AMADISA
Para Xochiquetzalli Cruz Martínez
Uno siempre quiere creerse los cuentos de hadas, vieja, por más que sepa que son ficción, y peor nosotras que estudiamos literatura, porque aún a sabiendas nos perdemos en ensoñaciones románticas, en vez de vacunarnos contra ellas. Es nuestro bovarismo irremediable, me temo.
¿Te acuerdas de mi princesa rosa? Sí, la de ojos turquesa, cuya foto te mostré en feisbuc. Esa que dijiste que sería mi pareja ideal: culta, guapa, tierna.
Yo me enamoré de ella cuando apenas me estaba curando de mi primera novia. Pero le era fiel a su marida, una gorda horrenda y paranoica.
Como se peleaban tanto y yo siempre estaba ahí para consolarla, tenía la esperanza de que terminara percatándose de mi amor por ella.
Vaya, hasta empecé un poemario titulado Amadisa, donde ella era mi Oriana, la dama a quien rescataría de feroces endriagos y oscuros encantamientos.
Una noche se peleó por enésima vez con su marida y llegó llorando a mi casa, porque no tenía dónde dormir; entonces le dije, Acá te doy un campito, y la introduje sigilosamente a mi cuarto mientras mi mamá veía películas piratas a todo volumen en su habitación.
Mi niña estaba muy tensa, desencajada, pálida, ni siquiera había comido. Le calenté algo en el micro y cenó con buen apetito.
Cuando terminó, pudo contarme serenamente su situación: la marida se había puesto frenética porque dizque la había cachado coqueteando con un mesero en la Zona Rosa.
Yo creo que ella es la que te pone los cuernos o quiere ponértelos y por eso actúa de esa manera, ¿Tú crees? Preguntó clavándome sus ojos –desbordado mar amargo- y yo no hallaba cómo hacerla sentir mejor.
Por algo estás con ella, ¿no? Obviamente no te gustan los hombres, Yo la amo, ni al caso que desconfíe, ¿Y qué vas a hacer? No lo sé, estoy harta de sus celos estúpidos, Mira, intenta dormir y platicamos mañana con mi mamá; de seguro podrás quedarte unos días, respondí, mientras aspiraba su olor a gardenia derramada.
Estoy muy tensa, me duele todo, ¿Te doy un masaje? Accedió y se puso boca abajo, se levantó la blusa hasta la mitad de los omóplatos, tras desabrocharse el brasier, que era muy mono, de tul bordado con florecitas.
Imagínate cómo me puse; había deseado tantas veces recorrer su espalda con las yemas de mis dedos… froté su piel con aceite de almendras, ella se iba relajando tanto que poco a poco se quedó dormida.
Le acomodé la blusa, apagué la vela que había prendido y la cubrí con el cobertor. Parecía un angelito, te lo juro, de tan hermosa. Pero era demasiada tentación para mí, así que me fui a dormir a la sala, soñando ese leve contacto, en apariencia inocente, que había tenido con su cuerpo.
Estuvo tres días en la casa, mi madre la puso en engorda, ya ves cómo consiente a las visitas; se portó muy comprensiva con ella, pensando en que yo podría vivir algo similar, aunque se decepcionó de que perdonara tan pronto a su marida. ¡Ay, pero qué muchacha más tonta! Comentó después de que la acompañamos a tomar un taxi.
Se había reconciliado telefónicamente con la gorda, feroz endriago que le fingía dulzura.
Como a los dos meses se largó la marida al Norte, a visitar a su familia, y se comunicaban poco.
Pero volvió, tiempo después, como si nada.
Vieras cómo lloré; parecía Beltenebrós, ofendido por el desprecio de su señora. Pero ya no podía postergar más la entrega de la versión final de mi tesis eterna. Me clavé en eso, ya ves que ni me conectaba.
Cuando por fin la Doctora la aprobó y salí al mundo, la primera en saberlo fue mi amada. Tras felicitarme, dijo: Yo también te tengo una buena noticia… terminé con mi marida, Ah, por fin, Acabo de iniciar una nueva relación, ¿Tan pronto? Sí, conocí a un hombre, ¡Pero tú eres lesbiana! Todo fue tan repentino, Pero por qué un hombre y no yo, por ejemplo, Entiende, tú eres mi amiga y siempre te voy a querer; eso no implica que te desee como pareja; de él me encanta su sonrisa, su olor. A él no le importa lo que yo haya sido.
Me puse fatal, figúrate; soñaba con ser su Amadisa, que ella fuese mi Oriana y honrarla con mi espada y con mis besos, pero no; ¡adiós, princesa rosa! Todas son unas engañadoras, como dicen los Exempla de mi tesis; y yo me quedo a solas con mi amor cortés, pensando en anunciar vía feisbuc que soy la cura para el lesbianismo.
Elena Méndez


0 Comments:
Postar um comentário
<< Home