sexta-feira, dezembro 29, 2006

DE CÓMO UN LIBRO MALO RESULTA PREDECIBLE

Blas Nayar me confesó que no le había gustado Asesinato en una lavandería china, de Juan José Rodríguez. Pésima, dijo. Le respondí que lo único rescatable eran las escenas eróticas. Y que el inicio era plagio del de Pedro Páramo. Y Blas, que había proseguido la lectura en busca de algo interesante. Mas no hubo tal. Y pensó: Nada más falta que salgan vampiros. Y salieron.

sexta-feira, dezembro 22, 2006

DOS PASOS EN FALSO DE LA REAL ACADEMIA ESPAÑOLA

Acabo de releer Don Quijote, en la edición del 4to. Centenario de la Real Academia Española.

Puse especial atención a las notas de pie de página, por considerar que me ayudarían a contextualizar el texto.

Hice una lista enorme de las notas con las que discrepaba. Dos, en particular, me causaron enorme estupor: las correspondientes a las palabras 'refocilarse' y ' tono afeminado'.

El significado que otorgan para la primera (citada en las págs. 131 y 715) es 'pasar un buen rato, recrearse'. No obstante, por el contexto de la primera aparición del término, vemos cuán eufemístico resulta. Me refiero al capítulo donde Rocinante intenta aparearse con unas yeguas y las nefastas consecuencias que ello acarrea para amo, mozo y bestia.

Resulta claro que uno 'se refocila' es decir 'fornica' con la idea de 'pasar un buen rato, recrearse', aunque muchas veces la realidad sea poco satisfactoria.
Respecto a lo de 'tono afeminado' -y, como ya señalara el Toscana durante su intervención en el seminario sobre Don Quijote el año pasado- la acepción que se brinda es 'débil, lánguido' (p. 132). El narrador refiere que así habló el Hidalgo a su escudero tras la golpiza recibida. E, insisto, vuelve a resultarme impreciso el significado. Es persistir en la vieja idea de la mujer como sexo débil.

Por ello, a mi parecer, en ambos casos la RAE peca de eufemística, imprecisa y discriminatoria.

DE CÓMO TE JODE UN EDITOR

Pero soy culiche y no me rajo más que pura madre y ya saben el miedo que los mexicanos le tenemos a la muerte.

Culpa no atribuible al Élmer, sino a los de Tusquets Editores. No podría yo creer que el Culichi Mayor hubiese escrito culiche.


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Élmer Mendoza, Efecto Tequila, Col. Andanzas, Tusquets Editores, México, 2004, p. 174

domingo, dezembro 10, 2006

ONETTIANA

Hace casi un mes vino el Toscana a la Feria del Libro. Entre otras actividades, fungió como comentarista de Los Minutos Negros, novela de Martín Solares. Al término de la misma, le comenté que recién había leído 'Bienvenido, Bob', de Juan Carlos Onetti, cuento con el que guarda intertextualidad uno de David, 'Bienvenido a casa', incluido en Historias del Lontananza (hoy Lontananza). No me gustó, confesé, a sabiendas de que habría polémica. ¿Cuántos años tienes? 25. Vuélvelo a leer cuando tengas mi edad, propuso. Sí, ya cuando acumule más fracasos, repliqué.
Onetti nunca ha sido mi máximo, en realidad. De él sólo he leído el citado cuento, 'El posible Baldí', 'Un sueño realizado' -y estos dos porque nos los dejó el Feroz para una clase-; El Astillero y 'El infierno tan temido'.

Toscana, como onettiano confeso, suele rendirle homenaje; incluso el título de su novela Santa María del Circo hace referencia al escenario ficcional creado por aquél, Santa María.

Días después, platicaba al respecto con la Velderráin en un café. Ella admitía ser anti-rulfiana (para espanto de David y el Feroz); yo, a mi vez, reiteraba no haber sido subyugada aún por el uruguayo. Ella expresó su intención de leer a éste, ante lo cual le ofrecí mi ejemplar de la mencionada novela, que se había afanado en procurar, sin éxito. Lo compré a 2 x 5 con el Archi, expliqué.

No obstante, acabo de leer una tesis sobre Nadie me verá llorar, de Cristina Rivera Garza, titulada Diálogos subversivos: Ficción e Historia en Nadie me verá llorar, de Elena Alicia Magaña Franco. En dicho trabajo, se señala la intertextualidad entre 'El infierno tan temido' y la susodicha novela; específicamente, en el pasaje donde Joaquín Buitrago -el protagonista- recibe fotografías porno de su examante italiana, Alberta; mientras que en el relato, Risso vive la misma situación, siendo la remitente su exesposa, Gracia César.

Ávida de comprobar si había tal intertextualidad, busqué en internet el cuento. Para mi sorpresa, me gustó. Y me pareció lleno de frases memorables, a diferencia de la novelita otrora en remate. ¿Tan pronto acumulé fracasos para que me gustara? Válgame Dios.

domingo, novembro 26, 2006

RULFO NO ES LITERATURA

... Y tú tampoco, dijo la Ivana. Son puras anécdotas.

sábado, novembro 25, 2006

'TABAN CHIQUITOS

Uno ve esta foto, y como es en blanco y negro, no se percata de que la joven tiene el pelo rojo. Va en la secundaria y se llama Marlene y usa una trencita que luego se cortará y guardará en un álbum. Cuando Elena, la niña más pequeña, vaya a la primaria, le preguntará sus dudas ortográficas, porque la niña escribirá mejor que ella. Elena tiene sólo un vestido, de flores lilas, que lleva al kinder, donde estudiará unos meses. No bailará 'La Raspa' en su festival de clausura porque está enferma y aún así se empeñará en ir y como no tienen dinero se irán a pie y llegarán cuando todo haya terminado. A ella le gusta jugar con Lenin, el joven, porque le hace caballito. Un día él le dice que le duele el costado y no podrá jugar. Luego ella se entera que lo operaron porque tenía apendicitis y ya no habrá más caballito. Esmeralda, la niña más grande, va en la primaria y usa un cachorón verde (porque aquí son 'cachorones', no 'overoles'). Ella es la mayor de Los Tres Morenos. Carlos, el más chiquito, se cree el Hombre Araña y lo pinta hasta en las paredes.
Mamá Carmen los lleva a las posadas de la Capilla de san Francisco y de Catedral, para que les den su 'aguinaldo'. Los viste de pastorcitos y pone cascabeles en sus bastones. Ellos están acostumbrados a que Mamá Carmen grite '¡Ave María Purísima!' cuando aparecen, y a ser levantados con música de Celia Cruz. Mamá Carmen se pinta el pelo de rubio porque, como ella dice, 'es que yo debí haber sido güera'. Es colorada, con el pelo natural oscuro.
En esta foto no sale el Beto. Ya había Beto en ese entonces. Es esposo de Mamá Carmen, con quien luego tendrá una niña, Ivana. Tampoco sale Carmen María, quien posó aparte para la foto del pasaporte, porque ya era mayor de edad. Ella pedirá a su mamá le ayude a conseguir trabajo para que haya un sustento más en la familia. Ella ha ayudado a criar a sus hermanos.

Esmeralda y Elena, ya de grandes, coincidirán en que no hay foto donde salgan todos, salvo una de todos los hijos, sin Mamá, sin Beto, sin Ivana (porque aún no existía).

DOS PARADOJAS DOS

1.- Lo más chingón nunca lo escribo. Hay magias que se resisten a ser nombradas.
2.- Mis cuentos viven antes que yo.

