quarta-feira, maio 24, 2006

ÉLMER YA COME CON MANTECA


EVE GIL: LA NIÑA QUE JUGABA CON LETRAS


Desde que me rayó la primera luz de la razón,
fue tan vehemente y poderosa
la inclinación a las letras,
que ni ajenas reprensiones
–que he tenido muchas-
ni propias reflejas
–que he hecho no pocas-
han bastado para que deje de seguir
este natural impulso que Dios puso en mí ...1


Sor Juana Inés de la Cruz


Eve Gil: Escritora. Periodista. Eve Gil: unos ojos moros que observan con ternura, con avidez, casi acariciando lo que le rodea. Unas manos expresivas que mueve constantemente mientras habla. Una voz suave. Una franqueza enorme, como buena norteña. Sencilla. Sorjuanófila al punto de titular Hombres necios su ópera prima, en clara alusión al más célebre poema de la Décima Musa; asimismo, su blog La Trenza de Sor Juana 2 hace referencia a lo relatado por la madre jerónima en su Respuesta a Sor Filotea de la Cruz, donde ésta confiesa que se cortaba el cabello cuando no lograba aprender pronto alguna lección de gramática: “(...) No me parecía razón que estuviese vestida de cabellos cabeza que estaba tan desnuda de noticias (...)” 3


Eve Gil nació en Hermosillo, Sonora, en 1968. Es fundamentalmente narradora, aunque también ha incursionado en la poesía, la dramaturgia y el ensayo. Es autora de cuatro novelas: la ya citada (ganadora del premio de novela en el Concurso del Libro Sonorense, en 1994) y El suplicio de Adán (ganadora del premio La Gran Novela Sonorense, en 1996), ambas publicadas por el Instituto Sonorense de Cultura en 1996 y 1997, respectivamente; Réquiem por una muñeca rota (Fondo Editorial Tierra Adentro, 2000) y Cenotafio de Beatriz (RD Editores, 2005).

Ha obtenido el Premio Nacional de Periodismo Juvenil Fernando Benítez, en 1994, por el reportaje La fortificación del ámbar maldito, así como dos menciones honoríficas: una en el Certamen Nacional de Poesía Anita Pompa de Trujillo, en 1993, Transitar por la inocencia y otra en el Concurso del Libro Sonorense 1994, género dramaturgia, con el monólogo Electra masacrada ; otra de sus obras teatrales es la farsa Retrato de una pareja perfecta (Casa de la Cultura, 1990), que escribió a los 18 años y obtuvo el Premio Lecturas Teatrales 1990. Coautora de los libros Los cantos de Minerva (antología de escritoras sonorenses, Instituto Sonorense de Cultura, 1993) y Raíz y canto (poemas ganadores del Anita Pompa de Trujillo, Instituto Sonorense de Cultura, 1993). Ha sido becaria del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes de Sonora (1993-1994; 2004-05) y del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes, en la categoría de Jóvenes Creadores (1995-1996). Acaba de obtener el Premio Nacional Efraín Huerta, en la categoría de Cuento, con el libro (inédito) Sueños de Lot.

En la obra de Eve Gil se halla una perpetua obsesión por el erotismo, la locura, la muerte, la soledad. Hay, asimismo, una crítica social muy fuerte, llevada a cabo con sutil ironía.

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Entrevisto a Eve por internet, medio por el cual nos conocimos. Leía el blog de cierto joven escritor y ahí aparecía recomendado uno de los dos que ella tiene, All about Eve. Le dejé un comentario; ella respondió en mi blog y desde entonces nos hemos vuelto buenas amigas. En marzo del presente año, vino a Culiacán a dictar su conferencia El segundo oficio más antiguo del mundo: La escritura femenina, y por fin pudimos abrazarnos.

La dejo revelarse mediante las palabras.


