugar, una comunidad. La historia de la literatura y la cultura de un país tan vasto y rico como México no se escriben desde un único punto de vista. Si en el pasado así fue, ya no lo es más. Sólo por eso es importante y se debe valorar una publicación de este tipo.

¿Considera usted que las obras literarias cuyo tema central es el narcotráfico trascenderán más allá de lo mercadotécnico?

Todavía no he leído una novela o cuento cuyo tema central sea el narcotráfico. No obstante, creo que el valor literario de un texto no depende del tema sino del tratamiento ‘literario’ que se le dé. Si en nuestros días el tema del narcotráfico resulta actual y por lo mismo rentable para escritores y editores, no lo será más cuando las circunstancias sociohistóricas hayan cambiado y esos textos no ofrezcan algo más que anécdotas. Por el contrario, las obras que exploran y proponen nuevas formas de expresión, tanto a nivel del lenguaje como de la estructura, tienen más posibilidades de sobrevivir a los cambios políticos e históricos de una sociedad. Esta respuesta que doy a su pregunta se desprende de la idea que tengo sobre la literatura, pero, en realidad, no sé de qué depende la trascendencia de una obra literaria. La historia de la literatura mundial nos demuestra que las obras se convierten en clásicas o trascendentes por razones diversas.

¿Cuál sería la función de la literatura en un mundo cada vez más globalizado?

La función de la literatura -ya sea entretener, evadir, conmover, explorar, representar, construir o criticar- según los escritores y los lectores de los que se trate, no cambiará por el hecho de que en los Campos Elíseos, la Plaza Roja o la Zona Rosa se consuman tantas hamburguesas Mc Donald’s como en el centro financiero de la ciudad de Chicago, por ejemplo. Si la globalización cambia la manera de manejar las mercancías, su destino y la velocidad con la que se trasladan de un punto a otro del planeta, es evidente que impacta los estilos de vida, y a la larga las mentalidades de las diversas comunidades del mundo. En ese sentido, la materialización de la literatura en el objeto libro, en una mercancía que viaja y se instala en un abrir y cerrar de ojos en los sitios más insospechados del planeta, tal vez fomente la más común entre las funciones que históricamente se le han atribuido a la literatura: la comunicación. Pero se trata de una comunicación en la que cambian las reglas del juego, ya no se hablará más de la relación entre la nación y el resto del mundo, sino entre la región y el mundo. De ahí la relevancia que a últimas fechas ha tomado la frontera norte de México.

¿Todavía puede hablarse de 'géneros literarios'?

Ya a mediados del siglo XX Roland Barthes decía que relacionar la escritura con los géneros literarios era una visión burguesa de la literatura. Prefería el término texto al de novela, cuento o noveleta por ser más dúctil, tal vez más acorde con sus planteamientos sobre las lecturas escribibles (sic). Cuánta razón tenía. Leer un texto es volverlo a escribir en más de un sentido. Y escribir un texto desde adentro hacia fuera es desprenderlo de conceptos fijos y limitantes. Cada texto exige su propia forma, una que se va construyendo a medida que el lenguaje -íntimo-, el que sólo expresa a este personaje y no a otro, se mezcla con los otros lenguajes y toman su curso y edifican su mundo particular. Por ejemplo, Árboles o apuntes de viaje es un texto elaborado a partir de técnicas comunes en otros autores; es breve, fragmentario, polifónico, abierto… y sin embargo no es una novela convencional; sí un ensayo narrativo que explora el mejor camino para desahogar una memoria, unas conjeturas, una frontera, unos apuntes de viaje.

¿Cuál es su perspectiva sobre la narrativa chihuahuense actual?