domingo, novembro 19, 2006

BÁRBARAS DEL NORTE O EL SÍNDROME DE LA TRIPLE FRONTERA: NARRADORAS DE LA FRONTERA NORTE

…esta manera chocante de pronunciar la s, la ch y la j no significa ninguna extranjería…
Inés Arredondo
"La verdad o el presentimiento de la verdad"
Autobiografía 1
Ser mujer, ha dicho la feminista marroquí Fatema Mernissi, es de por sí una condición fronteriza. De frontera con respecto al varón: "(…) El amor entre un hombre y una mujer es, por fuerza, una mezcla peligrosa de culturas extrañas entre sí, aunque solo sea porque la diferencia sexual es en sí una frontera cósmica, un límite existencial (…)" 2 En "sentido cósmico", siguiendo la interesante idea de Mernissi, las mexicanas de la frontera norte somos doblemente fronterizas… triplemente, si encima somos escritoras. Como ya he apuntado, la nuestra no es meramente una frontera geográfica, una línea divisoria entre nuestro país y el vecino: se trata sobre todo de la frontera virtual entre el tercer mundo y el Imperio, lo que necesariamente crea en los habitantes de uno y otro lado una especie de fricción esquizofrénica entre realidad y ficción: tan abismales diferencias terminan por hacer del vecino un "personaje", idealizado, odiado o temido.
Ante la supremacía masculina en los listados de "eso" que los críticos insisten en separar del resto de la producción literaria mexicana bajo la clasificación de "literatura de la frontera" (ni siquiera es necesario especificar a cual frontera se refieren: la literatura de la frontera sur ha sido integrada sin dificultad al corpus de la literatura mexicana), resultará curioso el dato de que esta, llamémosle, "corriente", haya sido iniciada una mujer: Josephina Niggli (1910-1983), nunca citada, por cierto, en los sesudos estudios críticos consagrados a denostar y/o alabar a la literatura fronteriza. Su novela, Apártate, hermano ha sido recientemente traducida del inglés por David Toscana. 3 Entiéndase, Niggli no era una escritora chicana sino una escritora mexicana, nacida en Monterrey, Nuevo León, hija de padres norteamericanos, criada en el epicentro de la pugna de identidades, que eligió el inglés para comunicarse pero escribió casi exclusivamente sobre México, ambientando sus obras en Monterrey. Básicamente dramaturga, sus obras exploran a profundidad la identidad esquizofrénica del mexicano de la frontera, básicamente a través del mestizaje. Es autora de dos magníficas novelas que abordan la misma problemática: la antes citada y Mexican Village.
Es desde esta perspectiva, la de las clasificaciones arbitrarias que devienen estereotipos, que las escritoras de la frontera norte somos tres veces fronterizas, pues tanto nuestra visión del mundo como nuestros intereses temáticos y/o estéticos difieren notablemente de lo que, se cree, atañe en exclusiva a los escritores de la frontera norte. Y aún las autoras que sí escriben desde su perspectiva fronteriza resultan excéntricas en relación con sus, llamémosles, equivalentes masculinos. Aunque considero necesario hacer hincapié en que, contrario a lo que se ha manejado, entre los autores fronterizos varones también son excepcionales quienes centran su obra en la problemática regional, lo cual no repercute en la calidad de la literatura de quienes sí lo hacen. Entre estos últimos podríamos citar a Élmer Mendoza, Heriberto Yépez, Luis Humberto Crosthwaite, Eduardo Antonio Parra, Juan José Rodríguez, Gabriel Trujillo, Leonidas Alfaro y César López Cuadras. 4
Aunque la mayoría de las autoras de la frontera nos encontramos en los versos de la poeta Dana Gelinas donde menciona las partículas de azufre deslizándose al interior de los libros y el calor al rojo de las banquetas de Monclova 5 , cada una ha asumido en forma disímil la experiencia. Respecto a las escritoras de la frontera norte que han abordado concretamente a su región, citaríamos a Rosina Conde, Rosario San Miguel, Regina Swain y Estela Alicia López Lomas. El de Rosina es el caso emblemático de este análisis, no solo porque se trata de la única autora de la frontera que ha profundizado en la problemática fronteriza desde una perspectiva femenina, sino por su todavía no reconocida calidad de precursora. Fue, para empezar, el primer autor que desarrolló literariamente el tema del narcotráfico aunque, oh, ironía, de la referida novela, Como cachora al sol, sólo se han publicado fragmentos en revistas literarias. A los mismos editores que han hecho su agosto subrayando el ingrediente del narco en las novelas de los autores más representativos de la frontera, dicho tema debe haberles resultado chocante abordado por una mujer que, naturalmente, no presenta la visión idealizada del asunto, sino la que dolorosamente repercute en nuestra cotidianidad. En sus posteriores relatos, principalmente en la novela La Genara, Rosina continúa abordando la problemática fronteriza, concretamente la que atañe a las mujeres que, no es secreto, son las más afectadas por esta condición borderline pues no requieren transgredir la frontera para padecer toda suerte de humillaciones: las costureras, las obreras, las estudiantes de la secundaria federal, las lesbianas… en el caso concreto de La Genara, las jóvenes profesionistas que continúan debatiéndose entre el "debe ser", tan imponente aún por esos lares (baste escuchar la forma en que los asesinos todavía encubiertos de Ciudad Juárez son justificados en aras de la "dudosa moralidad" de sus víctimas), y el legítimo anhelo de independencia. Aunque sin profundizar tanto como Rosina en el aspecto social, la chihuahuense Rosario San Miguel captura en Callejón Sucre y otros relatos (Eón, 2005) la esencia de su lugar de origen a través de una especie de violencia poética que pone en relieve la sutil pero latente discriminación hacia las mujeres, en todos los ámbitos. La denuncia social, pues, se entrevera en el discurso intimista de la mayoría de sus relatos. Swain, originaria de Monterrey, Nuevo León pero radicada en Ensenada, Baja California, es la narradora emblemática de lo que Canclini denominó "laboratorio de posmodernidad". Ningún otro narrador de aquella región ha retratado esta frontera un paso más allá de la realidad, sometida a un perpetuo forcejeo cultural que la coloca entre la espada de una posmodernidad casi apocalíptica y la pared de un letargo extático, de un tiempo detenido o desvanecido. El desparpajo con que Regina incursiona en un género literario tan santificado como el ensayo y la conmovedora franqueza con que se expresa en los mismos, vinculable a la de los relatos que conforman el libro La señorita Supermán y otras danzas (CONACULTA, Instituto de Cultura de Baja California, Fondo Editorial de Baja California, 2001), premio Gilberto Owen 1992, ejemplifican esta actitud experimental y rompedora de quienes lidian día a día con la identidad dividida: "(…) Escribir es, a mi juicio, otra forma de hablar, hablar en tinta y papel, y yo hablo así desde niña (…) Finalmente, si escribir es otra forma de hablar, la literatura debe ser la forma más larga de las conversaciones." ( Ensayos de juguete, CONACULTA, Instituto de Cultura de Baja California, Fondo Editorial de Baja California, 1999, pp. 19-22)
Estela Alicia López Lomas, mejor conocida como "Esalí", recrea una frontera simbólica, más aún, simbiótica respecto a su voz narrativa que es la voz de la tierra y, por ende, polifónica. Resalta, sin embargo, los aspectos míticos que arraigan a esta región con México no obstante la tentadora proximidad del american dream, con especial énfasis en su novela Terramara (Editorial Vandalay, Culiacán, Sinaloa, 2004). El hecho de haber nacido en Jalisco, aunque radicada en Tijuana desde niña, crea esa maravillosa ambivalencia que nos vuelve conscientes de hasta qué punto los habitantes de la frontera norte defienden su alma contra el diablo: "La identidad individual. La identidad de lo múltiple. La multiplicidad de lo uno. Todos los mexicanos, ¿un mexicano? ¿Cuál? ¿De cuándo? ¿De dónde?". 6 En el sentido de recrear una mitología regional afín a los símbolos de mexicanidad, emparentaría a López Lomas con la sonorense María Antonieta Mendívil (Hermosillo, 1972), quien a través de su primera novela, Otros tiempos (Equilibrio editores, Palabra de Mujer, Sonora, 1999), nos brinda una visión completamente personal del desierto de Sonora, volviéndolo epicentro de una trama apocalíptica donde el lenguaje está en vías de ser proscrito y ha generado un tabú. El lenguaje como arma; la expresión lingüística como amenaza tangible para un régimen que se ha apropiado de ese inmenso mundo desértico del que la poesía no podrá ser desterrada por completo pues no existe otra manera de explicar el desierto mismo: "La palabra así viaja como una espada con vestido de manjar, y se le abren fácilmente las puertas del apetito; dentro, desenvaina, y abre con su filo el telón de la conciencia. Una vez abierta, ésta ya no puede ser la misma." (p. 21)
Autora de dos libros de cuentos, Gente menuda y No son gente como uno (ISC, 2003) la sonorense Sylvia Aguilar Zéleny (Hermosillo, 1972), si bien no aborda la problemática regional en su narrativa, no en sentido estricto, narra desde una perspectiva fronteriza, casi siempre femenina, y no escatima el empleo de términos coloquiales y regionales. Su literatura de talante anecdótico y nostálgico, se ha centrado en el ámbito infantil y juvenil y muestra el proceso de maduración de niños criados en el rigor del forcejeo cultural, debatiéndose entre el "acá" y el "allá", lo que necesariamente incendia su imaginación tanto como sus ambiciones. Se advierte también una crítica con respecto a los vecinos, particularmente en el segundo título, crítica elaborada asimismo desde el discurso coloquial y la engañosa inocencia de sus narradores y narradoras.
Zonia Sotomayor Petterson (Hermosillo, 1954) es, en cuanto a temperamento literario, la más sonorense de las escritoras sonorenses. Su primera novela publicada, Los de Moisés (Plaza & Valdés, 2005), hilvana una zaga que me remite instantáneamente a Sonora, donde las familias son muy cuidadosas respecto a conservar las anécdotas de los antepasados a través de la oralidad pero también de testimonios físicos e icónicos, aspecto también observable en la narrativa de Aguilar Zéleny. Los De Moisés es una familia esencialmente trágica, signada por una especie de maldición que está en el aire, que no se explica ni tiene origen específico. Simplemente está ahí y desune físicamente a la familia aunque manteniéndola unida a través de la oralidad. Y si bien alude al destino y a la magia, el tono es arrebatado y pasional y la trama rebosa carnalidad hasta alcanzar la cima de la escatología a través de la innombrada enfermedad que ataca a Héctor María, uno de los protagonistas, y lo carcome hasta dejarlo convertido en un guiñapo sanguinolento. Zonia es autora de otra novela, legendaria no obstante permanecer inédita, Toda la oscuridad del universo, objeto incluso del análisis de Socorro Tabuenca, especialista en literatura de la frontera norte escrita por mujeres quien hace hincapié en la ausencia de la temática lésbica en la literatura de la frontera norte, salvo la novela citada y los relatos "Sonatina" de Rosina Conde y "La otra habitación" de Rosario Sanmiguel. 7
La narrativa de las autoras fronterizas que analizaremos a continuación no se define por una ubicación geo-política en particular, es decir, no encajan ni estética ni formalmente en un modelo de literatura de la frontera norte, en sentido estricto, no obstante la afinidad ideológica, vivencial y experimental que existe entre estas y las autoras del grupo anterior. En primer lugar citaría a la tamaulipeca Cristina Rivera Garza (Matamoros, 1964), la más representativa de la nueva literatura de la frontera norte, único nombre femenino que nunca falta en alguno de esos recuentos arbitrarios. Ganadora en 1999 del premio nacional de novela José Rubén Romero con Nadie me verá llorar, la más representativa de sus novelas y, para algunos, la mejor hasta ahora, Cristina pertenece a ese grupo de escritores "raros", entre los que destacaría también a Sergio Pitol, Carlos Monsiváis o David Toscana, creados no por la mercadotecnia ni por las mafias culturales, sino por los propios lectores, fenómeno que afortunadamente continúa observándose en el panorama nacional no obstante la tan cacareada escasez de lectores. Las novelas y relatos de Cristina transcurren en ámbitos cerrados y atmósferas enrarecidas y, salvo el caso de Nadie me verá llorar, novela de trasfondo histórico desarrollada en el México postrevolucionario de principios del siglo XX, en la ciudad de México para ser exactos, no se alude a una ubicación geográfica en particular. En La cresta de Ilión, por ejemplo, la trama se desarrolla como un sueño: la llegada de una misteriosa mujer a un lugar que pareciera ser hospital pero en realidad es un refugio para moribundos, y que, averiguaremos más tarde, se trata de un homenaje a la no suficientemente valorada escritora mexicana Amparo Dávila, cuya lectura retomamos a través de esta sutil invitación que nos hace Cristina. En Lo anterior se menciona el desierto, y es acaso la única de las tres novelas que pudiera remontarnos a la frontera norte, no tanto por el escenario desértico sino por las referencias a la personalidad de los personajes de esta extraordinaria aunque muy incomprendida novela, no de amor sino sobre el amor.
Nacida en Tamaulipas en 1962 pero radicada desde la infancia en Monterrey, Patricia Laurent Kullick es acaso quien enarbola el discurso más trasgresor de este grupo. En el caso de Patricia no es tanto que la ubicación geográfica sea o no identificable, lo es en varios de sus relatos. Sencillamente no se trata de un dato trascendental para la comprensión de la trama: la narración absorbe completamente los sentidos del lector, como sería el caso de la novela El camino de Santiago (Era, 2004) donde se lleva a cabo una suerte de diálogo esquizofrénico sostenido entre Mina y Santiago, los personajes que habitan a la protagonista que no encuentra su lugar en el mundo y pretende encontrarse a través de los objetos y de los hombres.
Cristina Rascón (Cajeme, 1977) es una joven escritora sonorense cuya principal obsesión es la cultura nipona y esto se refleja no solo en la temática de sus relatos sino sobre todo en la intención revolucionaria y trascendente de los mismos. Su primer libro de relatos, El agua está fría (ISC, 2006), atrapa en forma asombrosa la esencia de la espiritualidad de oriente y la fusiona con la aspereza del desierto sonorense, combinación que parece arriesgada, casi imposible, y sin embargo resulta en una especie de género alternativo que bien podría ser aquel libro de almohada al que hacía mención Sei Shonagon, autora japonesa del siglo X que protagoniza el asombroso relato que abre el citado libro, donde Shonagon no solamente se enfrenta a su legendaria rival, Murasaki Shikibu, autora de la considera la primera novela formal de la historia, Historia de Genji, así como a las demás calígrafas que se disputan el favor de la emperatriz, sino también a una esclava que posee un peculiar talento en caligrafía y composición casi equiparable con el suyo. Los relatos de Cristina pudieran considerarse, asimismo, un extenso haikú de frases cortas, contundentes, poéticas.
Liliana Blum, nacida en Durango en 1974 y radicada desde bebé en Tampico, Tamaulipas, pareciera más tradicional pues sus relatos poseen un enfoque eminentemente feminista, sin embargo es justo por esto que resulta transgresora: retomar el feminismo, insertarlo en esta época aparentemente post-feminista y hacernos ver que hoy, más que nunca, necesitamos afianzarnos a la lucha emancipatoria pues vivimos algo peor que el prefeminismo, es decir, la ilusión de estar liberadas. El relato La maldición de Eva (tragedia en siete actos), incluido en el libro del mismo nombre (Voces de Barlovento, Tampico, 2002), retrata hasta qué punto la maternidad puede representar la peor pesadilla de una mujer y, al mismo tiempo, su salvación, su inspiración para romper cadenas. Lo que transforma en pesadilla esta experiencia son las condiciones externas, es decir, las taras y prejuicios en torno a la maternidad, bendita y maldita a un tiempo. Aquí es donde surge otra clase de diálogo esquizofrénico de la madre con una sociedad indefinida e incongruente. Liliana es acaso la única escritora de su generación que ha retomado los intereses literarios de Rosario Castellanos desde una posición inquietantemente contemporánea. En ese sentido la siento muy afín con la poeta tijuanense Amaranta Caballero, aunque Amaranta, pese a su juventud, retoma la problemática del ser mujer con firmeza equiparable a la de autoras de los años sesenta o setenta, más con pasión que con rabia: "Cuando se habla de las mujeres/ generalmente se olvidan/ sus significados principales./ Cuando hablan las Mujeres/ el olvido enmudece." ( Tres tristes tigras, "Entre las líneas de las manos", CONACULTA, CECUT, 2004).
Considero pertinente incluir a una joven sinaloense que no ha publicado formalmente sus relatos, es decir, no a manera de libro, pero sí en múltiples revistas literarias, y la pertinencia de citarla se debe a dos razones, la principal, su calidad literaria, la segunda por sentido del equilibrio ya que se trata de la única narradora sinaloense que se ajusta al perfil aquí analizado: Elena Méndez (Culiacán, 1981), narradora muy lúdica que gusta de jugar con el lenguaje y la intertextualidad. La ironía dolorosa de sus relatos breves, así como la glamourización de personajes delictivos femeninos, las "narcas", representa el aspecto más distintivo de su prosa. Y si bien resulta evidente su influencia con otros autores sinaloenses como Juan José Rodríguez y Élmer Mendoza (éste incluso aparece como personaje de su delirante relato "Una clase de literatura"), Elena ha sabido digerir muy bien tales influencias y aportar un producto sumamente original e interesante. Sus textos, además, denotan tanta reverencia hacia la literatura como necesidad de no tomársela en serio: " Obsesión, obsesionada con el sexo, alega que Emma debería haber puesto a Charles a leer el Kama Sutra pero, en vez de eso, cayó en la tentación de que tanto su clítoris como su punto G fuesen descubiertos y estimulados por sus amantes (uno por uno, se entiende)."
Como juez y parte de esta corriente literaria, me permito intercalar un comentario respecto a mi propia obra y mi muy personal sentir respecto a la influencia de la frontera norte en ella: ya en un texto previo escribí sobre cómo y en qué condiciones se desarrolló en mí la vocación literaria; nacida en Hermosillo, Sonora, de madre sinaloense, para mayores señas, oriunda de Navolato, mi Macondo norteño, y de padre zacatecano educado en Zurich; les hablaba también de la chiquilla que bebía coca con mucho hielo ante un ventilador, en la habitación de una casa enclavada en pleno desierto y con Charlotte Brontë, Jane Austen y Virginia Woolf como autoras gurús. La combinación de esto con la circunstancia de que por el trabajo de mi padre tuve que cursar mis estudios primarios y secundarios en la ciudad de México, volando a mi natal Hermosillo a la menor oportunidad, pudiera explicar que mi narrativa es fronteriza solo en temperamento, así como que mis personajes suelen ser locos o cuerdos en territorio de locos, o extranjeros atrapados irremediablemente en culturas hostiles, o colonizadores de paraísos artificiales. Fui, pues, una niña cuya educación fluctuaba entre la rigidez de un colegio supuestamente inglés donde rendíamos honores a dos banderas y las vacaciones con una abuela que desplumaba gallinas, y las truculentas historias susurradas entre mis tías sobre mi prima Julie, casada con un narco. ¿Qué mayor esquizofrenia que esa? Naturalmente me identifico con las autoras del segundo grupo. Entiendo lo que quiere decir Inés Arredondo al hablar de lo profundamente que la impactó su pueblo natal, Eldorado, en la construcción de su corpus narrativo. A mí Hermosillo también me influyó en el sentido de que mis novelas son como una pequeña y aséptica ciudad llena de calor y gozo donde te topas con tu mejor amigo de la infancia y te desvías sin pensarlo dos veces de tu camino original, porque la ocasión lo amerita y nada te apura. Mi literatura es tan fluctuante como mi acento exótico. Estoy completamente de acuerdo con Luisa Valenzuela cuando dice, borgeanamente: "Escribir ficción es una búsqueda de tácitos secretos que nos irán acercando al calor del invalorable e inalcanzable Secreto." 8
Este ensayo aborda exclusivamente a las narradoras porque sería demasiado extenso abarcar todos los géneros, sin embargo me permitiré algunas menciones que considero importantes, y aún así estoy segura de que me quedaré corta: las notabilísimas dramaturgas Bárbara Colio (1969) y Glafira Rocha, bajacaliforniana y sinaloense respectivamente, y las espléndidas poetas Enriqueta Ochoa de Coahuila, así como Carmen Alardín y Minerva Margarita Villarreal de Nuevo León; Laura Delia Quintero de Sonora, Elizabeth Cazessus de Baja California y Dana Gelinas, de Coahuila, y la muy joven, también regia, Ofelia Pérez Sepúlveda. Me permito mencionar asimismo y por homenaje a la imponente chihuahuense Aurora Reyes, que hace años no está entre nosotros.