¿Cómo surge su vocación literaria?
A veces siento que es algo que nació junto conmigo, porque no recuerdo un solo momento de mi vida en que no haya estado acompañada de un libro o de un cuaderno. Cuando era muy chiquita, recuerdo, tres años a lo sumo, hacía rabiar a mi mamá porque bajaba todos los libros del librero por el mero hecho de rodearme de ellos. Mi papá decía, en tono bromista, que de seguro sería bibliotecaria de grande. Un poco más grandecita, forraba esos mismos libros con papel blanco y le rehacía una portada donde escribía un nuevo título y me atribuía la autoría de la historia. Sin embargo, no fue sino hasta los catorce años que escribí mi primera novela. Mientras otras niñas decían que de grandes querían ser doctoras o abogadas, yo siempre respondí sin lugar a dudas escritora.
¿ Por qué escribir novela?
Desde siempre ha sido mi género favorito, y desde mi primer intento de escribir un texto literario, lo primero que se me ocurrió fue que sería una novela. Creo que lo prefiero porque es el único género en el que caben todos los demás. Una novela puede contener poesía, cuento, ensayo y reportaje. Por desgracia, y como bien decía Roberto Bolaño, empieza a diluirse la ambición literaria en quienes incursionan en el género novelístico que, siento, cada día va perdiendo un trozo de su grandeza. Empieza a convertirse en el género más fácil, y eso no me gusta. Quizá por ello ahora me estoy yendo un poco más por el ensayo.
¿A qué atribuye usted la evidente preeminencia y vitalidad de la novela respecto a los demás géneros literarios a lo largo de la historia?
A esa cualidad que yo denomino elástica, porque le cabe de todo, y de verdad me preocupa que empiece a adelgazarse, como si de algún modo la hubieran condenado a la anorexia, y no me refiero únicamente al volumen, sino sobre todo, y tristemente, a los contenidos. En ese sentido me declaro fanática de lo retro.
¿A qué se debe el afán transgresor presente en su obra? (citemos a Felipe, protagonista de su ópera prima El suplicio de Adán: un sacerdote sin fe, irreverente, mal hablado e, incluso, gigoló por azares del destino... )
Creo que lo que más me duele, lo que más me enfurece en la vida, es la hipocresía. El machismo ha sido el máximo promotor de la misma ya que en su afán de doblegar a las mujeres y negar a los homosexuales, ha propiciado que tanto unos como otros cultiven el arte de fingir y de perpetuar, de este modo, ese amordazamiento de la sexualidad. Una sociedad reprimida y mentirosa nunca será una sociedad próspera ni feliz. Te pongo un ejemplo: todo mundo puso el grito en el cielo con esa joya cinematográfica que es Secreto en la montaña... ¡cómo, dos hombres besándose, qué horror!.... ¿Y quien se molestó en decir una palabra acerca de ese engendro de película de Quentin Tarantino, Hostal, donde se viola y tortura a la gente, y hasta infartados hubo debido al realismo que maneja?, esto es, a la gente le asusta más que dos hombres se amen que, por ejemplo, las matanzas en Irak, o los feminicidios en Ciudad Juárez. Eso es producto de la hipocresía, que condena la sexualidad y justifica el horror, la violencia, la guerra, el homicidio, y creo que en cierto modo eso reflejan mis novelas: mientras algunos curas violan niños y descuartizan a sus amantes embarazadas, otros, como Felipe, se prostituyen para fundar orfanatorios y rescatar niños de la calle. Por supuesto, el Vaticano condenaría con mayor energía al gigoló.
¿Cómo ingresa al periodismo y en qué forma dicha experiencia ha contribuido en su narrativa?
Al periodismo ingresé por invitación. Yo era estudiante de Letras y un amigo mío de nombre Manuel Murrieta me invitó a reseñar una obra de teatro dirigida por Ángel Norzagaray para una revista llamada Así. Nunca había hecho nada de eso, ni sabía nada de teatro, a pesar de que acababa de ganar un premio estatal de dramaturgia, pero yo necesitaba dinero y decidí intentarlo. Creo que me quedó mejor de lo que creí. No he parado desde entonces. Dos semanas después de aquella reseñita, el mismo Murrieta me pidió entrevistar a un actor sonorense que era, ni más ni menos, Jesús Ochoa, que por entonces no era famoso. Él fue mi primer entrevistado y me cayó tan pero tan bien, pero supuse que siempre sería así y, afortunadamente, salvo Cristina Pacheco que terminó gritoneándome y arrebatándome la grabadora, siempre ha habido una bonita química entre mis entrevistados y yo, aún los más difíciles. En cuanto a la contribución del periodismo en la narrativa, debo confesar que siempre he mantenido distanciados uno de la otra. El periodismo es lo que me da para comer. Antes sentía tanta pasión por el periodismo como por la literatura, cuando realizaba mis reportajes polémicos, pero decidí abandonarlo porque ahora que soy mamá no puedo continuar arriesgando el pellejo y me dedico exclusivamente al periodismo cultural.
Háblenos un poco acerca de su autoexilio: por qué salió de Sonora para radicar en el DF.
En 1998, año en que decido salir de Hermosillo después de leer El arte de la fuga de Sergio Pitol (ese libro me ayudó a tomar la decisión de salir a explorar el mundo), vivía una situación insostenible. No fui la primera escritora de Sonora, mentiría si dijera semejante cosa, pero sí fui la primera que se rehusó a escribir sobre florecitas, y eso desató la ira de un par de funcionarios culturales, por no hablar de algunos profesores de la escuela de Letras. Para acabarla de amolar, mi primera novela, Hombres necios, que aborda un tema bastante escabroso (un movimiento estudiantil de 1971 que desembocó en una verdadera masacre de jóvenes y del cual se derivó la liga 23 de septiembre) que nadie en Sonora, de los que verdaderamente había vivido ese episodio, se había atrevido a tocar (yo tenía tres años cuando eso ocurrió), ganó en 1993 un concurso convocado por el Instituto Sonorense de Cultura pomposamente llamado La Gran Novela Sonorense, al que, se suponía, sólo podías concursar si se te invitaba expresamente para ello, pues el entonces director del ISC, Carlos Moncada, quería que se la rifaran entre los que él consideraba “los titanes de la literatura sonorense”. Yo supe del concursito porque le llegó la invitación a mi jefa de entonces, y decidí mandar la novelita antes citada en el entendido de que iría firmada con seudónimo y nadie podía impedirme, por tanto, inscribirla en el concurso. Cuando la llevé todo mundo creyó que era de mi jefa. Para asegurar la legalidad del mentado concurso, Moncada se cercioró de reunir a un jurado foráneo, todos ellos oriundos de La Paz y de Puebla, pero doctorados por la Sorbona de París. Lo último que imaginé fue que resultaría ganadora, y siempre imaginé que si por algún azar del destino ganaba me echaría de enemigos a todos mis maestros de letras (la mayoría inscribieron un trabajo al concurso) y de paso a mi jefa, que terminó corriéndome. Pero todavía me esperaba lo peor: en 1996 inscribí otra novela en el tradicional concurso del Libro Sonorense, y volví a ganar, y el director que entró en lugar de Moncada, Juan Antonio Ruibal Corella, que es del Opus Dei o algo así, puso el grito en el cielo al ver que la dichosa novela hablaba sobre la revuelta cristera, sobre los caudillos sonorenses y de paso estaba protagonizada por un cura gigoló, y no se le ocurrió mejor cosa que embodegarla durante todo un sexenio. Textualmente dijo: “Este libro no sale de aquí”. Esa fue la gota que colmó el vaso.
¿Qué perspectiva tiene actualmente acerca de la situación cultural en Sonora?
Por fortuna ha dado un giro radical. Parece que la escuela de letras permanece estancada en la revolución cubana, pero lo que es la cultura oficial ha avanzado considerablemente gracias a que su nuevo titular, Fernando Tapia, es el primer director del ISC que no es ni abogado ni contador privado, sino doctor en literatura. Tapia además uno de los pocos maestros que tuve en Letras que aplaudía mis gracias. Un gran profesor, además. Es un hombre culto, sin telarañas mentales, que lejos de marginar a las mujeres, a los homosexuales y a los indígenas como hicieran sus predecesores, los ha incorporado a su equipo de trabajo. Actualmente hay escritoras jóvenes en Sonora como Sylvia Aguilar Zeleny y Cristina Rascón, y jóvenes poetas vanguardistas como Iván Figueroa que hubieran sido vistos con desprecio por Moncada o por Ruibal Corella. Por otro lado, ésta es la primera administración que ha reconocido, homenajeado y reeditado la obra de Abigael Bohórquez.
¿Por qué la fascinación ante la escritura biográfica -tanto propia como ajena- ?
Lo más atrayente de mi narrativa, pienso yo, son los personajes. Para mí una obra narrativa sin personajes que te conmuevan no cumple a cabalidad su función. ¿Qué sería de Ulises sin Stephen Dedalus, por ejemplo? Pienso en la novela rusa, que es la más grande de todos los tiempos: ¿qué sería de ella sin Ana Karenina, sin Alexei Karamazov, sin Natasha Nicolaevna, sin el maravilloso Levine, que es mi consentido? De ahí mi fascinación por la biografía, que no la autobiografía, porque he sido bastante parca para referirme a mi persona, no obstante que siempre habrá algo del autor en sus personajes. Salvo Moramay de Réquiem por una muñeca rota hay muy poco de mi vida en mi narrativa. En Cenotafio de Beatriz, por ejemplo, hay un solo capítulo autobiográfico, que es el del parto de Beatriz. Yo empecé a escribir esa novela cuando, estando embarazada de mi hija pequeña, me anunciaron con una frialdad impresionante que tenía preclampsia y que o me sacaban a la criatura o yo me moría, y como no dejé que me la sacaran di por sentado que me iba a morir y Cenotafio es, por ello, una novela mortuoria, desde el título. Pero fuera de ese detalle poco tengo que ver con la protagonista, una Beatriz coja, corrompida, prostituida, amargada y sin embargo perseguida por un Dante que añora lo que ella fue y ya no es.
¿Cómo impulsa la carrera de un escritor el obtener un premio literario –como en su caso, que acaba de llevarse el Efraín Huerta, en Cuento, con la obra Sueños de Lot- ?
No sabría responder esa pregunta. Debo confesar que he participado en algunos concursos; que casi siempre me gano mención honorífica pero muy pocas veces he ganado. Curiosamente, poco antes de que me avisaran que había ganado el Efraín Huerta de cuento yo estaba a punto de abandonar el género cuentístico para siempre porque consideraba que no tenía madera para eso; que me era imposible escribir textos cortos... de hecho muchos amigos míos me habían hecho el comentario de que les gustaba mucho más como novelista que como cuentista. Gracias a este premio descubro que no soy tan mala después de todo y he resuelto continuar haciéndole la lucha al relato, aunque mi género favorito es y seguirá siendo la novela.
El narrador sinaloense César López Cuadras4 declaró hace poco5 que los grandes genios de la literatura han sido misóginos, y que los que se autoproclaman feministas son demagogos. Citó alusiones misóginas, por ejemplo, en Don Quijote. ¿Qué declararía usted al respecto?
Independientemente de que admiro a César y me cae muy bien, debo señalar que está equivocado y que su actitud resulta incomprensible en estos tiempos. Posiblemente los autores a los que hace referencia pertenecen a una época en que las mujeres no tenían acceso al estudio ni a los libros, pero como en todo existen las excepciones... y para muestra ahí está nuestra incomparable Sor Juana. Habría que recomendarle a César que leyera a grandes genios como Oscar Wilde, Truman Capote, E.M. Forster, Julio Cortázar, Sergio Pitol, entre otros, que lejos de denostar a las mujeres reconocían incluso influencia de escritoras en su propia escritura. Cortázar fue el único escritor del boom que exigió la inclusión dentro del mismo de mujeres como Luisa Valenzuela. De misógino, nada. No dudo que haya grandes genios misóginos, del mismo modo que hay mujeres geniales que son abiertamente androfóbicas, como Elfriede Jelinek, pero eso no repercute para nada en la demostrada realidad del talento femenino. Habría que recomendarle a César que leyera La trenza de Sor Juana, ¿no crees?