Considero que, en general, la narrativa chihuahuense ocupa un lugar destacado dentro del panorama más amplio de la literatura mexicana actual, debido a la producción literaria de escritores de la talla de Ignacio Solares 3, Carlos Montemayor 4, Jorge Aguilar Mora 5 y Jesús Gardea 6. Sin embargo, trataré de dar respuesta a esta pregunta a partir de los narradores que escriben dentro de los límites geográficos del estado de Chihuahua. Destaco el factor geográfico porque es importante distinguir la literatura escrita en Chihuahua de aquella que se produce en el centro del país, ya que es este hecho particular el que nos habla de la condición real de la narrativa del estado. Tomo como punto de partida la publicación en 1980 de Los viernes de Lautaro, de Jesús Gardea, para señalar el inicio de una nueva época en la narrativa chihuahuense. No porque esta colección de cuentos memorables haya hecho escuela entre los narradores de Chihuahua, sino porque mientras Gardea escribía en solitario, en algunas ciudades del estado los jóvenes se agrupaban en los recién fundados talleres literarios del INBA. De tal suerte que la publicación del primer libro de Gardea inaugura una época de efervescente actividad literaria, la cual se refleja también en la fundación de revistas y suplementos culturales, la celebración de encuentros de escritores a nivel regional y nacional. Asimismo, en la presencia de diversos proyectos editoriales que, de frente al centralismo cultural que caracteriza a nuestro país, han apoyado la producción literaria de la región.
En realidad, creo que agregarle el adjetivo chihuahuense al sustantivo narrativa no dice mucho. Entiendo que la literatura se clasifica en categorías diversas para su sistematización y estudio; pero esto mismo, en ocasiones, la empobrece, sobre todo cuando se trata de justificar el adjetivo. No obstante, pienso que la narrativa chihuahuense goza de buena salud gracias a su vocación por la pluralidad, pues tanto los narradores viejos como los jóvenes, los del D.F., Maryland o Chihuahua, abordan la escritura desde perspectivas diferentes y con lenguajes diversos.

Elena Méndez
(Entrevista realizada el 24-agosto-07)

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NOTAS

1.- Escritor nacido en San Luis Potosí, San Luis Potosí, en 1950. Premio Casa de las Américas en 1978. Actualmente se desempeña como asesor de Jóvenes Creadores en FONCA, Categoría Cuento. Su novela más reciente es La Santa de San Luis (Tusquets Editores, 2006).
2.- Dramaturgo, guionista y actor nacido en Parral, en 1965. Premio Nacional de Dramaturgia en el 2002. Miembro del Sistema Nacional de Creadores del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (FONCA). Su libro más reciente es Chihuahua para niños (Instituto Chihuahuense de Cultura-ICHICULT-, 2007).

3.- Escritor nacido en Ciudad Juárez, en 1945. Premio Xavier Villaurrutia en 1998. Dirige la Revista de la Universidad de México desde el 2005.
4.- Escritor nacido en Parral, en 1947. Es integrante de la Academia Mexicana de la Lengua, de la Real Academia Española y de la Asociación de Escritores en Lenguas Indígenas. Ha obtenido importantes reconocimientos a su carrera, tales como el Premio internacional Juan Rulfo (1993); Xavier Villaurrutia (1971); José Fuentes Mares (1990); Narrativa Colima para Obra Publicada (1991). Durante 1992- 1998 fue becario de la Fundación Rockefeller.
5.- Escritor nacido en Chihuahua, en 1946. Su libro más reciente es Los secretos de la aurora (Ediciones Era, 2002).
6.- Escritor nacido en Delicias, en 1939. Premio Xavier Villaurrutia en 1980; y José Fuentes Mares en 1985. Sus obras fueron traducidas al inglés, francés y polaco. Murió en su ciudad natal en el año 2000.
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DATOS DE LA AUTORA:

Elena Méndez (Culiacán, Sinaloa, México, 1981).- Licenciada en Lengua y Literatura Hispánicas por la Universidad Autónoma de Sinaloa. Narradora. Redactora de homines.com. Subdirectora de revistaespiral.org. Ha participado en los talleres literarios de los escritores mexicanos María Baranda, David Toscana y Cristina Rivera Garza. Escritos suyos han sido publicados en TEXTOS, Acequias, La Pluma del Ganso, La Línea del Cosmonauta, La Prensa, Expreso, Milenio, Universo de el Búho, Replicante, Avión de Papel, letras.s5.com, Miel y Amoniaco, Espiral, Espéculo, Baquiana y El coloquio de los perros.