Eve Gil


1 Inés Arredondo, Obras completas, Siglo Veintiuno Editores, 4ª. edición, 2002
2 El harén en Occidente, Espasa, Editorial Planeta Colombia, Traducción de Inés Belaustegui Trías, 2001, p. 199
3 Fondo Estatal para la Cultura y las Artes de Nuevo León, serie Árido Reino, México, 2003
4 Y aún estos autores abandonan ocasionalmente su entorno para explorar otras posibilidades, caso concreto de Mendoza, Rodríguez y Trujillo, autor este último de un volumen completo de cuentos de ciencia ficción.
5 Altos hornos, editorial Praxis, 2006
6 Terramara, p. 13
7 "Mecerse entre fronteras. La literatura de mujeres fronterizas, mexicanas y chicanas", Revista Quimera, No. 258, junio 2005, Barcelona, España.
8 Escritura y secreto, Cuadernos de la Cátedra Alfonso Reyes del Tecnológico de Monterrey, Tec de Monterrey, Ariel, México, 2002, pp. 18 y 19)

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Ponencia leída durante el IV Festival de la Literatura del Noroeste 'Transladando fronteras', realizado en Tijuana, Baja California, del 8 al 11 de noviembre del 2006 ( Mesa: La historia de la literatura de la región noreste y noroeste, con Gabriel Trujillo (Mexicali), Víctor Soto Ferrel y Adolfo Morales (Tijuana), Martha Piña y Gilberto Ibarra Rivera ( B.C.S.), y Vicente Alonso (Coahuila).

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Eve Gil es autora de cuatro novelas: Hombres necios, El suplicio de Adán (censurada durante la gubernatura de López Nogales), Réquiem por una muñeca rota y Cenotafio de Beatriz. Está por publicar un libro de cuentos, Sueños de Lot, y otro de ensayos, Jardines repentinos en el desierto, con los que obtuvo este año el Premio Nacional de Literatura Efraín Huerta (género cuento)
y el del Concurso del Libro Sonorense (género ensayo), respectivamente.

sábado, novembro 18, 2006

DE ÁLVARO ENRIGUE

(...) el que se enamora pierde porque se tiene que quedar en tierra, peregrino deshabitado de su propia alma.


Álvaro Enrigue, "Salida de la ciudad de los suicidas" en Hipotermia, Narrativas Hispánicas, Editorial Anagrama, Barcelona, 2005, p. 153

segunda-feira, outubro 30, 2006

CORREO DESDE MÁLAGA

El 10 de octubre fui a mi otra casa por el libro Detrás de nosotros estamos ustedes, escrito por el Subcomandante Marcos (ahora Delegado Zero), para que me lo dedicara al día siguiente (vino a Culiacán, como parte de 'La Otra Campaña'), cuando observé que sobre la cajuela del carro de mi hermano estaba un sobre, dirigido a mí. Remitente: Susana Hermoso-Espinosa, directora de HOMINES (portal cultural que ha tenido a bien publicarme en 4 ocasiones).

Lancé un grito de júbilo. Lo abrí, ansiosa. Al interior, una carta, bellísima, donde me refería sus andanzas por Barcelona y Madrid; en particular, sus visitas al Museo del Prado y al Reina Sofía en esta última ciudad. Además, varios separadores de Picasso y cinco libros: Escritores andaluces por la paz (recopilación); Yerma, de Federico García Lorca; Picasso, de Juan Antonio Ramírez, El amor y los ángeles (antología), de Rafael Alberti, y, el que casi me hacía llorar de emoción: La picaresca en la sociedad tradicional, de José Fernández García y Juan Antonio López Cordero.


Susana trabaja en Fundación Picasso, por cuyos compromisos laborales estuvo en las citadas capitales. Me envió los presentes como agradecimiento a la postal de Frida Kahlo que le envié desde la Ciudad de México (ella es fridómana y filatelista, así que contribuí a sus pasiones).

He leído ya todos, con enorme regocijo.


Gracias, Susana, por ti quiero más a España, tierra de gracia y salero...

domingo, outubro 29, 2006

'ESAS PUTAS REITERADAS ME PARECEN'...




(...) hay putas graciosas más que hermosas, y putas que son putas antes que mochachas, hay putas apasionadas, putas estregadas, afeitadas, putas esclarecidas, putas reputadas, reprobadas, hay putas mozárabes de Zocodover, putas carcaveras; hay putas de cabo de ronda, putas ursinas,putas güelfas, putas injuinas, putas de rapalo rapaynas, hay putas de simiente, putas de botón griñimon, noturnas, diurnas, putas de cintura y de marca mayor, hay putas orilladas, bigarradas, putas combatidas, vencidas y no acabadas, putas devotas y reprochadas de Oriente a Poniente y Setentrion, putas convertidas, repentidas, putas viejas, lavanderas porfiadas, que siempre han quince años como Elena, putas meridianas, occidentales, putas máxcaras enmaxcaradas, putas trincadas, putas calladas, putas antes de su madre y después de su tía, putas desubientes y descendientes, putas con virgo, putas sin virgo, putas el día del domingo, putas que guardan el sábado hasta que han enxabonado, putas feriales,putas á la candela, putas reformadas, putas xaqueadas, travestidas, formadas, estriones de Tesalia, putas avispadas, putas terceronas, aseadas, apuradas, gloriosas, putas buenas y putas malas, y malas putas; putas enteresales, putas secretas y públicas, putas jubiladas, putas beatas, y beatas putas, putas mozas, putas viejas, putas de trintin y botin, putas alcagüetas, y alcagüetas putas, putas modernas, machuchas, inmortales, y otras que se retraen á buen vivir, en burdeles secretos, y publiques honestos que tornan de principio á su menester.

Francisco Delicado, Mamotreto XX, "Las preguntas que hizo la Lozana aquella noche al Baligero y cómo la informó de lo que sabía" en Retrato de la Lozana Andaluza, Podium, Obras Significativas, Ediciones Zeus, Barcelona, 1968, p. 83

sábado, outubro 28, 2006

DEL ÉLMER

Elena, debe ser ella, qué ganas de abrazarte mija, de olerte ahí donde deberías llevar perfume.




Élmer Mendoza, Efecto Tequila, Col. Andanzas, Tusquets Editores, México, 2004, p. 15

DESDE LAS MONTAÑAS DEL SURESTE MEXICANO HASTA ESTE CORAZÓN QUE TE ESPERA...



FOTO: Marlene Méndez

sexta-feira, outubro 20, 2006

HAY AUSENCIAS QUE...¿TRIUNFAN?

El verano pasado anduve por la Ciudad de México, ávida de museos (que no se distinguen por su abundancia ni su calidad en mi ciudad natal).
Acudí primero al Museo Nacional de Arte (MUNAL), que había conocido 3 años atrás. En aquella época había visto un retrato del genial poeta mexicano Xavier Villaurrutia, a quien no había leído. En esta segunda visita, ya conocía toda su obra; más aún, podía nombrarlo como uno de mis escritores favoritos. Busqué ansiosa por las salas del recinto. Al no encontrarlo, pregunté a uno de los encargados, quien portaba un catálogo del acervo en sus manos. Me informó que dicha pintura se encontraba en bodega, ante mi enorme desazón.

En el Franz Mayer faltaban pinturas virreinales. En su lugar (¡oh, curioso método para paliar ausencias!) los ingeniosos empleados colocaban fotocopias de las mismas, donde mencionaban sus datos y la localización temporal de aquellas.

En la Casa Azul de Frida Kahlo me sentí sumamente estafada. En mi primera visita había contemplado, absorta, el diario de la atormentada pintora. Ahora, un facsímil.
Salvo algunas remodelaciones y exhibición de piezas nuevas, como los corsets de Frida, que ella misma decoraba (pero, sobre todo, objetos domésticos artesanales), no encontré cambios sustanciales.
Azorada, pregunté a una empleada sobre el diario original. La muy bestia no supo decirme, y luego la oí quejarse con una compañera sobre mi pregunta. Mas pronto habría de enterarme del fatal destino del diario.

Cuando fui al Museo de Arte Moderno, lo hice alentada por el retrato del gran poeta guatemalteco Luis Cardoza y Aragón, de José Clemente Orozco -Arreola se expresaría de la obra pictórica del segundo como de 'pinceles violentos'-.
En internet, supe que en él también albergaban obra de Leonora Carrington y Remedios Varo, ilustres representantes del surrealismo mexicano. Más motivos para conocerlo.
Ya en él, terrible desengaño: sólo la mitad del museo podía ser recorrido. Lo que alcancé a ver me gustó (salvo cierta exposición que constituía una tomada de pelo).
De nuevo, el desconcierto: Había visto días antes el cuadro de "Las dos Fridas" y ahora volvía a verlo, en mayor formato. Estoy alucinando, pensé. Mas éste era el auténtico, según afirmó una de las trabajadoras. "Se distingue por la firma", explicó.
Asimismo, me reveló que en la mayoría de los museos de la Ciudad se oponen a las políticas privatizadoras de Sari Bermúdez (presidenta de CONACULTA) y con las que Luis Martín Lozano, director del citado museo, parece estar muy de acuerdo, ya que mantiene funcionando el museo con sólo la mitad de las salas disponibles, pero cobra como si fuese el recorrido completo.
Al entrar a la tienda, platiqué con los empleados, externándoles mi molestia al no haber encontrado las mencionadas obras. También referí mi horror al encontrar el facsímil en vez del diario original de Frida, en la Casa Azul. Uno de los empleados me dijo que el original estaba resguardado porque 'alguien' osó arrancar tres páginas del mismo. ¿Y quién sino los encargados? pensé, ya que tanto una como otra versión se conservan en vitrina.

Cuando una obra no está disponible al público generalmente es porque está en bodega, en restauración o en préstamo, lo cual, si bien es molesto, resulta entendible. Lo inexplicable es que se destruyan por quienes
supuestamente las resguardan, como en la Casa Azul.
Inexplicable, también, es que se cobren cantidades injustas, dadas las
limitaciones temporales que implica una remodelación, como en el Museo de Arte Moderno.

Otras ausencias deplorables son las que encontré en el Museo del Carmen, en su tiempo convento de los carmelitas. Además de una deficiente iluminación del sitio y de su aspecto de cueva, la mayoría de las obras carece de su respectiva ficha: ello impide una comprensión cabal de lo expuesto. No obstante, es caro para el visitante, quien sólo puede tomar fotografías en el exterior.

Carencia también me resulta -como señalo arriba- que no se permita tomar fotografías, aunque uno le quitase el flash a la cámara. Esta disposición lleva el fin de proteger las obras de posibles deterioros, o bien, de lucro (que se utilicen las fotografías para hacer copias de las obras, u objetos donde se las represente).
Museos donde esto ocurre: Casa Azul, Palacio de la Cultura Banamex, Dolores Olmedo,
Anahuacalli, Nacional de Historia y el ya citado.

Sin embargo, lo que me parece el colmo es que ni siquiera dejen tomar apuntes, como en el penúltimo (video sí permiten, lo que considero incongruente).