Elena Méndez

(Entrevista efectuada el 14 de mayo del 2006)

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NOTAS


1 Respuesta a Sor Filotea de la Cruz, en Sor Juana Inés de la Cruz, Obras Completas, Col. Sepan Cuantos, no. 100, Editorial Porrúa, México, 2000, p. 830.

2 ________________________________, Ídem, p. 831.

3 En dicho blog se publicaban reseñas periodísticas aparecidas en la columna del mismo nombre, perteneciente al Suplemento Arena del diario capitalino Excélsior, de circulación nacional. Desde marzo, el suplemento fue retirado; aún así, Eve continúa con sus Trenzas (por las cuales jamás ha percibido salario alguno).
La Trenza de Sor Juana, en palabras de su autora, tiene el fin de exaltar el genio literario femenino.

4 Autor de La primera vez que vi a Kim Novak (cuento), La novela inconclusa de Bernardino Casablanca, Macho profundo y Cástulo Bojórquez (novelas).

5 Declaraciones dadas el 27 de enero, durante su intervención titulada “El Quijote: Los textos en el texto”, como parte del Seminario sobre El Ingenioso Don Quijote de la Mancha , en la Escuela de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Sinaloa.


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MÁS DE EVE GIL:

www. evegil.blogspot.com
www.evetrenzas.blogspot.com



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DATOS DE LA AUTORA: Elena Méndez (Culiacán, Sinaloa, México, 1981).- Licenciada en Lengua y Literatura Hispánicas por la Universidad Autónoma de Sinaloa. Ha participado en los talleres literarios de los escritores mexicanos María Baranda, David Toscana y Cristina Rivera Garza. Escribe cuento. Ha publicado parte de su material en la revista TEXTOS, de su Universidad (no. 14, abril/julio 2004) y La Pluma del Ganso (no. 42, marzo/mayo 2006) y en las páginas literarias
www.aviondepapel.com, www.letras.s5.com y www.homines.com.

http://www.homines.com/palabras/entrevista_eve_gil/index.htm

FOTO: Esmeralda Méndez


terça-feira, maio 23, 2006

TRINI

Para Elena Méndez, la culichi

Porque todo ángel es terrible.1 Ella no. A medio vestir en la penumbra del cuartucho desordenado. El olor a vela recién fenecida, llegando desde el pequeño altar repleto de figuritas tan desleídas como ella. Su tos alérgica. Sus maldiciones por no poder encontrar la cajetilla de cigarros. Puta mierda. La modorra que me invadía siempre al quedarme allí. Sopor, dejadez; lo cierto es que el agobio me hacia regresar a ese rincón de Araguita. Una retorcida sensación de refugio. Con algo de suerte, una pelea, una balacera breve, cortesía de los narcos del sector. Y pensar que a pocos kilómetros bullía otro mundo, indiferente y cómplice a la vez. Si no, que lo dijeran Carlitos, el flaco Ribas, incluso Silvia. Encantados con el barrio y con Trini. Fumaba con garbo, con duende, aseveraban. Sublime en el momento cumbre de la pieza de calle. La rara condición etérea, y yo: “Trini, me enamoraste a los muchachos del grupo”. Ella reía; un fulgor particular se le prendía en los dos puntos de ámbar que miraban siempre más allá. A mediodía, llegaba su hermana menor, con caldo de gallina y arepas. También traía la noticia del último ajuste de cuentas, los tiros, los vejámenes que costaba un montón imaginarse.
Cada mes me preparaba un ensalme con hierbas especiales. Subíamos al río bien temprano. En La Cola de Caballo le decía que era yo Niño Mauricio, el genio guardián de la naturaleza tuyera. Ella me ordenaba no jugar con eso. Sumergidos en el agua fría del pozo, lamía sus pechos mientras me preguntaba por enésima vez si era capaz de llevarla conmigo a Madrid. “Allá tendrías que olvidarte del jibareo, mijita”, le contestaba. “Pero puedo leer la suerte; con mis tabacos veo lo que esta oculto. Me pagarían por eso. Además, esa gente es como los gringos… tu mismo lo has dicho. No era tan fácil, Trini. No lo había sido nunca. No es el caso el andar azotando calles. El triste papel de sudaca. Ni siquiera en el mismísimo barrio de Lavapiés; acuérdate de Miguelito. Internado en Mondragón, nada más por asustarse con un charco de sangre que encontró en el portal que limpiaba a diario. Su piel quemada, su estrella negra de poeta, lo hundieron. Luego, me refería el episodio, una y otra vez, hinchado de ganja. “Sucios gilipollas”, murmuraba furioso. Aseguraba que África renacería como la madre del mundo, y Europa y Norteamérica serian castigados al fin por su infinito egoísmo. Se lo insinuaba su sangre Zulú, Fulfulde y Avanti. Cuando le llevé a Trini, abrió tamaños ojos de pervertido, y hasta unos versos le dedico. Mientras la hacia escuchar a Tom Jobim, me previno: “mire, poeta, esa niña tiene la marca de Olofi, no estoy seguro. Yo que usted, andaría ojo pelao, cuidándome del hambre de su cuerpo. De su hambre toda”.Pero no era vital para mí el cuidarme de nada. No tenia sentido. Más bien, buscaba su cercanía cuando quería estar al borde de lo incierto. Había algo efímero en Trini que la vinculaba a otras regiones u órdenes. Era ese algo que me untaba la modorra al cuerpo. Y se lo pedía entonces, ya que continuaba en busca de los benditos cigarros en el ropero. “Muéstramelos, Trini… por hoy solamente.” Sacaba uno, dos, tres, cinco, siete frascos con los cuerpecitos arrugados, pequeñitos, varios de piel traslúcida. Recuerdo uno, de mayor tamaño que el resto y, lo puedo jurar, se le insinuaban ya las diminutas alas de ángel.
Omar Requena

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1 Eleonora Filkenstein: El Ángel.

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ARAGUITA: sector al sur de Ocumare del Tuy. Relativamente reciente, se ha convertido con el tiempo en zona roja. Limita con las montañas y con el río Guamita que baja por ellas.

COLA DE CABALLO: Cascada mayor del río Guamita. Forma un pozo donde según la leyenda local Mauricio permaneció tres días y tres noches, sumergido tras sucumbir al encanto de un hada del lugar.

