sábado, abril 22, 2017

EL ASOMBRO DE IDA Y VUELTA: INVENTARIO (TOMO I), DE JOSÉ EMILIO PACHECO



Vasta, sólida, inabarcable: así es la obra de José Emilio Pacheco (Ciudad de México, 1939-2014). Un caso singular dentro de ella es el de su columna Inventario, cuyo monumental conjunto constituye un género en sí mismo.
Dicha columna se mantuvo desde 1973 al 2014. Surgió en el suplemento Diorama de la Cultura, del diario mexicano de circulación nacional Excélsior, y posteriormente se mudó al semanario Proceso.
En 1980, Pacheco mereció el Premio Nacional de Periodismo en el rubro de Divulgación Cultural.
Según Adolfo Castañón, académico de la lengua, Inventario es “esa obra amorfa e imponente  [que] se yergue en la noche de la memoria mexicana como una catedral o una pirámide.”
Ediciones Era ha lanzado, en tres tomos, la esperadísima recopilación de Inventario, coeditada por El Colegio Nacional, la Universidad Autónoma de Sinaloa y la Universidad Autónoma de México.
La rigurosa selección de los textos sólo incluye una tercera parte del total original.  Fue hecha por Héctor Manjarrez, Eduardo Antonio Parra, José Ramón Ruisánchez y Paloma Villegas; mientras la corrección se hizo entre ellos, Virginia Ruano y Marcelo Uribe, director de la editorial.
Como Vasconcelos, Pacheco “disfrutó y ejerció como pocos el privilegio ubicuo de la escritura –capaz de llevarnos a todo tiempo y lugar, de atraer lo lejano y distanciar lo próximo-(…)” (p. 595).
El primer tomo de la antología abarca de 1973 a 1983. Contiene 132 textos. En estas páginas, el autor se revela como un verdadero ingenio, en el sentido aureosecular de “facultad creadora, talento para inventar” (p. 457). Elabora espléndidos microrrelatos –destacan los dedicados a los cristeros-; presenta monólogos o diálogos imaginarios (José de León Toral, el asesino de Álvaro Obregón, en el primer caso; y en el segundo, Amado Nervo y López Velarde e Ignacio Ramírez y Guillermo Prieto). Hace ejercicios de política-ficción sobre el pasado y futuro –“Un informe y una fantasía”; “El sueño de Bolívar: Breve cronología de la Gran Colombia”; “La vida en México durante el periodo presidencial de Rafael Baledón (1982-1984)-”.
Auténtica enciclopedia ambulante, imparte las mejores clases sobre Historia de México y América Latina que uno haya recibido jamás: Porfiriato, Revolución, Obregonismo, Juarismo, Guerra Cristera, dictadura de Santa Anna, derrocamiento de Allende, genocidio argentino…
¿Sabía usted que Santa Anna anduvo de gigoló? ¿Que Tolstoi fue panegirista de don Porfirio? ¿Que Vasconcelos creó el lema –ya tan pisoteado- de “Sufragio efectivo, no reelección”? ¿Que García Márquez hizo una autoinquisición con La Hojarasca?
Exacerba la curiosidad del bibliófilo: entran unas ganas enormes de confirmar cómo coinciden vida y obra en George Sand; de atestiguar que el desencantado Quevedo es “el emperador del castellano” (p. 468); de bucear en bibliotecas hasta hallar el feroz soneto de Salvador Novo contra Federico Gamboa y la novela donde Jack London previó el fascismo…
A decir de su fenecido colega y amigo, Carlos Monsiváis, “Inventario es la mejor sección del periodismo cultural en México de la segunda mitad del siglo XX”. Mientras que, para el filósofo mexicano Guillermo Hurtado, constituye un verdadero “gabinete de maravillas”. Vale añadir: un viaje de ida y vuelta hacia el asombro.

Elena Méndez

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José Emilio Pacheco,
Inventario. Antología (tomo I),
Col. Biblioteca Era,
Ediciones Era/El Colegio Nacional/Universidad Autónoma de Sinaloa/Universidad Nacional Autónoma de México,
México, 2017,
728 pp. 

http://semanal.jornada.com.mx/2017/04/21/el-asombro-de-ida-y-vuelta-2924.html
 



domingo, março 26, 2017

LA PASIÓN INCONCEBIBLE

Liliana Blum (Durango, 1974) es una escritora que sabe asombrar al lector, desasosegarlo, indignarlo, conmoverlo. Ya sea que hable sobre madres arrepentidas de serlo, de las miserias del Holocausto judío, de incontrolables apetitos o de las más oscuras fantasías. Su penúltima novela, Pandora (Tusquets Editores, 2014) causó una gran controversia entre el público y la crítica, al abordar una parafilia escasamente conocida, el feederism, cuya realización lleva a una pareja a la catástrofe.
En su novela más reciente, El monstruo pentápodo -aparecida bajo el mismo sello editorial a principios de 2017-, Blum aborda la pasión más inconcebible: la pedofilia: perversión que padece Raymundo Betancourt, un ingeniero civil que ha contenido a su bestia interna por mucho tiempo, pero que, cuando la deje escapar, trastocará varias vidas sin importarle nada…
Converso con Liliana Blum acerca de El monstruo… vía internet.


