sexta-feira, dezembro 30, 2005

quarta-feira, dezembro 21, 2005

NO SOY CULICHE, NI HABLO CASTELLANO, NI SOY DE PROVINCIA

Me ha tocado leer en diversos medios la terrible distorsión de mi gentilicio: 'culiche' en vez de culichi (o culiacanense, que es el oficial). Por citar dos ejemplos, este craso error aparece en los blogs de José de la Paz y Cristina Rivera Garza (regiomontano y matamorense, respectivamente). Pero este asunto se torna aún más grave desde que en el Diccionario del Español Usual en México (coordinado por Luis Fernando Lara, de El Colegio de México) aparece en la entrada correspondiente con la susodicha incorrección, lo cual desató la furia de mi maestro Everardo Mendoza (Dr. en Linguística Hispánica y miembro de la Academia Mexicana de la Lengua), quien en un correo electrónico les reclamó esto y, además, que aparezca sólo la palabra 'jitomate' para designar a dicha hortaliza, siendo que 'tomate' es la variante más usada en la mayoría de la República Mexicana. Everardo los acusó de centralizar tales usos dialectales; asimismo, amenazó con promover una campaña para oficializar 'chilango' como gentilicio de los capitalinos, en caso de no corregirse semejantes aberraciones -no usaré 'defeños' por parecerme un término espantoso-.

Tampoco hablo 'castellano'. El castellano fue el dialecto oficial impuesto en España; los Reyes Católicos, con afán unificador, lo denominaron 'español'. Ésta es una lengua romance, enriquecida con numerosas lenguas de variados orígenes: celta, árabe, hebreo, etc. Como un producto social, estático y dinámico a la vez (diría Saussure) ha sufrido enormes transformaciones, no sólo en lo que a su denominación se refiere, sino a su semántica, ortografía, sintaxis, etc.
Decir que hablamos 'castellano' suena tan anacrónico como afirmar que los italianos 'parlan la lengua toscana' (sin embargo, dicha afirmación acabo de leerla en un viejo libro de Español). Recordemos que la imposición de tal variedad dialectal tuvo un origen más sublime que la de la nuestra, puesto que Dante Alighieri, con su Comedia (a la cual luego se le antepondría el adjetivo de Divina), elevó el toscano a la categoría de lengua literaria, al preferirlo por encima de cualquier otra, más aún, del latín.
Cabe mencionar que la variante del español que llegó al continente americano junto con los conquistadores fue la andaluza, ni siquiera la propiamente 'castellana'.
Cito a Manuel Alvar, quien con gran lucidez diserta sobre tal polémica:

"(...) tenemos el testimonio de cómo español,
tras su nacimiento en Provenza allá por el siglo XI, pasó a ser 'hombre de Iberia o de la Hispania latina' y, con mayor razón, 'hombre de España' (incluidos todos los reinos sin discriminación, las gentes que van a América o las que sorben el acíbar de la diáspora).
Pero éste es uno de los caminos que sigue el adjetivo, queda otro y es el que más nos interesa a nuestro objeto: su utilización estrictamente linguística. Porque español fue el castellano, una vez que la lengua del "pequeño rincón" abarcó muchas gentes y se dilató por amplia geografía. (...) Desde muy pronto, español 'lengua de españoles' se opuso a cualquier otra lengua. De ahí que sean frecuentísimos desde el siglo XIII, los casos en que el adjetivo desplaza al romance central, sin necesitar ninguna clase de connotaciones. Pero se ve con claridad la clase de oposición que, frente a otras estructuras linguísticas de carácter general, quiere presentar nuestro término. (...) En conclusión: del mismo modo que español fue 'el hombre de cualquier sitio de España, se designó como español a la lengua que se valían estas gentes. Primero fue el castellano, pero según iba generalizándose como instrumento unitario, el término regional se convirtió en designador de mucha mayor amplitud: castellano=español y español linguísticamente hablando, fue la lengua que se oponía a cualquier otra (frente al latín, al griego, al italiano, al francés, etc.,) . Después, español no necesitó de valoraciones dialécticas: fue la lengua común y nada más. Término que en abuso regionalista quisieron usar como exclusivo los andaluces que pasaron a América o que, junto al castellano, pervivió en el otro lado del mar hasta nuestros propios días. Pero esto no es lo que a nosotros nos interesa: español con lenguaje, idioma o lengua fue desde el siglo XVIII hasta hoy mismo un término integrador de las gentes que nacieron en el solar ocupado por la Hispania clásica, de las variedades linguísticas (aragonés, castellano, leonés) que pudieron tener un denominador común y que en su destino unido integraron esa realidad que es la moderna lengua española".*