Lamentable, insisto, es no tener un testimonio fotográfico del retrato póstumo de Sor Juana Inés de la Cruz, por Miguel Cabrera.
Frente a sor Juana, caí de rodillas, llorando, recitando en voz baja su bellísimo soneto 'Esta tarde, mi bien, cuando te hablaba' (mi llanto, quizá, fue también de indignación por todo lo que quise ver y no vi).

quarta-feira, outubro 11, 2006

CIBERAMIGOS LITERARIOS

Este año ha sido para mí el de los ciberamigos literarios: Eve Gil, Joel Flores, Tryno Maldonado, Javier Munguía: dos sonorenses (Eve y Javier) y dos zacatecanos (Joel y Tryno).
Eve (Sorjuaneve) y yo iniciamos nuestra amistad en noviembre del año pasado. Entré a su blog gracias a que vi su link en el de Tryno (a quien le había escrito, sin obtener respuesta). Seducida por su prosa poderosa, le envié un comentario. Ella respondió en mi blog. En marzo vino a dictar su conferencia "El segundo oficio más antiguo del mundo: la escritura femenina" en LETRAS, y por fin pudimos abrazarnos. Me obsequió su magnífica novela El suplicio de Adán -que le costó la censura en su natal Hermosillo-.
Siempre tendré presente que, de entre todos los obsequios que le llevé, cuando vio las dos estampillas de Sor Juana, exclamó: 'éste es uno de los regalos más hermosos que he recibido...'
La invité a desayunar en La Mariposa Amarilla, sitio macondiano a la orilla del río Culiacán, y pasamos un día maravilloso juntas.
Nos veríamos a fines de julio en la Ciudad de México, en la Gandhi de Quevedo (la vieja), donde intercambiamos presentes, sonrisas...
saliendo de ahí, nos encontramos a José María Torre y me tomé una foto con él. Eve me preguntó, ¿cómo te tomaste la foto con él y no con ella (una de las dos personas que lo acompañaban)? ¿pues quién es? Bárbara Mori. Ni me fijé... A Eve le había pasado algo mejor: se había encontrado hacía tiempo a Johnny Depp en el metro, pero dudaba de que fuera él. Y él, sabiéndose galán, posaba para ella. Luego confirmó, en una revista, que sí era el afamado actor, quien había venido a México para negociar la filmación de una película basada en una novela de Laura Restrepo...
En febrero apareció en el blog de Tryno otro link: el de Joel (Gomi), su mejor amigo, quien publicaba una columna cultural en El Sol de Zacatecas, misma que le fue censurada por afectar intereses de las mafias culturales locales. Al leer el citado blog, supe que su escritora favorita es Amparo Dávila, una de las inteligencias más lúcidas de la narrativa mexicana contemporánea. Le escribí un comentario donde le brindaba mi apoyo; asimismo, le ofrecí enviarle un artículo aparecido en La Jornada sobre la mencionada autora.
Iniciamos nuestra amistad lanzando diatribas contra los ambientes seudointelectuales de nuestras respectivas ciudades, recomendándonos libros, autores... le conté que en marzo habría un Congreso Nacional de Estudiantes de Literatura en Zacatecas, y que participaría en Creación Literaria con "Letanía de la joven suicida". Joel me ofreció su hospitalidad, misma que acepté.
En las mismas fechas en que empecé a comunicarme con Joel, recibí una carta de Tryno (Tryno con Y Griega), a instancias de Eve (quien le externó mi queja sobre su nula respuesta). Tryno se mostró muy amable, así como apenado conmigo, ya que estaba seguro de haberme contestado. Le dije que no había problema y lo invité al susodicho Congreso, a lo cual respondió que lo tienen vetado y por ello prefería abstenerse; no obstante, me invitaba a brindar con Corona, una vez anduviera por aquellas tierras.
Ya en Zacatecas, tras llamarle a Joel y reunirnos en la Facultad de Sicología (donde prestaba su Servicio Social) me instalé en su casa y de inmediato establecimos una gran complicidad. Luego paseamos por el Centro Histórico, tras ir por Sandra (su entonces novia). En la noche nos reunimos con sus amigos en Las Quince Letras, ilustre cantina con un siglo de tradición, donde más tarde se acopló Tryno y platicamos horas enteras sobre libros, viajes, proyectos...Me obsequió su ópera prima, Temas y variaciones, que devoré con singular deleite.
Cuando volvió a disculparse por su carta nunca enviada, le confesé que había pensado que no me contestaba porque le mencioné a López Velarde (a quien ha choteado en su blog) ... irónicamente, me reveló que al parecer el jerezano es ancestro suyo...
nos vimos al día siguiente en la biblioteca Mauricio Magdaleno, donde se esforzaba en terminar de leer Galaor, novela de Hugo Hiriart, quien sería su primer asesor en el Taller de Novela de Oaxaca.
A Javier (Javo) lo conocí mediante otro ciberamigo literario, Josué Barrera (a quien aún no conozco personalmente); a su vez, había dado con el blog de este último mediante un link en el blog
de Lenon. Dejé un comentario en el blog de Josué, expresándole mi intención de participar en la revista La Línea del Cosmonauta (de cuyos 3 números he participado en 2). Josué tiene linkeado a Javier; visité el link de éste y me sorprendió su calidad literaria, así como el enterarme de que él también había acudido al Homenaje a Cortázar en febrero del 2004, en Guadalajara.
Pronto nos hicimos confidentes (hay ocasiones en que chateamos hasta 10 horas). Me remitió por correo su primer libro, Gentario. Hace días nos conocimos personalmente. Vendría para acá antes de irse a Guadalajara (ciudad que a ambos nos encanta).
Los viajes sirven para aliviar el corazón. Con esa filosofía y alentado por mi ejemplo (cítese mi travesía
por la Ciudad de México, Guadalajara y Puerto Vallarta el pasado verano), Javo vino a Culiacán Rosales, y me dediqué a pasearlo y a consentirlo y a invitarlo a comer rico y a que apreciara la belleza de la mujer culichi (mucha nalga, poca chichi) y los atardeceres: lo mejor que tenemos.
Culiacán le fascinó. Promete volver. Ya está invitado de antemano.

(Cómo los quiero a todos: Sorjuaneve, Gomi, Tryno con Y Griega, Javo. Hermosos. Inteligentes. Literatos. Y son mis amigos...)
















segunda-feira, outubro 09, 2006

ÉLMER DIXIT

¿Qué no dijo García Márquez que no se debía hacer el amor con calcetines?

Élmer Mendoza, Efecto Tequila, Col. Andanzas, Tusquets Editores, México, 2004, p. 210

sexta-feira, setembro 29, 2006

COSMONAUTA EVEGILIANA


"Eve Gil: la niña que jugaba con letras" en La línea del cosmonauta 3.

domingo, setembro 17, 2006

segunda-feira, junho 19, 2006

DAVID TOSCANA: EL HOMBRE QUE CAMBIÓ LA INGENIERÍA POR LA LITERATURA


David Toscana. Un hombre sencillo, tierno. Una sonrisa que transmite paz. Una mirada que delata lo mucho que se divierte con su gran amor, la Literatura.
David Toscana nació en Monterrey, Nuevo León, en 1961. Es Ingeniero Industrial y de Sistemas por el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM), Campus Monterrey.
Autor del libro de cuentos Historias del Lontananza 1 (Joaquín Mortiz, 1997) y de las novelas Las bicicletas (Fondo Editorial Tierra Adentro, 1992); Estación Tula (Joaquín Mortiz, 1995); Santa María del Circo (Plaza y Janés, 1998); Duelo por Miguel Pruneda (Plaza y Janés, 2002), El último lector (Random House Mondadori, 2004) y El ejército iluminado (Tusquets Editores, 2006).
Ha sido becario por el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes (CONACULTA) en novela, y por el Centro de Escritores de Nuevo León. Cursó estudios de Narrativa en la Escuela de Escritores de la Sociedad General de Escritores.
En 1994 participó en el International Writing Program de la Universidad de Iowa (Estados Unidos); y en 2003-2004, en el Berliner Künstlerprogramm.
Ha sido Coordinador del Taller de Creación Literaria del Centro Regional de Información, Promoción e Investigación de la Literatura del Noreste (CRIPIL) y también ha impartido seminarios y talleres literarios en México, D.F., y en la Escuela de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS); impartirá un Taller de Novela (durante 2006- 2007) en Oaxaca, Oaxaca 2.
Obtuvo en el 2005 con El último lector el Premio Honorario Nacional Colima para Obra Publicada, así como el Premio Nacional de Literatura José Fuentes Mares y el Premio de Narrativa Antonin Artaud, otorgado por Francia.
Integrante del Consejo Internacional de la revista Revuelta, de la Universidad de las Américas (Puebla, México).
Su obra ha sido traducida al inglés, alemán, griego, italiano, árabe, serbio, sueco, eslovaco y portugués.
Entre las temáticas abordadas en la narrativa toscaniana se encuentran: el fracaso, la soledad, la muerte, la desmitificación de la Historia, el antiyanquismo, aderezado todo esto con una evidente intención satírica y el uso de discordancias temporales.

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Veo a Toscana en mayo, después de 4 meses. Visita Culiacán frecuentemente, por lo general, invitado a dar charlas a la Escuela de Filosofía y Letras de la UAS, donde hay una línea de investigación sobre la ‘Narrativa del Norte’ 3, coordinada por la maestra Elizabeth Moreno.
El autor neoleonés vino a presentar su más reciente novela, El ejército iluminado 4, en el marco de los festejos del aniversario de dicha Universidad, concediéndonos el privilegio de lanzarla mundialmente en nuestra capital.
Dicho libro trata sobre el intento de recuperación de Texas por cinco niños retrasados mentales: Comodoro, Azucena, El Milagro, Ubaldo y Cerillo, comandados por su maestro, Ignacio Matus, un hombre frustrado porque, según él, 44 años antes un gringo le arrebató la gloria olímpica. La travesía es una lección de honor, no exenta de ternura en medio de una batalla perdida de antemano.


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Tras la presentación del libro, saludo a David. Entre risas y copas le solicito una entrevista. Accede. Te la enviaré por internet. Aclara que durante junio y julio no atenderá la correspondencia, dados sus eventos promocionales de la novela, entre otros compromisos. Será pronto, entonces, pero contestas. Sí, me tranquiliza.

He aquí la entrevista.


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¿Por qué cambiar la ingeniería por la literatura?

Por la literatura se cambia la ingeniería, la contabilidad, la medicina y cualquier cosa. No veo que haya sido un sacrificio; sólo monetario. Pero siempre será más interesante Don Quijote que un manual de control de calidad, y La metamorfosis más reveladora que un libro sobre resistencia de materiales.

¿Qué representan los niños muertos en su narrativa- citemos el caso de Fernanda en Estación Tula; Anamari-Babette en El último lector; Comodoro en El ejército iluminado-?

Cuando tenía entre diez y doce años, le tenía miedo a la muerte. Cada evento trágico, cada esquela en el periódico me dejaba sin dormir. Y cada noche de insomnio era reflexionar sobre la muerte y convivir con ella. Tal vez eso esté regresando en forma de historias, de palabras.
Tal vez, no lo sé.

¿A qué atribuye la obsesión por la muerte dentro de su obra?

En parte es lo que menciono arriba, y en parte se relaciona con otros momentos de la infancia en que mi relación con la muerte fue más afectiva, como cuando jugaba en el cementerio junto a mi casa y conversaba con los muertos. Además creo que cualquier reflexión sobre la vida debe incluir la muerte; sin muerte no habría filósofos ni novelistas.

Que Juan Capistrán (uno de los personajes centrales de Estación Tula) sea un ‘hijo de la chingada’ (literalmente) concebido por Fernanda tras el abuso del Gringo ¿viene a ser una alegoría del ancestral dominio de los estadounidenses sobre los mexicanos?

No exactamente, porque el gringo la viola, pero luego sabemos que se trata de un pobre diablo, un alcohólico, un don nadie.
En mis novelas hay más un espíritu de revancha que de sumisión.

¿Qué lo motivó a cambiar el título de su cuentario Historias del Lontananza por Lontananza, así como a eliminar los nombres de cada relato, quitar uno de ellos y sustituirlo por otro nuevo?

No sé por qué incluso a la gente educada se le complica decir Historias del Lontananza. Casi siempre en reseñas de periódico o revistas aparece mal citado. Le cambié el nombre para simplificarlo, y para señalar que el segundo libro no era igual al primero.
Quité un relato que con el tiempo dejó de gustarme y agregué otro que me gustaba más.
Además quité los títulos para que se leyera como algo más parecido a una novela, y porque ¿para qué sirven los títulos de los cuentos? Sirven para nombrarlos, no para leerlos.

¿Cómo influyen tanto Onetti como Cervantes en la narrativa toscaniana?

Los dos me revelaron la forma de ver el mundo. A través de Onetti entiendo que el hombre no tiene escapatoria; a través de Cervantes, o mejor dicho de Don Quijote, aprendo que este mundo hay que verlo desde fuera de la lógica, que las palabras funcionan mejor si no parten de la razón, sino de la belleza.

¿Se necesita estar loco para defender un ideal? Don Quijote lo estaba; los cuasi ‘Niños Héroes’ de El ejército iluminado padecen retraso mental...
La locura se define de manera distinta según la época. Si hoy alguien se va a vivir a una cueva y caza animales para vivir, pensaremos que está loco; pero en una época ésa era la forma de vida. En una época los cristianos se embarcaron en las cruzadas; hoy nos parece una locura. En una época se ofrecía la vida para defender la patria; hoy es cosa de trastornados. Y sin embargo a algunos don Quijote parece muy razonable.

Usted ha tenido la oportunidad de participar en programas de escritores a nivel internacional, tanto en Estados Unidos como en Alemania. ¿Qué concepción tienen de la literatura mexicana en dichos países, según su perspectiva?

No ven la literatura mexicana sino como parte de la latinoamericana, tal como nosotros podemos hablar de la africana, sin hacer distinciones entre la etíope y la angoleña. Y en general se está aún viviendo una cruda de las letras latinoamericanas luego del boom. En palabras de un editor: estamos pasados de moda.

¿Se considera parte de la llamada ‘Narrativa del Norte’? ¿En tal caso, qué elementos tendría en común la obra toscaniana con la de sus colegas norteños?

Ningún escritor del norte se considera norteño, salvo por un accidente geográfico. Son los críticos los que se dedican a agrupar, los que hablan de generaciones, temas, géneros, regiones y sexos.
Es también una invención del centro, que traza una raya y se asombra de que más allá de la capital haya burros que tocan la flauta.

¿A qué se debe el afán desmitificador de la Historia presente en su obra?

La Historia tiene muchas historias, y además el novelista posee una libertad de interpretación del pasado que no tienen los historiadores; hay que aprovechar esta libertad para alcanzar posibles verdades o al menos mover a la reflexión al lector. En todo caso, la Historia en manos del novelista puede ser una experiencia estética.