-¿Por qué ubicar El monstruo pentápodo en Durango? 
Alguien dijo por allí que Pandora, mi novela anterior, no parecía estar ubicada en ninguna parte en particular. En realidad sí lo estaba, en mi mente yo lo tenía claro, pero no fue evidente para los demás. Para mi próxima novela decidí que no habría ambigüedad en cuanto al lugar. Escogí el Durango de mi niñez, simplemente por la nostalgia que tengo de volver.

-¿Está de acuerdo con que su obra sea denominada ‘novela negra’? 
El protagonista de mi novela es un monstruo, un pedófilo y, por ende, un criminal. La novela negra se define como aquella que muestra la trama desde el punto de vista de un criminal. En ese sentido sí estoy de acuerdo con que se le llame novela negra a mi libro.

-Resulta intrigante la manera en que usted plantea hasta qué punto una víctima colabora con el victimario. 
En El monstruo pentápodo hay, efectivamente, una colaboración de uno de los personajes con el victimario, pero no podría decirse que se llega a convertir en el verdugo. Si bien Aimeé es co-responsable por omisión durante un tiempo, al final es ella quien termina haciendo lo correcto y salvando a la niña.

-En su volumen de cuentos Vidas de catálogo aparece una mujer enana, vendedora de cosméticos, “La señorita de Avon”; mientras que en El monstruo… aparece otra mujer enana, Aimeé. ¿Cómo surgió la idea de incluir personajes con esta característica física? 
Siempre he tenido fascinación por los freaks, además de que en El monstruo pentápodo juego con la dualidad del concepto: por un lado, los monstruos que no pueden ocultarse (como quien sufre de un defecto congénito) y, por otro, los monstruos que circulan entre nosotros con un disfraz de normalidad escalofriante que engaña a todos. Mariquita, la enana del cuento “La señorita de Avon” es el tipo de mujer que ninguna esposa pensaría pudiera convertirse en amante de su marido. Aimeé, por otra parte, jamás imaginó que un hombre ‘normal’ se fijaría en alguien como ella. Creo que los freaks dejan más en evidencia lo engañosa y superficial que es la sociedad en que vivimos. 

-Si Pandora, la mórbida obesa, y Aimeé, la enanita, se conocieran tras haber caído en desgracia, ¿de qué platicarían? 
Seguramente acordarían verse en un lugar privado, para evitar las miradas burlonas de los demás. Platicarían de los hombres de sus vidas, bueno, del hombre de su vida pues cada una sólo ha tenido uno: Gerardo y Raymundo. Quizás a toro pasado se pondrían a pensar cómo pasaron por alto ciertas cosas, por qué terminaron autoengañándose, cómo se animaron a hacer lo que hicieron. 

-¿El miedo y la culpa son condiciones inherentes a la maternidad? 
Supongo que la experiencia de la maternidad es tan diversa como el número de mujeres que son madres, pero quiero pensar que en la mayoría de los casos sí predomina el miedo: a que el hijo se enferme, se muera, sufra, que se lo roben, que pueda salir adelante por sí mismo cuando la madre ya no esté. De la misma manera, al menos en mi caso particular, la culpa está siempre allí: yo como madre siempre me he cuestionado si realmente he hecho tomado las mejores decisiones en torno a mis hijos, si he puesto todo de mi parte, si no hubiera sido mejor que hubiera hecho las cosas de otra manera… 

-¿Por qué gusta tanto de colocar a sus personajes en situaciones-límite verdaderamente desquiciantes? 
Porque lo que en la vida real es ideal (que las personas actúen de forma coherente, razonable, que convivan en armonía, que se respeten, que no se agredan, etc.), en la ficción se traduce en completo aburrimiento. A mí me gustan las novelas en las que hay conflictos (sobre todo internos) que ponen a los personajes en jaque: deseos imposibles, oscuros, decisiones que siempre son dilemas. 

-¿Considera que pudiese rehabilitarse socialmente a un pedófilo? 
No, así como tampoco creo que se pueda revertir la heterosexualidad u homosexualidad de un individuo. Creo que la sexualidad se fija a una edad temprana, sea producto de los genes o de ciertas experiencias significativas. A lo más que se puede aspirar es a ‘controlar’ los impulsos de un pedófilo, pero jamás podría rehabilitarse o cambiar el motor de su deseo. 