MAURICIO: Cazador legendario del viejo Ocumare. Se volvió inmortal y recibió el encargo de cuidar la naturaleza tuyera. Tiene una cueva (en un lugar llamado El Peñón) donde mora. Si se va de cacería, cuentan los viejos campesinos que hay que dejarle ofrendas de tabaco y aguardiente, o jamás se cobrará pieza alguna.

BARRIO DE LAVAPIÉS: Barrio madrileño con mayor número de extranjeros.

sexta-feira, maio 19, 2006

MENINA NO ES NOMBRE DE MUJER

Para Elena Méndez

Me fui de casa a una hora en la que ya no quería nada del mundo. Las horas marcadas por el reloj se volvieron imparables. No pude seguir esperando. Hubiera sido fácil que dijeras: Ya no te amo y no somos uno para el otro. Dejé tu casa. Las calles estaban vacías y las transité con pena, odio y tristeza. Después de llorar me quedé dormido en un jardín.
Al día siguiente pensé que era buen día para olvidarme de ti. Pero cualquier calle tenía tu rostro, tus bromas, tus irresponsabilidades. Si hubieras regresado esa noche a casa nunca te hubiera seguido cuando coincidimos a la salida de la farmacia, en el momento en que de tu bolso se escabulló una fotografía para caer en el piso. La tomé sin avisarte. Tú ya ibas tres o cinco metros adelante. La volteé para revisarla; "Menina", decía en la contra-cara de la foto. Quedé congelado en medio de la acera hasta que un transeúnte chocó contra mi hombro y me hizo volver en mí.
Te seguí. Cruzaste alrededores que me fueron desconocidos y charlaste con personas que encendieron mis celos. En el supermercado te perdiste entre la gente; tú sabes, le tengo miedo a las multitudes, a la acumulación de masas en lugares tan pequeños. Prefiero quedarme solo que desafiarlas metiéndome entre ellas.
Minutos después, al abrirse las puertas electrónicas del supermercado, salió un hombre de saco negro y cabello largo, cubría su rostro del sol con unos lentes oscuros. Al pasar junto a mí se le cayeron unos papeles de su bolso. Me apresuré para dárselos, pero corrió en el momento. En ellos descubrí otra foto tuya, tu rostro, papeles y tu nombre.
Seguí al sujeto. Al percibir que lo perseguía se metió a un callejón oscuro, dio tres chiflidos. Segundos después, de unas puertas decoradas a la grafitti, salieron tres hombres, robustos, briosos, con cadenas en cada mano y tubos metálicos para darme una golpiza. Corrí por la siguiente calle y doble en la avenida lateral. Tomé un taxi que me llevó a la casa donde vive mi amigo Charles.
Charles me recibió con un abrazo y su cámara filmadora, me dijo échale un ojo sin despegarte. Tenía filmado a una mujer cogiendo con él. Me causó risa. La joven era alta, de piernas delgadas, Charles es pequeño. Al soltar una carcajada me arrebató su filmadora. En la tele se verá mejor, dijo. Al entrar en su casa nos recibió todo el equipo de filmación; preparaban su dormitorio con luces neón y pieles atigradas y trajes sadomasoquistas y muñecas inflables. Tenían cámaras en distintos ángulos, como en la residencia Playboy.
Ven, ven, indicó Charles. Siéntate en este sillón, de aquí se ve mejor, deja te muestro la más buena de mis grabaciones. Esta chica es única. Tomamos asiento mientras entraban algunas mujeres a la habitación donde editaban las películas para hacerse el casting. El televisor trasmitió ondas que trataban de codificar una imagen, estática, distorsiones, colores mal matizados, después se escuchó la delgada voz de Charles: No me la vayas a morder, despacito y con los labios, despacito y con la lengua, despacito y con la lengua por delante. Por último gemidos de una chica y la música de Barry White. Le pregunté si eso era la filmación. Espera, no te me apresures que es de las buenas y se tarda.
La maldita película no se vio nunca. El grupo de filmación se enfadó. Le preguntaron por qué no había filmado a esa chica, en verdad el rodaje hubiera tenido buen costo en la industria francesa, en la venta por Internet. Charles es un hombre, además de bien parecido, locuaz; convence a la gente en lo que menos se espera, pero aquí no estaba funcionando su capacidad de locutor. Todos lo agredieron y lo amenazaron: Si no consigues de nuevo a esa mujer olvídate de la vida de porno-star. Charles levantó su camisa con agresividad; su cuerpo tenía una gran lista de nombres y direcciones tatuadas, eran nombres de mujeres a las que había filmado cogiendo. Nos acercamos. Entre los nombres tatuados estaba el tuyo, Menina. Leí con la misma exactitud las curvas y rectas que formaban ese nombre, "Menina". El coraje me destrozó. Sentí que me filmaban desnudo junto a una gorda vestida de Shrek, posando para alguna revista amateur.
Quítate, Charles, le dije, hazte a un lado, déjame pasar, ya me voy. Los chicos del equipo de filmación trataron de detenerme, el actor me siguió hasta la puerta. ¿Qué pasa? Si es porque no grabé en cuclillas a Menina no fue culpa mía, el maldito Night Shoot no jaló, ése no es mi error y tú lo sabes. Si quieres la consigo para que la conozcas. Le pregunté a Charles por Menina. Respondió que las políticas del cine-garage tenían como regla principal no revelar la identidad de los actores o actrices. Si me urgía saber sobre ella debía pedirlo por escrito en la oficina de quejas y agradecimientos, situada en el segundo piso de su casa. Lo tomé del cuello. O me dices o te olvidas de tu bonito rostro. Suéltame, ¿qué no somos amigos? Luego le apreté el pescuezo. Suéltame que mi hogo, que me juéltes, que me juéltes, que mihogo. Al bajarlo se acomodó su camisita, enderezó su cuello, dijo que sería difícil dar contigo, ya no eras la misma. Lo volví a maltratar. Espérame, está bien, está bien, pero no me zarandees.
Charles no supo explicarme del todo la dirección. Salí corriendo. En cada paso que di le pregunté a la gente por el domicilio, pero nadie sabía exactamente. Al entrar a una tienda le enseñé al abarrotero la foto; se carcajeó hasta que lo callé con un madrazo en el hocico. Desenfundó una K 45 del mostrador, me apuntó amenazando con que si me volvía a ver por su tienda me tronaría el culo. Con el coraje en los puños me dispuse a correr y sin darme cuenta ya estaba afuera de unos viejos departamentos. Respiré hondo, con la vista a toda vigilia para que no diera conmigo el matón de la tienda.
Mientras acomodaba mi camisa y me limpiaba el sudor de la frente, vi a una tipa pelirroja subir a los departamentos; era idéntica a ti, de piernas delgadas y nariz respingada. Al verme corrió y la seguí. Las escaleras por donde subía la pelirroja eran muy angostas; apenas pude correr. En el último de los pisos perdí su rastro. Tenso seguí, el enojo quemaba mi estómago, el sudor se aglutinaba a mi ropa. Caminé por los pisos de abajo, planta alta y baja, alta y baja, departamento 12, pasillo diez, departamento 24, pasillo veinte, piso de en medio, pasillo treinta, más escaleras y escaleras. Una canción de Barry White, la misma melodía que escuché en el porno-garage de Charles. Fui a ver dónde provenía la voz melosa.