Elena Méndez

(Entrevista realizada el 5-junio-06)


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NOTAS

1 Dicho libro, ahora bajo el somero título de Lontananza, fue reeditado por Editorial Sudamericana en el 2003.

2 En este taller también serán maestros los destacados escritores Sergio Pitol Juan Villoro Álvaro Uribe, Mario Bellatín, Margo Glantz, Ricardo Yáñez, Juan Villoro, Jorge Volpi, Francisco Goldman, Hugo Hiriart, Élmer Mendoza, Leonardo da Jandra, Daniel Sada y el propio Solares.

3 A David Toscana se le considera parte de la llamada ‘Narrativa del Norte’ donde también se incluye a Cristina Rivera Garza, Patricia Laurent Kullick, Luis Humberto Crosthwaite, Élmer Mendoza, Hugo Valdés, Juan José Rodríguez, César López Cuadras, Federico Campbell, Felipe Montes, Daniel Sada y Eduardo Antonio Parra. Todos ellos son, como indica el nombre del grupo en que se les clasifica, narradores oriundos del Norte de México, salvo el último. Se les incluye en dicho grupo gracias a diversos factores, como la edad (la mayoría de ellos anda entre los 40 y 50 años); el vivir y trabajar (casi todos) en sus lugares de origen; el tener ya buen número de obras publicadas y reconocidas dentro y fuera de nuestras fronteras; el situar (por lo general) sus narraciones en los rumbos norteños y sacar a la luz, mediante ellas, las miserias y grandezas que en estos acontecen.

4 ‘Iluminado’, conforme a la segunda acepción de la Real Academia Española: “Se dice del individuo de una secta herética y secreta fundada en 1776 por el bávaro Adán Weishaupt, que con la ciega obediencia de sus adeptos pretendía establecer un sistema moral contrario al orden existente en religión, propiedad y familia”. www.rae.es


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DATOS DE LA AUTORA: Elena Méndez (Culiacán, Sinaloa, México, 1981).- Licenciada en Lengua y Literatura Hispánicas por la Universidad Autónoma de Sinaloa. Ha participado en los talleres literarios de los escritores mexicanos María Baranda, David Toscana y Cristina Rivera Garza. Escribe cuento. Ha publicado parte de su material en la revista TEXTOS, de su Universidad (no. 14, abril/julio 2004) y La Pluma del Ganso (no. 42, marzo/mayo 2006) y en las páginas literarias
www.aviondepapel.com, www.letras.s5.com y www.homines.com.
FOTO: Alfredo Angulo

quarta-feira, junho 14, 2006

CULIACÁN CIVITAS INTERIOR


El día en que se muriera, recordaría aquellos atardeceres vistos desde el Puente Negro.



FOTO: Carlos Méndez

COSMONAUTA ELMERIANA

"Un bato bien machín de la Col Pop: Élmer Mendoza" en La línea del cosmonauta, no. 2.

terça-feira, junho 13, 2006

DÍA DEL ESCRITOR EN ARGENTINA


... Y cumpleaños de la Cuentista Cuentera.

quarta-feira, maio 24, 2006

ÉLMER YA COME CON MANTECA


EVE GIL: LA NIÑA QUE JUGABA CON LETRAS


Desde que me rayó la primera luz de la razón,
fue tan vehemente y poderosa
la inclinación a las letras,
que ni ajenas reprensiones
–que he tenido muchas-
ni propias reflejas
–que he hecho no pocas-
han bastado para que deje de seguir
este natural impulso que Dios puso en mí ...1


Sor Juana Inés de la Cruz


Eve Gil: Escritora. Periodista. Eve Gil: unos ojos moros que observan con ternura, con avidez, casi acariciando lo que le rodea. Unas manos expresivas que mueve constantemente mientras habla. Una voz suave. Una franqueza enorme, como buena norteña. Sencilla. Sorjuanófila al punto de titular Hombres necios su ópera prima, en clara alusión al más célebre poema de la Décima Musa; asimismo, su blog La Trenza de Sor Juana 2 hace referencia a lo relatado por la madre jerónima en su Respuesta a Sor Filotea de la Cruz, donde ésta confiesa que se cortaba el cabello cuando no lograba aprender pronto alguna lección de gramática: “(...) No me parecía razón que estuviese vestida de cabellos cabeza que estaba tan desnuda de noticias (...)” 3


Eve Gil nació en Hermosillo, Sonora, en 1968. Es fundamentalmente narradora, aunque también ha incursionado en la poesía, la dramaturgia y el ensayo. Es autora de cuatro novelas: la ya citada (ganadora del premio de novela en el Concurso del Libro Sonorense, en 1994) y El suplicio de Adán (ganadora del premio La Gran Novela Sonorense, en 1996), ambas publicadas por el Instituto Sonorense de Cultura en 1996 y 1997, respectivamente; Réquiem por una muñeca rota (Fondo Editorial Tierra Adentro, 2000) y Cenotafio de Beatriz (RD Editores, 2005).

Ha obtenido el Premio Nacional de Periodismo Juvenil Fernando Benítez, en 1994, por el reportaje La fortificación del ámbar maldito, así como dos menciones honoríficas: una en el Certamen Nacional de Poesía Anita Pompa de Trujillo, en 1993, Transitar por la inocencia y otra en el Concurso del Libro Sonorense 1994, género dramaturgia, con el monólogo Electra masacrada ; otra de sus obras teatrales es la farsa Retrato de una pareja perfecta (Casa de la Cultura, 1990), que escribió a los 18 años y obtuvo el Premio Lecturas Teatrales 1990. Coautora de los libros Los cantos de Minerva (antología de escritoras sonorenses, Instituto Sonorense de Cultura, 1993) y Raíz y canto (poemas ganadores del Anita Pompa de Trujillo, Instituto Sonorense de Cultura, 1993). Ha sido becaria del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes de Sonora (1993-1994; 2004-05) y del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes, en la categoría de Jóvenes Creadores (1995-1996). Acaba de obtener el Premio Nacional Efraín Huerta, en la categoría de Cuento, con el libro (inédito) Sueños de Lot.

En la obra de Eve Gil se halla una perpetua obsesión por el erotismo, la locura, la muerte, la soledad. Hay, asimismo, una crítica social muy fuerte, llevada a cabo con sutil ironía.

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Entrevisto a Eve por internet, medio por el cual nos conocimos. Leía el blog de cierto joven escritor y ahí aparecía recomendado uno de los dos que ella tiene, All about Eve. Le dejé un comentario; ella respondió en mi blog y desde entonces nos hemos vuelto buenas amigas. En marzo del presente año, vino a Culiacán a dictar su conferencia El segundo oficio más antiguo del mundo: La escritura femenina, y por fin pudimos abrazarnos.

La dejo revelarse mediante las palabras.


¿Cómo surge su vocación literaria?
A veces siento que es algo que nació junto conmigo, porque no recuerdo un solo momento de mi vida en que no haya estado acompañada de un libro o de un cuaderno. Cuando era muy chiquita, recuerdo, tres años a lo sumo, hacía rabiar a mi mamá porque bajaba todos los libros del librero por el mero hecho de rodearme de ellos. Mi papá decía, en tono bromista, que de seguro sería bibliotecaria de grande. Un poco más grandecita, forraba esos mismos libros con papel blanco y le rehacía una portada donde escribía un nuevo título y me atribuía la autoría de la historia. Sin embargo, no fue sino hasta los catorce años que escribí mi primera novela. Mientras otras niñas decían que de grandes querían ser doctoras o abogadas, yo siempre respondí sin lugar a dudas escritora.
¿ Por qué escribir novela?
Desde siempre ha sido mi género favorito, y desde mi primer intento de escribir un texto literario, lo primero que se me ocurrió fue que sería una novela. Creo que lo prefiero porque es el único género en el que caben todos los demás. Una novela puede contener poesía, cuento, ensayo y reportaje. Por desgracia, y como bien decía Roberto Bolaño, empieza a diluirse la ambición literaria en quienes incursionan en el género novelístico que, siento, cada día va perdiendo un trozo de su grandeza. Empieza a convertirse en el género más fácil, y eso no me gusta. Quizá por ello ahora me estoy yendo un poco más por el ensayo.
¿A qué atribuye usted la evidente preeminencia y vitalidad de la novela respecto a los demás géneros literarios a lo largo de la historia?
A esa cualidad que yo denomino elástica, porque le cabe de todo, y de verdad me preocupa que empiece a adelgazarse, como si de algún modo la hubieran condenado a la anorexia, y no me refiero únicamente al volumen, sino sobre todo, y tristemente, a los contenidos. En ese sentido me declaro fanática de lo retro.
¿A qué se debe el afán transgresor presente en su obra? (citemos a Felipe, protagonista de su ópera prima El suplicio de Adán: un sacerdote sin fe, irreverente, mal hablado e, incluso, gigoló por azares del destino... )
Creo que lo que más me duele, lo que más me enfurece en la vida, es la hipocresía. El machismo ha sido el máximo promotor de la misma ya que en su afán de doblegar a las mujeres y negar a los homosexuales, ha propiciado que tanto unos como otros cultiven el arte de fingir y de perpetuar, de este modo, ese amordazamiento de la sexualidad. Una sociedad reprimida y mentirosa nunca será una sociedad próspera ni feliz. Te pongo un ejemplo: todo mundo puso el grito en el cielo con esa joya cinematográfica que es Secreto en la montaña... ¡cómo, dos hombres besándose, qué horror!.... ¿Y quien se molestó en decir una palabra acerca de ese engendro de película de Quentin Tarantino, Hostal, donde se viola y tortura a la gente, y hasta infartados hubo debido al realismo que maneja?, esto es, a la gente le asusta más que dos hombres se amen que, por ejemplo, las matanzas en Irak, o los feminicidios en Ciudad Juárez. Eso es producto de la hipocresía, que condena la sexualidad y justifica el horror, la violencia, la guerra, el homicidio, y creo que en cierto modo eso reflejan mis novelas: mientras algunos curas violan niños y descuartizan a sus amantes embarazadas, otros, como Felipe, se prostituyen para fundar orfanatorios y rescatar niños de la calle. Por supuesto, el Vaticano condenaría con mayor energía al gigoló.
¿Cómo ingresa al periodismo y en qué forma dicha experiencia ha contribuido en su narrativa?
Al periodismo ingresé por invitación. Yo era estudiante de Letras y un amigo mío de nombre Manuel Murrieta me invitó a reseñar una obra de teatro dirigida por Ángel Norzagaray para una revista llamada Así. Nunca había hecho nada de eso, ni sabía nada de teatro, a pesar de que acababa de ganar un premio estatal de dramaturgia, pero yo necesitaba dinero y decidí intentarlo. Creo que me quedó mejor de lo que creí. No he parado desde entonces. Dos semanas después de aquella reseñita, el mismo Murrieta me pidió entrevistar a un actor sonorense que era, ni más ni menos, Jesús Ochoa, que por entonces no era famoso. Él fue mi primer entrevistado y me cayó tan pero tan bien, pero supuse que siempre sería así y, afortunadamente, salvo Cristina Pacheco que terminó gritoneándome y arrebatándome la grabadora, siempre ha habido una bonita química entre mis entrevistados y yo, aún los más difíciles. En cuanto a la contribución del periodismo en la narrativa, debo confesar que siempre he mantenido distanciados uno de la otra. El periodismo es lo que me da para comer. Antes sentía tanta pasión por el periodismo como por la literatura, cuando realizaba mis reportajes polémicos, pero decidí abandonarlo porque ahora que soy mamá no puedo continuar arriesgando el pellejo y me dedico exclusivamente al periodismo cultural.
Háblenos un poco acerca de su autoexilio: por qué salió de Sonora para radicar en el DF.
En 1998, año en que decido salir de Hermosillo después de leer El arte de la fuga de Sergio Pitol (ese libro me ayudó a tomar la decisión de salir a explorar el mundo), vivía una situación insostenible. No fui la primera escritora de Sonora, mentiría si dijera semejante cosa, pero sí fui la primera que se rehusó a escribir sobre florecitas, y eso desató la ira de un par de funcionarios culturales, por no hablar de algunos profesores de la escuela de Letras. Para acabarla de amolar, mi primera novela, Hombres necios, que aborda un tema bastante escabroso (un movimiento estudiantil de 1971 que desembocó en una verdadera masacre de jóvenes y del cual se derivó la liga 23 de septiembre) que nadie en Sonora, de los que verdaderamente había vivido ese episodio, se había atrevido a tocar (yo tenía tres años cuando eso ocurrió), ganó en 1993 un concurso convocado por el Instituto Sonorense de Cultura pomposamente llamado La Gran Novela Sonorense, al que, se suponía, sólo podías concursar si se te invitaba expresamente para ello, pues el entonces director del ISC, Carlos Moncada, quería que se la rifaran entre los que él consideraba “los titanes de la literatura sonorense”. Yo supe del concursito porque le llegó la invitación a mi jefa de entonces, y decidí mandar la novelita antes citada en el entendido de que iría firmada con seudónimo y nadie podía impedirme, por tanto, inscribirla en el concurso. Cuando la llevé todo mundo creyó que era de mi jefa. Para asegurar la legalidad del mentado concurso, Moncada se cercioró de reunir a un jurado foráneo, todos ellos oriundos de La Paz y de Puebla, pero doctorados por la Sorbona de París. Lo último que imaginé fue que resultaría ganadora, y siempre imaginé que si por algún azar del destino ganaba me echaría de enemigos a todos mis maestros de letras (la mayoría inscribieron un trabajo al concurso) y de paso a mi jefa, que terminó corriéndome. Pero todavía me esperaba lo peor: en 1996 inscribí otra novela en el tradicional concurso del Libro Sonorense, y volví a ganar, y el director que entró en lugar de Moncada, Juan Antonio Ruibal Corella, que es del Opus Dei o algo así, puso el grito en el cielo al ver que la dichosa novela hablaba sobre la revuelta cristera, sobre los caudillos sonorenses y de paso estaba protagonizada por un cura gigoló, y no se le ocurrió mejor cosa que embodegarla durante todo un sexenio. Textualmente dijo: “Este libro no sale de aquí”. Esa fue la gota que colmó el vaso.
¿Qué perspectiva tiene actualmente acerca de la situación cultural en Sonora?
Por fortuna ha dado un giro radical. Parece que la escuela de letras permanece estancada en la revolución cubana, pero lo que es la cultura oficial ha avanzado considerablemente gracias a que su nuevo titular, Fernando Tapia, es el primer director del ISC que no es ni abogado ni contador privado, sino doctor en literatura. Tapia además uno de los pocos maestros que tuve en Letras que aplaudía mis gracias. Un gran profesor, además. Es un hombre culto, sin telarañas mentales, que lejos de marginar a las mujeres, a los homosexuales y a los indígenas como hicieran sus predecesores, los ha incorporado a su equipo de trabajo. Actualmente hay escritoras jóvenes en Sonora como Sylvia Aguilar Zeleny y Cristina Rascón, y jóvenes poetas vanguardistas como Iván Figueroa que hubieran sido vistos con desprecio por Moncada o por Ruibal Corella. Por otro lado, ésta es la primera administración que ha reconocido, homenajeado y reeditado la obra de Abigael Bohórquez.
¿Por qué la fascinación ante la escritura biográfica -tanto propia como ajena- ?
Lo más atrayente de mi narrativa, pienso yo, son los personajes. Para mí una obra narrativa sin personajes que te conmuevan no cumple a cabalidad su función. ¿Qué sería de Ulises sin Stephen Dedalus, por ejemplo? Pienso en la novela rusa, que es la más grande de todos los tiempos: ¿qué sería de ella sin Ana Karenina, sin Alexei Karamazov, sin Natasha Nicolaevna, sin el maravilloso Levine, que es mi consentido? De ahí mi fascinación por la biografía, que no la autobiografía, porque he sido bastante parca para referirme a mi persona, no obstante que siempre habrá algo del autor en sus personajes. Salvo Moramay de Réquiem por una muñeca rota hay muy poco de mi vida en mi narrativa. En Cenotafio de Beatriz, por ejemplo, hay un solo capítulo autobiográfico, que es el del parto de Beatriz. Yo empecé a escribir esa novela cuando, estando embarazada de mi hija pequeña, me anunciaron con una frialdad impresionante que tenía preclampsia y que o me sacaban a la criatura o yo me moría, y como no dejé que me la sacaran di por sentado que me iba a morir y Cenotafio es, por ello, una novela mortuoria, desde el título. Pero fuera de ese detalle poco tengo que ver con la protagonista, una Beatriz coja, corrompida, prostituida, amargada y sin embargo perseguida por un Dante que añora lo que ella fue y ya no es.
¿Cómo impulsa la carrera de un escritor el obtener un premio literario –como en su caso, que acaba de llevarse el Efraín Huerta, en Cuento, con la obra Sueños de Lot- ?
No sabría responder esa pregunta. Debo confesar que he participado en algunos concursos; que casi siempre me gano mención honorífica pero muy pocas veces he ganado. Curiosamente, poco antes de que me avisaran que había ganado el Efraín Huerta de cuento yo estaba a punto de abandonar el género cuentístico para siempre porque consideraba que no tenía madera para eso; que me era imposible escribir textos cortos... de hecho muchos amigos míos me habían hecho el comentario de que les gustaba mucho más como novelista que como cuentista. Gracias a este premio descubro que no soy tan mala después de todo y he resuelto continuar haciéndole la lucha al relato, aunque mi género favorito es y seguirá siendo la novela.
El narrador sinaloense César López Cuadras4 declaró hace poco5 que los grandes genios de la literatura han sido misóginos, y que los que se autoproclaman feministas son demagogos. Citó alusiones misóginas, por ejemplo, en Don Quijote. ¿Qué declararía usted al respecto?
Independientemente de que admiro a César y me cae muy bien, debo señalar que está equivocado y que su actitud resulta incomprensible en estos tiempos. Posiblemente los autores a los que hace referencia pertenecen a una época en que las mujeres no tenían acceso al estudio ni a los libros, pero como en todo existen las excepciones... y para muestra ahí está nuestra incomparable Sor Juana. Habría que recomendarle a César que leyera a grandes genios como Oscar Wilde, Truman Capote, E.M. Forster, Julio Cortázar, Sergio Pitol, entre otros, que lejos de denostar a las mujeres reconocían incluso influencia de escritoras en su propia escritura. Cortázar fue el único escritor del boom que exigió la inclusión dentro del mismo de mujeres como Luisa Valenzuela. De misógino, nada. No dudo que haya grandes genios misóginos, del mismo modo que hay mujeres geniales que son abiertamente androfóbicas, como Elfriede Jelinek, pero eso no repercute para nada en la demostrada realidad del talento femenino. Habría que recomendarle a César que leyera La trenza de Sor Juana, ¿no crees?