FOTO: Eve Gil

segunda-feira, setembro 24, 2007

MAESTRA ELENA

Hoy fue mi primer día como maestra de Español en la Federal 3.

DO YOU SPEAK ENGLISH?


segunda-feira, setembro 17, 2007

Y LA VOZ SE TORNÓ OVAL...

'Narrar el drama: La Voz Oval, de Enrique Olmos' en Universo de El Búho, no. 89, septiembre 2007.

domingo, setembro 16, 2007

LITANY OF YOUNG SUICIDE WOMAN


To Efraín

Love is not only that, it’s not only to look into the eyes and hold hands and pronounce solemn words that after will be thrown away in the trash.
Someday, she promised to herself, she will stop precipitating like a featherless, blind bird towards the doom… someday.
But how to find that someday, to love is something more, loving must be reciprocal, and she tells you, who has never loved, who only conjugates that verb to conceal your one and only intention: to tattoo a shadow on the wall while the hormones are galloping through the blood.
And what could you tell her to console her of from what she called a weird promiscuity without intercourse, sometimes tinged of tenderness but always permeated of lust, of that damn one without wanting to be, of that having to stop saying who, how, why she loved…
And you heard her without listening, without replying: I understand you, but, just like you say: someday…
She wrote you an unsent letter, before tinging her gray sky with red...

Elena Méndez
FOTO/TRADUCCIÓN: Sandra Flores Alonso

sábado, setembro 01, 2007

LAS DRAS. MÉNDEZ



Mis hermanas Carmen y Marlene se graduaron de su Doctorado en Pedagogía ayer, 31 de agosto.

NARRATURGIA: LA VOZ OVAL, ENRIQUE OLMOS

Enrique Olmos, dramaturgo hidalguense, publicó La voz oval, que contiene seis obras teatrales. El autor hace uso de la narraturgia, consistente en alternar en sus textos recursos propios tanto de la narrativa como del drama.
En 'Un curso de milagros' una mujer drogadicta, que ha abandonado a su hijo, busca el modo de estafar a la gente para sobrevivir, a base de supuestos milagros, tomando como sitio de culto una habitación del departamento de su amante. La mujer será objeto de un milagro, dándole un giro inesperado a la historia. El lenguaje es crudo y las situaciones sórdidas, planteadas con enorme ironía.
'La voz oval' está dirigido a adolescentes. Aborda el despertar erótico/afectivo de un puberto, hijo del director técnico de los Malteses de Pachuca. El objeto de su deseo viene siendo, precisamente, la novia de su padre, de quien ha estado alejado tras divorciarse éste de su mamá. La neurosis del padre origina la tragedia final.
'¡Sacrifíquenlo!' guarda intertextualidad con el cuento 'Sobre los cinco panes', de Karel Capek. Trata sobre una conversación entre un panadero y un pescador sobre Cristo. Los personajes muestran sentimientos ambivalentes ante el Mesías, de quien saben sus obras caritativas; no obstante, se sentirán amenazados en sus intereses y decidirán actuar con mezquindad, de ser necesario.
Es notoria la preocupación de Olmos por el público infantil, al grado de dedicarles tres de las piezas: 'Los Gat's', 'Gonzalo y los objetos perdidos' y 'No tocar'.
La primera de ellas plantea un amor infantil no confesado y cómo influyen negativamente un par de gatitos parlanchines; la segunda -basada en el cuento 'El mapa de los objetos perdidos', de Juan José Arreola- versa sobre cómo el protagonista busca deshacerse de un mapa adquirido en la infancia. Dicho objeto posee la extraña facultad de encontrar cosas extraviadas a terceros, para que su dueño se apropie de ellas. La situación se torna desfavorable para éste, por lo cual decide venderlo.