Departamento 39. Me pegué a la puerta, se escuchaba la música; la madera áspera raspó mi rostro. Abrieron. Por el espacio entreabierto descubrí que era el tipo de saco negro y cabello largo. Aplicó fuerza para no dejarme entrar. Luchamos. Tumbé la puerta y a mi agresor. Pregunté por ti, tiré gritos, empuñé las manos, quise golpearlo, pero me pidió perdón y que lo escuchara. Lo más seguro era que tú, Menina, salieras desnuda con una toalla enrollada en el cabello, con el sexo descubierto, con las uñas por delante, como fiera a defenderlo. Las sorpresas ya me daban igual. Vi algo familiar en su rostro y levanté al sujeto del brazo. Te juro, Menina, es lo peor que me ha pasado, te juro que yo te quería como eras. Eso del porno-garage se hubiera arreglado hablándolo.
La excusa la dijo llorando. Acerqué mi rostro al suyo porque no logré entenderle nada. El coraje suspendió la circulación de mi sangre. Alcé su cabeza y de ella se desprendió una máscara de látex que daba una fisonomía masculina. Al quitársela te vi fijamente, supe que eras tú, me habías fallado, supe que ya no eras Menina y lo peor, ya nunca estarías conmigo, a horas queriendo saber de ti, a horas pronunciando tu nombre.
Joel Flores

quinta-feira, maio 11, 2006

UN BATO BIEN MACHÍN DE LA COL POP: ÉLMER MENDOZA

Para empezar...

Élmer Mendoza. Una presencia amable, cálida, tan cotidiano que ni te imaginas todo lo que ha logrado (es miembro del Sistema Nacional de Creadores desde el año 2000; publicó una obra cuyo solo título causó revuelo: Un asesino solitario (Tusquets Editores), la cual tiene como pretexto el magnicidio de Luis Donaldo Colosio; ha obtenido el reconocimiento de la prensa nacional e internacional; ha sido considerado como un maestro por el escritor español Arturo Pérez-Reverte (miembro de la Real Academia Española), quien le agradeció le haya enseñado el habla culichi e incluso declaró: “leí sus novelas como libros de texto”. Asimismo, el español confesó que la influencia del sinaloense lo inspiró para escribir su polémica novela La reina del sur 1, cuya temática gira alrededor del narcotráfico, tópico esencial en la narrativa elmeriana.

Mendoza obtuvo el Premio Nacional de Literatura José Fuentes Mares en el 2002 y resultó finalista del Dashiel Hammett (premio otorgado por la Asociación Internacional de Escritores Policiacos durante la Semana Negra de Gijón, España, a los creadores de novela negra. Los ganadores fueron el argentino Raúl Argemí con Penúltimo nombre de guerra y el mexicano Rafael Ramírez Heredia con La Mara).

Élmer Mendoza: tan singular que, sin remedio, atrae las miradas de quienes lo rodean: altísimo –1.83 m., piel morena, cabello rizado, barbas entrecanas, mirada dulce, sonrisa cautivadora; unas manos fuertes, tan fuertes, quizá, como su interior). Élmer Mendoza ha escrito otras novelas, además de la ya citada: El amante de Janis Joplin (2002), Efecto Tequila (Tusquets, 2004) y Cóbraselo caro (Tusquets, 2005); cuentarios: Mucho que reconocer (B. Costa-Amic Editor, 1978), Quiero contar las huellas de una tarde en la arena (Cuchillo de Palo, 1984), Cuentos para militantes conversos (Universidad Autónoma de Sinaloa, 1987), Trancapalanca (Departamento de Investigación y Fomento de Cultura Regional, 1989) El amor es un perro sin dueño (Cuadernos de Malinalco, 1992); crónicas: Cada respiro que tomas (DIFOCUR, 1992) y Buenos muchachos (Cronopia Editorial, 1995). Por otro lado, es un incansable promotor cultural tanto desde las aulas (es maestro en la Escuela de Filosofía y Letras de la UAS; asimismo, ha coordinado talleres literarios dentro y fuera del estado) como desde las revistas Luvina (Universidad de Guadalajara), TEXTOS (SUNTUAS Académicos), Revista de la Universidad (UAS) y Literal, de DIFOCUR, sitio donde lo entrevisto.

Llego a DIFOCUR. Subo las escaleras, llego a la planta alta. Pregunto por el Departamento de Publicaciones a una señora intendente, que amablemente me da las señas. Me dirijo al lugar indicado; escucho la voz pausada y reconfortante de Élmer Mendoza, quien dialoga con María Paredes (su joven secretaria) y una amiga. Los saludo. Obsequio a María un chocolate, tras comentarle que el maestro nos ha hablado de ella. El maestro sostiene en sus manos una taza de café, me dice: ¿ya estamos listos? sí, respondo. Su amiga le entrega en un papelito un correo electrónico. Élmer se despide de ellas y, con su sencillez habitual, me conduce al lugar donde será realizada la entrevista: su despacho. Mientras efectúo algunas preguntas que no fueron registradas, observo el ambiente que nos rodea. Es un cuarto pequeño, pintado en color almendra. Hay en el suelo cartones repletos de ejemplares de Literal y, a la derecha, pegado a la pared, un estante lleno de libros, documentos, revistas... el escritorio se encuentra en un estado similar. Detrás del maestro, un cuadro de naturaleza muerta (de los llamados arte-objeto), obra del artista sinaloense Salcido, quien radica fuera del estado. Al lado izquierdo, un pequeño cuadro representa unos hongos bastante coloridos.

Vestido con una camisa blanca estampada a cuadros, pantalón de vestir azul marino y zapatos de piel, y sentado en una enorme silla giratoria café, me indica que ya puede empezar la entrevista. Le entrego unas galletas Pancrema (requisitos, según Élmer, para que sepan ricas: que estén enteras y secas. Ah, y una coca helada: ésta se la prometo para la próxima entrevista).