Tampoco soy 'de provincia'. Cito un poco de historia, para demostrar que tal vocablo para designar mi lugar de origen resulta ya obsoleto:

"Tras su guerra de conquista, Nuño Beltrán de Guzmán (1531), organizó los territorios adquiridos en tres Provincias, una de ellas fue la de Culiacán que quedó delimitada, al sur, por el río Elota y en el norte por el río Mocorito, dependiendo esta del Reino de la Nueva Galicia. Organizado de esta manera duró hasta 1786, año en que se implementó el sistema de Intendencias, pasando Sonora y Sinaloa a formar la Intendencia de Arizpe y la antigua Provincia de Culiacán dio vida al Partido del mismo nombre con igual jurisdicción.La separación de la intendencia en dos gobernaciones se aprobó en 1830, un año más tarde, el Congreso de la Unión decretó nuevamente la fusión de Sonora y Sinaloa para dar vida al Estado de Occidente, que para el caso de Sinaloa se formó con los departamentos de El Fuerte, Culiacán y San Sebastián, y sus respectivos ayuntamientos. El de Culiacán comprendía el Partido de su nombre y el de Cosalá.Más tarde, en 1861, se instalaron prefecturas y se decretó la Ley de Municipalidades que dividió a los Distritos en Ayuntamientos. El Distrito de Badiraguato quedó suprimido y pasó a ser parte del Distrito de Culiacán como Municipalidad". **

Por ende, ni mi municipio, Culiacán de Rosales, ni mi estado, Sinaloa, son ya 'provincias', a diferencia de las divisiones territoriales de España y Argentina (por ejemplo), que se empeñan en seguir siéndolo, al continuar autonombrándose así.
El término 'provincia',es utilizado en especial por los chilangos, quienes son muy dados a expresarse de aquel mexicano no nacido en el DF como 'provinciano', cargándolo de un sentido peyorativo. Se utiliza provincia como sinónimo de barbarie, de subdesarrollo, de miseria, de incultura. Sobre todo, de esto último, máxime si se refieren al norte de nuestro país. José Vasconcelos, con todo lo grande que fue, inmortalizó su frase tristemente célebre de que el norte es "donde termina la cultura y empieza la carne asada ( ! )."
Al respecto y con su agudeza habitual, Federico Campbell, en su libro Post scriptum triste, nos dice: "Hace más de treinta años que he tenido la obsesión de publicar mis escritos en distintas ciudades de los estados (evito en lo posible el galicismo 'provincia'- que viene del latín y significa 'para el vencedor', porque para algunas de las personas de por allá el término resulta peyorativo, aunque provinciana sigue siendo la costumbre de no respetar el trabajo intelectual: no pedir autorización para publicar un texto y no pagarlo, por ejemplo-.) (...)"***
En suma: no soy culiche, ni hablo castellano, ni soy de provincia...

*Citado por Everardo Mendoza Guerrero en "La lengua que hablamos: razones y reflexiones" en Notas sobre el Español del Noroeste, El Colegio de Sinaloa/DIFOCUR, Culiacán, 2004, pp. 173-174.
**www.culiacan.gob.mx
**Federico Campbell, Post scriptum triste, Coordinación de Difusión Cultural/Dirección de Literatura/UNAM/Ediciones del Equilibrista, México, 1994, p. 33.

sexta-feira, dezembro 02, 2005