La última obra aborda el abuso sexual infantil, en parte causado por la flagrante desatención de los padres hacia los hijos. La niña protagonista es tocada de modo lascivo por una de sus primas y una amiga de ésta, quienes la 'cuidan' durante la ausencia de su madre. La víctima confía su caso a su mejor amiga, quien buscará ayudarla.

Olmos y sus obras son el aire fresco que tanto necesita la dramaturgia mexicana actual.


Elena Méndez

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ENRIQUE OLMOS
La voz oval,
Fondo Editorial Tierra Adentro/ Consejo Estatal para la Cultura y las Artes de Hidalgo,
no. 326, 2006,
México, 191 pp.
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DATOS DE LA AUTORA:
Elena Méndez (Culiacán, Sinaloa, México, 1981).- Licenciada en Lengua y Literatura Hispánicas por la Universidad Autónoma de Sinaloa. Narradora. Ha participado en los talleres literarios de los escritores mexicanos María Baranda, David Toscana y Cristina Rivera Garza. Escritos suyos han sido publicados en TEXTOS, Acequias, La Pluma del Ganso, La Línea del Cosmonauta, La Prensa, Expreso, Milenio, Universo de el Búho, Replicante, Letras.s5.com, Miel y Amoniaco, Espiral, Espéculo, Baquiana, El coloquio de los perros y Homines.

ME HE CONVERTIDO EN REPLICANTE


"Narraturgia: La voz oval, Enrique Olmos" en Replicante no. 12, agosto-octubre 2007.

LA PALABRA QUE ILUMINA: MARÍA ANTONIETA MENDÍVIL

María Antonieta Mendívil: Inquieta, reflexiva, espiritual. Una palabra que ilumina.

María Antonieta Mendívil nació en Cajeme, Sonora, en 1971. Cursó estudios de Licenciatura en Teología por la Universidad Pontificia de Salamanca; de Letras Hispánicas por la Universidad de Sonora; y de Ciencias de la Comunicación en el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM).

Ha participado en la edición, creación y fundación de las revistas MuchoGusto/arte en sus sentidos; Arte Sonorense (ganadora en 1992 de la Beca Nacional Tierra Adentro por Edición); Gradas y Palabra de Mujer. Fungió como coeditora de la sección monográfica en español de la revista RE/ realidad y pensamiento (publicada en España).

Durante 1994-1995 y 2000-2001 fue becaria del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes (FECAS) en las categorías Jóvenes Creadores (Poesía y Novela) y Creadores con Trayectoria (Novela); y de 2005-2006, del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (FONCA), categoría Jóvenes Creadores, género Novela.

Fue cofundadora de Equilibrio Editores -que estuvo funcionando de 1995 a 1997-.

En 1995 condujo la sección cultural del programa radiofónico ‘Nosotras mujeres’ en Radio Sonora.

Textos de su autoría han aparecido en diversos medios impresos y virtuales como El Imparcial, Siempre!, Tierra Adentro, Cultura Norte, Expreso, La línea del Cosmonauta, Observatorio Digital, Homines y Espiral.

Ha sido incluida en las antologías poéticas Cantos de Minerva (recopilación: Guadalupe Beatriz Aldaco, Instituto Sonorense de Cultura –ISC-, 1994; Poesía Joven de Provincia (Fondo Editorial Tierra Adentro –FETA-, 1994); Alas de alacrán (compilación de Paloma Hernández Gómez (ISC/ Consejo Nacional para la Cultura y las Artes –CONACULTA-/ PAMYC, 2006); y en la ensayística (Casi) todos on-line (Servicios de Observación sobre Internet, 2006).

Ha publicado el poemario Cuenta Regresiva (ISC, 1992); las novelas Otros Tiempos (Equilibrio Editores, 2000) y Duelo de noche (Almuzara, 2006). Próximamente otro de sus poemarios, Llama, aparecerá en Libros del Umbral. Trabaja en una nueva novela, A ras de vuelo, que trata sobre una dinastía de pilotos fumigadores.