Me gustaría plantearle una interrogante utilizada por Breton en sus encuestas literarias: ‘¿Por qué escribe usted?’
Mmm...¡Ah, Dios! Siempre uno con las respuestas más sencillas son las que no sabe responder, porque las respuestas son igual de sencillas: Porque me gusta mucho, porque he descubierto que escribiendo me siento muy bien.... y yendo un poquito más profundo, sería como la forma en que yo siento que soy útil a la humanidad, y yendo un poquito más allá, es la manera en que yo espero demostrar que valió la pena que naciera y que estudiara y que viviera todos estos años escribiendo cosas para la gente.
¿Podría decirse que la literatura es para usted una manera o un aliciente para vivir?
Sí, y a estas alturas vivo pensando en lo que estoy haciendo y en lo que tengo que hacer en los próximos años... estoy en un momento creativo en que... pienso que ha sido una buena decisión dedicarme a escribir, y entonces... quiero escribir, tengo prácticamente planeada mi vida por los treinta y tantos años que me quedan (ahorita tiene 53), y toda la planeación de mi vida, y toda la planeación de mi vida futura es en relación con lo que voy a escribir.
¿En qué proyectos está trabajando actualmente?
Ahora trabajo en un proyecto que se llama La cicatriz en la oreja2 y es una novela de espionaje... debo llevar un... 45% de trabajo realizado.
¿Qué tantas veces reelabora un texto?
Muchas....-dice casi en un susurro-. Muchas, muchas... pienso que escribo como un pintor de brocha gorda... escribo una versión y luego la reviso y resulta otra y luego la reviso y resulta otra... así, ad infinitum, hasta que llega un momento en que no puedo ver nada ni sacar nada, entonces es cuando pienso que he concluido un proyecto, y entonces tengo un par de lectores y les mando el original, espero un tiempo; un día, uno de ellos... nunca llaman a la vez, llaman y nos reunimos a desayunar y entonces allí ‘me leen la cartilla’ y entonces sobre lo que ha resultado vuelvo a trabajar; para esto han pasado meses, y entonces salgo de la historia, no la traigo en la cabeza metida y puedo hacer una corrección posterior.
¿Quiénes son sus dos lectores, si se puede saber? 3
Ah, no, no se puede...
Una vez lo escuché decir que le interesa la cultura de la violencia. ¿A qué cree que se deba esto?
Mmm.... Es algo que no me explico muy bien... le he dado una explicación antropológica: yo he crecido en un medio muy violento, me ha tocado vivir en zonas violentas, en mi colonia 4 siempre hubo pandillas, en la universidad hubo el ’68, el ’71, la violencia del ghetto, la violencia represiva del gobierno, de los medios; entonces, creo que eso me ha marcado... he llegado incluso a pensar que soy un sobreviviente, mi mejor amigo murió (hace dos días, me tocó escucharlo hablar del asunto. Como él mismo dice, la herida con el tiempo se hace cada vez más grande...)... entonces eso es una marca, y entonces escribir sobre violencia es manejar esa seducción de los personajes que siempre están en el filo de la navaja y que muchas veces tienen que vivir una vida sin mayores objetivos, que no tiene mayor esperanza... yo los veo... ¡los veo! (se estremece) todos los días yendo a sus trabajos, hartos de la vida... dispuestos a romperle la cara al primero que les levante la voz, los mire mal, y digo: Bueno, ¿qué tanto tienen razón, o qué tanto rebelarse ante un destino manifiesto del cual no han podido escapar? Y eso puede venir también por donde yo vengo, vengo de una familia que no tiene mayores recursos, entonces cuando pienso lo que hubiese ocurrido conmigo si yo no hubiese sido tan terco y si no hubiese sabido aprovechar las oportunidades que se me presentaron me da escalofrío, pensar ¿dónde estaría ahora: trabajando, en una banda, o preso, o sembrando la tierra?
(Llega María. Le da un recado. El maestro responde y, luego, prosigue.)
Entonces, yo que he tenido, que tengo la vocación de escribir, estoy partiendo de ese tema que tiene que ver demasiado con el medio en que yo he visto (sic), y a eso agrégale que ni para bien ni para mal (sic) vivimos en una ciudad vinculada históricamente con el narco; entonces, ahí aparece: las vendettas, los corridos, las bandas, las balaceras de los ’70, una cosa terrible; estoy impactado por esa situación; yo creo que... debo cambiar, no debo estar escribiendo siempre lo mismo... mi novela de espionaje implica violencia, pero es otro tipo de violencia, el personaje tiene recuerdos porque es un espía, un culichi, y entonces ha sido creado en el medio también, tiene disposición para ciertas cosas...
Ahora que el Estado ha declarado que la literatura del narcotráfico no es un reflejo fiel a lo que es la vida en Sinaloa, sobre todo con la aparición de la novela de Arturo Pérez-Reverte, yo creo que ellos no tienen razón, porque en la prensa sigo viendo lo mismo, el narcotráfico sigue porque el narcotráfico es un negocio, y es un negocio donde hay muchísima gente y que hay mucho dinero, de tal suerte que eso no nos lo van a quitar: es un asunto de seguridad nacional el narcotráfico. ¿Por qué? Porque, ¿cómo van a impedir la entrada de tanto dinero? Es el único dinero que entra al país, pero claro, ellos no quieren que nosotros lo toquemos, porque piensan que los lectores no saben en qué país vivimos...
Sí...
Entonces, eso es lo que seguramente me ha llevado por ahí. Pero bueno, un día pienso escribir una novela de anticipación y también pienso escribir una novela fantástica.
Ahorita que mencionó usted a su colega Arturo Pérez-Reverte, ¿qué se siente haber sido considerado como un maestro por parte de él, además de figurar en La reina del sur como un personaje?
Ah... pues siento lo mismo cuando tú me das un abrazo y me dices: ¡Maestro!, así... se siente bonito... Arturo es el escritor más famoso, yo creo, de mi generación, es el escritor que más gana, él vende muchos libros, es un referente; en
España hay tres escritores muy respetados: uno de ellos es Arturo Pérez Reverte; a veces dicen que es un best-seller para ofenderlo, pero es un best-seller muy sui géneris, porque es un hombre que se lleva mucho tiempo haciendo sus novelas , que hace una investigación muy seria5, y tiene la fortuna de que a los españoles les gustan mucho sus libros; es muy español, es un hombre con una concepción de lo que es su pueblo sin ser nacionalista: muy profundo, respetuoso, entonces yo creo que es como al revés: yo le agradezco la dedicatoria o la aparición de personaje, y sé que hay, no sé, 50, 000 escritores en el mundo que darían un brazo por eso (se ríe)... es curioso, pero del contexto que podría ser el halago –que sí me halaga-, lo tomo así, muy suavecito.
(Un empleado del departamento abre la puerta y le avisa: “Jefe, le hablan por teléfono, de México...” Élmer acude al llamado. Es de CONACULTA: hablan para solicitarle una entrevista. El señor se avergüenza por haber interrumpido la conversación. ‘No hay problema’, le aseguro. La llamada dura, a lo sumo, cinco o diez minutos. Élmer regresa pronto, dispuesto a continuar la charla.)
Desearía saber cuál es su perspectiva sobre la calidad de la literatura sinaloense que se produce hoy en día.
Mmm... (se ríe) ¿Quiénes hacen la literatura sinaloense? Un día estábamos reunidos César López Cuadras (autor de Macho Profundo, La novela inconclusa de Bernardino Casablanca, La primera vez que vi a Kim Novak y Cástulo Bojórquez), Juan José Rodríguez (autor de Con sabor a limonero, El gran invento del siglo XX, Mi nombre es Casablanca, Asesinato en la lavandería china, El náufrago del Mar Amarillo y ganador del Premio Nacional de Literatura Gilberto Owen con el cuentario –aún inédito- Los nombres de María) y yo, en Guadalajara en la Feria (Internacional del Libro) el año pasado (2001), entonces íbamos en el carro de César a algún sitio; de pronto en una esquina estábamos a punto de chocar y dice César: ‘Bueno, este tipo, ¿qué no se da cuenta?, si nos hace algo puede acabar con el 75% de la literatura sinaloense’.... el otro 25% creo que era Dámaso Murúa (autor de El Guilo Mentiras y Las mujeres primero).
Creo que hay gente que está haciendo un esfuerzo y está dando lo que puede dar, y por otro lado, los poetas... podríamos hablar de Francisco Alcaraz (coautor de Los límites acordados y ganador del Premio de Poesía Elías Nandino 2002 con el poemario La musa enferma), Mario Bojórquez (autor de Penélope revisitada, Diván de Mouraria y Pájaros sueltos), (Gilberto) Cabanillas (autor de Piedra marina y Plegaria para el vuelo), que están empujando fuerte; la literatura hecha acá está tomando otro rostro, son escritores más comprometidos con la literatura... siento que hay un proceso muy interesante que no se sabe qué pueda ocurrir... yo en lo particular tengo mucha esperanza porque estoy muy cerca de esto... tengo montado un curso de narradores, y entre lo que es Culiacán 6, Mazatlán y los Mochis tengo 54 alumnos. Estos 52 alumnos son la criba de un poco más de 200. Estos 52 alumnos están trabajando en un proyecto de verdad. Es decir: no es un escritor ‘de ocurrencia’ el que estamos formando, sino un escritor profesional; no de que se me ocurrió que ‘tengo diez años escribiendo cuentos y voy a juntar un libro con los que sirven’. La decisión puede ser un libro de cuentos, la decisión puede ser una novela y hacerla (enfatiza esta última palabra). Hay gente de todas las edades, religiones, con distintos intereses en la temática, pero con la misma avidez por aprender las técnicas, y el curso se trata de eso, del aprendizaje de técnicas de escritura, y entonces creo que de ahí tienen que surgir varias sorpresas, obras de muy buen nivel, que tienen que dar ese rostro diferente de la literatura en Sinaloa; yo estoy gratamente sorprendido, me siento muy bien, es un verdadero privilegio trabajar con estas personas tan esforzadas, tan comprometidas, y aparte tan bien ubicadas... ya no son señoras que no tienen que hacer y que de pronto se van ahí para no estar en casa; son gentes que se van a convertir en escritores o en escritoras... ahora falta que los lectores nos lean, porque podemos producir los libros, pero si no nos leen, no va a tener chiste.
¿Qué características percibe como constantes en la literatura sinaloense actual?
Mmm (reflexiona un poco)... creo que el lenguaje, hay confianza en nuestro lenguaje popular; una tendencia a una misma temática: que hay bastantes personas interesadas en la violencia de que hemos hablado; una liquidación de los temas regionales y hay proyectos de -por ejemplo- literatura para niños, literatura de ciencia ficción, literatura esotérica, y esto a la par, claro, con la vertiente sobre violencia... hay también una intención de recuperación teórica de personajes que nacieron y actuaron en Sinaloa , eso también me parece muy interesante y debe resultar algo distinto. Ya veremos, ¿no?.
Bueno, esas preguntas fueron respecto a su labor de escritor. Ahora le quiero preguntar sobre su labor como promotor cultural.
Usted colabora en la revista Literal, tanto en lo creativo como en lo directivo. ¿Cómo surgió la idea de crearla?
¿La revista? Bueno, una revista es un medio que informa de lo inmediato, de lo que está ocurriendo en ese momento en el quehacer literario, particularmente. Es decir, los libros tardan tres, cuatro años. Una revista tiene esa posibilidad de ser testimonial, entonces el objetivo principal es ése: poder dar cuenta de qué está escribiendo la gente, y poder mantener abierto ese territorio de promoción de nuestra propia literatura y de nuestros propios escritores que DIFOCUR tiene abierto desde hace muchos años. Ése sería el objetivo principal.
¿Se ha enfrentado, tanto el equipo como la institución, a alguna dificultad para poder sostenerla?
Siempre tenemos problemas de recursos, pero la revista ha logrado sortear, tenemos cada vez más personas que colaboran con nosotros, la revista ya es conocida en otros países, hay testimonios muy halagadores de las personas que la han leído: Estados Unidos, España, Francia, de que la revista les ha agradado, el material, el diseño... un medio que está cumpliendo su función, vaya.
¿Qué criterios se siguen para elegir los temas de los cuales se hablará en ella?
Criterios literarios, que los textos estén bien escritos, que sean modernos. Significa que no aceptaríamos una prosa ripiosa. Que sea una prosa vivaz. Y en cuanto a los poemas –que eso siempre es muy complicado- , un poema que tenga, aparte de la estructura, el ritmo... que diga algo, que diga algo...
Los ensayos generalmente son por pedidos, entonces si estamos nos reunimos a veces a hacer alguna pequeña sugerencia: un detalle que tiene que ver con... no es censura-aclara-, sino algún aspecto profesional que nosotros pensamos que el autor puede reforzar y lo comentamos, ¿no? Antes de eso, yo creo que en Literal es muy
importante la opinión de Maritza López (coordinadora de la misma). Maritza López es el alma, es la que nos reúne, la que nos consigue materiales, la que nos da opinión, nos induce al trabajo, dirige la mesa de discusión. De pronto la veo ahí, donde tú estás sentada, ‘Oye, este texto...’
Maritza López es incansable, y bueno, nosotros siempre que hablamos del proyecto Literal siempre decimos que es un proyecto donde está Maritza López (quien es egresada de la EFyL, me comenta. Me interesa el dato. Le pregunto: ¿Hace cuánto? Son... diez años... me informa).
La última pregunta en cuanto a promoción cultural: ¿Cuál es el concepto-según sus propias palabra- que pueda definir a Literal?
Es el cuarto pelo del gato.
Ahora le voy a preguntar respecto a su persona... maestro, ésta es ‘la última y nos vamos’.
Ajá...
Le preguntaré su definición acerca de unos cuantos conceptos. Usted deberá contestarme lo primero que se le venga a la mente.
¿Y cómo se llama esa técnica? 7
Juan Ramos lo llamó ‘cuestionario lúdico’ y se lo aplicó a la escultora Rossy Robles.

