segunda-feira, novembro 07, 2005

ADVERBIOS TERMINADOS EN MENTE

Los adverbios terminados en mente son considerados pecado en la redacción, máxime cuando se abusa de ellos. Francisco Montes de Oca en su libro Teoría y técnica de la literatura (p. 104) recomienda: "Deben evitarse (en la poesía) las consonancias demasiado fáciles, como las terminaciones de los verbos en mente (...)".
Hay escritores que caen en los extremos de abusar de ellos u omitirlos.
El Gabo se declara enemigo de estos, por considerar que empobrecen el lenguaje, afectan el ritmo narrativo y, además, pueden ser sustituidos por otras expresiones. Quizá ello le llevó a cometer la siguiente barrabasada: " y que yo estaba tan profundo (sic) (en vez de: tan profundamente dormido) que le dio lástima despertarme" (Memoria de mis putas tristes, p. 49) .*

En el extremo contrario se halla Cortázar, que tan sólo en el célebre capítulo 7 de Rayuela ("Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca...") utiliza 3, en apenas dos párrafos y 26 líneas: exactamente, tibiamente y lentamente.

Pero nadie como Borges, en cuyo cuento "El jardín de senderos que se bifurcan" acumula el siguiente repertorio: precisamente, inmediatamente, absurdamente, infinitamente, vagamente, perpetuamente, textualmente, abominablemente, sofísticamente, realmente, naturalmente, lentamente, secularmente, indefinidamente y estrictamente.

Pregúntome yo: ¿cuál de estos dos extremos será el menos peor?




*Comentario extraído de la revista Universo del Búho, no. 60.

Um comentário:

elena disse...

josé de la colina acumula 32 en "amor condusse noi", a lo largo de 3 páginas (revista de la universidad de méxico)...