Entre sus temáticas se encuentran la soledad, el silencio, el miedo, la muerte y el dolor, todo ello impregnado de enorme espiritualidad.

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Supe de María Antonieta Mendívil a principios del presente año, cuando llegó a mis manos Duelo de Noche. Dicha novela trata de la historia de dos mujeres, madre e hija. La madre-Concha- está en su lecho de muerte, a cuyo pie vela Sara, su hija. El libro está narrado mediante lo no dicho: accedemos alternativamente al pensamiento de una y otra, mismo que jamás se verbaliza. Al dolor de la muerte se agrega el del silencio. Me impresionó tanto la obra, tanto en su contenido como en su estructura, que busqué comunicarme con la autora. ‘Hay dolores que salvan’, recuerdo haberle escrito. ‘Tu libro es de esos’.
Decidí entrevistarla por la trascendencia que ha tenido esta obra, misma que va por su segunda edición en España y ha sido reimpresa en México.
Responde el cuestionario vía internet. He aquí con toda su luz.

Paul Valéry decía: 'un poema nunca se concluye; sólo se abandona'. ¿Estaría usted de acuerdo con dicha afirmación?; En tal caso, ¿ello sería aplicable también a otros géneros, como la novela?

Creo que con esa frase Valéry nos liberó de una gran culpa. Todo texto es perfectible, pero debe llegar un momento en que debemos abandonarlo. Y ese abandono es una liberación bidireccional: del creador hacia su texto y viceversa. Los textos requieren también liberarse del autor. Un autor debe saber abandonarse para poder crear, y debe saber en qué momento el texto nos ha abandonado y en qué momento lo mejor es abandonar al texto.

Al leer Duelo de noche, nos parece que estuviese escrita desde el dolor. Ello, incluso, se aprecia desde el título. Háblenos sobre esto.

El escritor trabaja con una caja de herramientas que es el lenguaje y sus recursos. Pero hay un instrumento de gran importancia, que es la memoria emocional. Quienes creamos tenemos un enorme desván, que es el subconsciente donde todo almacenamos, donde todo puede pasar, donde todo transcurre sin censura. Soy una persona que vive muy en contacto con sus emociones, pero de tan cerca que las disecciono, las analizo, las clasifico, las ordeno en sus casilleros correspondientes. Los personajes de Duelo de noche debían echar mano del dolor. ¿O qué puede sentir una hija que es médico al ver morir a su madre sin poder hacer nada por evitarlo? ¿O qué puede sentir al enfrentarse al deseo infantil de ser huérfana, si ve cumplirse el momento y le resulta insoportable? ¿Qué puede sentir una mujer que lo que más desea es ser madre para recuperar las deudas de amor que ha tenido toda su vida, si la hija destinada a cumplir esos deseos es una persona impenetrable, desapegada, lejana? Duelo de noche transcurre en el momento de la muerte. Y para mí la muerte es el último resumidero, donde todas las emociones, las mejores y las peores, se mezclan y se purgan. Si preguntas si sufrí al escribir la novela, sufrí como creadora, por querer contar una historia con la mayor emoción posible, pero a la vez con la mayor pulcritud y precisión. Y especialmente sufrí con el personaje de Sara (la hija), porque era muy difícil manejarla por su dureza, por su inconsecuencia, por estar permanentemente escindida de su entorno afectivo.

Su novela Otros tiempos nos resultó una alegoría sobre la censura y el exilio. ¿Qué podría decirnos al respecto?