Amor: Nalgas
Libertad: Led Zeppelin
Muerte: Neruda
Amistad: Mi mujer
Literatura: Saramago
Sinaloa: Beach
La mujer: Cama
Vida: La mujer

Violencia: Muerte

Erotismo: Silueta

Bueno, maestro, muchísimas gracias, le agradezco su tiempo, su paciencia.... (me río).
Ya sabes...
Luego nos vemos...
¡Claro que sí! ... Muchas gracias por las galletas...
¡Ah! (de nuevo, risas por parte mía).


Le doy un abrazo como prueba, más de agradecimiento, de amistad. Le doy un abrazo más, para luego seguir mi destino.
En suma, estos son los múltiples hombres que hay en Élmer Mendoza: el escritor, el promotor cultural y el ser humano: un bato bien machín de la Col Pop.

Elena Méndez

(Entrevista realizada el 3 de octubre del 2002, en Culiacán, Sinaloa.)


NOTAS

1 La reina del sur, de la autoría de Pérez-Reverte, fue lanzada mundialmente aquí en Culiacán, Sinaloa, en septiembre del 2002, con una ‘charla entre amigos’: el autor, Mendoza, Julio Bernal (promotor cultural sinaloense) y César ‘Batman’ Güemes (periodista); a ellos tres dedica el libro y los convierte en personajes del mismo.
2Terminaría llamándose Efecto Tequila.
3Podría asegurar que son Elizabeth Moreno y Álvaro Rendón, maestros de la EFyL.
4 Colonia Popular, donde residió durante mucho tiempo (referida en sus obras como Col Pop) .
5 Para escribir La reina... estuvo viviendo 6 meses en Culiacán, para conocer el modo de vida sinaloense.
6 Sus alumnos del taller de narrativa en esta ciudad conformaron, en el 2004, La Narrativa que viene Élmer Mendoza. A.C., cuyo objetivo es promover la literatura en el estado.
7 Asociación libre se le llama a esta técnica en Sicología.
__________________________
DATOS DE LA AUTORA: Elena Méndez (Culiacán, Sinaloa, México, 1981).- Licenciada en Lengua y Literatura Hispánicas por la Universidad Autónoma de Sinaloa. Ha participado en los talleres literarios de los escritores mexicanos María Baranda, David Toscana y Cristina Rivera Garza. Escribe cuento. Ha publicado parte de su material en la revista TEXTOS, de su Universidad (no. 14, abril/julio 2004) y La Pluma del Ganso (no. 42, marzo/mayo 2006) y en las páginas literarias
www.aviondepapel.com , www.letras.s5.com y www.homines.com.

terça-feira, maio 09, 2006

LETRARTE



"Darío sabor a uva", en EXPRESO, de Hermosillo, Sonora.

domingo, maio 07, 2006

ÍNTIMOS, FATALES OLEAJES



Esta pintura de Blas Nayar ilustra “6 cuentos y una crónica” , de Elena Méndez, en

http://www.homines.com/palabras/cuentos_cronica/index.htm


Nayar, Blas, Alfonsina y su pesadilla de amor imposible, acrílico/papel/tela, 2004

¡QUE OS HAN DADO POSADA EN HOMINES!