-Tras leerla, se queda uno con la sensación de que no hay refugio posible contra la maldad del mundo… 
La maldad nos rodea como la oscuridad a los hombres de las cavernas. A pesar de años de supuesta civilización, hay depredadores entre los seres humanos: los vemos todos los días como los bullies en las escuelas, solazándose en torturar a compañeros inocentes; los vemos en puestos de poder; en el narco; y en personas como Raymundo, que de vez en cuando hacen noticia.

-¿Qué diría su prima siquiatra si leyera este libro?
Supongo que lo mismo que podría opinar cualquier lector de mi novela. Quiero pensar que los lectores saben distinguir entre un autor y su obra. Novela no es biografía. Yo soy la escritora; yo no soy mis personajes. No soy remotamente interesante como los personajes de mis novelas ni creo que mi vida merezca ser novelada. Eso sí, como dicen las abuelitas, tengo mucha imaginación.
     
Elena Méndez
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http://www.homines.com/palabras/entrevista_liliana_blum/index.htm


sábado, março 25, 2017

DOLOR QUE ES VIDA: EL INTÉRPRETE DEL DOLOR, DE JHUMPA LAHIRI





El intérprete del dolor, de Jhumpa Lahiri (Ediciones Salamandra, 2017) resulta una lectura demoledora. Conviene dosificarla: Incluye nueve cuentos relativamente largos donde ningún detalle resulta ocioso y en los que es imposible dejar de sentirse aludido.
Esta obra, con la que obtuvo el Premio Pulitzer de Ficción en el año 2000, ha sido alabada, entre otros, por el cineasta Pedro Almodóvar: “Historias simples y sutiles, sembradas con sentimientos inesperados, como un campo de minas”; mientras que para su colega, Amy Tan, “posee una voz inconfundible, buen ojo para los matices y oído para la ironía. Es uno de los mejores escritores de relatos que he leído”.
Nacida en Londres en 1967, de padres bengalíes, Lahiri vivió en Estados Unidos desde los dos años y nunca se sintió lo suficientemente hindú ni tampoco lo suficientemente americana.
El volumen está lleno de frases memorables: “Mi vida está formada por tal sucesión de penas que ustedes ni siquiera podrían soñarlas” (p.87), espeta Boori Ma, protagonista de “Un durwan de verdad”, cuando la cuestionan sobre sus aparentes embustes.
Desarraigados, solos, buscando una identidad que les ha sido arrebatada, padeciendo una frustración explícita o soterrada, una culpa que los rebasa, rebelándose ante lo que no pueden comprender, lastimados por sus fracasos íntimos, los personajes de Lahiri duelen en su verosimilitud.
Como Bibi Haldar, una joven ya dada por solterona, afectada por misteriosos achaques, ninguneada por sus parientes, que lamenta su suerte: “No nos engañemos: nunca me curaré, nunca me casaré” (p. 182).
Acaso los relatos más emblemáticos sobre la culpa sean “Sexy”, “El intérprete del dolor” y “Una anomalía temporal”. En los dos primeros, las protagonistas han mantenido relaciones ilícitas: Miranda no puede resistirse a un casado muy atractivo y refinado; la señora Das necesita desahogarse con el señor Kapasi, quien tal vez pueda interpretar su dolor…
En “Una anomalía temporal” Shoba y Shukumar se han dejado llevar por el tedio, el oscuro enemigo que nos roe el corazón (Baudelaire dixit), tras perder a su bebé. En penumbras, revelan sus verdades últimas, que durante meses los han atormentado…
Los personajes más desarraigados son la citada Boori Ma, que vive en condiciones precarias tras haber tenido, según ella, una vida llena de lujos; el señor Kapasi, guía turístico cuyo otro empleo, el de traducir los síntomas de los pacientes guyaratíes a un médico comunitario, le recuerda sus aspiraciones abandonadas; la señora Sen, una niñera hindú que le cuenta al pequeño Eliot sus inconformidades con la sociedad americana; el señor Pirzada, universitario cuya familia padece los estragos de la Partición; y el bibliotecario que no atraviesa uno, sino tres continentes…
El estilo de Lahiri remite al Salman Rushdie de Oriente, Occidente, cuyos personajes también se mueven en la dualidad cultural.
Lahiri recibió en 2014 por su novela La Hondonada, una de las National Medals of Arts and Humanities concedidas por Barack Obama. Uno de sus méritos, declaró, fue “iluminar la experiencia hindú-americana”.  Pero no sólo eso: ilumina a sus lectores por revelarles aspectos de sí mismos que han querido mantener en la sombra. Interpreta su dolor y lo vuelve un recordatorio de que hay que vivir con eso, a pesar de eso.

Elena Méndez
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Jhumpa Lahiri,
El intérprete del dolor
(Título original: Interpreter of Maladies),
Traducción: Gemma Rovira Ortega,
Ediciones Salamandra,
Barcelona, 2017,
224 pp.

http://semanal.jornada.com.mx/2017/03/24/dolor-que-es-vida-3866.html