La primera piedra en la construcción de Otros tiempos fue esta premisa: utilizar el lenguaje como tabú. El lenguaje está hecho para revelar y esta es la apuesta de la narrativa, dosificar esta revelación por medio de la tensión y el suspenso y el desenlace. Pero olvidamos que el lenguaje oculta y me interesa mucho este pliegue. En épocas de censura, el escritor ha tenido que ocultar con el lenguaje. Y también sucede que a veces trivializamos tanto el lenguaje, que acaba siendo una jerga totalmente lejana a los referentes. Hay momentos históricos donde es necesario reinventar el lenguaje, revitalizarlo, volver a la raíz. El género literario apocalíptico fue revolucionario en su momento por eso: porque se alejó al lenguaje tradicional y echó manos de otros simbolismos, de otras metáforas, de una forma críptica. Cuando el lector topa con lo indescifrable invierte más tiempo y atención en decodificarlo. Otros tiempos camina por esta tradición apocalíptica. Y fue así, porque estaba por cerrar el siglo y el milenio, yo estaba viviendo en una finca retirada de la ciudad, en medio del desierto y del paisaje más inquietante que hubiera visto. Y así fue construida. Es una gran reflexión sobre el lenguaje, la censura, la dilución de la palabra que provocamos al alejarnos de su raíz, el poder de la palabra, el miedo que los gobernantes tienen a ese poder que no les pertenece tanto como a los artistas y pensadores. Y me agrada mucho que nunca se había hablado tanto de esta novela hasta que fue publicada Duelo de noche.

¿En qué radicaría que la visión predominante en la ya citada Duelo de noche es femenina, mientras que en su novela en ciernes, A ras de vuelo, es masculina?

No creo que la visión sea masculina o femenina. Es la visión de una escritora mujer. Los personajes de la historia son los que marcan. En Duelo de noche quería mostrar claramente el abismo generacional entre las madres nacidas en los 40 y las hijas nacidas en los 70 y la relación tan compleja de madre e hija, en el contexto que ya he mostrado: las últimas horas de una de ellas. En A ras de vuelo, la novela que escribí gracias a la beca del FONCA, los personajes son predominantemente varones: pilotos fumigadores en ambientes rurales, donde los varones cumplen mayoritariamente los roles dominantes. Como escritora ha sido un reto meterme en la sicología y el lenguaje de las mujeres y hacerlo ahora en el de los varones. Estoy jugando más con el lenguaje, es una novela mucho más lúdica en este sentido.

¿Por qué otorgar tanta importancia al silencio dentro de su obra?

El lenguaje no es lenguaje sin el silencio. Y quienes escribimos intentamos explicar la realidad, pero una vez que la explicamos no queda otra mojonera más que el silencio. Por otra parte el silencio, el espacio en blanco, el misterio a veces es mucho más revelador que la palabra más precisa. La palabra no puede alcanzarlo todo. Tiene límites. Y sólo el silencio la salva de esos límites. Yo he tomado este camino como escritora y como persona: quiero caminar hacia el silencio.

Identificamos una honda preocupación espiritual en su escritura. Coméntenos qué la motiva para ello.

Lo que más me interesa es la dimensión trascendente de la palabra. La palabra que funda, la palabra que destruye, la palabra que anticipa, la palabra que convoca. Los profetas son una importante fuente en este sentido. ¿La palabra que ellos enunciaban atraía los acontecimientos o los vaticinaba? Para mí esta es la gran pregunta que mueve mi búsqueda literaria, mi batalla al momento de escribir.

¿Qué género se le dificulta más y por qué?

Los que no escribo, sin duda. Hasta ahora he trabajado la novela y la poesía, en ambos géneros me siento cómoda, en ambos siento satisfechas mis necesidades de expresión. Tengo un gran respeto por ambas, pero sin duda para mí la poesía es la joya de la literatura.

Usted ha participado en la edición de diversas publicaciones, en especial culturales. ¿Qué tanto se valora estos productos en la sociedad?

Si pensamos cuantitativamente, puedo decir que poco. Pero cualitativamente, mucho. Es difícil sostener las publicaciones culturales, más en la economía mexicana que se ha esforzado por la sobrevivencia, no por la búsqueda de satisfactores intelectuales o lúdicos. Creo necesario en cada generación fundar estar revistas que muestren mosaicos de pensamiento, de propuestas artísticas y literarias. Yo tengo un enorme amor por la revista Vuelta 1. Para mí fue una ventana a lo que se hacía en poesía internacionalmente, me puso en contacto con el mejor pensamiento de la época, las grandes controversias que al paso del tiempo transformaron la historia, los autores más emblemáticos. Y es un amor lleno de nostalgia. Soy una de las huérfanas de Vuelta 1.