From: Redaccion redaccion@homines.com

Date: May 7, 2006 12:16 PM
Subject: Re: GRACIAS POR TU AMABLE RESPUESTA...

Estimada Elena,

te escribo para decirte que ya han sido subidos tus cuentos y tu crónica, espero que te guste como quedó, para cualquier cosa ya sabes donde encontrarme.

Por cierto, ánimo que escribes muy bien, esperamos más escritos tuyos.

Besos
Susana Hermoso-Espinosa

EL ÉLMER


Tendría unos 17 años cuando leí en Proceso la reseña de Un asesino solitario. Me resultaba novedoso que alguien osara escribir sobre el magnicidio de Colosio, máxime siendo tan reciente. ¿El autor intelectual? Élmer Mendoza. Y no del crimen, sino de la novela.
Cuando llegué a LETRAS, guiada por mi voracidad literaria, lo conocí. Recuerdo que Liz invitó a los maestros de la escuela al grupo, para darnos la bienvenida. Destacaba entre ellos un señor alto, moreno, cabello rizado, barbas entrecanas y mirada tierna. Así que él era el Élmer.
Ya en segundo, nos dio Teoría Literaria. Supe que la clase sería divertidísima cuando se presentó diciendo: "Me he casado como 4 veces". Una persona humilde, que mezcla anécdotas propias y ajenas con la más exquisita literatura.
Recuerdo que una vez nos contó que había pasado por la casa de su primera novia... ¿Y le habló?, le pregunté. No...¡me tapé los ojos! ¿Y eso, profe? Quería recordarla como era...

Nos hablaba de Charles Baudelaire: que éste hacía las cosas por joder y por eso vivía en amasiato con una mulata; asimismo, que solía participar en las marchas y la gente creía que era por su enorme conciencia social. Y no: si se acercaban a él, podían escuchar que clamaba por la muerte del General Aupick, su padrastro.
Una de las más divertidas fue cuando habló sobre George Sand: que ésta, en su afán masculinizante, tomaba actitudes escandalosas, como subir las bototas en las mesas.
Otra, cuando nos platicó sobre una amiga promiscua que tenía cuando estudiaba en el DF (sólo amiga, dijo, porque, de lo contrario, se hubiese estropeado la amistad): en una ocasión ella sorprendió al grupo de amigos porque se había acostado con un tipo horrendo. Le preguntaron por qué. Pobrecito, es que nadie le hace caso, explicó la buena samaritana.

Leíamos bastante en su materia. Su método era sencillo y estimulante: Leer, comentar qué nos había parecido la lectura, entregar controles, hacer un trabajo final, consistente en relacionar todas las lecturas entre sí.
Al devolverme el trabajo final ya calificado, escribió: "De ahora en adelante, le pediré a Dios que tengas éxito (no suerte) en todo lo que emprendas. Cuídate."

Pasamos a tercero y nos dio Literatura Moderna. Autores como Voltaire, Diderot, Shelley y Dostoievski fueron los leídos.
En ese mismo semestre llevamos Periodismo. Necesitábamos hacer una entrevista. El Élmer, pensé. Aceptó. La entrevista sería en su despacho de DIFOCUR, donde se desempeña como Jefe de Literatura.
Confieso que conocía poco sobre su obra. Unas cuantas reseñas y algunos cuentos suyos publicados en LITERAL, aunados a nuestra relación académica, eran mis escasos referentes.
Fue una charla breve, iluminadora. Parte de la misma se publicó en la efímera Seso Vacío (revista escolar). Fue muy curioso cuando Élmer la tuvo en sus manos: ¿Yo contesté eso? al ver su respuesta sobre el amor: Nalgas. Sí, y está grabado.

En la escuela hay un programa de investigación sobre la Narrativa del Norte. Uno de los autores analizados, claro, es el Élmer. He buscado ferozmente sus libros. Fue un verdadero hallazgo cuando el Beny me vendió a 30 Cuentos para militantes conversos; y luego, cuando el Claudio me dijo que podía hallar Trancapalanca en DIFOCUR, a 15. Everardo me facilitó Buenos muchachos, Quiero contar las huellas de una tarde en la arena y Trancapalanca, para sacarles copias (éste último lo deseché al conseguir el original). La Maupassé me obsequió Mucho que reconocer, su ópera prima. Se lo llevé a que me lo firmara en enero del 2004, el primer día de clases. ¿Quién iba a decir que el primer libro que firmaría este año sería el primero? exclamó, complacido.

Todos estos libros son de cuento o de crónica. Élmer es fundamentalmente narrador, aunque también ha escrito ensayo y dramaturgia (y hasta delirios poéticos, como "Retorno al agua dormida"). Su éxito se desató a partir de Un asesino... editada por Tusquets.
Sus cuentos y crónicas fueron para mí una revelación. Tan divertido como en la vida real, su mejor libro es (para mí) Buenos muchachos, con textos tan memorables como
"Brasier rosita no. 28", sobre una puberta ninfómana en ciernes; "La competencia", sobre un torneo masturbatorio en pleno baño de la Federal 2, y "Broma a la sinaloense", sobre dos amigos exguerrilleros (uno de ellos, policía), que sólo se reencuentran para hallarse con la fatalidad.

Doña Maggy me prestó El amante de Janis Joplin. Le aposté que lo leería en 3 días. Lo leí en 2. Una lectura intensa, ágil, divertida, terrible y tierna. Temas que le duelen: la violencia, el narcotráfico, la guerrilla.
Leí luego Un asesino... sobre el caso Colosio, quien habría sido ultimado en Culiacán y no en Tijuana (según la novela). Al igual que la anterior, está regida por un ritmo vertiginoso e impregnada del habla sinaloense (característica ésta siempre señalada por los críticos). Aún no leo Cada respiro que tomas, El amor es un perro sin dueño, Efecto Tequila ni Cóbraselo caro. Los primeros dos son inconseguibles y los últimos no los he comprado aún (no me gusta leer libros prestados...).

Élmer es consecuente entre su vida y su obra. El maestro que nos pregunta sobre nuestras vidas amorosas es el escritor capaz de sutilezas eróticas dentro de su narrativa. El fascinado por el rock setentero hace de Janis Joplin la musa de David Valenzuela, protagonista de El amante... El ferviente lector de Rulfo le hace un homenaje en Cóbraselo Caro. El fanático de Cortázar le dedica una elegía en "Querido Julio".

Élmer Mendoza, siempre serás un bato bien machín de la Col Pop, aunque ahora vivas en la Campiña...

quarta-feira, maio 03, 2006

GÓNGORA, EL INFINITAMENTE SABIO

(pues llorar sólo a vos toca
locas empresas, ardimientos vanos)