Elena Méndez

(Entrevista efectuada el 14 de mayo del 2006)

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NOTAS


1 Respuesta a Sor Filotea de la Cruz, en Sor Juana Inés de la Cruz, Obras Completas, Col. Sepan Cuantos, no. 100, Editorial Porrúa, México, 2000, p. 830.

2 ________________________________, Ídem, p. 831.

3 En dicho blog se publicaban reseñas periodísticas aparecidas en la columna del mismo nombre, perteneciente al Suplemento Arena del diario capitalino Excélsior, de circulación nacional. Desde marzo, el suplemento fue retirado; aún así, Eve continúa con sus Trenzas (por las cuales jamás ha percibido salario alguno).
La Trenza de Sor Juana, en palabras de su autora, tiene el fin de exaltar el genio literario femenino.

4 Autor de La primera vez que vi a Kim Novak (cuento), La novela inconclusa de Bernardino Casablanca, Macho profundo y Cástulo Bojórquez (novelas).

5 Declaraciones dadas el 27 de enero, durante su intervención titulada “El Quijote: Los textos en el texto”, como parte del Seminario sobre El Ingenioso Don Quijote de la Mancha , en la Escuela de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Sinaloa.


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MÁS DE EVE GIL:

www. evegil.blogspot.com
www.evetrenzas.blogspot.com



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DATOS DE LA AUTORA: Elena Méndez (Culiacán, Sinaloa, México, 1981).- Licenciada en Lengua y Literatura Hispánicas por la Universidad Autónoma de Sinaloa. Ha participado en los talleres literarios de los escritores mexicanos María Baranda, David Toscana y Cristina Rivera Garza. Escribe cuento. Ha publicado parte de su material en la revista TEXTOS, de su Universidad (no. 14, abril/julio 2004) y La Pluma del Ganso (no. 42, marzo/mayo 2006) y en las páginas literarias
www.aviondepapel.com, www.letras.s5.com y www.homines.com.

http://www.homines.com/palabras/entrevista_eve_gil/index.htm

FOTO: Esmeralda Méndez


terça-feira, maio 23, 2006

TRINI

Para Elena Méndez, la culichi

Porque todo ángel es terrible.1 Ella no. A medio vestir en la penumbra del cuartucho desordenado. El olor a vela recién fenecida, llegando desde el pequeño altar repleto de figuritas tan desleídas como ella. Su tos alérgica. Sus maldiciones por no poder encontrar la cajetilla de cigarros. Puta mierda. La modorra que me invadía siempre al quedarme allí. Sopor, dejadez; lo cierto es que el agobio me hacia regresar a ese rincón de Araguita. Una retorcida sensación de refugio. Con algo de suerte, una pelea, una balacera breve, cortesía de los narcos del sector. Y pensar que a pocos kilómetros bullía otro mundo, indiferente y cómplice a la vez. Si no, que lo dijeran Carlitos, el flaco Ribas, incluso Silvia. Encantados con el barrio y con Trini. Fumaba con garbo, con duende, aseveraban. Sublime en el momento cumbre de la pieza de calle. La rara condición etérea, y yo: “Trini, me enamoraste a los muchachos del grupo”. Ella reía; un fulgor particular se le prendía en los dos puntos de ámbar que miraban siempre más allá. A mediodía, llegaba su hermana menor, con caldo de gallina y arepas. También traía la noticia del último ajuste de cuentas, los tiros, los vejámenes que costaba un montón imaginarse.
Cada mes me preparaba un ensalme con hierbas especiales. Subíamos al río bien temprano. En La Cola de Caballo le decía que era yo Niño Mauricio, el genio guardián de la naturaleza tuyera. Ella me ordenaba no jugar con eso. Sumergidos en el agua fría del pozo, lamía sus pechos mientras me preguntaba por enésima vez si era capaz de llevarla conmigo a Madrid. “Allá tendrías que olvidarte del jibareo, mijita”, le contestaba. “Pero puedo leer la suerte; con mis tabacos veo lo que esta oculto. Me pagarían por eso. Además, esa gente es como los gringos… tu mismo lo has dicho. No era tan fácil, Trini. No lo había sido nunca. No es el caso el andar azotando calles. El triste papel de sudaca. Ni siquiera en el mismísimo barrio de Lavapiés; acuérdate de Miguelito. Internado en Mondragón, nada más por asustarse con un charco de sangre que encontró en el portal que limpiaba a diario. Su piel quemada, su estrella negra de poeta, lo hundieron. Luego, me refería el episodio, una y otra vez, hinchado de ganja. “Sucios gilipollas”, murmuraba furioso. Aseguraba que África renacería como la madre del mundo, y Europa y Norteamérica serian castigados al fin por su infinito egoísmo. Se lo insinuaba su sangre Zulú, Fulfulde y Avanti. Cuando le llevé a Trini, abrió tamaños ojos de pervertido, y hasta unos versos le dedico. Mientras la hacia escuchar a Tom Jobim, me previno: “mire, poeta, esa niña tiene la marca de Olofi, no estoy seguro. Yo que usted, andaría ojo pelao, cuidándome del hambre de su cuerpo. De su hambre toda”.Pero no era vital para mí el cuidarme de nada. No tenia sentido. Más bien, buscaba su cercanía cuando quería estar al borde de lo incierto. Había algo efímero en Trini que la vinculaba a otras regiones u órdenes. Era ese algo que me untaba la modorra al cuerpo. Y se lo pedía entonces, ya que continuaba en busca de los benditos cigarros en el ropero. “Muéstramelos, Trini… por hoy solamente.” Sacaba uno, dos, tres, cinco, siete frascos con los cuerpecitos arrugados, pequeñitos, varios de piel traslúcida. Recuerdo uno, de mayor tamaño que el resto y, lo puedo jurar, se le insinuaban ya las diminutas alas de ángel.
Omar Requena

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1 Eleonora Filkenstein: El Ángel.

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ARAGUITA: sector al sur de Ocumare del Tuy. Relativamente reciente, se ha convertido con el tiempo en zona roja. Limita con las montañas y con el río Guamita que baja por ellas.

COLA DE CABALLO: Cascada mayor del río Guamita. Forma un pozo donde según la leyenda local Mauricio permaneció tres días y tres noches, sumergido tras sucumbir al encanto de un hada del lugar.

MAURICIO: Cazador legendario del viejo Ocumare. Se volvió inmortal y recibió el encargo de cuidar la naturaleza tuyera. Tiene una cueva (en un lugar llamado El Peñón) donde mora. Si se va de cacería, cuentan los viejos campesinos que hay que dejarle ofrendas de tabaco y aguardiente, o jamás se cobrará pieza alguna.