¿Qué impulso obtiene un escritor que publica inicialmente en editoriales pequeñas y consigue luego aparecer en una firma importante -como en su caso, que publica ahora con Almuzara?

Es muy relativo. Yo di el salto a una editorial española desde este rincón del desierto. Y sigo aquí. No convivo con el gremio, no me relaciono ni estoy al tanto. No pertenezco a ningún grupo. Sólo tengo mi pequeño grupo de amigos que escriben aquí en Hermosillo y con quienes comparto amistad y un taller desde hace años. Al publicar con Almuzara de repente me vi sentada con grandes escritores y editores en las ferias del libro en Monterrey y Guadalajara. Pero eso no cambia en nada. Cenar junto a un escritor famoso no cambia nada. Y en ese ambiente una escritora emergente, que recién publica en el gran mercado, tampoco significa nada. Estoy contenta de pertenecer a una editorial donde les interesa el autor como ser humano, donde se toman muy en serio la edición del libro, pero muy a la ligera todo ese esnobismo que rodea el ambiente literario. Me siento feliz de que sean buenas personas y que sean divertidos. Me hace feliz saber que Almuzara acaba de publicar la segunda edición de Duelo de noche en España, que para México hubo una reimpresión. También veo con gusto un interés en Otros tiempos a partir de esta publicación. De repente eres un poco más visible en los circuitos culturales. Pero al final del día, yo tengo que seguir leyendo, formándome, escribiendo, luchando con cada palabra para seguir contando las historias que quiero y como las quiero contar. Y sobre todo, tengo que seguir mi vida, que no se ha modificado en nada: con mi hija, mi perro, mi casa, mi trabajo, mi familia, mis amigos.

¿Cuál es su perspectiva sobre la literatura sonorense actual?

Creo que está en un momento muy vivo, productivo. Y lo que es mejor, no existe en la generación actual las brechas ideológicas que en generaciones pasadas causaban muchas divisiones y grupos de poder. Creo que ahora podemos trabajar de manera unida, porque no hay nada que nos fisure, y en cambio sí mucho en común, que es una gran pasión por la literatura y unas ganas extremas por mostrar nuestro trabajo más allá de los límites sonorenses. Están surgiendo revistas, suplementos, publicaciones, hay mucho joven trabajando duro y su trabajo se está reconociendo. No puedo ver más que muy buenas perspectivas.


Elena Méndez
(Entrevista realizada el 20-agosto-07)


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NOTA:
1.- Revista literaria fundada en 1976 por el escritor Octavio Paz (Ciudad de México, Distrito Federal, 1914-1998; Premio Nobel de Literatura 1990). A la muerte de éste, la publicación dejó de editarse, para reaparecer al año siguiente, dirigida por el historiador Enrique Krauze (Ciudad de México, Distrito Federal, 1947), bajo el nombre de Letras Libres.

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MÁS DE MARÍA ANTONIETA MENDÍVIL:
www.palalbedrio.blogspot.com

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DATOS DE LA AUTORA:
Elena Méndez (Culiacán, Sinaloa, México, 1981).- Licenciada en Lengua y Literatura Hispánicas por la Universidad Autónoma de Sinaloa. Narradora. Ha participado en los talleres literarios de los escritores mexicanos María Baranda, David Toscana y Cristina Rivera Garza. Escritos suyos han sido publicados en TEXTOS, Acequias, La Pluma del Ganso, La Línea del Cosmonauta, La Prensa, Expreso, Milenio, Universo de el Búho, Replicante, Avión de Papel,
Letras.s5.com, Miel y Amoniaco, Espiral, Espéculo, Baquiana, El coloquio de los perros y Homines.