BARRIO DE LAVAPIÉS: Barrio madrileño con mayor número de extranjeros.

sexta-feira, maio 19, 2006

MENINA NO ES NOMBRE DE MUJER

Para Elena Méndez

Me fui de casa a una hora en la que ya no quería nada del mundo. Las horas marcadas por el reloj se volvieron imparables. No pude seguir esperando. Hubiera sido fácil que dijeras: Ya no te amo y no somos uno para el otro. Dejé tu casa. Las calles estaban vacías y las transité con pena, odio y tristeza. Después de llorar me quedé dormido en un jardín.
Al día siguiente pensé que era buen día para olvidarme de ti. Pero cualquier calle tenía tu rostro, tus bromas, tus irresponsabilidades. Si hubieras regresado esa noche a casa nunca te hubiera seguido cuando coincidimos a la salida de la farmacia, en el momento en que de tu bolso se escabulló una fotografía para caer en el piso. La tomé sin avisarte. Tú ya ibas tres o cinco metros adelante. La volteé para revisarla; "Menina", decía en la contra-cara de la foto. Quedé congelado en medio de la acera hasta que un transeúnte chocó contra mi hombro y me hizo volver en mí.
Te seguí. Cruzaste alrededores que me fueron desconocidos y charlaste con personas que encendieron mis celos. En el supermercado te perdiste entre la gente; tú sabes, le tengo miedo a las multitudes, a la acumulación de masas en lugares tan pequeños. Prefiero quedarme solo que desafiarlas metiéndome entre ellas.
Minutos después, al abrirse las puertas electrónicas del supermercado, salió un hombre de saco negro y cabello largo, cubría su rostro del sol con unos lentes oscuros. Al pasar junto a mí se le cayeron unos papeles de su bolso. Me apresuré para dárselos, pero corrió en el momento. En ellos descubrí otra foto tuya, tu rostro, papeles y tu nombre.
Seguí al sujeto. Al percibir que lo perseguía se metió a un callejón oscuro, dio tres chiflidos. Segundos después, de unas puertas decoradas a la grafitti, salieron tres hombres, robustos, briosos, con cadenas en cada mano y tubos metálicos para darme una golpiza. Corrí por la siguiente calle y doble en la avenida lateral. Tomé un taxi que me llevó a la casa donde vive mi amigo Charles.
Charles me recibió con un abrazo y su cámara filmadora, me dijo échale un ojo sin despegarte. Tenía filmado a una mujer cogiendo con él. Me causó risa. La joven era alta, de piernas delgadas, Charles es pequeño. Al soltar una carcajada me arrebató su filmadora. En la tele se verá mejor, dijo. Al entrar en su casa nos recibió todo el equipo de filmación; preparaban su dormitorio con luces neón y pieles atigradas y trajes sadomasoquistas y muñecas inflables. Tenían cámaras en distintos ángulos, como en la residencia Playboy.
Ven, ven, indicó Charles. Siéntate en este sillón, de aquí se ve mejor, deja te muestro la más buena de mis grabaciones. Esta chica es única. Tomamos asiento mientras entraban algunas mujeres a la habitación donde editaban las películas para hacerse el casting. El televisor trasmitió ondas que trataban de codificar una imagen, estática, distorsiones, colores mal matizados, después se escuchó la delgada voz de Charles: No me la vayas a morder, despacito y con los labios, despacito y con la lengua, despacito y con la lengua por delante. Por último gemidos de una chica y la música de Barry White. Le pregunté si eso era la filmación. Espera, no te me apresures que es de las buenas y se tarda.
La maldita película no se vio nunca. El grupo de filmación se enfadó. Le preguntaron por qué no había filmado a esa chica, en verdad el rodaje hubiera tenido buen costo en la industria francesa, en la venta por Internet. Charles es un hombre, además de bien parecido, locuaz; convence a la gente en lo que menos se espera, pero aquí no estaba funcionando su capacidad de locutor. Todos lo agredieron y lo amenazaron: Si no consigues de nuevo a esa mujer olvídate de la vida de porno-star. Charles levantó su camisa con agresividad; su cuerpo tenía una gran lista de nombres y direcciones tatuadas, eran nombres de mujeres a las que había filmado cogiendo. Nos acercamos. Entre los nombres tatuados estaba el tuyo, Menina. Leí con la misma exactitud las curvas y rectas que formaban ese nombre, "Menina". El coraje me destrozó. Sentí que me filmaban desnudo junto a una gorda vestida de Shrek, posando para alguna revista amateur.
Quítate, Charles, le dije, hazte a un lado, déjame pasar, ya me voy. Los chicos del equipo de filmación trataron de detenerme, el actor me siguió hasta la puerta. ¿Qué pasa? Si es porque no grabé en cuclillas a Menina no fue culpa mía, el maldito Night Shoot no jaló, ése no es mi error y tú lo sabes. Si quieres la consigo para que la conozcas. Le pregunté a Charles por Menina. Respondió que las políticas del cine-garage tenían como regla principal no revelar la identidad de los actores o actrices. Si me urgía saber sobre ella debía pedirlo por escrito en la oficina de quejas y agradecimientos, situada en el segundo piso de su casa. Lo tomé del cuello. O me dices o te olvidas de tu bonito rostro. Suéltame, ¿qué no somos amigos? Luego le apreté el pescuezo. Suéltame que mi hogo, que me juéltes, que me juéltes, que mihogo. Al bajarlo se acomodó su camisita, enderezó su cuello, dijo que sería difícil dar contigo, ya no eras la misma. Lo volví a maltratar. Espérame, está bien, está bien, pero no me zarandees.
Charles no supo explicarme del todo la dirección. Salí corriendo. En cada paso que di le pregunté a la gente por el domicilio, pero nadie sabía exactamente. Al entrar a una tienda le enseñé al abarrotero la foto; se carcajeó hasta que lo callé con un madrazo en el hocico. Desenfundó una K 45 del mostrador, me apuntó amenazando con que si me volvía a ver por su tienda me tronaría el culo. Con el coraje en los puños me dispuse a correr y sin darme cuenta ya estaba afuera de unos viejos departamentos. Respiré hondo, con la vista a toda vigilia para que no diera conmigo el matón de la tienda.
Mientras acomodaba mi camisa y me limpiaba el sudor de la frente, vi a una tipa pelirroja subir a los departamentos; era idéntica a ti, de piernas delgadas y nariz respingada. Al verme corrió y la seguí. Las escaleras por donde subía la pelirroja eran muy angostas; apenas pude correr. En el último de los pisos perdí su rastro. Tenso seguí, el enojo quemaba mi estómago, el sudor se aglutinaba a mi ropa. Caminé por los pisos de abajo, planta alta y baja, alta y baja, departamento 12, pasillo diez, departamento 24, pasillo veinte, piso de en medio, pasillo treinta, más escaleras y escaleras. Una canción de Barry White, la misma melodía que escuché en el porno-garage de Charles. Fui a ver dónde provenía la voz melosa.

Departamento 39. Me pegué a la puerta, se escuchaba la música; la madera áspera raspó mi rostro. Abrieron. Por el espacio entreabierto descubrí que era el tipo de saco negro y cabello largo. Aplicó fuerza para no dejarme entrar. Luchamos. Tumbé la puerta y a mi agresor. Pregunté por ti, tiré gritos, empuñé las manos, quise golpearlo, pero me pidió perdón y que lo escuchara. Lo más seguro era que tú, Menina, salieras desnuda con una toalla enrollada en el cabello, con el sexo descubierto, con las uñas por delante, como fiera a defenderlo. Las sorpresas ya me daban igual. Vi algo familiar en su rostro y levanté al sujeto del brazo. Te juro, Menina, es lo peor que me ha pasado, te juro que yo te quería como eras. Eso del porno-garage se hubiera arreglado hablándolo.
La excusa la dijo llorando. Acerqué mi rostro al suyo porque no logré entenderle nada. El coraje suspendió la circulación de mi sangre. Alcé su cabeza y de ella se desprendió una máscara de látex que daba una fisonomía masculina. Al quitársela te vi fijamente, supe que eras tú, me habías fallado, supe que ya no eras Menina y lo peor, ya nunca estarías conmigo, a horas queriendo saber de ti, a horas pronunciando tu nombre.
Joel Flores

quinta-feira, maio 11, 2006

UN BATO BIEN MACHÍN DE LA COL POP: ÉLMER MENDOZA

Para empezar...

Élmer Mendoza. Una presencia amable, cálida, tan cotidiano que ni te imaginas todo lo que ha logrado (es miembro del Sistema Nacional de Creadores desde el año 2000; publicó una obra cuyo solo título causó revuelo: Un asesino solitario (Tusquets Editores), la cual tiene como pretexto el magnicidio de Luis Donaldo Colosio; ha obtenido el reconocimiento de la prensa nacional e internacional; ha sido considerado como un maestro por el escritor español Arturo Pérez-Reverte (miembro de la Real Academia Española), quien le agradeció le haya enseñado el habla culichi e incluso declaró: “leí sus novelas como libros de texto”. Asimismo, el español confesó que la influencia del sinaloense lo inspiró para escribir su polémica novela La reina del sur 1, cuya temática gira alrededor del narcotráfico, tópico esencial en la narrativa elmeriana.

Mendoza obtuvo el Premio Nacional de Literatura José Fuentes Mares en el 2002 y resultó finalista del Dashiel Hammett (premio otorgado por la Asociación Internacional de Escritores Policiacos durante la Semana Negra de Gijón, España, a los creadores de novela negra. Los ganadores fueron el argentino Raúl Argemí con Penúltimo nombre de guerra y el mexicano Rafael Ramírez Heredia con La Mara).

Élmer Mendoza: tan singular que, sin remedio, atrae las miradas de quienes lo rodean: altísimo –1.83 m., piel morena, cabello rizado, barbas entrecanas, mirada dulce, sonrisa cautivadora; unas manos fuertes, tan fuertes, quizá, como su interior). Élmer Mendoza ha escrito otras novelas, además de la ya citada: El amante de Janis Joplin (2002), Efecto Tequila (Tusquets, 2004) y Cóbraselo caro (Tusquets, 2005); cuentarios: Mucho que reconocer (B. Costa-Amic Editor, 1978), Quiero contar las huellas de una tarde en la arena (Cuchillo de Palo, 1984), Cuentos para militantes conversos (Universidad Autónoma de Sinaloa, 1987), Trancapalanca (Departamento de Investigación y Fomento de Cultura Regional, 1989) El amor es un perro sin dueño (Cuadernos de Malinalco, 1992); crónicas: Cada respiro que tomas (DIFOCUR, 1992) y Buenos muchachos (Cronopia Editorial, 1995). Por otro lado, es un incansable promotor cultural tanto desde las aulas (es maestro en la Escuela de Filosofía y Letras de la UAS; asimismo, ha coordinado talleres literarios dentro y fuera del estado) como desde las revistas Luvina (Universidad de Guadalajara), TEXTOS (SUNTUAS Académicos), Revista de la Universidad (UAS) y Literal, de DIFOCUR, sitio donde lo entrevisto.

Llego a DIFOCUR. Subo las escaleras, llego a la planta alta. Pregunto por el Departamento de Publicaciones a una señora intendente, que amablemente me da las señas. Me dirijo al lugar indicado; escucho la voz pausada y reconfortante de Élmer Mendoza, quien dialoga con María Paredes (su joven secretaria) y una amiga. Los saludo. Obsequio a María un chocolate, tras comentarle que el maestro nos ha hablado de ella. El maestro sostiene en sus manos una taza de café, me dice: ¿ya estamos listos? sí, respondo. Su amiga le entrega en un papelito un correo electrónico. Élmer se despide de ellas y, con su sencillez habitual, me conduce al lugar donde será realizada la entrevista: su despacho. Mientras efectúo algunas preguntas que no fueron registradas, observo el ambiente que nos rodea. Es un cuarto pequeño, pintado en color almendra. Hay en el suelo cartones repletos de ejemplares de Literal y, a la derecha, pegado a la pared, un estante lleno de libros, documentos, revistas... el escritorio se encuentra en un estado similar. Detrás del maestro, un cuadro de naturaleza muerta (de los llamados arte-objeto), obra del artista sinaloense Salcido, quien radica fuera del estado. Al lado izquierdo, un pequeño cuadro representa unos hongos bastante coloridos.

Vestido con una camisa blanca estampada a cuadros, pantalón de vestir azul marino y zapatos de piel, y sentado en una enorme silla giratoria café, me indica que ya puede empezar la entrevista. Le entrego unas galletas Pancrema (requisitos, según Élmer, para que sepan ricas: que estén enteras y secas. Ah, y una coca helada: ésta se la prometo para la próxima entrevista).

Me gustaría plantearle una interrogante utilizada por Breton en sus encuestas literarias: ‘¿Por qué escribe usted?’
Mmm...¡Ah, Dios! Siempre uno con las respuestas más sencillas son las que no sabe responder, porque las respuestas son igual de sencillas: Porque me gusta mucho, porque he descubierto que escribiendo me siento muy bien.... y yendo un poquito más profundo, sería como la forma en que yo siento que soy útil a la humanidad, y yendo un poquito más allá, es la manera en que yo espero demostrar que valió la pena que naciera y que estudiara y que viviera todos estos años escribiendo cosas para la gente.
¿Podría decirse que la literatura es para usted una manera o un aliciente para vivir?
Sí, y a estas alturas vivo pensando en lo que estoy haciendo y en lo que tengo que hacer en los próximos años... estoy en un momento creativo en que... pienso que ha sido una buena decisión dedicarme a escribir, y entonces... quiero escribir, tengo prácticamente planeada mi vida por los treinta y tantos años que me quedan (ahorita tiene 53), y toda la planeación de mi vida, y toda la planeación de mi vida futura es en relación con lo que voy a escribir.
¿En qué proyectos está trabajando actualmente?
Ahora trabajo en un proyecto que se llama La cicatriz en la oreja2 y es una novela de espionaje... debo llevar un... 45% de trabajo realizado.
¿Qué tantas veces reelabora un texto?
Muchas....-dice casi en un susurro-. Muchas, muchas... pienso que escribo como un pintor de brocha gorda... escribo una versión y luego la reviso y resulta otra y luego la reviso y resulta otra... así, ad infinitum, hasta que llega un momento en que no puedo ver nada ni sacar nada, entonces es cuando pienso que he concluido un proyecto, y entonces tengo un par de lectores y les mando el original, espero un tiempo; un día, uno de ellos... nunca llaman a la vez, llaman y nos reunimos a desayunar y entonces allí ‘me leen la cartilla’ y entonces sobre lo que ha resultado vuelvo a trabajar; para esto han pasado meses, y entonces salgo de la historia, no la traigo en la cabeza metida y puedo hacer una corrección posterior.
¿Quiénes son sus dos lectores, si se puede saber? 3
Ah, no, no se puede...
Una vez lo escuché decir que le interesa la cultura de la violencia. ¿A qué cree que se deba esto?
Mmm.... Es algo que no me explico muy bien... le he dado una explicación antropológica: yo he crecido en un medio muy violento, me ha tocado vivir en zonas violentas, en mi colonia 4 siempre hubo pandillas, en la universidad hubo el ’68, el ’71, la violencia del ghetto, la violencia represiva del gobierno, de los medios; entonces, creo que eso me ha marcado... he llegado incluso a pensar que soy un sobreviviente, mi mejor amigo murió (hace dos días, me tocó escucharlo hablar del asunto. Como él mismo dice, la herida con el tiempo se hace cada vez más grande...)... entonces eso es una marca, y entonces escribir sobre violencia es manejar esa seducción de los personajes que siempre están en el filo de la navaja y que muchas veces tienen que vivir una vida sin mayores objetivos, que no tiene mayor esperanza... yo los veo... ¡los veo! (se estremece) todos los días yendo a sus trabajos, hartos de la vida... dispuestos a romperle la cara al primero que les levante la voz, los mire mal, y digo: Bueno, ¿qué tanto tienen razón, o qué tanto rebelarse ante un destino manifiesto del cual no han podido escapar? Y eso puede venir también por donde yo vengo, vengo de una familia que no tiene mayores recursos, entonces cuando pienso lo que hubiese ocurrido conmigo si yo no hubiese sido tan terco y si no hubiese sabido aprovechar las oportunidades que se me presentaron me da escalofrío, pensar ¿dónde estaría ahora: trabajando, en una banda, o preso, o sembrando la tierra?
(Llega María. Le da un recado. El maestro responde y, luego, prosigue.)
Entonces, yo que he tenido, que tengo la vocación de escribir, estoy partiendo de ese tema que tiene que ver demasiado con el medio en que yo he visto (sic), y a eso agrégale que ni para bien ni para mal (sic) vivimos en una ciudad vinculada históricamente con el narco; entonces, ahí aparece: las vendettas, los corridos, las bandas, las balaceras de los ’70, una cosa terrible; estoy impactado por esa situación; yo creo que... debo cambiar, no debo estar escribiendo siempre lo mismo... mi novela de espionaje implica violencia, pero es otro tipo de violencia, el personaje tiene recuerdos porque es un espía, un culichi, y entonces ha sido creado en el medio también, tiene disposición para ciertas cosas...
Ahora que el Estado ha declarado que la literatura del narcotráfico no es un reflejo fiel a lo que es la vida en Sinaloa, sobre todo con la aparición de la novela de Arturo Pérez-Reverte, yo creo que ellos no tienen razón, porque en la prensa sigo viendo lo mismo, el narcotráfico sigue porque el narcotráfico es un negocio, y es un negocio donde hay muchísima gente y que hay mucho dinero, de tal suerte que eso no nos lo van a quitar: es un asunto de seguridad nacional el narcotráfico. ¿Por qué? Porque, ¿cómo van a impedir la entrada de tanto dinero? Es el único dinero que entra al país, pero claro, ellos no quieren que nosotros lo toquemos, porque piensan que los lectores no saben en qué país vivimos...
Sí...
Entonces, eso es lo que seguramente me ha llevado por ahí. Pero bueno, un día pienso escribir una novela de anticipación y también pienso escribir una novela fantástica.
Ahorita que mencionó usted a su colega Arturo Pérez-Reverte, ¿qué se siente haber sido considerado como un maestro por parte de él, además de figurar en La reina del sur como un personaje?
Ah... pues siento lo mismo cuando tú me das un abrazo y me dices: ¡Maestro!, así... se siente bonito... Arturo es el escritor más famoso, yo creo, de mi generación, es el escritor que más gana, él vende muchos libros, es un referente; en
España hay tres escritores muy respetados: uno de ellos es Arturo Pérez Reverte; a veces dicen que es un best-seller para ofenderlo, pero es un best-seller muy sui géneris, porque es un hombre que se lleva mucho tiempo haciendo sus novelas , que hace una investigación muy seria5, y tiene la fortuna de que a los españoles les gustan mucho sus libros; es muy español, es un hombre con una concepción de lo que es su pueblo sin ser nacionalista: muy profundo, respetuoso, entonces yo creo que es como al revés: yo le agradezco la dedicatoria o la aparición de personaje, y sé que hay, no sé, 50, 000 escritores en el mundo que darían un brazo por eso (se ríe)... es curioso, pero del contexto que podría ser el halago –que sí me halaga-, lo tomo así, muy suavecito.
(Un empleado del departamento abre la puerta y le avisa: “Jefe, le hablan por teléfono, de México...” Élmer acude al llamado. Es de CONACULTA: hablan para solicitarle una entrevista. El señor se avergüenza por haber interrumpido la conversación. ‘No hay problema’, le aseguro. La llamada dura, a lo sumo, cinco o diez minutos. Élmer regresa pronto, dispuesto a continuar la charla.)
Desearía saber cuál es su perspectiva sobre la calidad de la literatura sinaloense que se produce hoy en día.
Mmm... (se ríe) ¿Quiénes hacen la literatura sinaloense? Un día estábamos reunidos César López Cuadras (autor de Macho Profundo, La novela inconclusa de Bernardino Casablanca, La primera vez que vi a Kim Novak y Cástulo Bojórquez), Juan José Rodríguez (autor de Con sabor a limonero, El gran invento del siglo XX, Mi nombre es Casablanca, Asesinato en la lavandería china, El náufrago del Mar Amarillo y ganador del Premio Nacional de Literatura Gilberto Owen con el cuentario –aún inédito- Los nombres de María) y yo, en Guadalajara en la Feria (Internacional del Libro) el año pasado (2001), entonces íbamos en el carro de César a algún sitio; de pronto en una esquina estábamos a punto de chocar y dice César: ‘Bueno, este tipo, ¿qué no se da cuenta?, si nos hace algo puede acabar con el 75% de la literatura sinaloense’.... el otro 25% creo que era Dámaso Murúa (autor de El Guilo Mentiras y Las mujeres primero).
Creo que hay gente que está haciendo un esfuerzo y está dando lo que puede dar, y por otro lado, los poetas... podríamos hablar de Francisco Alcaraz (coautor de Los límites acordados y ganador del Premio de Poesía Elías Nandino 2002 con el poemario La musa enferma), Mario Bojórquez (autor de Penélope revisitada, Diván de Mouraria y Pájaros sueltos), (Gilberto) Cabanillas (autor de Piedra marina y Plegaria para el vuelo), que están empujando fuerte; la literatura hecha acá está tomando otro rostro, son escritores más comprometidos con la literatura... siento que hay un proceso muy interesante que no se sabe qué pueda ocurrir... yo en lo particular tengo mucha esperanza porque estoy muy cerca de esto... tengo montado un curso de narradores, y entre lo que es Culiacán 6, Mazatlán y los Mochis tengo 54 alumnos. Estos 52 alumnos son la criba de un poco más de 200. Estos 52 alumnos están trabajando en un proyecto de verdad. Es decir: no es un escritor ‘de ocurrencia’ el que estamos formando, sino un escritor profesional; no de que se me ocurrió que ‘tengo diez años escribiendo cuentos y voy a juntar un libro con los que sirven’. La decisión puede ser un libro de cuentos, la decisión puede ser una novela y hacerla (enfatiza esta última palabra). Hay gente de todas las edades, religiones, con distintos intereses en la temática, pero con la misma avidez por aprender las técnicas, y el curso se trata de eso, del aprendizaje de técnicas de escritura, y entonces creo que de ahí tienen que surgir varias sorpresas, obras de muy buen nivel, que tienen que dar ese rostro diferente de la literatura en Sinaloa; yo estoy gratamente sorprendido, me siento muy bien, es un verdadero privilegio trabajar con estas personas tan esforzadas, tan comprometidas, y aparte tan bien ubicadas... ya no son señoras que no tienen que hacer y que de pronto se van ahí para no estar en casa; son gentes que se van a convertir en escritores o en escritoras... ahora falta que los lectores nos lean, porque podemos producir los libros, pero si no nos leen, no va a tener chiste.
¿Qué características percibe como constantes en la literatura sinaloense actual?
Mmm (reflexiona un poco)... creo que el lenguaje, hay confianza en nuestro lenguaje popular; una tendencia a una misma temática: que hay bastantes personas interesadas en la violencia de que hemos hablado; una liquidación de los temas regionales y hay proyectos de -por ejemplo- literatura para niños, literatura de ciencia ficción, literatura esotérica, y esto a la par, claro, con la vertiente sobre violencia... hay también una intención de recuperación teórica de personajes que nacieron y actuaron en Sinaloa , eso también me parece muy interesante y debe resultar algo distinto. Ya veremos, ¿no?.
Bueno, esas preguntas fueron respecto a su labor de escritor. Ahora le quiero preguntar sobre su labor como promotor cultural.
Usted colabora en la revista Literal, tanto en lo creativo como en lo directivo. ¿Cómo surgió la idea de crearla?
¿La revista? Bueno, una revista es un medio que informa de lo inmediato, de lo que está ocurriendo en ese momento en el quehacer literario, particularmente. Es decir, los libros tardan tres, cuatro años. Una revista tiene esa posibilidad de ser testimonial, entonces el objetivo principal es ése: poder dar cuenta de qué está escribiendo la gente, y poder mantener abierto ese territorio de promoción de nuestra propia literatura y de nuestros propios escritores que DIFOCUR tiene abierto desde hace muchos años. Ése sería el objetivo principal.
¿Se ha enfrentado, tanto el equipo como la institución, a alguna dificultad para poder sostenerla?
Siempre tenemos problemas de recursos, pero la revista ha logrado sortear, tenemos cada vez más personas que colaboran con nosotros, la revista ya es conocida en otros países, hay testimonios muy halagadores de las personas que la han leído: Estados Unidos, España, Francia, de que la revista les ha agradado, el material, el diseño... un medio que está cumpliendo su función, vaya.
¿Qué criterios se siguen para elegir los temas de los cuales se hablará en ella?
Criterios literarios, que los textos estén bien escritos, que sean modernos. Significa que no aceptaríamos una prosa ripiosa. Que sea una prosa vivaz. Y en cuanto a los poemas –que eso siempre es muy complicado- , un poema que tenga, aparte de la estructura, el ritmo... que diga algo, que diga algo...
Los ensayos generalmente son por pedidos, entonces si estamos nos reunimos a veces a hacer alguna pequeña sugerencia: un detalle que tiene que ver con... no es censura-aclara-, sino algún aspecto profesional que nosotros pensamos que el autor puede reforzar y lo comentamos, ¿no? Antes de eso, yo creo que en Literal es muy
importante la opinión de Maritza López (coordinadora de la misma). Maritza López es el alma, es la que nos reúne, la que nos consigue materiales, la que nos da opinión, nos induce al trabajo, dirige la mesa de discusión. De pronto la veo ahí, donde tú estás sentada, ‘Oye, este texto...’
Maritza López es incansable, y bueno, nosotros siempre que hablamos del proyecto Literal siempre decimos que es un proyecto donde está Maritza López (quien es egresada de la EFyL, me comenta. Me interesa el dato. Le pregunto: ¿Hace cuánto? Son... diez años... me informa).
La última pregunta en cuanto a promoción cultural: ¿Cuál es el concepto-según sus propias palabra- que pueda definir a Literal?
Es el cuarto pelo del gato.
Ahora le voy a preguntar respecto a su persona... maestro, ésta es ‘la última y nos vamos’.
Ajá...
Le preguntaré su definición acerca de unos cuantos conceptos. Usted deberá contestarme lo primero que se le venga a la mente.
¿Y cómo se llama esa técnica? 7
Juan Ramos lo llamó ‘cuestionario lúdico’ y se lo aplicó a la escultora Rossy Robles.

Amor: Nalgas
Libertad: Led Zeppelin
Muerte: Neruda
Amistad: Mi mujer
Literatura: Saramago
Sinaloa: Beach
La mujer: Cama
Vida: La mujer

Violencia: Muerte

Erotismo: Silueta

Bueno, maestro, muchísimas gracias, le agradezco su tiempo, su paciencia.... (me río).
Ya sabes...
Luego nos vemos...
¡Claro que sí! ... Muchas gracias por las galletas...
¡Ah! (de nuevo, risas por parte mía).


Le doy un abrazo como prueba, más de agradecimiento, de amistad. Le doy un abrazo más, para luego seguir mi destino.
En suma, estos son los múltiples hombres que hay en Élmer Mendoza: el escritor, el promotor cultural y el ser humano: un bato bien machín de la Col Pop.

Elena Méndez

(Entrevista realizada el 3 de octubre del 2002, en Culiacán, Sinaloa.)


NOTAS

1 La reina del sur, de la autoría de Pérez-Reverte, fue lanzada mundialmente aquí en Culiacán, Sinaloa, en septiembre del 2002, con una ‘charla entre amigos’: el autor, Mendoza, Julio Bernal (promotor cultural sinaloense) y César ‘Batman’ Güemes (periodista); a ellos tres dedica el libro y los convierte en personajes del mismo.
2Terminaría llamándose Efecto Tequila.
3Podría asegurar que son Elizabeth Moreno y Álvaro Rendón, maestros de la EFyL.
4 Colonia Popular, donde residió durante mucho tiempo (referida en sus obras como Col Pop) .
5 Para escribir La reina... estuvo viviendo 6 meses en Culiacán, para conocer el modo de vida sinaloense.
6 Sus alumnos del taller de narrativa en esta ciudad conformaron, en el 2004, La Narrativa que viene Élmer Mendoza. A.C., cuyo objetivo es promover la literatura en el estado.
7 Asociación libre se le llama a esta técnica en Sicología.
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DATOS DE LA AUTORA: Elena Méndez (Culiacán, Sinaloa, México, 1981).- Licenciada en Lengua y Literatura Hispánicas por la Universidad Autónoma de Sinaloa. Ha participado en los talleres literarios de los escritores mexicanos María Baranda, David Toscana y Cristina Rivera Garza. Escribe cuento. Ha publicado parte de su material en la revista TEXTOS, de su Universidad (no. 14, abril/julio 2004) y La Pluma del Ganso (no. 42, marzo/mayo 2006) y en las páginas literarias
www.aviondepapel.com , www.letras.s5.com y www.homines.com.